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CRITICA
Por: PACO CASADO
Hace seis años se llevaba a cabo la primera entrega de la adaptación al cine de estos comics de la Marvel, publicados por primera vez en septiembre de 1963 por Stan Lee como guionista y Jack Kirby como dibujante, que habían vendido más de 400 millones de ejemplares.
En la primera película 'X-Men' (2000) se exponía de forma velada una defensa de los derechos humanos, de una raza discriminada y los problemas de su integración en una sociedad llena de prejuicios.
En la segunda entrega 'X-Men 2' (2003) alguien quería matar al Presidente de los EE.UU., porque estaba a punto de firmar la igualdad de derechos.
Ambas estaban dirigida por Bryan Singer el reputado director de Sospechosos habituales y Verano de corrupción.
En la tercera X-Men: la decisión final, según parece la última, aunque eso nunca se puede decir y más tras el éxito conseguido que la sitúa en la más rentable de las tres y colocada en el primer lugar del film más comercial de la historia, se trata de una vacuna que se ha descubierto capaz de poder hacer renunciar de los poderes especiales de estos mutantes y convertirse en humanos con todas sus ventajas y derechos. Pero una facción de ellos se opone surgiendo una vez más la eterna lucha entre el bien y el mal.
La profundidad de las dos primeras entregas se pierde en esta tercera olvidándose de lecturas metafóricas, que tiene una anécdota más bien superficial y corta, lo que es una excusa para engarzar una serie de efectos especiales, muy bien conseguidos por cierto, pero en definitiva queda vacío de contenido, con mucha acción y nada más.
Nos temíamos que cayendo en las manos de un director tan mediocre como Brett Ratner esto se convirtiera en una catástrofe que salva más o menos dignamente con numerosas luchas y una férrea puesta en escena más luminosa que las precedentes.
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