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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Hace pocas semanas y a través de un cine club pudimos presenciar la primera cinta de Jerzy Skolimowsky, el director polaco de la generación de Roman Polanski que, al igual que éste, habría luego de consagrase en una carrera internacional.
En aquel caso e trató de "Rysopis", una película sencilla a pesar de su simbolismo, reflejo cotidiano de unas pocas horas de un muchacho normal.
Ahora es el segundo e inmediato film de Skolimowsky, este "Barrera", el que nos llega con un bagaje muy distinto y renovador respecto al anterior.
Lo que allí fue una crónica diaria de un quehacer simple, de unas pocas horas de un estudiante, se convierte aquí en difícil parábola, llena de implicaciones y reflejos a nivel religioso, político y humano.
Estamos ante una película de escasa apoyatura argumental, presentándonos una serie de peripecias en la vida de una chica, que encuentra a una muchacha y juntas deambulan por una serie de escenarios insólitos.
Cercano a las modernas tendencias del teatro del absurdo, en cuanto a uso de decorados extravagantes en su propia vulgaridad, cargado de diálogos simbolistas y escasos personajes, con alusiones frecuentes al elemento religioso del país, es "Barrera" una cinta interesante que irrita en su excesiva complicación y hermetismo, pero que se admira en su rigor y falta de concesiones, en su sentido de cine de autor, por encima de facilidades o caminos más normales.
Una buena fotografía y unos actores siempre seguros terminan de dar a esta segunda película del director un nivel apreciable de calidad, sobreponiéndose a una primera tentación a condenarla por su difícil comprensión y engranaje fuera de lo común.
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