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CRITICA
Por: PACO CASADO
En el cine norteamericano pueden convivir perfectamente producciones de alto presupuesto y espectaculares guiones, con otras más recoletas y humildes en cuanto a gastos y ambiciones.
En esta cinematografía ha tenido lugar la llegada de dos hermanos gemelos, que, bendecidos por el Festival de Sundance con su primera película, 'The Grave' (1996), dirigen ahora la segunda con 'El impostor' (1997), un relato claustrofóbico, que se desarrolla en un elevado tanto por ciento en la habitación de una comisaría donde se interroga al presunto sospechoso de haber asesinado y partido en dos a una prostituta.
En el comienzo se nos dan las fichas de los dos policías que usan el detector de mentiras y del presunto asesino y el coeficiente intelectual de éste supera con mucho al de los dos otros dos, con lo que es fácil adivinar que pueda darle la vuelta al asunto.
El pretendido asesino es rico y tiene posibilidades de investigar la vida de los dos policías, uno de ellos implicado en deudas de juego y el otro se lleva mal con su mujer.
El film nos recuerda a 'Doce hombres sin piedad' (1957) de Sidney Lumet, por el hecho de que el protagonista sea capaz de darle la vuelta a los argumentos como un calcetín y por desarrollarse en buena parte en el interior de una habitación.
Por otro lado, aunque mantiene el interés del espectador, no hay que dejar de reconocer que resulta tramposa en algunos momentos y en otros da pie a que Tim Roth monte su numerito dramático con ataques de epilepsia que juegan dentro de la trama.
En cuanto a los personajes femeninos quedan muy en segundo término, reducidos casi a simples colaboraciones.
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