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INFORMACIÓN
Titulo original: Tendre Et Saignant
Año Producción: 2020
Nacionalidad: Francia
Duración: 99 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de años
Género: Comedia, Romance
Director: Christopher Thompson
Guión: Fabrice Roger-Lacan, Christopher Thompson
Fotografía: Rémy Chevrin
Música: Arthur Simonini
FECHA DE ESTRENO
España: 22 Abril 2022
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
A Contracorriente Films


SINOPSIS

Charly, exitosa editora de una revista de moda en Paris, tiene su vida perfectamente controlada, pero todo cambia al morir su padre y heredar la empresa familiar: una exquisita carnicería por la que ella no siente ningún interés. Está convencida de que lo mejor es venderla, pero Martial, el atractivo empleado del negocio, la convencerá para que no abandone el sueño de su padre...

INTÉRPRETES

GÉRALDINE PAILHAS, ARNAUD DUCRET, ALISON WHEELER, STÉPHANE DE GROODT, JEAN-FRANÇOIS STÉVENIN, ANTOINE GOUY, ELISA RUSCHKE, GIGI LEDRON, MAHAULT MOLLARET, ANNE LE NY, HERVÉ BRIAUX, ANTONY HICKLING, NATHANAËL BEZ, PIERRE PARRA, PASCAL VANNSON, MONIQUE MARTIAL

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ENTREVISTA AL DIRECTOR...
¿Cómo se le ocurrió unir el mundo de la carnicería y el de la moda?...
La película tomó forma realmente cuando se impuso un género en concreto, en este caso la comedia romántica, con el deseo de abordar un entorno tradicionalmente masculino en el que se desarrolla, con un personaje femenino fuerte en su centro. Con Fabrice Roger-Lacan, mi coguionista, imaginamos a una mujer, Charly Fleury, que navega por un universo muy contemporáneo, sofisticado y muy parisino, el periodismo de moda, a la vez que tiene sus raíces en la pequeña carnicería de barrio donde creció. Se reconcilia con el mundo del que procede y reinventa su vida proyectándose hacia el futuro con Martial Toussaint, el carnicero que trabajó con su padre. La comedia y la historia de amor provienen de la mirada sobre dos orígenes y dos personajes que son totalmente opuestos. Esta es una característica que se encuentra a menudo en las comedias románticas y en las comedias americanas screwball.

Aunque trabajan en entornos muy diferentes, los dos protagonistas tienen en común perseguir su pasión a través de sus profesiones...
Es una historia de transmisión y reconciliación. También es una historia de amor entre un hombre y una mujer que buscan la mejor manera de trabajar, de amar y de alimentarse. Para Charly, su vida es su trabajo, y es su forma de escapar de aquello para lo que estaba predestinada. Del mismo modo, Martial es un apasionado de su trabajo, que quiere desarrollar. En el transcurso de su viaje y del regreso a sus raíces, Charly aplica su experiencia en el campo de la moda y las relaciones públicas a la carnicería: reinventa el oficio de su padre gracias a todo aquello que ha aprendido en otro lugar. Eso es lo que molesta y seduce a Marcial. Tras una primera noche en la que se produce una seducción inmediata, se enfadan, pero su amor crecerá gracias a su colaboración. Es su trabajo en común lo que les convertirá en pareja. Como en todas las "comedias de segundas nupcias", sentimos que se volverán a encontrar, pero vamos a ser espectadores de los obstáculos que tendrán que superar para ello.

Usted trata temas de calado de forma desenfadada: la importancia de la transmisión, la dificultad de escapar al destino...
Como muchos comercios pequeños, las carnicerías artesanales son muy a menudo empresas familiares. Su supervivencia depende frecuentemente de la transmisión de una generación a otra. Esto los convierte en un escenario interesante para abordar
cuestiones que nos afectan a todos. ¿Cómo escapar al propio entorno? O, por el contrario, ¿cómo encontrar el propio lugar en él, cambiando el marco establecido y reinventándolo? Esta historia trata, entre otras cosas, de una mujer que ha trabajado muy duro para escapar de su entorno de origen y que, a la muerte de su padre, es absorbida de nuevo por aquello de lo que intentó escapar. Y se encuentra detrás de la caja registradora, como lo estuvo su madre, precisamente donde nunca quiso estar. El encuentro de Charly con Martial no es solo una aventura amorosa: es un vínculo que le permite a Charly reencontrarse con su padre y con el lugar donde creció.

A través del itinerario de los personajes, y de la evolución de la tienda, vemos que la tradición no es enemiga de la modernidad...
Vivimos en una época en la que a menudo se proponen soluciones radicales y polarizadas, en la que se tiende a borrar el pasado cuando plantea problemas. Hay poco espacio para los matices. La película cuestiona, al mismo tiempo, esta necesidad de arraigo y de cambio. Juntos, los dos personajes demostrarán que la tradición y la modernidad pueden conciliarse. Este fue un punto muy importante en el planteamiento de la película: como símbolo de esta evolución, la propia tienda tenía que ser capaz de transformarse y evolucionar manteniendo elementos de la antigua carnicería.

¿Por qué eligió una carnicería como escenario?...
Me interesa la artesanía: los gestos hermosos, la tradición y la transmisión. Quería filmar el trabajo del artesano lo más cerca posible, captar su rutina diaria, la precisión del gesto, el rigor en el trabajo, la obsesión por la «buena pieza». Y luego, los recuerdos de la infancia, comprar en las tiendas, eso lo compartimos todos, forman una base que tenemos todos en común. Visitar una carnicería y ver con qué cuidado se corta o se envasa la carne, y el misterio de los preparativos en la trastienda; todo eso forma parte de estos recuerdos. También está el vínculo social creado por las tiendas locales, que son un lugar de encuentro y conversación, a menudo el corazón palpitante de un barrio. Fabrice Roger-Lacan y yo pensamos que era un escenario interesante para contar una historia. Y también hay un aspecto teatral: en una carnicería tradicional se levanta el telón, entran los clientes y los carniceros montan un espectáculo. Quería reproducir esta atmósfera. Es un universo cinematográfico, rico en contrastes, y no neutral.

Es un tema que levanta pasiones...
También por eso me parece interesante filmar una carnicería. Estoy convencido de que en este campo, como en cualquier otro, no podemos mejorar las cosas borrando el pasado. Llevamos miles de años criando animales y comiendo carne, y esto representa tradiciones, fiestas, convivencia y vínculos que, en mi opinión, no deberían desaparecer. Por otro lado, es evidente que todo esto debe cambiar. Soy muy sensible al bienestar de los animales y desde hace décadas se producen abusos peligrosos en la forma en que consumimos la carne. La ganadería y los mataderos industriales son intolerables. No debe haber lugar en nuestras tiendas ni en nuestras mesas para el consumo de productos procedentes de esas prácticas. Afortunadamente, este es el planteamiento de muchos carniceros artesanos, de ganaderos y de agricultores, que pretenden formar parte de una cadena de excelencia: son una parte importante de la solución. Detrás de la comedia ligera, la película habla de ellos y los apoya. No es una película militante, pero me alegraría si pudiese contribuir a una conversación más tranquila sobre el tema.

La película sacude los papeles asignados a cada uno...
Cuando empezamos a investigar, escuchamos esta frase que se dice en el oficio: «No hay carnicero sin carnicera». Nos da la idea de una pareja que avanza junta, que se completa, que se apoya, pero también del lugar reservado a cada uno: la mujer detrás de su caja registradora, el hombre detrás de su tajo de madera. La película juega con estos lugares y los redistribuye. Charly toma el control, agarra los cuchillos de su padre y se coloca detrás del tajo de madera. Transforma lo que ha conocido -un statu quo tradicional- en algo nuevo. Mientras tanto, Marcial se transforma temporalmente en un hombre-objeto que posa para las revistas. Al final, acabarán igualmente detrás del bloque de madera tras haber seguido cada uno una trayectoria opuesta a la del otro.

Charly escapa a los estereotipos de la moda...
Para caracterizar a Charly, teníamos que tener unos marcadores muy fuertes, no intentar huir de la percepción que todos tenemos de estos trabajos; había que utilizar el cliché justamente para superarlo. Tuvimos que intentar situar el cursor en el lugar adecuado sin caer en el estereotipo de la vestimenta o del comportamiento. Quería que fuera desenfadada, pero también realista, sobre todo en el contexto del mundo de
la moda, que a menudo está muy caricaturizado en las películas. Durante los créditos situamos a Charly con unos pocos planos: camina con paso rápido, tiene encanto, confianza, ocupa la primera fila en los desfiles de moda, se ha ganado su lugar. Ella tiene el control, manda, se asume a sí misma.

Sumerges a una mujer en un mundo fundamentalmente masculino...
La película juega mucho con este problema que encontramos tanto en la familia como en la vida profesional. Al igual que Charly, las mujeres que conocí en este entorno, como sucede en muchos de los entornos antes reservados a los hombres, deben demostrar constantemente su capacidad. Charly es hija de un carnicero, un trabajo tradicionalmente masculino, en el que destacó de adolescente y que su padre soñaba con verle hacer, probablemente porque no tenía ningún hijo. En oposición a su padre y gracias a su trabajo, llegó a ser directora de una importante revista femenina de la que fue despedida. Por unos hombres. Cuando se hizo cargo de la carnicería familiar, acabó ocupando el lugar de su padre detrás del tajo de madera, ¡cuchillo en mano!

¿Cómo se documentó sobre el mundo de la carnicería, los gestos, la tradición? ¿Tuvo un asesor para escribirlo?...
Durante el proceso de escritura, hablamos mucho con Hugo Desnoyer, un carnicero de París. Nos dio información sobre cómo conseguir los animales, cómo trabajar con los criadores, los mataderos y la industria en general. Siempre es fascinante sumergirse en una profesión que tiene tanto su lado oscuro como sus artesanos y criadores que quieren hacerlo bien. Por eso pasé mucho tiempo en la tienda de Hugo, con los carniceros que trabajan allí, para captar su forma de hablar —una musicalidad particular que se escucha en una tienda—, los gestos, y los objetos que componen la decoración. Como en el mundo de la moda, quería ser lo más preciso posible. Y quería que las fachadas de las tiendas fueran apetecibles y estuvieran compuestas únicamente por productos de primera categoría. Era importante filmar productos bellos y nobles. De hecho, el carnicero que almacenaba su mercancía cada noche en la cámara frigorífica la vendía al final del día al equipo, ¡que estaba encantado!

¿Cómo fue la preparación de los actores?...
Hugo entrenó a Arnaud y a Géraldine, que acudieron a su tienda para aprender los gestos correctos. Ambos son muy hábiles y encontraron muy pronto la actitud adecuada, la confianza necesaria para «hacer creer» al público en su dominio, tanto detrás del tajo de madera como ante los clientes de la carnicería. Además, todos los carniceros de la película son auténticos carniceros. Para dar vida a esta tienda, me parecía esencial rodear a los actores de auténticos artesanos que conocieran perfectamente el oficio. Así que hicimos un casting entre carniceros profesionales, varios de los cuales resultaron ser excelentes actores. También quería que los carniceros hablaran entre ellos en «louchebem», la jerga de los carniceros que utilizan cuando no quieren que les entiendan sus clientes. Era importante que todo este mundo fuera preciso y estuviera bien plasmado para que la comedia y la historia de amor pudieran desarrollarse.

¿Cómo eligió a sus actores?...
Quería una pareja explosiva y original que impusiera en la pantalla inmediatamente dos mundos, dos sensibilidades diferentes. Quería crear una «pareja de cine». Cada uno aporta su propia seducción y su propio universo a este encuentro cara a cara. Arnaud viene del mundo del one man show, de la televisión, de la comedia popular. Géraldine tiene una magnífica filmografía, pero rara vez ha tenido la oportunidad de hacerse un hueco en la comedia. Lo que tienen en común es que ambos son rápidos, saben jugar con el ritmo, saben utilizar su cuerpo, lo que no es tan frecuente entre los actores. Se ve muy bien en esta escena en la que se separan en el pavimento helado; ambos están perfectamente cómodos con el tono burlesco. El entendimiento entre ellos fue evidente desde nuestra primera sesión de trabajo, en la que se enzarzaron en un fructífero partido de tenis de mesa. En cada toma, Géraldine inventa algo nuevo, nunca se deja entorpecer por un diálogo o una situación. Arnaud es muy preciso, aporta una energía considerable al conjunto. Ambos han sido compañeros ideales para mí, y también lo han sido el uno para el otro.

¿Qué facetas de la personalidad de Géraldine le interesaron para Charly?...
Quería dirigirla en una comedia y apelar a cualidades que conozco muy bien y que me gustan en ella: el ritmo, la mirada, los cambios de tono. Fue emocionante, enriquecedor, alegre e incluso sorprendente para ella y para mí. Compartimos
referencias y un amor común por las grandes comedias americanas, como Lubitsch, McCarey y Billy Wilder, y por esas mujeres fuertes encarnadas por Barbara Stanwyck, Katharine Hepburn o Rosalind Russel que saben expresarse sin filtro y manejar su mundo, o que luchan por imponerse en una sociedad que les niega el lugar que merecen. Al igual que Charly, son heroínas decididas, vivas pero también vulnerables. En el fondo, tenía la ambición y la idea de que podía presentar a Géraldine como nadie más podía hacerlo. Creo que lo he conseguido, Geraldine habita e ilumina la película de principio a fin.

¿Y su reunión con Arnaud Ducret?...
Durante la lectura, Arnaud adivinó instintivamente qué papel era para él, y en nuestro primer encuentro fue obvio para mí que había encontrado a Martial Toussaint. Todos conocemos su talento para la comedia y sabía que la película saldría beneficiada de su contribución. Pero además, Arnaud encarna de forma natural la tradición popular y la vitalidad. Provoca una simpatía inmediata por su desbordante humanidad. Y desprende una fuerza masculina muy atractiva, una solidez real. Esto es exactamente lo que estaba buscando. Vino con muchas propuestas, energía, pero también con humildad. Es muy hábil. Está al servicio de la película y se pone totalmente a disposición del diálogo con el director. Es un placer trabajar y ajustar el cursor con él.

Los papeles secundarios están especialmente bien cuidados. ¿Cómo los eligió?...
Stéphane de Groodt resulta muy creíble en este personaje de gran chef que reina en su restaurante y domina su arte, y estoy muy satisfecho de que haya aceptado interpretarlo. Necesitábamos un competidor carismático y elegante en el amor, una alternativa fuerte para que Martial dudara del interés de Charly.
Alison Wheeler es una actriz valiosa porque nunca deja de hacer sugerencias. Tiene un gran sentido de la comedia y una gran audacia, elementos que conviven con su seducción natural, a la que yo añadiría vivacidad, frescura y una evidente modernidad.
Antoine Gouy aportó una gran delicadeza al personaje del colaborador no demasiado sincero, eludiendo el estereotipo del antagonista velado y libidinoso. Supo interpretar este papel potencialmente ingrato con un ritmo ideal y mucha fantasía.
Elisa Ruschke aporta una verdadera alegría de vivir al personaje de Julia, que es menos ingenua de lo que parece. También es una rival llena de encanto para Charly.
En cuanto a Jean-François Stévenin, aportó al papel del padre de Charly su vida de hombre y su historia cinematográfica, su experiencia y su emoción. En el plató, expresó un formidable e inagotable entusiasmo y deseo por el cine. En su actuación, tiene total libertad, como en sus propias películas, y una ansia de invención en cada plano. Este fue uno de sus últimos papeles, y para mí fue muy triste no haber podido mostrarle la película.

Hábleme de los escenarios, especialmente de la carnicería-restaurante, que es casi un personaje en sí mismo...
Las trastiendas de las carnicerías, las explotaciones ganaderas y las cámaras frigoríficas contrastan con el acogedor confort de los restaurantes con estrellas y los hoteles de lujo parisinos, y con el ambiente glamuroso de la moda.
La ambientación de la carnicería fue uno de los grandes retos de la película. Ya cuando redactamos el guion, sabíamos que esta carnicería debía existir en su versión tradicional y que debía evolucionar al mismo tiempo que los personajes. Con Julia Lemaire, la jefa de escenografía, empezamos buscando una carnicería real, y luego me di cuenta de que debíamos construirla para poder controlarla de principio a fin, con elementos que pertenecen a la infancia de Charly, o, por ejemplo, azulejos de la antigua carnicería que encontramos en la nueva. También tenía que ser una tienda con fachada a la calle para que la gente entrara y saliera. Tuvimos mucha suerte de encontrar una localización y una calle en el Marais que eran adecuadas porque no solo teníamos el espacio para construir el decorado, sino también un eje carnicería-calle que se podía filmar. Mientras duró el rodaje, construimos una carnicería provisional en medio de París, a la que acudieron los habitantes del barrio creyendo que era una nueva carnicería. Para que el decorado fuera real, utilizamos troncos usados, objetos con pátina y mostradores de carnicerías antiguas. Quería empezar con una carnicería a la antigua, «en su jugo», y le pedí a la diseñadora de vestuario, Emmanuelle Youchnovsky, que los carniceros fueran vestidos a la manera tradicional, con camisa, corbata, delantal y un nudo de estilo parisino que ata el delantal a la espalda, para luego pasar a una carnicería moderna que retomara los códigos de estilo y diseño que transmiten las redes sociales.

¿Cómo se escribe con Fabrice Roger-Lacan?...
Trabajamos, literalmente, a cuatro manos. La historia y los antecedentes de los personajes son el fruto de largos intercambios entre ambos. Fabrice y yo habíamos sido amigos durante mucho tiempo antes de decidir trabajar juntos. Investigamos mucho y a menudo exploramos muchas vías antes de encontrar las adecuadas. Es estimulante y a veces desalentador, así que hay que disfrutar de estar juntos, de pasar tiempo juntos, y eso es lo que hacemos. Fabrice es un hombre de profunda cultura, un guionista experimentado y un brillante escritor de diálogos. Creo que mutuamente conseguimos superarnos. El guion nació de nuestra complementariedad. Esta película es nuestra primera colaboración y sé que habrá otras.

¿Cuáles fueron sus elecciones de dirección?...
Para mí, lo que inspira la dirección es la escritura y el ritmo de una escena, especialmente en la comedia. En una película como esta, en la que la esencia de la película son dos personajes, se tiene que decir en todo momento en qué punto de sus vidas y en qué relación con el otro se encuentran ellos. El otro reto era rodar en un decorado que ocupa la mitad de la película y al que había que dar vida con varios ejes, trabajados previamente con el escenógrafo y Rémy Chevrin, el director de fotografía, para evitar efectos redundantes. Esta carnicería es el centro de la película, como un teatro, con su espectáculo y sus bambalinas. Se transforma y crece junto con nuestros personajes; es un lugar vivo, una metáfora del destino y de la trayectoria de los héroes. Así que pasamos de secuencias con mucho movimiento, sobre todo cuando hay muchos clientes, a secuencias muy íntimas entre bastidores o después del cierre. En cuanto a la imagen, hemos querido aportar tanto realismo como brillantez a la imagen, intentando siempre tratar los contrastes de la historia lo mejor posible.

¿Y la música?...
Desde el principio, tuve la certeza de que la música tenía que ser original, romántica, con un fuerte sesgo. Quería una verdadera música compuesta para la película, al contrario de lo que se oye en muchas comedias que se basan en éxitos o música de fondo. Así que necesitaba un compositor que pudiera aportar su tono y acompañar el movimiento de la película de una manera específica. Tuve charlas con unos cuantos compositores jóvenes y enseguida congenié con Arthur Simonini, que es violinista de formación: ya había trabajado en varias series y en una pieza muy bonita para Retrato de una mujer en llamas. Desde nuestro primer encuentro, hablamos de las referencias
que tenía en la cabeza, como las comedias de Rappeneau, cierta música de Delerue o Philippe Sarde. También le dije que quería un cierto tempo para apoyar el torbellino de los dos personajes principales: a veces sus emociones, a veces sus penas, pero también sus enfrentamientos. Quería, a veces de forma obsesiva, que la música fuera una de las señas de identidad fundamentales de la película, y lo es. Arthur fue el compañero paciente, perfeccionista e inspirado que necesitaba.

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