Recuerdos...
  • Registro

Recordando... LA RESURRECCIÓN DE LA EPOPEYA
Sin duda el término mismo de Ciencia ficción es una unión de las más bárbaras

   

  
   Sin duda el término mismo de Ciencia ficción es una unión de las más bárbaras. Está Ciencia, está Ficción y también un guion sumamente significativo, destinado a convencernos de que estas dos nociones, no son tan rigurosamente extrañas como nos gustaría creer.
  Es a Hugo Gernsback a quien hay que atribuir -si creemos a los historiadores mejor informados- la paternidad de este patronímio. Gernsback dirigía un cierto número de revistas consagradas a la vulgarización científica, cuando pensó en 1927 lanzar otra nueva colección, pero de ficción esta vez, cuyos temas principales no eran más que la extrapolación de informaciones científicas o para-científicas.
  El término ciencia ficción había nacido, aquella revista se llamaba “Amazing Stories”, y los primeros números son hoy día buscados y pagados a precio de oro por los coleccionistas. Es necesario precisarlo: todo ocurría en los Estados Unidos de América, que se adjudicaban así un monopolio durable sobre el género. Si la creación de “Amazing Stories” y la de otras revistas especializadas como “Wonder Stories”, del mismo Gernsback, “Astounding Scienci-Fictión” o “Unknown”, dirigída por John Campbell, confirman la intromisión masiva de la ciencia ficción en el “american way of life”, no es este, sin embargo, el punto de partida de esta mitología literaria.
  Mucho antes de nuestro siglo, los utopistas griegos y luego Swift, Voltaire y Cyrano de Bergerac (que fue, naturalmente, el Frederic Brown de la época), hacían ciencia ficción sin saberlo.
  Sólo el término faltaba y aquellas hipótesis eran clasificadas en el dominio de las utopías.
Un fenómeno económico y técnico no iba a tardar en aportar alguna modificación a este estado de hechos: el surgir del maquinismo en el siglo pasado. Desde entonces la ciencia, y más aún la técnica, es venerada como una divinidad pagana, las utopías están en vía de realizarse y de forma natural cambian de nombre para transformarse en simples anticipaciones, demostrando así la fe absoluta en el progreso, manifestada por nuestros antepasados.
  El siglo XIX fue, por lo tanto, el siglo de Julio Verne, a quien la ciencia debía servir de pretexto. Desgraciadamente las aventuras vividas por sus héroes no eran, la mayoría de las veces, más que la transposición de una novela clásica de aventuras, sólo variaba el medio ambiente, sin que aumentase la calidad de la obra. El siglo XIX fue también, por lo tanto y sobre todo, el siglo de Wells, cuya “Guerra de los mundos”, publicada en 1898, marca la primera aparición popular y caracterizada de una ciencia ficción decididamente moderna.
  Según H.G. Wells: “El hombre es tan vano y está tan cegado por su vanidad, que hasta final del siglo XIX ningún escritor expresó la idea de que allí -en Marte- la vida inteligente, si realmente existía, podía haberse desarrollado mucho más allá de las proporciones humanas”. Es a este ejercicio de imaginación (que es también un ejercicio de modestia y lucidez) a quien Wells abría la puerta.

  Es en América donde el virus de la ciencia ficción debía desarrollarse con más ardor.

Bastan algunos nombres para reseñar lo que la literatura de anticipación o de ficción científica europea, contaba entonces con obras importantes. Cierto es que Conan Doyle no fue únicamente el padre del legendario Sherlock Holmes. Merecen destacarse Maurice Renard, Rosny y, naturalmente, el desconocido Gustave Lerouge, que ya es hora de que sea revelado al gran público.

  Es por tanto, en Estados Unidos donde debía revelarse la existencia de una cohorte de talentos no clasificables, y que no esperaba más que el término inventado por Gernsback para hacer de él su razón social. Habían existido Fitz James O’Brien, naturalmente, y Ambrose Bierce, pero a partir de 1925, de los años locos, se desencadena todo un movimiento que alcanzará su punto culminante en la Segunda Guerra Mundial.

  Dejo a doctos sociólogos el cuidado de investigar sobre esta coincidencia y de extraer las conclusiones que se imponen, ya que son los años de 1940 a 1945, los que ven la confirmación de Jack Williamson, Lewis Padgett y algunos otros de la misma importancia.

  Por primera vez mencionamos el título de una película de ciencia ficción, lo que puede parecer un poco tardío en un trabajo dedicado al Séptimo Arte. Es que el cine de ciencia ficción no ha tenido siempre la misma suerte que la literatura del mismo nombre. Se buscará en vano los equivalentes de un Ward Moore, de un Kuttner, de un Padgett o de un William Tenn. Son escasas las buenas películas de ciencia ficción, mientras que los dedos de una mano de “arturiano” (que, como es sabido, tiene entre 50 y 72 órganos aprehensibles, según las estaciones) no bastarían para reseñar las novelas más sobresalientes.

  Muchas de estas películas no son, además, desconocidas y un buen número de producciones no llegaron a Europa, lo que ciertamente no facilita la tarea agotadora de nuestro amigo y colega Luis Gasca. Prácticamente todos los temas de ciencia ficción novelesca han sido utilizados con más o menos ligereza por el cine. Exploración interplanetaria, viaje en el tiempo, mutaciones, invasiones a nuestro planeta. cataclismo sideral, sabios locos, civilizaciones diferentes, universos paralelos, anticipación a corto plazo, etc…, millones de metros de celuloide han sido impresionados. Sin embargo hay que rendirse a la evidencia, una retrospectiva de la ciencia ficción cinematográfica presentando una veintena de títulos cuidadosamente seleccionados, bastaría para dar cuenta fielmente del más alto nivel de esta producción.

  Tras unas primeras muestras destinadas a abrir al cine de ciencia ficción las puertas de la serie A, hay que esperar un nuevo contingente de películas importantes, es decir, de audiencia internacional. François Truffaut acaba de terminar en Londres “Farenheit 451”, Elio Petri ha llevado a la pantalla “La décima víctima”, Richard Fleischer ha precisado dos años de rodaje para visualizar “Viaje alucinante” que muestra la exploración del cuerpo humano por un grupo de cirujanos y biologístas reducidos a una dimensión microscópica. Losey está dispuesto a rodar el “Mad Universe” de Frederick Brown, mientras que Roger Vadim realizará “Barbarella”, de Jean-Claude Forest.

  Es por lo tanto normal que se investigue hoy para nuestro deleite y nuestra edificación, el terreno mal conocido todavía del cine de ciencia ficción,  cine que mañana conseguirá el mismo respeto que hoy se tiene a la película psicológica. Después del western, el cine fantástico se ha visto rehabilitado gracias a los esfuerzos de algunos. Es hoy la ciencia ficción quien conquista, tras una larga lucha, sus títulos de nobleza demostrando – basta con mirar a nuestro alrededor- cuán necesario era.

Textos escritos por MICHEL CAEN en 1966

logo radio directo


El cine "S" de hoy
(Contenido no apto para menores)
SILVIA AMA A RAQUELGARGANTA PROFUNDA
 Ver todo el cine "Clasificado S"

Comedia erótica italiana
LA ESPOSA VIRGENTRES POLIS PELIGROSOS EN NUEVA YORK
Ver todas las comedias eróticas italianas

Sagas del 7º Arte...

Sagas del 7º Arte... FANTOMAS

Criticas del pasado...

Crítica... LA ESCOPETA NACIONALCrítica... FUGA DEL BRONX Crítica... LA SIRENA Y EL DELFÍN

NO-DO. Noticiario español...

NO-DO. Archivos del noticiario español
Disponible el nº 10

Ver todos los NO-DO

Frase Famosa                  Anécdota

FRASE FAMOSA...GARY COOPER ANÉCDOTA DE... JERRY LEWIS 

Últimos fallecimientos

HA MUERTO... ENRIQUE SAN FRANCISCOHA MUERTO... CLAUDE BOLLING
HA MUERTO... RONALD PICKUP
HA MUERTO... CHRISTOPHER PENNOCK
HA MUERTO... ADOLFO QUIÑONES
HA MUERTO... GERARDO MALLA

Últimas BSO's añadidas

MÚSICA DE...RAYA Y EL ÚLTIMO DRAGÓNBanda sonora... NUNCA DIGAS NUNCA JAMÁS
Banda sonora de... THE MAURITANIANBanda sonora... LA VAMPIRA DE BARCELONA

El rincón del recuerdo...

Recordando... UN CINEASTA OLVIDADO... AZORÍN
Un cineasta olvidado... Azorín