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La película se ha filmado a lo largo de tres años, generando un verdadero vínculo entre el cineasta y personas diversas del barrio, capturando sus deseos y anhelos, las transformaciones y las dificultades.
Vallbona es un barrio del extrarradio de Barcelona aislado por un río, vías férreas y autopistas. Un barrio que vive el tránsito del mundo rural al urbano, preservando formas de vida erradicadas del centro. Una memoria gestada en la supervivencia y las luchas vecinales. Historias del buen valle quiere mostrar también unas formas de vida que sólo son posibles en este espacio híbrido y asilvestrado aún por urbanizar.
José Luis Guerin afirma "“Los sueños y conflictos que viven los personajes de esta película son identificables en cualquier periferia del mundo. La vida en los márgenes implica carencias pero también preserva singularidades, formas de resistencia y de vida que fueron erradicadas del centro. Ahí reside el reto más estimulante y ambicioso que se me plantea como cineasta: el que un barrio humilde y desconocido pueda servir para dar cuenta del mundo entero, tal y como la observación de una hoja puede llevar a comprender la totalidad del árbol.”
A PROPÓSITO DE “HISTORIAS DEL BUEN VALLE”...
Al considerar el encargo de un museo en torno a los barrios desfavorecidos de Barcelona, comencé a explorar Vallbona con la cámara de Super8 que acompañó mi adolescencia en los setenta. Muchos motivos de este lugar, en tránsito entre lo rural y lo urbano, evocaban aquella década, e incluso tiempos anteriores.
Filmaba en blanco y negro, sin sonido, observando sin mediar palabra, pero con la presunción de estar creando una memoria visual inédita al impresionar las primeras “imágenes de archivo” de un territorio aún carente de ellas. Capturaba el presente con un sentimiento de pretérito, como si al pulsar el obturador el tiempo mudara instantáneamente en pasado.
A esta incipiente filmación sucedió un casting, convocado con el propósito de conversar y acercarme al heterogéneo paisaje humano del vecindario. De estos intercambios -determinantes para concretar el proyecto de un largometraje- retengo una desalentadora constante: la de que había llegado tarde, porque la historia del barrio ya había pasado.
Se referían, claro está, a la épica de los migrantes que, desde la posguerra, fueron poblando los arrabales del extrarradio, construyendo clandestinamente, de noche, las chabolas que darían forma al espontáneo urbanismo de un barrio ajeno a toda planificación institucional. Una historia que, con ligeras variaciones, se repite en los extrarradios de las grandes urbes durante los años de la dictadura: redadas policiales, clandestinidad, inundaciones, luchas por el agua, la electricidad, el alcantarillado, la escuela, el transporte y tantos otros servicios básicos que damos por sentados en la ciudad. “Todo esto pasó y hasta sus protagonistas se fueron: ya no hay historia”, repetían.
Supuse que la falta de perspectiva ante el presente les impedía reconocer un posible relato actual en la fragmentada y mutante identidad de la nueva Vallbona -hasta 12 idiomas recorren la película-. En cualquier caso, ahí estaba ese paisaje informe y disperso que urgía explorar.
¿Qué significarían esos escombros en un arrabal, un tubo de hormigón, un pavimento agrietado por las raíces, un pozo, un puente, una ventana, una charca, una montaña divisoria, un nuevo complejo habitacional, un camino abruptamente interrumpido, un árbol seco, unas cañas de azúcar plantadas junto a las vías?
Había que encontrar las miradas capaces de dotar de sentido a todo ello, ver a través de ellas: desde las filosofías y recelos de una pagesía ancestral, desde el legado de un abuelo en su aldea de la India, desde los tambores de un río guineano, desde un sombrío bosque ucraniano…
Para proyectar una mirada justa, estos imaginarios debían solaparse al paisaje físico de Vallbona, transformarlo, moldeando su identidad en constante movimiento. Una identidad siempre en construcción, en permanente work in progress.
NOTA DE LOS PRODUCTORES...
Desde Los iIusos films nos sentimos orgullosos de poder acompañar a José Luis Guerin en esta nueva aventura. Para toda una generación de cineastas españoles, el estreno en salas de una película como En construcción, de José Luis Guerin, marcó un antes y un después. Era el año 2001, éramos jóvenes y había en marcha un cambio de siglo, pero ahora, con la perspectiva del tiempo, vemos aún más claramente cómo aquella modesta película, nacida de un taller universitario, supuso un verdadero cambio de percepción de lo que era y podía ser el cine en nuestro país.
Con Historias del buen valle, Guerin retoma su mirada humanista y su convicción profunda en el cine, concentrando toda su sabiduría en un lugar y unos personajes humildes, desde el respeto y la empatía genuina.
Nuestros valores se cimentan en la idea de un cine posibilista que se adapta a las circunstancias, que hace de la cercanía y la empatía su mejor baza. Esta película es una manera de seguir siendo coherentes con nosotros mismos y a la vez nos permite renovar y profundizar en nuestro amor por el cine. Guerin es un cineasta al que admiramos enormemente, del que hemos aprendido mucho, y trabajar con él es, sin duda, una oportunidad, un sueño cumplido.