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CRITICA
Por: PACO CASADO
Al inicio de los años setenta Ingmar Bergman comenzó a experimentar con la televisión, haciendo para ese medio 'Secretos de un matrimonio' (1973) y dos años más tarde tuvo ocasión de adaptar, también para las 625 líneas, la ópera más popular de Mozart, 'La flauta mágica', ya que Bergman es un gran organista y musicólogo, algo que no es muy conocido por los cinéfilos.
También se da la circunstancia de ser un buen director teatral, por lo que no es nada extraño que en esta película confluyeran una serie de medios que de alguna manera domina el gran maestro sueco y que los resultados fueran tan satisfactorios.
Desde luego los espectadores que vayan buscando al Ingmar Bergman habitual no lo encuentran.
Esta es la historia del principe Tamino y su buen compañero Papageno, que son enviado en una misión especial para salvar a una hermosa princesa de las garras del mal.
Adapta la partitura de Mozart, que respeta en su integridad musical, pero cambia algo en la letra y esto también origina leves alteraciones en el desarrollo argumental, exponiendo así su particular punto de vista o interpretación sobre esta obra mozartiana.
Por otra parte 'La flauta mágica' (1975) se adapta muy bien a la temática que siempre toca este director en sus films, el amor. Su argumento no es otro que un canto al amor, lleno de intenciones y simbolismos.
Ingmar Bergman respeta en todo lo posible el montaje escénico llevado a cabo en un teatro e incluso introduce planos con rostros del público y aplausos o deja ver los márgenes de las tablas ya que en ningún momento trata de ocultar que es una representación teatral lo que se nos ofrece en esta producción. Pero a veces se siente tentado por la libertad cinematográfica y saca la cámara fuera de los límites del escenario dándole más realismo a determinadas escenas, enriqueciendo la obra con algo que el teatro no podría dar, pero sí la televisión o el cine en este caso.
Como buen conocedor de todos estos medios, sabe sacar partido de unos desconocidos cantantes como depurados actores en estupendos primeros planos o incluso de la fantasía puesta en los decorados.
Todo ello ayudado por la maestría del fotógrafo Sven Nykvist o la eterna partitura clásica del genio de Mozart.
Una cinta especialmente para los amantes de la ópera y cinéfilos que quieran completar la filmografía de Ingmar Bergman.
Premio Bafta a la mejor película. Mención especial en los premios NBR. Premio especial de los críticos norteamericanos. Nominado al Oscar el vestuario y al Globo de oro como mejor film e igualmente al César.
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