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NOTAS DE DIRECCIÓN...
¿QUIÉN DIJO QUE LA FELICIDAD ES GRATIS? ¿QUÉ PRECIO ESTAMOS DISPUESTOS A PAGAR POR ELLA?...
Morir no siempre sale bien coquetea con estas preguntas y lo hace desde un humor negro, irónico y punzante. Si nos ponemos en la piel de Rosario, la protagonista de esta historia, la felicidad es salir de la asfixiante situación económica que padece su familia y de ese barrio que su hija tanto aborrece. El precio a pagar: secuestrar el cadáver de un rico. Un plan que no hace daño a nadie porque la familia tiene dinero y la víctima ya está muerta.
Para urdir este plan perfecto tiene de cómplices a su marido que le acompaña por amor y a su hermano, que le acompaña para compartir el botín. No es casualidad que el muerto haya sido el jefe de ambos y que poco antes de morir, los haya tirado a la calle dándoles como premio de consolación uno de los tantos frigoríficos que fabricaban, y que ahora se convierte en el ataúd improvisado en el que esconden al muerto.
Por su parte, y unos días antes del secuestro, la familia del jefe rico había ideado un plan también perfecto para mantener su status quo (es decir, su felicidad). El precio a pagar: fingir la muerte del cabeza de familia para huir de Hacienda. Un plan que tampoco hace daño a nadie porque el supuesto muerto está de acuerdo y porque Hacienda ya tiene mucho dinero.
DOS FAMILIAS QUE COMO DOS ESPEJOS INVERTIDOS LUCHAN POR LO MISMO...
El problema viene cuando ambos planes se cruzan y las dos familias deben idear un nuevo plan conjunto porque la policía descubre que el cadáver ha desaparecido y ya no basta con pagar y cobrar el rescate para salir del entuerto. Nuevos límites se ponen en juego y cada uno debe decidir cuál cruzar y a qué precio.
Los ingredientes para la comedia negra están servidos, y para la sátira social también. Morir no siempre sale bien nos hace reír a la vez que nos congela la sonrisa y ese es el pulso maravilloso de este relato.
Detrás de la lucha de estos personajes que buscan su felicidad trapicheando como pueden, hay un relato social y humano que entra en asuntos que me interesan especialmente y que he explorado en mis películas anteriores: las herencias familiares, esas ataduras o trampolines que vienen de fábrica.
Me entusiasma explorarlos esta vez desde un humor inteligente, irónico y sobre todo, empático, que nos haga reír porque compartimos las miserias de unos seres humanos a los que miramos a los ojos y no por encima del hombro. Desde que leí el guion por primera vez lo que más me atrajo es que me divertí mucho y a la vez pude leer entre líneas. Encontré una historia que me atrapó desde la superficie y también desde el fondo. Vi enseguida una historia espectacular en la que los cuatro pobres y los cuatro ricos son dos caras de la misma moneda que se complementan con grises y matices (menos mal) en ambos bandos.
Un relato que nos hará reír y también conmovernos.
Una mezcla entre el humor de Berlanga y su Plácido, el Extraño viaje de Fernando Fernán Gómez, pasando por el matiz de actualidad y la mirada punzante de Parásitos y con una pizca (solo una pizca) de la entrañable lucha de aquella familia de Pequeña Miss Sunshine que idean un plan perfecto dejando al descubierto todas sus miserias. Pero hay otro asunto también fundamental para mí: el paisaje como fuerza del relato, otro elemento que ya he explorado en mis películas anteriores (en mi ópera prima en el Amazonas y después, en la isla volcánica de La Palma). En esta película el reto era indagar en lo urbano, que se sienta el peso que ejerce la ciudad y el barrio sobre nuestros personajes. Todos son víctimas de sus circunstancias y el lugar donde viven habla muchas veces por ellos.
Hace calor, los ventiladores hacen lo que pueden, mientras el tumulto del barrio ahoga a la familia de Rosario, y mientras Inés (su espejo “rico”) también se ahoga, pero viendo como los suyos se dan un chapuzón en la piscina. Dos barrios contrapuestos y dos familias con circunstancias muy distintas que esquivan a la justicia pra salvar su pellejo. Un relato dinámico, divertido y cercano que nos hace preguntas. Parece que la felicidad es más fácil mientras te tomas un gin tonic en la piscina. Quién esté libre de pecado que lance la primera piedra.