El esquema es el de una película clásica americana, pero no su final, que rompe con los moldes habituales de este género. Lo que más se admira en este relato es la buena reconstrucción de los decorados y ambientes de la época a lo que ayudan las diferentes canciones de los años cuarenta y cincuenta y unos buenos números de jazz, con los que su director, Martin Scorsese, hace un homenaje al musical clásico.
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