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CRITICA
Por: PACO CASADO
La historia se desarrolla en el año 1933, cuando el nazismo ha tomado el poder en Alemania.
El clan directivo de una importante empresa siderúrgica, discute su actuación ante el previsible desarrollo de los acontecimientos que están sucediendo.
Únicamente Herber se niega a colaborar con el régimen, sobre todo a raíz del incendio del Reichtag para él prueba concluyente de la tiranía que se avecina.
Herber habrá de abandonar el país, al ser acusado de asesinato.
Detrás que Elizabeth, su esposa y dos hijas del matrimonio.
Los propietarios de la empresa van a encontrarse en medio de la lucha por el poder, fundamentalmente, entre los S.A. y el Ejército.
En esta película nos encontramos con el Luchino Visconti de la decadencia, no en el sentido artístico, sino en el temático, en donde nos vuelve a hacer la pintura de una clase social a través de una familia que, en esta ocasión, sitúa en el arco histórico de febrero de 1933, iniciando el relato con el incendio del Reichtag, para darnos de manera trágica y simbólica, mediante ella la decadencia del nazismo a través de este microcosmo familiar en el que se dan toda clase de perversiones, mezcladas con el ansia de poder económico y político.
No deja atrás la crítica a la sociedad del tiempo que se enmarca la acción.
Esta descomposición familiar es como el símbolo de la corrupción y el derrumbamiento de todo un imperio lleno de ambiciones de dominio y de poder.
En cada uno de los personajes integrantes de la familia se da un aspecto, pero de forma más clara, y en el que coinciden más de ellos, es en el de Martin, interpretado por el actor Helmut Berger.
El análisis es exhaustivo, puntilloso y detenido, hecho con profundidad solemne, con esa recreación que Luchino Visconti pone en todas y cada una de sus obras, donde sobresale siempre, no sólo la reconstrucción histórica, dada a través de los magníficos decorados casi siempre operísticos, sino de los mil y un detalles que componen su complicada puesta en imagen, magistral, llena de personalidad y talento que le hace único e indiscutible.
Luchino Visconti se plantea el film como un gran fresco histórico, aunque el relato no sea verídico, pero sí que coincide con muchos aspectos con el entorno histórico y los hechos acaecidos realmente.
Por su forma, la cinta se nos antoja como una grandiosa y fastuosa película con cierto tono norteamericano, con escenas que son ciertamente espectaculares, llenas de tremendo realismo y de un fuerte impacto en el espectador.
En este aspecto quizás influya bastante la música de Maurice Jarre, con la que según parece el propio autor no estaba muy de acuerdo y junto a ella el excelente uso del color que da a la fotografía Armando Nannuzzi y Pasqualino de Santis.
Para esta magistral pintura cinematográfica, cuenta con un cuadro realmente envidiable de grandes actores, desde su favorito Helmut Berger, que consiguió sus mejores interpretaciones bajo su experta dirección, hasta Dick Bogarde a quien utilizaría posteriormente en Muerte en Venecia, sin olvidar los cuidados trabajos de Ingrid Thulin y Charlotte Rampling.
Una gran obra maestra que se puede situar a la altura de los films más logrados del cine italiano, cuya memoria perdurará para siempre.
Nominada al Oscar el guion y al Globo de oro Helmut Berger. Premio del Sindicato de periodista a la dirección y a Umberto Orsini. Premio NBR. Premios Sant Jordi a la mejor película extranjera y a Dick Bogarde.
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