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Recordando... LOS CINCO ÚLTIMOS AÑOS DEL NEW AMERICAN CINEMA
Cuando se hizo patente en las postrimerías de los años 50 que el movimiento “off Hollywood”...

   

  
    Cuando se hizo patente en las postrimerías de los años 50 que el movimiento “off Hollywood” y la emergencia de los “independientes”, del tipo de Ritt, Preminger o Kramer, no tenían éxito para producir una estética intrínsica que mejorase el cine americano, es cuando aparece en escena un grupo de jóvenes neoyorquinos que comenzaron a realizar films en forma completamente diferente a los usuales sistemas de producción.
  Llamados por sí mismos el “New American Cinema”, estos realizadores, dirigidos por la revista “Film Culture”, en los dos primeros años de existencia, cayeron sobre los sorprendidos espectadores de los diversos festivales cinematográficos mundiales con series enteras de películas, que por el simple hecho de su existencia, probaban la resurrección de un vivaz espíritu cinematográfico entre jóvenes, hombres y mujeres, intelectuales americanos.

  En los cinco años que han pasado, el “New American Cinema” ha llegado a ser mundialmente famoso. Algunas de sus obras se han convertido ya en leyendas y retrospectivas de “clásicos, pueden hoy contemplarse en cinematecas desde Tokio a Londres, desde Estocolmo a Nueva Delhi. Aceptados primero en el extranjero y sólo últimamente -y con gran escándalo- en su propio país, las películas de esta corriente han tenido vasta influencia en los jóvenes realizadores de muchos países, porque representan, tanto en la forma como en el contenido, un básico punto de partida para el cine en general; una más íntima conexión con la vida de la que muchas otras formas de cine, incluido el documental, han podido mostrar.

  En gran parte, esta conexión a la realidad fue lograda tanto a través de la necesidad como del propósito, la falta de recursos, la necesidad de rodar en escenarios naturales, la necesidad de usar personas (como actores) que trabajaban gratis o por muy poco dinero, el valor para usar de la experiencia personal en el guion en lugar de comprar alguna obra o libro costoso, todo esto combinado con el esfuerzo interior de sus realizadores, rompe con la productora y sus restricciones, y consigue unas obras realistas; nació un cine que no entretiene sino que hace pensar, porque ni intentó ni fue capaz de eliminar la visión de lo cotidiano. Al hacer películas a través de su personal vivencia diaria, la gente del “New American Cinema” creó una veracidad, una forma de compromiso completamente separada del Movie y el escapismo. Por primera vez el total rompimiento entre “cinema” y “movie” quedaba claro.

  El “New American Cinema” apareció en un excelente momento de la historia cinematográfica, tanto americana como mundial, un momento de buena disposición para aceptar algo nuevo, porque todo lo viejo había llegado a resultar improductivo. Durante sesenta y cinco años el cine se había realizado en el supuesto de que era entretenimiento, primero, y arte, después, y la mayoría de las escuelas y tendencias cinematográficas que habían intentado romper con esta máxima habían fracasado -primero comercialmente y después, de forma general, artísticamente- ¿en que habían encontrado la dificultad o imposibilidad de existir?, en el necesario vacío cultural que había sido la providencia de los films serios hasta la fecha. Pero desde 1960, un nuevo público – una nueva generación que surgió durante la revolución cultural de la postguerra y que creció en una nueva forma de responsabilidad exigida está preparado para una nueva concepción del cine. Y el “New American Cinema” animosamente proveyó a este público.

  Mirando hoy hacia atrás sobre cinco años de historia, muchas cosas caen dentro de su propia perspectiva, clarificadas por el paso del tiempo y la explotación del film en otros países. Considerando que en el momento de su primera aparición de los films de “New American Cinema”, son revolucionarios porque existen, es hoy posible mirar hacia ellos y hacia los films que han realizado sus autores durante los cinco años transcurridos, con una visión que los enjuicie no sólo dialécticamente, sino en un nivel objetivo como obras de arte que son. En breve ya no nos sorprenderá el hecho que de una nueva forma de cine existe: ahora existe en muchos países, pero es ahora cuando hay que decidir si los films hechos en estos años por los jóvenes revolucionarios de USA son obras de arte válidas, cuyo valor permanecerá con el paso de las generaciones.

  El primer desarrollo interesante que tuvo lugar dentro de las filas de “New American Cinema” fue la ruptura hacia 1963, del grupo inicial de creadores en dos corrientes de muy claramente distinguible dirección. Bajo la influencia de la televisión, un grupo de realizadores comenzó a desarrollar el que podríamos llamar cine de la realidad, trabajando en un sentido similar al de Jean Rouch, Edgar Morin o Chris Marker, en Francia, pero denominando sus obras en lugar de cine verité, cine directo. Fomentando nuevas técnicas de grabación y de cámaras, gente como Richard Leacock, Don Alan Pennebaker o David Maysels, aceptaron trabajo en las grandes cadenas de televisión y realizaron films de auténtico arte, que procuraron dar una visión a lo largo de su personal, camino de indagar en una realidad específica que estaban ellos mismos – durante el proceso de filmación- explorando. La regla estética sobre la cual están basadas esta obras, es la negativa a aceptar alguna verdad como algo absoluto, y la negativa a considerarse maestros, o sea, quien sostiene conocer una verdad se la comunica a los demás. Sus films carecen del elemento escolástico de tantas películas realistas, así comprometen su visión en el proceso creativo trabajando hacia la eliminación de la pasividad, la cual es el motor fundamental del entretenimiento escapista.

  El segundo grupo de realizadores siguieron en una línea más tradicional y que derivó en gran parte hacia los films vanguardistas de los años veinte, en cuanto tomó la realidad solamente como un punto de partida y construyó sobre esto una estructura poética en forma autónoma. En este grupo se encontraban Robert Franck, Jonas Mekas o Stan Brakhage y un amplio grupo el cual más tarde llegó a ser la raíz del movimiento que hoy ha suplantado a “New American Cinema”, el “Underground Cinema” de 1964.

  Todos los films de “New American Cinema” que se produjeron en los años 60 al 63 son conocidos hoy en el mundo gracias a una idea promovida por el New York Film Market Cooperative, durante 1965: la exposición volante del “New American Cinema”, la cual consistió en concertar la proyección de importantes películas en Estocolmo, Londres, Viena, Paris, Tokio y (durante la época del Festival Karlovy Vary). Simultáneamente, en el mismo Nueva York, se lanzó una guerra sin cuartel contra el “New American Cinema” por parte del departamento de policía, que cerró aquellas salas exhibidoras de los más recientes films del grupo, y que procuraron sofocar las actividades de la “Film Maker Cooperative”, acusándola de exhibición y distribución de películas obscenas. Durante siete meses, de abril a octubre de 1964, no hubo en Nueva York proyecciones de películas del “New American Cinema”, pues la policía sistemáticamente cerraba todas las salas que se atrevían a proyectarlas.

 
  1964 fue también el año durante el cual la ruptura en el grupo original de realizadores se hizo definitiva. El grupo realista del cine-directo se hizo independiente, mientras que los realizadores, con una poética propia, se replegaron más y más dentro de una forma de vigorosa oposición hacia todo, espoleados por la persecución policial y, posiblemente, forzados a una operación absoluta por el fracaso comercial de sus films. El grupo de cine-directo fueron comprados por televisión, pero el “Underground Group”, junto con los presupuesto de otras formas de arte contemporáneo en USA, como el “pop-art” y el “happenings”, comenzó a tomar una posición cercana al surrealismo y al dadaísmo, puesto que ellos comenzaron a realizar obras que era, con frecuencia, puro succee, de scandale, y proponiendo no programas, sino la necesidad de destruir todo lo establecido. En 1964 se produjo una segunda ruptura dentro de las filas de los directores de “New American Cinema” menos realistas: la gente más antigua, como Shirley Clarke, Lionel Rogosin o John Cassavettes, dejaron de pertenecer al grupo en un sentido literal y continuaron, en lugar de ello, haciendo películas de una naturaleza más saludable, reteniendo al mismo tiempo, la frescura del espíritu que su inicial asociación significó.


  En 1964 las divisiones entre los nuevos grupos se hicieron claras y evidentes. Hoy ya no existe un grupo coherente de realizadores americanos, unidos en un esfuerzo conjunto y unificados a través de manifiestos comunes como ocurría en 1963.

Texto escrito por GIDEON BACHMANN en 1966

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