Una discreta obra teatral de intriga, escrita por Frederick Knott, se convirtió en un impecable ejercicio de estilo para su director, que respeta el origen escénico pero hace una película absorbente, narrada con un gran despliegue de recursos en su puesta en escena. Eran los años en los que el cine comenzaba a luchar contra el auge de la elevisión y Alfred Hitchcock hizo este film en relieve.
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