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CRITICA
Por: PACO CASADO
Aunque ya había rodado numerosas películas, la que reveló a Ingmar Bergman a los públicos europeos fue este exquisito film.
Esta que comentamos es una de las más personales e interesantes de su primera época, muy lejos de otras obras posteriores de este tiempo.
La acción se sitúa en Suecia, a principios de este siglo, en un momento en el que varios miembros de la sociedad de clase alta y sus sirvientes, se ven involucrados en una situación romántica que tratan de remediar, cada uno por su parte, en medio de los celos y de la angustia en algunos momentos.
Concebida como una historia amorosa romántica, 'Sonrisas de una noche de verano' (1995) es una profundización más en el universo femenino, sutil y complejo, frente al mundo más burdo e infantiloide de los hombres.
Es la apreciación culta y decadentista de un autor nórdico sobre la condición del tema de los sexos, tomando un claro partido, en este caso, por el sexo débil, a quien considera más agudo e inteligente.
Así conocemos toda una galería de las admirables mujeres de Ingmar Bergman, espléndidamente encarnadas por sus grandes actrices como son Eva Dahlbeck, Ulla Jacobson, Harriet Anderson, Bibi Anderson o Brigitte Valberg que figuran en el reparto de esta producción.
Es un film sobre el tema del amor, pero entendido más como un juego amoroso que como un sentimiento, más como un elemento de placer que como la entrega de un ser al otro.
De ahí el sentido pagano que se respira a lo largo del transcurso de la cinta, de un autor maduro, sereno y reticente.
Es un mundo ciertamente materialista, pero que en ningún momento resulta banal, sino simplemente sacando el mayor partido de esta vida, sin confiar, por supuesto, en la otra, que resulta algo problemática y naturalmente impalpable y desconocida por tanto.
Lógicamente esta carga negativa de anti-espiritualidad, así como igualmente el juego erótico constante que llevan a cabo los personajes, hacen de ésta una obra muy poco acorde y más cercana al espíritu pagano que al cristiano, y mucho más cercano al mundo clásico.
Resulta así una película más apropiada para personas con una gran formación tanto cultural como religiosa, pero no obstante sigue siendo una obra sincera y de una gran delicadeza formal y positiva desde el punto de vista meramente cinematográfico.
Y cuando en las escenas finales de la proyección, la criada y el cochero, y las dos domésticas se entregan a un juego meramente amoroso semejante al que practican los señores de la casa, al tiempo que comentan las sonrisas que tienen las noches del verano, se cierra una obra sutil e inteligente sobre el tema del amor, una amor de cuerpos, muy lejano del platónico o de otros sucedáneos espirituales.
Premio Bodil al mejor film europeo. Premio al mejor humor poético en el Festival de Cannes.
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