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CRITICA
Por: PACO CASADO
El Caso 137 parece a priori rutinario para Stéphanie, una investigadora de la policía de Asuntos internos, hasta que se presenta un elemento inesperado que molestará a Stéphanie, que lo convierte en algo más interesante que un simple número.
El hecho que se presenta en esta película no deja de ser ficticio, pero a su vez se inspira, en gran medida, en los muchos casos ocurridos en los manifestantes que fueron heridos por disparos de la policía con balas de goma y granadas durante las protestas en los Campos Eliseos de París, que ocasionaron los llamados chalecos amarillos que se dieron en diciembre de 2018 en Francia, estando en la presidencia Emmanuel Macron.
El cine francés tiene buenos antecedentes en el género policiaco o bien llamado negro del que se pueden citar famosos ejemplos como 'Rififi' (1955), 'El silencio de un hombre' (1967), 'El confidente' (1962) entre otros, que se nos viene a la cabeza en estos momentos.
Ahora el cineasta Dominik Moll ha decidido unirse a esos grandes realizadores con este film basado en hechos ocurrido en la capital francesa en diciembre de 2018 como hemos apuntado antes en dichas manifestaciones en las que Guillaume Girard, un joven de veinte años, resultó herido gravemente de un disparo en el cráneo que le produjo unas importantes secuelas.
El hecho adquiere unas características muy personales al ser el chico del mismo pueblo de la investigadora Saint Dizier, que sigue los pasos de investigar este caso de brutalidad policial, desvelando la violencia y la hipocresía sistemática y delatarla desde dentro.
Dominick Moll, realizador nacido accidentalmente en Alemania, pero de nacionalidad francesa, de sesenta y tantos años, que lleva casi cuarenta haciendo cine, a pesar de que su filmografía no llega a la docena de títulos, del que recordarán algunos de ellos como 'Harry, un amigo que os quiere' (2000) o 'El monje' (2011) de temáticas muy distintas al presente que es el octavo que realiza que, posiblemente, es lo mejor que ha hecho hasta estos momentos.
En este caso está a favor de la víctima y no de los agentes de Asuntos internos, que por otra parte nunca son bienvenidos por parte de los manifestantes que se oponen a ellos.
Aquí no se trata de decidir cual de los dos grupos. es el bueno y el malo, sino que se deja al albur del espectador.
Está salpicado de imágenes reales de documentales o recreadas, que plasman la verdad de los hechos.
Este thriller está llevado a cabo con una puesta en escena a buen ritmo con una narración que no da respiro al espectador, que en realidad no le gusta al ciudadano francés la actuación de la policía en estos casos, que utiliza todos los elementos posibles, como testigos y cámaras, que grabaron determinadas escenas para resolver el caso.
La interpretación recae fundamentalmente en el trabajo la actriz protagonista Léa Drucker que da a la historia toda le emoción necesaria que está estupenda en su labor.
La realización, que hace un buen estudio sobre la violencia y la corrupción policial e institucional, se vale de un buen guion, preciso y ajustado a los hechos, escrito por el propio director con Gilles Marchand con el que colabora habitualmente, con una sólida carrera juntos, siguen defendiendo la receta de sus intrigas ejemplares y contundentes en este caso en un thriller riguroso y ajustado, digno de figurar entre lo mejor del género, que invita a reflexionar sobre la verdad y la justicia.
Premio César a la mejor actriz para Léa Drucker. Premio Lumiere para Léa Drucker. Nominado al mejor film en el Festival de cine europeo de Sevilla y así hasta 15 nominaciones más.
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