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CRITICA
Por: PACO CASADO
En las comedias norteamericanas se ha jugado mucho con los seres e influencias del más allá.
Aquí se parte de un extraño mensaje escrito en la pared de una habitación descubierto al ir a empapelar de nuevo.
Éste, que pertenecía a una actriz de cine mudo, llama la atención a la pareja que habita el piso y sienten la curiosidad de contemplar alguna película suya en vídeo.
En ese momento ésta se le persona y se mete en el cuerpo de la chica que se comporta a partir de ahora totalmente a como lo hacía antes, lo que provoca la comicidad de la cinta.
La idea es original y divertida y encuentra en Glenn Close a la actriz adecuada para llevarla a cabo aunque no había interpretado muchas comedias.
Igual le ocurre a su director, Paul Aaron, habitual de films de acción (Stoney el frío, Fuerza 7) y alguna comedia (Diferencias irreconciliables).
La réplica se la da Mandy Patinkin, y sobre todo la más brillante a pesar de su breve papel Ruth Gordon, quien fallecía meses después.
Inspirada la partitura musical compuesta por George Delerue.
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