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RECORDANDO UN PASEO POR EL FESTIVAL DE RAPALLO (ITALIA) El cine "amateur" a la española ya no existe.

            

    El cine "amateur" murió hace años, en polvorientas reuniones convocadas por festivalillos provincianos de Fomento del Turismo, en época de vacas flacas y ausencia de inglesas estampadas.


  El cine "amateur" -gracias sean dadas- es sólo una etiqueta amarillenta, que se colgaba a ciertos delirios para rodar en el comedor de Zaragoza o Logroño, tales como sinfonía de copas talladas que aparecen y desaparecen, procesión en cualquier ciudad, viejecitas enlutadas frente a ruinas blancas, o niños mirando peces de colores, o flores, o mariposas, en campos de trigo.


  El cine "amateur" está muerto y enterrado y a nadie interesa. Quizá dentro de mucho tiempo, cuando la distancia preste una añeja pátina al paternalismo ternurista de tanto film "amateur" nacional, veremos de nuevo cine "amateur" de copas talladas, por motivaciones similares a la revalorización actual de los cuadros bordados con hilos de colores de la alumna Aguedita Legorreta en el año de gracia de 1867. Ahora ya no hay cine "amateur", sino cine a palo seco. Simplemente, cine. No me interesa más que el cine, realizado por un profesional, o por un realizador de domingo, o por un alumno de la Escuela Cinematográfica, o siempre que me diga algo.

  El año pasado descubrí el Festival de Cine Amateur de Rapallo. Se llama así, porque fue bautizado con ese nombre hace doce años, pero las películas que selecciona anualmente, están totalmente alejadas de lo que en ciertos puntos de España se sigue considerando por muchos como pomposo cine "amateur".
  Este año, la fantasía delirante de 1965, "Scorpio Rising", "La mille et deuxiéme nuit", "Die versuchung des Hl. Antonius", ha dejado paso a una asombrosa madurez técnica del cine "no profesional" -término éste mucho más adecuado- que se rueda en Europa. Un cine independiente, duro, agresivo, audaz, con los pies en el suelo. Un cine, por otro lado, evasivo, fugaz, hecho de cuatro detalles perdidos. Un CINE con mayúsculas.

  Llego el día 3 de enero, ya que las reuniones del Jurado se inician este año dos fechas antes de la apertura oficial del Festival. Esto nos va a permitir ver las películas seleccionadas con placidez, en una sala muy pequeña, y sin público.

Rapallo es un pueblo de la Riviera italiana, con hoteles, librerías y dos cines. También hay un puerto, una playa, una torre muy curiosa metida casi en el agua.

  Rapallo es una de esas pequeñas ciudades costeras italianas, que trepan por los montes y permiten la mescolanza de apartamentos hibridos tipo Playa de Aro y pseudo-villas a lo peplum, con jardines romanos, columnas pintadas imitando mármol, estatuas de emperadores bajo cada arcada. Además, muchas de sus viviendas participan de ese falso y maravilloso impudor del colorido, que se atreve a exhibir la costa italiana.


  Un comité seleccionador, ha elegido 80 películas a concurso. A última hora, y por esas cosas que pasan, nos quedamos sin ver las películas yugoslavas, de las que me habla apasionadamente Aleksander Antonic, delegado de la U.N.I.C.A. en Belgrado y compañero de Jurado, junto con Nedo Ivaldi, Luciano Bianciardi y Claudio Bertieri. Bianciardi es escritor, conocía de él "La vita agria", en la que se inspiró Carlo Lizzani para su película del mismo título, y su contribución a la mesa redonda del Europeo, sobre Fellini.


  Claudio Berteieri, presidente del Jurado, comparte conmigo idéntica pasión por el cómic, y durante todos los días del Festival, discutimos y hacemos proyectos. Cuando el Festival se inaugura oficialmente, llegan nuevos periodistas y escritores, entre ellos José María Podestá, que me proporciona inestimables datos sobre tebeos uruguayos, inéditos en España. Además es un aficionado de siempre a la ciencia ficción, y a las postales cursis de soldado y chacha.


  Entre proyección y proyección, enseño a todos el último número de "Midi-Minuit Fantastique" y los dos números de Film Ideal sobre el terror. Discutimos hasta la madrugada, día tras día, de marcianos, vampiros mexicanos, cine con aire de tebeo, Nick Carter, Mandrake y Juan Centella.

  Es decir, del cine de hoy y de mañana. Y el último día, tras largas y apasionadas discusiones, damos los premios importantes a unas pocas películas, y la pedrea de galardones menores, a otras cuantas. En realidad, las obras importantes no pasan de una docena, cifra estimable, si tenemos en cuenta el bajo nivel del cine profesional del pasado año.

  El máximo galardón, la Targa d'Oro Cittá di Rapallo, recae en "Angela", de Stelio Lorenzo y Leone Frollo, quienes reciben también la medalla de oro para películas de argumento en 8mm. Se trata de un estudio netamente godardiano, de una muchacha llamada Angela, una pecosa que se come las uñas, rie, llora, se peina y despeina, corre por la playa y acaba compuesta y sin novio.

  Con "Angela" -una chica corriente que en la pantalla se transforma- el Jurado premió la funny face de Loredana d'Este y la indiscutible maestría de Leone Frollo, joven realizador habitual de festivales y que es probablemente uno de los más sensibles directores de su generación.
  Frollo ha recibido no pocos galardones a lo largo de estos dos últimos años. El de Rapallo viene a confirmar madurez estilística, netamente influenciada, para su fortuna, por el cine europeo de formato grande.

  El segundo premio recayó en la película española "Zona verde". Su autor es el novel realizador catalán Joaquín Viñolas, quien, al contrario que Frollo, es un intuitivo de la técnica, al menos en esta su primera obra, que ha realizado un reportaje lúcido, valiente y, sobre todo, muy actual, dentro de su aparente aire trivial, de esos baldíos terrenos domingueros de bocadillo y coca cola.


  El resto de los premios coronó a una serie de películas interesantes en su mayor parte y a las que podía unir por un común nexo de "aggiormnamiento" en sus temas. "Ai Margini" de Mino Crocé, delata el problema actualísimo de los subnormales en Italia. "Il n'arriva jamis rien" de Gabriel Cuer y André Perrin, es un ejercicio difícil, que adapta una novela corta de André Bazin.

Madre provinciana y seca, que sueña para su hija con un futuro digo del "Hola", concurso de belleza, viaje a USA, visión y todo eso. Pudo ser apasionante "Il quinto potera", de Gianni Montemezzi, con un estudio de la civilización de la imagen, de las nuevas formas de narración gráfica para la masa, desde los "giallos" al "fumetti" pasando por el agente 007. Pero Mentemezzi ha utilizado tales elementos para realizar una furiosa e increíble diatriba, en defensa de las buenas costumbres y de la íntimidad familiar, violada por la imagen.

  En paralelo con las proyecciones oficiales, el Festival de Rapallo organizó unas reuniones de Estudio de Cine Amateur dirigidas por Claudio Bertieri, con la participación de Giulio Cattivelli, Leone Frollo, Franco Piavoli y Ezio Pecora.

Texto escrito por LUIS GASCA.

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