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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Se podría decir que "Los dientes del diablo" fue en cierto modo la última película de Nicholas Ray como verdadero autor, ya que tras ella pasaría a rodar dos superproducciones de Samuel Bronston, "Rey de reyes" y "55 días en Pekín", que frustrarían su carrera y le llevaron casi a abandonar el cine con solo un episodio de "Sueños húmeros", muchos años después, un film inacabado en América y su trabajo final y patético con el alemán Wim Wenders en "Relámpago sobre el agua", una película sobre su propia muerte, acaecida hace ahora dos veranos.
Realmente la década de los años cincuenta fue la de su madurez y mejores films, como "Rebelde sin causa", "Chicago, años treinta", "La verdadera historia de Jesse James", cintas que como esta "Los dientes del diablo" coinciden en una visión lírica e intimista del mundo sea cual sea el género al que pertenecen, desde un western modélico como "Johnny Guitar" o una cinta de escenarios exóticos como la que nos ocupa.
Porque aquí Ray reflexiona sobre la incomprensión que puede haber entre pueblos, culturas o religiones a través de una pareja de esquimales que se ven, desde su propia inocencia, sumidos en un problema de costumbres y comportamientos.
Sin llegar a la redondez de sus mejores westerns o a la fuerza de "Chicago, años treinta", la belleza y sinceridad de "Los dientes del diablo" se mantiene.
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