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SINOPSIS
Marie, Naney y Jolie viven juntas en Túnez, albergando a Kenza, una sobreviviente de un naufragio. A medida que se forma esta familia heterodoxa, las crisis hacen que cada mujer reconsidere su lugar...
INTÉRPRETES
AÏSSA MAÏGA, LAETITIA KY, DEBORA LOBE NANEY, MOHAMED GRAYAÂ, FOUED ZAAZAA, ESTELLE KENZA DPGBO, TOURÉ BLAMASSI, ROXANNE TAKOURI, MARIE-NOËL NGWE, ELISABETH KONGOLO BADIBANGA, ZOHE MALUNDA, ELLY FRANCK
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ENTREVISTA A LA DIRECTORA...
Después de su primera película, Entre las higueras, ¿cómo abordó la escritura y la dirección de Prometido el cielo?...
Como siempre, para mí, se trata de hacer visibles a las personas invisibles. Históricamente, Túnez formaba parte de una región llamada Ifriqiya durante los imperios romano y árabe-musulmán. El término "África" deriva de allí; en realidad, era el nombre de una región antes de convertirse en el nombre de todo el continente. A través de esa palabra, ahora más que nunca, debemos recordar que la historia y la identidad de África también están profundamente arraigadas en Túnez.
En 2016, mientras investigaba para un cortometraje documental, un encargo del grupo mediático Inkyfada (Étudiants, 2018), me encontré con un grupo de jóvenes procedentes del África subsahariana que habían llegado a Túnez para continuar sus estudios, mucho antes de la oleada masiva de inmigración hacia Europa. Eran de Senegal, Congo y Costa de Marfil, todos con orígenes diferentes. Como es natural, me interesé por esas comunidades. Solemos olvidar que la gran mayoría de los migrantes africanos, alrededor del 80 %, viajan dentro de las fronteras del continente. Solo el 20 % emigra a Europa.
Lo que me intrigaba era que vivían en un mundo paralelo: tenían sus propios bares (llamados maquis), sus propias discotecas, sus propias tiendas y sus propias iglesias. Al convertir los edificios en los que vivían en iglesias evangélicas, pude ver que intentaban mantenerse unidos y recrear vínculos sociales. Lo mismo ocurrió con las primeras mezquitas en Francia. Los feligreses acuden a esos lugares no solo para rezar, sino sobre todo para protegerse de la dura realidad en la que viven.
Prometido el cielo se hace eco de la reciente declaración del presidente de Túnez sobre los migrantes. ¿Era consciente de que estaba documentando un tema tan candente?...
Empecé a trabajar en la película mucho antes de que las cosas evolucionaran en esa dirección. Al principio, no tenía como objetivo documentar lo que estaba sucediendo en Túnez, pero con el tiempo, la película comenzó a reflejar la situación política del país. La historia que estábamos escribiendo se vio atrapada por la realidad.
Con las detenciones masivas y las redadas que se estaban llevando a cabo en toda Túnez, empezamos a preguntarnos: ¿cómo podemos reflejar esas tensiones en nuestra historia sin convertir a nuestros personajes en estereotipos anticuados y reduccionistas? Intentábamos tener cierta perspectiva sobre lo que estaba sucediendo, para evitar cualquier violencia innecesaria en pantalla. Queríamos ver a estas mujeres vivir sus vidas, a pesar de todo.
Basándose en su investigación, ¿cómo se le ocurrieron esos cuatro personajes femeninos: Marie, la pastora; Jolie, la estudiante; Naney y Kenza, la niña que sobrevivió al naufragio de un barco de migrantes en el mar Mediterráneo?...
Pensé en el personaje de Marie después de conocer a una periodista marfileña. Llevaba mucho tiempo viviendo en Túnez y participaba activamente en la sociedad civil tunecina. Descubrí que también era pastora y que acababa de abrir su propia iglesia. Me pareció fascinante que pasara de un trabajo a otro, casi como si sintiera que era más útil como pastora que como periodista.
El personaje de Jolie proviene directamente de mi encuentro con estudiantes subsaharianos de Túnez. De los cuatro personajes, Jodie es la única que tiene los papeles en regla. Está centrada en sus estudios y no se identifica con la comunidad de migrantes en la que vive, hasta que empieza a sufrir la misma violencia que ellos.
La idea del personaje de Naney se me ocurrió nada más conocer a Debora Naney. Me gustó tanto que quise darle un papel en la película. Para mí, ella encarna el destino de todas esas mujeres que vinieron solas a Túnez, dejando atrás a sus hijos. Había ido reuniendo sus historias a lo largo del proceso de reparto. Pero Debora Naney era diferente. Se negaba a trabajar como empleada doméstica o como niñera para ganarse la vida, se relacionaba con gente tunecina e incluso hablaba un poco de tunecino; era fuerte y vulnerable al mismo tiempo, y tenía un gran sentido del humor.
Kenza, la niña, fue en realidad una incorporación tardía a la historia, solo unas semanas antes de que comenzáramos a rodar. Mientras iba a la iglesia y me relacionaba con los fieles, conocí a migrantes que intentaban cruzar el Mediterráneo. En algunos casos, nunca volví a saber de ellos... En ese grupo había una niña de cinco años que murió en un naufragio. Me quedé devastada cuando supe que había fallecido, y quise devolverla a la vida y rendirle homenaje a través del personaje de Kenza. Quería que esa tragedia fuera el núcleo de la película, como un fantasma que acechara el destino de estas mujeres.
Precisamente, esas tres mujeres se transforman gracias a su relación con la niña, sobre todo Marie, que quiere que se quede con ella, dentro de la parroquia. Naney también se imagina a sí misma abandonando el país con la niña y ayudándola a establecerse en Europa.
Todas estas mujeres están mal integradas en el país en el que viven. Ya sea Marie, Jolie o Naney, cuya hija sigue en Costa de Marfil, ninguna está en contacto con su familia. En el mejor de los casos, esperan tener noticias suyas. En cierto modo, como huérfana que
proviene de un origen desconocido, aunque probablemente haya nacido en Túnez, Kenza es hija de todas. Ella pone en perspectiva la soledad de estas mujeres y cuestiona su relación con la maternidad, su futuro y su lugar en el país. Con su existencia une a esos personajes, aunque todo los separe, y las obliga a tomar decisiones. Ella simboliza algo diferente para cada una de ellas: para es un peligro Marie; para Naney, un desafío; para Jolie, un premio de consolación. Basculamos entre la solidaridad y la individualidad, juntas pero cada una por su cuenta.
Hay una escena muy intensa, cuando la niña se queda dormida mientras Marie le pinta un cuadro de su futuro. Es un eco de la escena inicial, en la que Kenza está hablando...
Fue un momento muy emotivo para nosotras durante el rodaje, y espero que también lo sea en la pantalla. Kenza es una niña que ha sufrido muchos traumas, como se muestra en la escena del baño al principio de la película. Aunque no lo veamos, está ahí. Como documentalista, he conocido a muchas personas que han pasado por acontecimientos traumáticos. A menudo, en medio de una conversación, decidían irse a la cama. A veces incluso se quedaban dormidos mientras hablábamos. Es algo que realmente me impactó, y quería que la escena de la separación reflejara eso. Cuando algo es demasiado difícil de escuchar, nos desconectamos de la realidad.
Aunque Marie, Naney y Jolie viven juntas, tienen objetivos muy diferentes. Jolie no se siente a gusto con ellas, se siente casi atrapada, incluso desde el punto de vista económico, y le gustaría ser más independiente. Marie ya se ha establecido en Túnez, su nuevo país, mientras que Naney todavía está en transición, no sabe qué le deparará el futuro, duda entre quedarse en Túnez o intentar cruzar el mar.
Cuando empecé a escribir la película, los únicos personajes que tenía claros era Marie y Jolie. Naney apareció más tarde, y luego Kenza. Al igual que en Entre las higueras, quería hacer una película coral, crear un retrato grupal. Mientras la escribía, a menudo me preguntaba qué recuerdos de los momentos que compartimos permanecen cuando la vida nos separa.
Alrededor de esas tres mujeres y esa niña hay varios personajes masculinos tunecinos, como el casero de Marie o Foued, el amigo y cómplice de Naney.
El personaje del casero es interpretado por el gran actor tunecino Mohamed Grayaâ, que protagonizó Who do I Belong (Me el ain) (2024), de Meryam Joobeur, y Ashkal. Los crímenes de Túnez (2020), de Youssef Chebbi. Interpreta a uno de esos tunecinos que alquilan habitaciones a migrantes subsaharianos sin pensarlo mucho, hasta que un día las autoridades locales lo prohibieron y empezaron a sentirse amenazados.
En cuanto a Foued, nunca habla del tema; simplemente vive su vida, sin interesarse por lo que ocurre a su alrededor. Al igual que muchos tunecinos, se vio muy afectado por la crisis económica. No tiene trabajo, se siente un poco perdido en la vida y aprovecha cualquier oportunidad que se le presenta para ganarse la vida. La conexión que tiene con Naney es muy incierta, y muestra lo complejo que es crear vínculos con otras personas más que una verdadera amistad.
La escena en la que monta en moto con Naney dice mucho de su carácter: en realidad no es un regalo...
Ese es un buen ejemplo de lo mágico que puede ser rodar una película, porque nosotros no escribimos esta escena. Era mi cumpleaños, el equipo me había preparado una tarta y pensé: ¡esto debería salir en la película! Al principio pensé que fuera el cumpleaños de Kenza, porque no sabe cuándo nació, así que podría haber sido una escena muy emotiva. Luego pensé en Naney, esa mujer adulta que también es huérfana y que no está acostumbrada a recibir regalos. Puedo identificarme con su decepción. Como mujer tunecina, me frustra profundamente ver que no podemos acoger a los migrantes con dignidad, a pesar de que nosotros mismos procedemos de una diáspora muy amplia. Actuamos como si no viviéramos todos en el mismo continente, como si no fuéramos todos africanos.
También está el amigo ciego de Marie, un personaje maravilloso que le da consejos, le ofrece orientación y ve a través de ella, como si fuera una especie de oráculo...
Pensé en este personaje cuando ya estábamos rodando. Lo interpreta Blamassi Touré, que no es actor profesional, pero que es muy importante en el movimiento civil tunecino y es un defensor los derechos humanos. Lleva quince años viviendo en Túnez y lo conozco desde hace diez. Es ciego y quería que encarnara el concepto de que la ley es ciega. Como se llama Noa, también hay una referencia bíblica; es un símbolo. Lo quería en la película porque nos cuenta algo diferente sobre Marie, sobre todo en la escena en la que le dice: "¡Mírame!". Él no la puede ver, pero puede sentirla. Conoce su pasado y, al mismo tiempo, es consciente del contexto político más allá de la propia historia de Marie, y quiere protegerla. Si Marie se quedara con Kenza, se arriesgaría, porque las iglesias evangélicas de Túnez suelen ser acusadas de tráfico de niños, además de ser vistas como lugares de acogida de inmigrantes ilegales.
¿Puede contarnos cómo eligió a las actrices principales? Aïssa Maïga interpreta a la pastora, Laetitia Ky interpreta a la estudiante, después de protagonizar La noche de los reyes (2020), de Philippe Lacôte, y Disco Boy (2023), de Giacomo Abbruzzese, y Debora Lobe Naney pasó de ser una extra a ser la actriz principal...
Durante mucho tiempo, después de Entre las higueras, pensé en elegir a una pastora real para el papel de Marie. De hecho, trabajé con una durante un año. Pero como pastora, quería que todo lo que hiciera pareciera impecable, y eso me complicaba profundizar mucho. Para tener más libertad, decidí darle el papel a una actriz profesional. Buscaba a alguien carismático, con convicciones, y pensé en Aïssa Maïga. Hizo una prueba para la escena del sermón en la iglesia, delante de fieles reales. Tuvo poco tiempo para prepararse y tuvo que improvisar mucho. Tuvo que crear una relación con el niño y con la comunidad religiosa muy rápidamente. Fueron momentos inolvidables. Lo que me interesaba de este personaje era que era una emprendedora. Dirige su iglesia como un negocio. La interpretación de Aïssa Maïga me permitió crear un personaje que es a la vez una creyente y una mujer de su tiempo.
Por otro lado, descubrí a Laetitia Ky en Instagram. Es una artista muy dotada, muy profesional, y me gusta mucho lo que hace. Fui a visitarla a Abiyán para hacerle una prueba y le dije que quería escribir un papel para ella. Se sentía cómoda delante de la cámara y aportó algo muy relevante a la película. Me impresionó mucho.
En cuanto a Debora Lobe Naney, fue ella quien vino a mí; cuando la conocí, estaba a punto de cruzar el Mediterráneo. Tenía muchas ganas de trabajar con ella, pero hacer una película conlleva tiempo. No teníamos suficiente dinero para empezar el rodaje y ella tenía prisa. Solía decirme: "Si no lo hacemos, me voy". El cine era algo muy abstracto para ella. Necesitaba algo real para renunciar a su proyecto. Para que se quedara con nosotros, decidimos empezar a rodar antes de lo previsto. Y al final, no cruzó.
Ha contado con Frida Marzouk, una directora de fotografía que también ha trabajado con Abdellatif Kechiche (La vida de Adèle, 2013) y, más recientemente, con Lina Soualem en su documental Bye Bye Tiberiade (2023). En Entre las higueras había muchas escenas al aire libre, pero no tantas en Prometido el cielo...
Empezamos a trabajar juntas en esta película muy pronto, y la llevé conmigo al campo. Mucho antes del rodaje, conocimos juntas la parroquia, ya que me invitaban a las misas dominicales. Ambas intentamos imaginar cómo podría ser la película, para poder improvisar en el set sin tener que hablar mucho. Frida es muy intuitiva y una muy buena iluminadora. Además, conectó con el reparto de una manera increíble. En lugar de darle una lista de referencias cinematográficas, quería que estuviera a mi lado para que pudiera sumergirse conmigo en el mundo que quería crear, incluso antes de escribir el guion.
Su trabajo anterior se ambientaba en el campo, pero esta película tiene lugar en una ciudad. Y, sin embargo, es muy difícil reconocer Túnez...
Quería rodar la ciudad desde la perspectiva de estas mujeres. Túnez es una algo borroso para ellas. Aparte de los jóvenes, que salen de fiesta, esos migrantes no tienen ningún acceso al país en el que viven. Es algo que presencié y quería hablar de ello en la película. No tienen la oportunidad de explorar Túnez. En cierto modo, esta realidad borrosa las protege, pero su situación también influyó en el rodaje. En cuanto a la situación política del país, decidimos que no queríamos ponerlas en peligro rodando escenas al aire libre, porque la policía podría haberse interesado por ellas. Su precaria situación nos influyó; las precauciones que tuvimos que tomar en el set reflejaban las que esas migrantes tienen que tomar cada día.
Escribió el guion con Anna Ciennik y Malika Cécile Louati. ¿Qué papel desempeñaron en el proceso de escritura?...
Llevo mucho tiempo trabajando con Malika. Investigamos mucho juntas. Durante un año, fuimos a la iglesia evangélica todos los domingos. Creamos este proyecto juntas y luego se unió Anna. También le pedí ayuda a Peggy Hamann, mi coguionista de Entre las higueras, y estuvo conmigo durante todo el proceso. Para mí era importante asegurarme de que el guion quedara abierto. Necesito tener libertad, también en el set.
¿Cómo dio con el set?...
No me había imaginado la iglesia así, pero tuvimos que rodar en los espacios de la comunidad para que los fieles no tuvieran que desplazarse a sitios a los que nunca van, por motivos de seguridad. No pudimos hacer tomas secuenciales, así que hubo que lidiar con limitaciones logísticas y de seguridad reduciendo el número de sets.
Nadia Ben Rachid, que suele trabajar con Abderrahmane Sissako, ha montado la película. ¿Tenía mucho material con el que trabajar? ¿Podría haber tomado la historia un rumbo diferente?...
Sí, había muchas posibilidades y muchas decisiones que tomar. Para Nadia había mucho material, para mí no lo suficiente. Teníamos seis semanas para rodar la película, que no es mucho para una película coral, cuando tienes todos los días a la gente con la que ruedas. Nadia montó mi primer cortometraje documental, Le Facebook de mon père (2013), y doce años después, quería tenerla otra vez a mi lado, como amiga y como montadora. Ella entiende lo que está en juego en esta película y tiene mucha experiencia. Sabe de qué trata la historia, ni siquiera tengo que explicárselo.
¿Cómo se le ocurrió el título, Prometido el cielo, que también podemos escuchar en la canción al final de la película?...
Cuando empezamos a rodar, escuchaba en bucle esa canción, y la letra resumía la película de una manera tan perfecta que le pregunté a Delgres si podía usarla para el título. "Prometido el cielo, pero, mientras, sigo en la tierra, luchando".
Me gusta el hecho de que la letra sea trágica, pero también bastante enérgica, como los personajes de la película. Esas mujeres se encuentran en una situación muy precaria y, sin embargo, nos hacen más fuertes. La idea de una "promesa" se refiere a los derechos humanos y la solidaridad, pero también a todas las cosas que los padres prometen a sus hijos, a las cosas que los gobiernos prometen a sus ciudadanos. También se trata de la promesa religiosa, la promesa de lo que nos espera en otro lugar, en el futuro.











