![]() |
|
SINOPSIS
Frances Haugen es una joven ingeniera de Facebook que acude en busca de ayuda a Jeff Horwitz, un reportero del Wall Street Journal, para emprender un peligroso viaje que acaba destapando los secretos mejor guardados de la red social...
INTÉRPRETES
JEREMY ALLEN WHITE, BETTY GILPIN, MIKEY MADISON, BILLY MAGNUSSEN, JEREMY STRONG, PATRICK FISCHLER, WUNMI MOSAKU, BILL BURR, NELSON FRANKLIN, PORTIA DOUBLEDAY, GBENGA AKINNAGBE, ANNA LAMBE, AIDAN LAPRETE, NATHAN WITTE
MÁS INFORMACIÓN DE INTERÉS
CRITICA
CLIPS
CÓMO SE HIZO
VIDEO ENTREVISTAS
AUDIOS
PREMIERE
SECUELAS: La red social (2010)
INFORMACIÓN EXCLUSIVA
SOBRE LA PELÍCULA...
Dos décadas después de su fundación, Facebook, la plataforma que revolucionó las redes sociales, es hoy un gigante empresarial de alcance mundial que dobla en tamaño a cualquier país y que emplea un algoritmo que influye a diario tanto en la vida de las personas como en los gobiernos de todo el mundo. Esta nueva realidad en la que todos estamos inmersos, es el trasfondo de EL PRECIO DE LA RED. Este thriller de Aaron Sorkin narra la frágil confianza que se va forjando entre un tenaz periodista y una brillante trabajadora de Facebook, que unen fuerzas para sacar a la luz los secretos mejor guardados de la empresa, pero en el centro late la pregunta clave de nuestro tiempo: ¿qué ocurre cuando el bien más preciado de la sociedad pasa a ser la propia atención humana?
Sorkin, el hombre que reescribió las reglas del diálogo cinematográfico, se enfrenta en esta película al germen de la conversación tóxica de nuestra época. Sorkin escribió el guion de La Red Social en 2010, trabajo por el que se llevó el Óscar. Dirigida por David Fincher, la película es una disección tensa, ingeniosa, llena de frases memorables y casi forense del nacimiento de una tecnología. El meteórico ascenso de Facebook y de su multimillonario director, Mark Zuckerberg, es una historia de audacia, soberbia, puñaladas por la espalda y del caos que acompaña toda creación. Pero ahora llega una historia muy distinta sobre las consecuencias de esa tecnología. La de una nación enganchada. La de un grupo de rebeldes que obtiene un poder inimaginable celosamente custodiado, con el potencial de conectar el planeta… y que, sin embargo, siembra en él división, extremismo y desinformación.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Esa pregunta arrastra a la denunciante Frances Haugen y al periodista Jeff Horwitz a una red de documentos ocultos, construcción de imagen corporativa y conflictos morales. Recién llegado al Wall Street Journal como periodista de tecnología, Jeff apenas distingue un bit de un byte. Pero se topa con una exclusiva explosiva cuando Frances, ingeniera de rango intermedio en Facebook, le propone una reunión secreta. Firme creyente en los ideales originales de Facebook, Frances desafía la cultura del silencio de la empresa porque teme que estén llevando su ingenioso algoritmo en una dirección peligrosa, a sabiendas de que puede perjudicar a los niños, la salud mental e incluso la propia democracia. Jeff y Frances lo arriesgan todo en una investigación histórica que pronto se conocería como “The Facebook Files”.
“La Red Social trata sobre cómo se inventó Facebook. EL PRECIO DE LA RED trata sobre en qué se han convertido las redes sociales”, afirma Sorkin. Aunque sirve como complemento de su guion anterior, EL PRECIO DE LA RED es una historia independiente ambientada en un momento completamente distinto, el de una empresa ya descomunal que toma decisiones en la sombra capaces de cambiar el mundo.
Sorkin relata que “en 2010, Facebook tenía 500 millones de usuarios, algo sin precedentes. Pero hoy tiene 2900 millones. Se ha convertido en algo radicalmente distinto. Más de dos tercios de los estadounidenses se informan hoy a través de Facebook. El problema es que gran parte de lo que Facebook publica es sencillamente falso. Facebook está escupiendo desinformación a gran escala, artículos que indignan y enfurecen para que la gente los comparta”.
Aunque la película desvela muchas cosas, nunca juzga a sus personajes, y aunque la historia transcurre entre comparecencias en el Congreso y noticias, Sorkin considera que el tema va mucho más allá de la política. “No es cuestión de republicanos o demócratas. Es un problema que tenemos todos”, dice.
En sus embriagadores comienzos, las redes sociales se presentaban como canales neutrales para la libre expresión, similares a una llamada telefónica o a una plaza pública, que solo requerían una mínima autorregulación. Pero entonces el algoritmo se convirtió en el rey. Capaces de amplificar o silenciar mensajes, los algoritmos empezaron a inclinar la balanza. A medida que se volvían más complejos, omnipresentes y sensibles a las reacciones humanas, cambiaron las reglas del juego. Lejos de ser neutrales, empezaron a modificar de forma encubierta la información con la que nos topamos en nuestros propios muros, al tiempo que forjaban una visión distorsionada y más sensacionalista de cualquier tema.
EL PRECIO DE LA RED explora este poder insidioso del algoritmo a través de una historia con ritmo ascendente, impulsada por unos personajes complejos y diálogos trepidantes, marca de la casa de Sorkin. Mikey Madison, que interpreta a Haugen, afirma: “Te abre los ojos ver con qué facilidad los algoritmos pueden distorsionar tu realidad. La palabra precio del título expresa muy bien sus consecuencias”.
Jeremy Allen White interpreta al periodista Horwitz. “Como toda obra de Sorkin, EL PRECIO DE LA RED es inteligente, divertida, tensa y de enorme relevancia cultural”, añade. “Habla de lo que las redes sociales nos están haciendo a todos como personas”.
Para Jeremy Strong, que interpreta a Mark Zuckerberg, Sorkin era la única persona capaz de contar esta historia. “Shakespeare escribió que la función del arte es poner un espejo ante la naturaleza y mostrar a la época y al cuerpo mismo del tiempo su forma y su impronta. Aaron ha dedicado buena parte de su obra a hacer justo eso, a mostrarnos la forma y la impronta de nuestro tiempo, y creo que esta película es su obra maestra”.
El productor Stuart Besser, colaborador de Sorkin en todas las películas que ha dirigido hasta la fecha, se unió a los productores Todd Black y Peter Rice para llevar el guion a la pantalla. “Aaron ha creado una historia fascinante a partir de la evolución de Facebook y de los efectos de las redes sociales. Una empresa que conecta a tres mil millones de personas es algo asombroso”, dice Besser. “Pero ha llegado a influir en todo, desde los niños hasta las elecciones, y ha evolucionado sin ningún tipo de control”.
SORKIN Y FACEBOOK EN UNA NUEVA ERA...
En los 16 años transcurridos desde que La Red Social llegó a los cines, Facebook ha seguido creciendo de forma exponencial. Hoy, sus ingresos superan los de grandes países. La empresa ejerce una autoridad global. Ha crecido tanto y tan deprisa que se ha perdido la perspectiva inicial. Convertida ya en parte indiscutible del sistema que en su día pretendía derribar, la plataforma ha sido aplaudida por ayudar a conectar a quienes estaban aislados, por dar voz a quienes no la tenían y por hacer caer las barreras que impedían compartir el conocimiento. Pero también ha estado cada vez más en el punto de mira por filtraciones de datos, violaciones de la privacidad, manipulación de contenidos e injerencias electorales, y por permitir que las falsedades, los contenidos pensados para provocar indignación y el acoso se propaguen por todo el mundo como la pólvora.
Parte de la culpa de todo este caos la tienen los algoritmos, que deciden lo que ve cada usuario en su muro. Facebook ha retocado su algoritmo varias veces. En 2018, justo antes de contratar a Frances Haugen, introdujo un nuevo sistema interno de clasificación denominado Meaningful Social Interactions (MSI), o interacciones sociales significativas. El MSI priorizaba la máxima participación de los usuarios y que las publicaciones se volvieran a compartir, por encima de los “me gusta”, más positivos, que hasta entonces dirigían el tráfico. Esto se tradujo en un aumento de las horas que se pasaban en la plataforma, uno de sus objetivos clave. Pero también anticipó una explosión del tipo de mensajes que suelen provocar las reacciones humanas más viscerales: el morbo, la falsedad, el escándalo y lo exasperante. Mientras tanto, bots y granjas de interacción de todo tipo aprovecharon este algoritmo para impulsar agendas muy diversas, a menudo sin ninguna transparencia.
Durante todo este tiempo, mientras la influencia de Facebook llegaba a todos los rincones de la sociedad y la empresa pasaba a llamarse Meta en 2021, Sorkin no le quitó el ojo de encima. Siguió de cerca cómo la empresa recibía críticas de diversos organismos gubernamentales, entre ellos el DOJ, el DHS, la SEC, la FTC y el IRS. Pero la inspiración cinematográfica no llegó hasta que leyó dos libros escritos por las dos personas que se convertirían en los protagonistas de EL PRECIO DE LA RED.
The Power of One, de Frances Haugen, y Broken Code, de Jeff Horwitz, profundizaban en el mayor escándalo de Facebook hasta la fecha: el descubrimiento de miles de documentos secretos que revelaban que la empresa conocía los peligros de su algoritmo y los había ignorado. Haugen y Horwitz colaboraron en diecisiete reportajes pioneros que sacaron a la luz fallas como el enorme impacto de la plataforma en la salud mental de los adolescentes, la preferencia del algoritmo MSI por los mensajes conflictivos y sensacionalistas, la flexibilización de las normas de la plataforma para los usuarios más destacados y el uso de Facebook en la trata de personas y en operaciones de influencia extranjera. Las consecuencias de estas investigaciones siguen notándose en 2026.
“Cuando leí estos dos libros, vi una historia muy dramática”, cuenta Sorkin. “Pasé horas con Jeff y Frances, al principio sin saber muy bien qué buscaba. Pero a medida que el guion iba tomando forma, pude aprovechar cada vez mejor el tiempo con ellos, buscando respuestas muy concretas sobre cómo habían afrontado esta investigación”.
Besser señala: “Aaron siempre empieza documentándose de forma exhaustiva, tratando de entender cada aspecto del mundo sobre el que escribe. Solo cuando ha investigado el tema hasta el último detalle se sienta a escribir. La investigación le lleva más tiempo que la escritura porque, una vez que tiene el núcleo de la historia, la escritura parece salir sola”.
El inconfundible texto de Sorkin, con sus electrizantes intercambios verbales, se inspira a menudo en hechos históricos. Un ejemplo de esto es su guion nominado al Óscar de El Juicio de los 7 de Chicago, sobre el grupo de manifestantes acusados de conspiración durante la Convención Demócrata de 1968. Pero Sorkin no es documentalista. Trabaja en su propio territorio, en el que los hechos históricos se convierten en trepidantes dramas shakespearianos y los mundos hiperrealistas pasan a ser fieles espejos del nuestro. Del mismo modo, en EL PRECIO DE LA RED, Sorkin no pretendía recrear con precisión la vida de Haugen, de Horwitz ni del círculo más próximo de Facebook. Más bien, se propuso sumergir al público en la esencia de este momento decisivo.
Como observa Besser: “Cuando Aaron encuentra una historia a la que puede hincarle el diente, va mucho más allá de los titulares para llegar a todas las complejas capas que hay debajo”.
Los Frances y Jeff que crea Sorkin forman una pareja dispar: una brillante mujer introvertida que prefiere vivir detrás de la pantalla de un ordenador le entrega a un periodista negado para la tecnología la exclusiva de su vida. “Lo que más me interesaba de Frances es que muchísimas personas como ella encontraron en las redes sociales una nueva vida, un lugar donde podían ser plenamente quienes son. Ella conoce su potencial de primera mano”, dice Sorkin. “Y a Jeff lo vi como el representante del público, alguien que no entiende este mundo ni su lenguaje y que va descubriendo lo que ocurre en él sobre la marcha”.
Frances y Jeff son como David, y Facebook Goliat, una empresa que se cree por encima de la ley, hasta el punto de considerarse, como subraya una frase del guion, “posgubernamental”. Pero Sorkin da a la estructura del thriller una forma elíptica. Entrelaza con destreza la arriesgada investigación con los intensos preparativos de Zuckerberg para sus comparecencias ante el Congreso y con un gran acontecimiento político en el que la agitación de las redes sociales saltó a la calle.
“La película tiene una estructura que espero que el público encuentre divertida”, reflexiona Sorkin. “Las distintas líneas temporales te mantienen en vilo y se crea un rompecabezas en el que buscas todas las conexiones. Luego, en el tercer acto, ves a Facebook con los mandos de la conversación pública en un momento crucial”.
A lo largo de la historia, Sorkin aborda una gran variedad de efectos de las redes sociales, entre ellos una epidemia de ciberacoso que le resulta escalofriante a nivel personal. “Tengo una hija que se hizo mayor en plena era de las redes sociales, así que lo he vivido de primera mano”, cuenta. “Cuando yo era niño, si te portabas mal con alguien, veías reflejado en su cara el daño que le habías hecho y te sentías fatal. Pero en las redes sociales nunca ves la cara de la otra persona. El anonimato se convierte en una especie de arma de destrucción masiva”.
Aunque apenas hay terreno común con La Red Social, Sorkin señala que el personaje central de ambas películas, Zuckerberg, ha cambiado claramente. “En la película anterior vemos a Mark y a sus amigos tirándose en tirolina a la piscina de una casa alquilada en Palo Alto, pero en EL PRECIO DE LA RED vemos a alguien muy distinto. Ahora Mark vive en un enorme despacho de cristal, rodeado de guardias de seguridad y sentado en un sofá blindado”, describe Sorkin.
Cuando escribía el guion, Sorkin tuvo en mente cómo representaría visualmente el mundo de Facebook. Ha dirigido todos sus guiones de la última década, entre ellos Molly’s Game, Ser los Ricardo y El Juicio de los 7 de Chicago. Pero EL PRECIO DE LA RED es la primera película que, mientras la escribía, supo sin ninguna duda que dirigiría él. “Desde el momento en que empecé la historia, sabía que tenía que llevarla hasta el final”, explica.
Aun así, Fincher, que actualmente dirige Las Nuevas Desventuras de Cliff Booth, ha seguido implicado en el proyecto. Sorkin le envió el guion antes que a nadie. “David lo leyó y un par de horas después me mandó un correo que decía: ‘Esto es nitroglicerina’. Me ha apoyado muchísimo durante todo el proceso y ha sido un gran defensor de la película”, cuenta Sorkin.
MIKEY MADISON ES FRANCES HAUGEN...
Tras ganar el Óscar por Anora, Mikey Madison podía haber elegido cualquier proyecto. Pero el primer personaje que la conquistó fue Frances, que no podría ser más distinta de la impetuosa bailarina de striptease. Para Madison, interpretar a Frances ha supuesto volcar toda su energía hacia dentro y meterse en la cabeza de una mujer brillante, introvertida e idealista que encuentra el valor para enfrentarse a una de las empresas más poderosas del mundo.
Al leer el guion, Madison esperaba encontrar “esa escritura tan típica de Sorkin que gusta a todo el mundo”. Lo que no esperaba era quedarse tan prendada del personaje de Frances, ni de cómo encuentra su voz en un mundo dominado por hombres en el que las mujeres suelen quedar relegadas.
“Lo que me atrapó fue su increíble brújula moral”, cuenta Madison. “No es habitual que alguien actúe de forma tan desinteresada como ella. Y lo que más me gustó es que es una heroína que ni siquiera sabe que lo es. Solo sabe que hay algo dentro de ella que le impide guardar en secreto una información que está haciendo tanto daño”.
Sorkin vio que Madison captó muy bien la capacidad de sacrificio de Frances, además de su profundidad. “Me impresionó muchísimo en Anora y también me encantó en Érase una Vez en... Hollywood. Sabía que podía hacerlo”, dice el director. “Además de ser una gran actriz, Mikey tiene cualidades que un intérprete no puede fingir. Nadie puede fingir ser inteligente ni gracioso. Hay que serlo de verdad para que resulte auténtico, y Mikey lo es”.
Para preparar el papel, Madison investigó la jerga, la cultura y los retos de las mujeres que trabajan en el sector tecnológico. Pero lo más apasionante, según dice, fue intentar imaginar lo que bullía en la mente de Frances. “Frances es tremendamente inteligente, pero de una forma muy concreta”, señala Madison. “Tuve que aprender a meterme en la cabeza de alguien que siempre piensa de forma analítica”.
Esa mente analítica no puede descansar sabiendo que Facebook elude una responsabilidad que, está convencida, tiene medios para asumir. “Frances cree profundamente en lo que Facebook podría ser”, dice Madison. “Pero siente que no ha alcanzado ese potencial. Le duele, porque para alguien tan analítica como ella, no intentar resolver un problema con solución es una locura”.
Madison ha disfrutado especialmente explorando la relación entre Frances y Jeff, dos personas que se juegan su carrera y cuya incómoda alianza pasa a convertirse en una leal amistad. “Hay un momento en la historia en el que Frances y Jeff dejan de utilizarse mutuamente y se convierten en verdaderos aliados y amigos que se valoran tal como son”, observa Madison. “Ahí es cuando Frances se da cuenta de que, por mucho que quiera, ya no puede seguir en el anonimato, porque el reportaje de Jeff solo tendría repercusión si ella diera la cara”.
Según Madison, enfrentarse a los ágiles diálogos de Sorkin “ha sido algo completamente nuevo para mí. Cada palabra está elegida con mucha precisión. Al mismo tiempo, Aaron me parece un director que confía mucho en sus actores. Los escoge con cuidado y luego les deja hacer lo que mejor saben hacer. No está encima de cada detalle, y eso es maravilloso. Además, tiene un sentido del humor increíble y es muy divertido trabajar con él”.
Como Sorkin define claramente los mundos que crea, prefiere que los actores se inspiren en el personaje tal como está escrito y no en la persona real. Madison resistió la tentación de ponerse en contacto con Haugen y se imaginó ciertos detalles del personaje como su letra o la decoración de su piso. Incluso preparó paneles de inspiración que sirvieron de referencia a los departamentos de vestuario y diseño de producción. Fue un proceso creativo emocionante y fructífero, pero Madison concluye: “Espero de verdad conocer algún día a esta increíble mujer”.
JEREMY ALLEN WHITE ES JEFF HORWITZ...
En una época en la que el auge de las redes sociales amenaza el periodismo de investigación tradicional estadounidense, Jeff Horwitz dirige toda su atención hacia un sector tecnológico que antes campaba a sus anchas y que ahora se ha sumido en el secretismo. Aunque la jerga tecnológica le resulta un galimatías, Horwitz no entró en el Wall Street Journal para investigar el código de Facebook. Aceptó el trabajo porque empezaba a alarmarle el alcance social y político nunca antes visto de la empresa.
Tanto la curiosidad y tenacidad de Horwitz Springsteen como sus dudas morales se hacen evidentes en la interpretación que Jeremy Allen White hace del periodista. White se ha llevado varios Emmy y Globos de Oro gracias a su aparición en The Bear. También llamó la atención por su papel de Bruce Springsteen en Springsteen: Deliver Me from Nowhere.
“Francine Maisler es una fantástica directora de casting que se ha encargado del reparto de casi todos mis proyectos. Me habló de Jeremy en nuestra primera conversación y pensé que nunca conseguiríamos que aceptara”, cuenta Sorkin. “Me encantó su papel en The Bear y como Springsteen, y conectamos en cuanto nos conocimos. Tiene todo el talento, la inteligencia, el estoicismo y el sentido del humor necesarios para entender de verdad a este personaje”.
Tras Springsteen: Deliver Me from Nowhere, interpretar a Jeff le exigió un enfoque completamente nuevo. Para aquel papel, White había estudiado a fondo a Springsteen e incluso llegó a conocerlo personalmente para meterse en su piel, pero Sorkin buscaba algo diferente.
“En los mundos que crea Sorkin, los personajes cobran vida propia”, explica White. “A él le gusta que los actores interpreten al personaje tal como está escrito, así que nunca contacté con el Jeff real. Me ha parecido emocionante intentar entender a Jeff de otra manera. Lo veo como alguien que se esfuerza al máximo por seguir cuestionando todo, aunque la presión que recibe por todas partes se vuelva abrumadora”.
Los vertiginosos diálogos de Sorkin fueron una fuente constante de inspiración. “Tienen un ritmo precioso y, al mismo tiempo, están llenos de matices”, describe White. “Todo va muy rápido, pero Aaron también sabe dejar que las escenas respiren”.
En el centro del retrato que hace White hay una divertida contradicción: Jeff no tiene ni idea de tecnología, pero tiene un sinfín de preguntas sobre lo que la tecnología nos está haciendo. “Jeff es un periodista tecnológico peculiar”, dice White entre risas. “Es muy inteligente, pero es un poco reacio a la tecnología y bastante negado con la jerga del sector. Aun así, como antiguo periodista político que viene de fuera de ese mundo, aporta una visión personal sobre cómo Facebook está cambiando el panorama político y social”.
Para cualquier periodista de investigación los documentos son el santo grial, y la clave para conseguir los de Facebook la tiene Frances. Al igual que Madison, White se sintió fascinado por la complicada relación entre Frances y Jeff. Fue muy consciente de la cautela con la que Jeff tuvo que actuar para ganarse la confianza de alguien tan distinto a él, y del dilema ético que supone pedirle a alguien que lo arriesgue todo por una noticia.
“Al principio Frances le desespera, pero él se vuelve cada vez más protector con ella”, observa White. “Ella empieza desconfiando de él, sin tener claro qué quiere sacar de todo esto. Todavía siente mucho cariño por Facebook, por todo lo que Zuckerberg ha construido y por lo que significa para la gente, y está muy orgullosa de su trabajo en la empresa. Jeff intenta respetarlo, pero quiere que salga a la luz la verdad, y creo que no es del todo consciente del enorme sacrificio que supone para ella hasta que ya lo ha hecho”.
Y continúa: “Cuanto más se preocupa por ella, más tiene que asumir que es él quien la ha llevado a esa situación tan peligrosa”.
La mezcla de admiración y culpa que Jeff siente hacia Frances se intensificó gracias a la conexión que tuvieron White y Madison. “Hace tiempo que sigo la carrera de Mikey”, dice. “Me parece que está maravillosa como Frances. Crea un personaje muy presente, con los pies en la tierra. Es magnética. Eso hacía que Jeff tuviera aún más presión por no fallarle”.
JEREMY STRONG ES MARK ZUCKERBERG...
La elección del actor que daría vida a Mark Zuckerberg fue clave en EL PRECIO DE LA RED. Sorkin ofreció primero el papel a Jesse Eisenberg, pero estaba ocupado escribiendo, dirigiendo y explorando nuevos proyectos. Eso abrió la puerta a darle un enfoque distinto al personaje. Mark en la película es un hombre que ha cambiado notablemente. Ya forma parte de la élite de los multimillonarios y a menudo se le ve como el emperador de Silicon Valley. Sorkin volvió a contar con Jeremy Strong para el papel. Ya habían trabajado juntos en Molly’s Game y El Juicio de los 7 de Chicago. Strong es conocido por su papel de Kendall Roy en Succession, por el que ganó un Globo de Oro, y por su nominación al Óscar por interpretar a otro personaje real, Roy Cohn, en The Apprentice. La Historia de Trump.
“Jeremy es un actor realmente brillante que nos ha regalado una interpretación impresionante”, dice Sorkin. “En el rodaje nunca dejó de ser Mark Zuckerberg. Hablaba con su voz, se movía como él y defendía su punto de vista en cada escena”.
Strong ha abordado el papel con su método intenso e inmersivo característico. “Siento una gran responsabilidad cuando interpreto a personas reales, así que me documento y me preparo a fondo”, explica. “Con cualquier material disponible, por pequeño que fuera, reconstruí la evolución de Zuckerberg a lo largo de la década de 2010”.
Y continúa: “Las fuentes principales que usé fueron todos los artículos en revistas, todas las entrevistas, charlas, publicaciones personales, mesas redondas, cumbres y textos escritos sobre él. Diría que los que más me aportaron fueron los perfiles del New Yorker de 2006, 2010 y 2017, las entrevistas de Kara Swisher, la de Ezra Klein, las conferencias F8 y las asambleas abiertas de Facebook, la serie de conversaciones sobre tecnología y sociedad de 2019, la cumbre tecnológica Silicon Slopes, el Aspen Ideas Festival, el discurso de Georgetown de 2019 y, sobre todo, sus ocho comparecencias ante el Congreso. También leí varios libros sobre Zuckerberg y sobre el sector tecnológico en general. Mi objetivo siempre es dominar el tema y sentirme con autoridad para crear algo preciso y veraz”.
Al comienzo de EL PRECIO DE LA RED, Mark, que una vez dijo que su lema era “moverse rápido y romper cosas”, tiene que enfrentarse a todo lo que Facebook ha dinamitado en la conversación pública. “Para mí, la puerta de entrada a cualquier personaje es entender, a nivel visceral e intelectual, las circunstancias dramáticas en las que se encuentra”, reflexiona Strong. “Mark acaba de pasar por lo que Ezra Klein llamó ‘el año más difícil de Facebook’. La injerencia extranjera en las elecciones de 2016 y el escándalo de Cambridge Analytica han provocado nuevas crisis. Investigado por la SEC, el DOJ, el FBI y la FTC, sometido a un intenso escrutinio y señalado como culpable, Mark es un ‘director en tiempos de guerra’, asediado y acorralado”.
“Tiene que tomar personalmente decisiones complejísimas, con consecuencias sin precedentes para la sociedad. Diría que está entre la espada y la pared”, dice Strong. “Ha conectado el mundo y ha dado voz a la gente, y ahora tiene que lidiar con las consecuencias, previstas e imprevistas, de su visión a gran escala. Mi trabajo ha consistido en entender lo mejor posible su misión y los principios que lo guían, y en sopesar los dilemas a los que se enfrenta el líder de una de las empresas más influyentes y trascendentales de la historia”.
Volver a trabajar con Sorkin también ha sido un aliciente para Strong. “Es mi tercera película con Aaron y siento una enorme afinidad y complicidad creativa con él. Trabajamos en un clima de confianza absoluta”, confiesa. “Aaron es uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo y uno de los mejores guionistas de la historia del cine. Pertenece a un panteón muy reducido, y esta colaboración continua con él ha sido uno de los mayores privilegios de mi vida. Inspira el deseo de estar a la altura de su magistral escritura. Es muy fácil ser preciso con sus textos porque son lo más cercano a la perfección que se puede tener. Es como ser el primer violín de la orquesta del mismísimo Mozart”.
Jeremy Allen White quedó asombrado de hasta qué punto Strong se metió en la piel de un personaje tan distante. “Jeremy tiene una necesidad imperiosa de entender a sus personajes y los entornos en los que viven”, observa White. “Ese proceso tan intenso tiene resultados increíbles”.
Besser concluye: “Decir que Jeremy ejerce su oficio con devoción es quedarse muy corto. Se sumerge en sus papeles meses antes, no solo en el aspecto físico, sino en lo que supone ser realmente esa persona. Cuando llegó al rodaje, todo el mundo se quedó de piedra. Su encarnación del personaje es tan completa que trasciende la similitud física”.
LOS EXPERTOS EN IMAGEN...
Mientras Zuckerberg ensaya para unas comparecencias ante el Congreso que acapararán la atención de los medios y de la política de todo el mundo, un equipo ficticio de especialistas en relaciones públicas intenta pulir su mensaje y su imagen. Lo encabeza Raya Akinola, una hábil estratega en gestión de crisis que en su día intentó advertir a Zuckerberg de que Facebook estaba avivando las divisiones del país, pero que ahora está dispuesta a ayudarle a defender la plataforma. En el papel podemos ver a Wunmi Mosaku, que el año pasado logró su primera nominación al Óscar por su papel de curandera en Los Pecadores, el gran éxito de Ryan Coogler.
Raya no podría ser más distinta de la curandera de Los Pecadores, algo que entusiasmó a Mosaku, que construyó el personaje desde cero. “Raya lidia habitualmente con monarquías y líderes mundiales. Es la persona a la que se recurre cuando todo se viene abajo y hay muchísimo en juego”, describe Mosaku. “Así que tenía que tener una inteligencia social altísima y una templanza a prueba de bombas”.
Tenía ideas muy claras sobre el rumbo que debía tomar Raya. “En nuestra primera reunión, le dije a Aaron que creía que Raya debía ser británica, y estuvo de acuerdo. Enseguida empecé a trabajar en una versión más refinada de mi propio acento para darle un aire cosmopolita”.
Aunque Raya tiene sus reservas sobre el rumbo de Facebook, es leal a la empresa, y su trabajo no le deja mucho margen para cuestionamientos morales. “En el fondo, Raya se ha tragado el discurso y ha decidido seguir un camino en el que al principio no creía”, reflexiona Mosaku. “Para ello, tiene que hacer que Mark parezca más simpático, humanizarlo y demostrar que le importa algo más que los beneficios de la empresa”.
Mosaku ha disfrutado mucho con los afilados diálogos de Sorkin, sobre todo los que tiene junto a Strong y Bill Burr. “Me han encantado la tensión y la carga del diálogo. Cuando se ruedan escenas de diez páginas, tener al lado actores tan buenos lo hace todo mucho más divertido”.
Además, Sorkin no paraba de subir el nivel. “Aaron siempre lleva cada escena a su punto de máxima tensión”, señala Mosaku. “Le gusta que todo esté al límite de la intensidad, algo que valoro muchísimo. Donde una escena podría quedarse en lo cerebral, él la lleva al borde del abismo emocional”.
En el equipo de comunicación también está Teddy Marks, del departamento de relaciones con los medios de Facebook, que tiene que hacerse cargo de la imagen de la empresa cuando todo estalla en ausencia de su jefe. Billy Magnussen, que también protagoniza la serie sobre Silicon Valley The Audacity, se volcó en el papel. “Teddy es el nexo entre los dos mundos, el periodismo y Facebook”, dice Magnussen. “Para él, Facebook es un búnker de secretos que no deben salir a la luz. Lo principal de su trabajo es asegurarse de que ningún empleado de Facebook abra la boca y de que todos se mantengan alejados de los periodistas”.
Es Teddy quien pronuncia una de las frases más demoledoras de la película cuando explica, con toda tranquilidad, que Facebook existe en un mundo “posgubernamental”, ya que ha acumulado un poder antes reservado a las superpotencias. “Da miedo pensar que una red social pueda tener el poder de un país”, dice Magnussen.
Raya mete en los simulacros de las comparecencias a una persona elegida expresamente para sacar de quicio a Zuckerberg: Charlie Garrigan, antiguo colaborador cercano de Mark convertido en feroz crítico, que acaba de publicar una durísima tribuna de opinión denunciando la falta de seguridad de Facebook. El popular cómico Bill Burr, conocido por sus mordaces monólogos sobre actualidad, resultó encajar a la perfección con el texto de Sorkin. “Casi todo el mundo conoce a Bill solo como cómico, pero os aseguro que como actor os va a dejar sin palabras en esta película”, comenta Sorkin.
“Formó parte de Facebook en los primeros tiempos, cuando todos estaban emocionados por construir algo”, comenta Burr sobre Charlie. “Estaban creando algo totalmente nuevo y, cuando despegó, no hace falta decir cuántas celebraciones hubo. Pero luego, para él, todo se torció”.
Cuando Charlie se enfrenta a Zuckerberg por los peligros sociales y morales del algoritmo de Facebook, siente una satisfacción personal nada desdeñable al increpar a un hombre al que ya pocos se atreven a cuestionar. “Aunque Charlie intenta ser una brújula moral para Mark, también hay en él un punto de mezquindad, porque las cosas no le han ido tan bien como a él”, reflexiona Burr. “Pero entiende a Mark y cómo funciona su cabeza. Así que intenta llegar a él de una forma que Mark pueda escuchar, que vea que Facebook está cambiando profundamente la forma en que la gente se comunica”.
Aunque Burr tenía sus reparos a la hora de afrontar un papel tan dramático, Sorkin le hizo sentirse cómodo. “Desde el principio, Aaron fue supermajo y muy humilde, y pensé que si alguien tan legendario era así de enrollado, el rodaje iba a ser genial”, recuerda.
Y así fue. A Burr le encantó especialmente lo que hizo Mosaku con su personaje. “Planteó a Raya de una forma totalmente opuesta a lo que cabría esperar. Pensaba que iba a ser una ejecutiva fría e insensible, pero en lugar de eso aportó un encanto y una calidez que encajan a la perfección con una experta en gestión de crisis cuyo trabajo consiste en conseguir que Mark se relaje y parezca accesible”.
Strong también ha sido una inspiración para Burr. “Me encanta cómo Jeremy crea distancia y frialdad de una forma tan cautivadora. Se convirtió en un muro que intentaba derribar y que no conseguí romper hasta el final”.
Al otro lado de la brecha entre periodismo y tecnología está Christina, la jefa de Jeff en el Wall Street Journal, que quiere demostrar que la prensa tradicional puede plantar cara a los poderes digitales. La interpreta Betty Gilpin, nominada tres veces al Emmy por GLOW, de Netflix, que ha brillado recientemente como protagonista de la exitosa serie La Maldición de Widow’s Bay. “La forma en que Betty dominaba el set como Christina nos dejó a todos boquiabiertos”, dice Besser.
Como muchos de sus compañeros de reparto, Gilpin se sintió atraída ante todo por la posibilidad de trabajar con Sorkin. “Nadie domina la tensión y el ritmo como Aaron”, comenta. “Para un actor es un regalo enorme tener un texto tan inteligente y trepidante, con tantas ideas en cada página que te inspiran”.
Pero el tema de la película también ha sido una revelación. “Era un rincón de la actualidad que había estado evitando, quizá porque no quiero enfrentarme a mi propia relación con las redes sociales”, confiesa Gilpin. “Pero cuando empecé a documentarme, me di cuenta de lo dañinas que pueden llegar a ser, algo de lo que, como madre, creo que todos deberíamos ser más conscientes. Están diseñadas para ser como golosinas, y todos estamos enganchados. Yo incluida. Por eso creo que todos debemos preguntarnos cómo hemos llegado a esta situación y hacia dónde va”.
A Gilpin también le ha fascinado Christina, alguien que intenta mantener los ideales de integridad periodística frente al aluvión digital. “Christina, que ha dedicado toda su vida a los periódicos, teme que los contenidos que buscan provocar indignación y las teorías de la conspiración se lean ahora mucho más que el periodismo bien documentado. Para ella, publicar esta historia sobre Facebook es muy arriesgado y, además, algo muy personal”, dice Gilpin. “Sabe que se enfrentan a una empresa con un poder inimaginable. Pero Christina es dura. Recuerdo que al principio Aaron la describió como alguien que hace llorar a la gente diez veces al día, y eso me ayudó mucho a entender cómo interpretarla”.
Esa dureza se traduce al principio en un escepticismo burlón hacia Jeff y sus torpes primeros intentos de desvelar los secretos de Facebook. “Cuando Christina entrevista a Jeff para el puesto, piensa: ‘¿Quién es este payaso que ni siquiera es periodista de tecnología?’”, cuenta Gilpin entre risas. “Se come a gente así para desayunar. Pero, al final, ve en él a alguien que lucha precisamente por el tipo de periodismo en el que ella cree”.
Gilpin describe a Jeremy Allen White como “un compañero increíble, muy presente y tan acertado en sus decisiones que dan ganas de usar cada una de sus tomas, todas completamente distintas. Me ha parecido que estaba totalmente metido en la cabeza de Jeff”.
Según Gilpin, el ambiente del rodaje ha sido muy especial. “Cada día se notaba una chispa en el aire. Todo el mundo ha dado lo mejor de sí. Interpretar el texto de Aaron es como hacer Shakespeare a toda mecha, y nadie quiere ser el que falle. Tener a Aaron como director lo ha hecho todavía más emocionante, porque nadie sabe mejor que él cómo tiene que sonar”.
EN EL PUNTO DE MIRA. LA FOTOGRAFÍA...
Si el diálogo es el motor del texto de Sorkin, la imagen es el combustible de esas palabras. Para crear la tensión creciente de la película y dar vida a los mundos cerrados de las redacciones, los gabinetes de crisis de las empresas y las salas del Congreso, Sorkin volvió a contar con algunos de sus colaboradores de confianza, entre ellos el director de fotografía Jeff Cronenweth.
Nominado dos veces al Óscar, Cronenweth es conocido por su iluminación suave y atmosférica, sus sombras naturalistas y su forma de reflejar las relaciones de poder a través de los ángulos, como en El Club de la Lucha, Perdida o Millennium: Los Hombres Que No Amaban a las Mujeres. Pero también es un maestro adaptando el movimiento de cámara a distintos estilos narrativos, como demostró hace poco llevando la ciencia ficción al límite en TRON: Ares. En EL PRECIO DE LA RED fusiona los recursos visuales del thriller con el estilo dramático de Sorkin.
“Ya había trabajado con Jeff en Ser los Ricardo y tenemos muy buena relación”, señala Sorkin. “Además, ha aportado a la película un toque del ADN visual de La Red Social”.
“Visualmente EL PRECIO DE LA RED es mucho más ambiciosa”, añade Besser. “Es una historia distinta, pero Jeff ha sido muy innovador al mantener cierta base y al mismo tiempo incorporar nuevos enfoques. En esta película la cámara es más fluida, y el encuadre y la iluminación reflejan unas relaciones de poder en Facebook muy distintas tras dos décadas”.
Al igual que Sorkin, Cronenweth no ha podido resistir la tentación de volver al mundo tecnológico. “Me intrigó muchísimo desde el principio, en parte porque Sorkin tiene una visión muy distinta de la de Fincher. Desde luego, no estábamos haciendo una secuela, así que eso abrió la puerta a la creatividad desde el primer momento”, cuenta. “Los guiones de Aaron tienen una estructura tan completa que es como recibir una caja preciosa y muy bien hecha. Pero dentro de esa caja a Aaron le gusta llevar las cosas al límite, así que he disfrutado mucho experimentando con él”.
Y continúa: “Lo más difícil de los guiones de Aaron es mantener viva la cámara con tanto diálogo. Eso supone utilizar el movimiento de cámara siempre que se pueda para crear energía y aumentar la tensión. En cuanto a la iluminación, el objetivo fue siempre dar a los actores la máxima libertad de movimiento. Es una historia más oscura, así que forzamos el contraste y mantuvimos una luz muy direccional para realzar los choques de personalidades y la intensidad de los diálogos”.
Para conseguirlo, Cronenweth y Sorkin han usado cámaras ligeras y versátiles: V-Raptor XL y V-Raptor XE de RED Digital Cinema. “Empleamos los mismos objetivos DNA-LF que usé en TRON, ya que el resultado visual fue muy bueno”, dice Cronenweth. “En una historia como esta, basada en la realidad, poder añadir matices con la elección de los objetivos es una opción muy emocionante”.
Las elecciones de Cronenweth se han adaptado para cada escena. Una de sus favoritas es el primer encuentro entre Frances y Jeff en el bosque de secuoyas. “Para acentuar la paranoia de Frances, enfocamos mucho a Mikey desde detrás y también a través de los árboles, como si la cámara fuera una tercera persona que los observa. Rodamos además con dos cámaras girando a su alrededor”, describe.
En las escenas en las que Zuckerberg ensaya para enfrentarse al Congreso, “aprovechamos cada centímetro del decorado del auditorio que creó el diseñador de producción Jon Hutman”, dice el director de fotografía. “La iluminación está exagerada a propósito, casi como si Mark estuviera en un interrogatorio, y es mucho más estilizada que la de la comparecencia real que vemos más adelante en la película”.
Cuando Frances declara en la comparecencia real, “es su momento más vulnerable y expuesto, así que hemos tratado de aislarla con la cámara y, al mismo tiempo, transmitir la presencia de mucha gente poderosa en la sala”, explica.
Uno de los retos más interesantes para Cronenweth ha sido rodar los sucesos del Capitolio de Estados Unidos, sobre todo porque las imágenes de aquellos hechos han inundado todos los medios. Para ofrecer una mirada nueva, utilizó obturaciones muy cortas, movimientos de cámara a velocidad variable y el efecto del step-printing (una cámara lenta entrecortada) para ralentizar la vorágine de los acontecimientos. “Hemos tratado de ir aumentando la tensión hasta llegar a un crescendo visual, como una sinfonía dentro de la película”, describe. “Empezamos de forma muy sencilla y luego volvemos una y otra vez a la situación a medida que avanza, hasta que se convierte en un asalto en toda regla contra la policía del Capitolio”.
Cronenweth señala que su equipo ha incluido algunos guiños visuales para los seguidores de La Red Social, pero que solo en los flashbacks hay algún eco del estilo de aquella película. “En algunos saltos temporales recurrimos a los colores cálidos y a las luces de vapor de sodio”, cuenta, “pero de forma sutil. En general, el planteamiento es más moderno y tiene una identidad visual propia”.
LOS TRES MUNDOS DE EL PRECIO DE LA RED...
En el centro de esa experiencia visual están las texturas tan distintas de tres mundos que se entrelazan y chocan entre sí: el inmenso campus autosuficiente de Facebook en Menlo Park (California), la delegación del Wall Street Journal en San Francisco y el Capitolio de Estados Unidos, en Washington D. C.
Sorkin ha vuelto a contar con el diseñador de producción Jon Hutman, que ganó un Emmy por El Ala Oeste de la Casa Blanca, emblemática serie de Sorkin, y que también trabajó en Ser los Ricardo. “Uno de los mayores retos de diseño de la película ha sido captar la esencia de una de las empresas más grandes y conocidas del mundo y transmitir esa sensación de juventud, relevancia y modernidad”, cuenta Hutman. “La sede de Facebook es enorme, claro. Así que creamos una versión que no es una copia literal, pero que es fiel a la identidad y el ambiente del lugar”.
Hutman empleó varias localizaciones universitarias con arquitectura singular para crear el lugar de trabajo. “En estas empresas se trabaja a todas horas, con comida gratis y zonas de ocio. Espero que hayamos sabido captar algo de eso”, dice el diseñador.
En el centro de todo encontramos el despacho de Zuckerberg. “El despacho de Mark es un gran pabellón de cristal abierto, al estilo de Mies van der Rohe, con vistas a todo el campus”, dice Hutman. “Contrasta con la cafetería, un cubo de cristal en el que Jeff Cronenweth ha potenciado la luz del sol, la escala y la relación entre el interior y el exterior”.
Hutman también marcó el contraste entre la sala de crisis de Facebook, que describe como “un espacio cerrado revestido de listones de madera que funciona como el núcleo de la empresa”, y la zona abierta donde los ingenieros trabajan a diario en interfaces, algoritmos internos y análisis de datos. “Para esa zona usamos una planta vacía de un edificio de oficinas. Montamos 62 puestos de trabajo individuales y la abrimos a un atrio con claraboyas”, describe Hutman.
El equipo encontró además un auditorio deliberadamente teatral para las escenas en las que Mark prepara sus comparecencias ante el Congreso. “Dimos con una sala semicircular maravillosa, con butacas azules y paredes de listones de madera, y nada más verla supimos que funcionaría con la multitud de focos que teníamos en mente”, explica. “Es uno de mis decorados favoritos, porque se ve claramente cómo Mark está en el punto de mira”.
Al contrario que las de Facebook, las oficinas del Wall Street Journal no son nada lujosas. “Es una delegación, no la sede central del Wall Street Journal, así que es menos formal. Queríamos transmitir además que estamos en una época en la que los medios digitales y las redes sociales han desplazado al periodismo impreso, así que dejamos clara la diferencia entre ambos mundos”, explica Hutman.
El piso de Frances ofreció a Hutman la oportunidad de alejarse de la austeridad moderna con el empleo de madera. “Queríamos hablar de un personaje con los pies en la tierra. Jeff Cronenweth quería que tuviera cierta calidez, como un guiño sutil a las residencias de Harvard de La Red Social. Me gustó la idea porque muestra que Frances todavía mantiene vivo su sueño sobre lo que Facebook podía ser. Me la imaginé viviendo en un loft reformado, con paredes de ladrillo rojo intenso y suelos de madera tradicionales. No queríamos que fuera demasiado moderno, porque vive casi siempre conectada a un ordenador, pero sí un lugar en el que se entiende que se sienta a gusto. Ha sido todo un reto definir cada detalle”.
Cuando llega la pandemia, Frances está preocupada por su enfermedad autoinmune y pasa el confinamiento en un complejo turístico de Puerto Rico, para lo que Hutman tuvo que transformar la invernal Canadá en un soleado oasis costero. “Encontramos una casa estupenda de los años cincuenta, en forma de A, con un balcón con vistas al mar. A la vuelta de la esquina se podía ver el puente Lions Gate”, cuenta Hutman entre risas, “pero con unas cuantas palmeras y una pintura envejecida, resultó convincente”.
Hutman recuerda que, durante todo el proceso, las indicaciones de Sorkin fueron muy valiosas. “El don de Aaron es ser capaz de tomar una cantidad ingente de información y construir con ella una historia apasionante y reveladora. Todo lo que se ve en esta película está muy pensado y cada detalle está ahí por una razón”.
Lo mismo puede decirse del vestuario de Susan Lyall, que suma ya cuatro películas seguidas con Sorkin. Para ella, el guion de EL PRECIO DE LA RED es “lo más inteligente que he leído en mucho tiempo”. Aun así, señala que el pasado reciente es una de las épocas más complicadas a la hora de diseñar el vestuario: no tiene nada de especial, pero conseguir que resulte auténtico es muy complejo.
Lyall conoce bien el proceso de Sorkin. “A Aaron no le suele gustar imitar la forma de vestir de las personas reales. Prefiere crear un mundo cinematográfico propio”, explica. “Eso puede ser muy liberador, porque te permite encontrar de forma natural el aspecto de los personajes. Durante el proceso le iba mandando a Aaron fotos y paneles de inspiración, él me daba su opinión y yo le mandaba más. Para Aaron, lo importante nunca fueron tanto las imágenes reales como las sensaciones que buscaba”.
Lyall vio en Frances “una mujer que tuvo que encontrar su identidad en un sector dominado por hombres”, describe. “Lo hablé mucho con Mikey. Ella tenía muy claro que Frances, tan centrada y con una mente tan analítica, sería muy práctica. Probablemente compraría la ropa por internet. Pero cuando tiene una cita se transforma, y eso demuestra hasta qué punto la ropa puede cambiar la forma en que vemos a alguien”.
El vestuario de Frances vuelve a cambiar cuando está en Puerto Rico, donde pasa “a blancos vaporosos y azules claros, que sugieren una nueva libertad”, dice Lyall. “Me ha encantado trabajar con Susan. Las dos vemos a Frances como alguien sensata y discreta, que ve la ropa como algo funcional y no como moda”, comenta Madison. “Susan y yo nos intercambiamos paneles de inspiración y creo que hemos dado justo en el clavo”.
En el caso de Jeff, la paleta de colores ha sido fundamental. “Sentía que los ojos de Jeremy pedían unos tonos particulares, y como Jeremy interpreta a Jeff con un estilo tan de la Costa Este, le iba un look académico algo desaliñado”, reflexiona Lyall. “Su vestuario es muy concreto y cambia sutilmente de una escena a otra”.
Lyall ha trabajado varias veces con Jeremy Strong y sabe lo importante que es el vestuario en su proceso. “Jeremy se implica muchísimo con su vestuario y es un colaborador excelente”, comenta. “Este no es el nuevo Mark Zuckerberg que vemos con el pelo rizado, camisetas anchas y cadenas gruesas. Es el Mark de la camiseta gris sencilla, de cuando llevaba prácticamente lo mismo todos los días”.
El aspecto de Zuckerberg en aquella época es tan reconocible que aquí Lyall sí se documentó a fondo para acertar con los detalles, desde el aspecto de sus trajes hasta sus famosas zapatillas Nike Flyknit. “Mi increíble equipo de vestuario consiguió encontrar exactamente las zapatillas que llevaba entonces, algo que ayudó mucho a crear el personaje”, comenta.
Lyall también ha disfrutado vistiendo a Mosaku. “Raya es una especialista en gestión de crisis, así que tenía que transmitir poder y riqueza. Cuando llegó Wunmi, teníamos una sala llena de ropa preparada y se implicó muchísimo en el proceso”. “No suelo llevar traje, así que trabajar con Susan me ha ayudado a meterme en la piel de una persona que está completamente cómoda con esa forma de vestir”, cuenta Mosaku.
Gilpin también ha estado encantada con el trabajo de Lyall y con cómo le ha ayudado a meterse en el papel de Christina. “De repente estaba sentada en la sala de juntas con una camisa de seda y me encantó”, dice Gilpin.
“Teddy viste de forma muy parecida a Mark Zuckerberg, porque aspira a ser como él”, continúa Lyall. “Para Charlie busqué en Google ‘Aaron Sorkin con americana’ y las imágenes que salieron eran exactamente lo que necesitaba el personaje. Todas las películas de Aaron Sorkin tienen un personaje con su estilo, alguien que plantea todas las grandes preguntas, y aquí ese es Charlie. A Bill le quedaba muy bien. La chaqueta clara en esa sala oscura crea un contraste maravilloso”.
Lyall también ha disfrutado con la variedad de localizaciones de la película. “En Facebook hay un ambiente juvenil y colorido, en el que la gente lleva vaqueros y va en monopatín por los pasillos. La oficina del Wall Street Journal es todo lo contrario: muy formal para ser San Francisco, casi una estética de profesor universitario”, describe.
La minuciosa colaboración entre Stuart Besser, Cronenweth, Hutman y Lyall resume la entrega del reparto y el equipo. “Todos nos hemos entendido casi sin palabras y había mucho compañerismo. Un vínculo así surge cuando todos creemos en lo que cuenta la historia”, dice Besser.
Sorkin subraya que Besser y los productores Black y Rice han sido igual de esenciales para el proyecto. “Es mi cuarta película con Stuart, y él siempre se interpone entre los problemas y la película. Con Todd, Peter y él al frente, no podíamos pedir nada mejor”.
UNA BANDA SONORA NUEVA...
Tras el rodaje, Sorkin pasó a la sala de montaje con su colaborador habitual Alan Baumgarten, nominado dos veces al Óscar por El Juicio de los 7 de Chicago, de Sorkin, y por La Gran Estafa Americana, de David O. Russell. También contó con uno de los compositores más prestigiosos de Hollywood, Alexandre Desplat, ganador de dos Óscar (El Gran Hotel Budapest, La Forma del Agua) y conocido por sus elegantes orquestaciones y sus intrincadas texturas, que dan profundidad a las historias más complejas.
Como ya hizo en las interpretaciones y en el apartado visual, Sorkin buscaba un enfoque completamente nuevo, anclado en el momento actual. “Con Aaron nunca se habló de hacer referencia a la música de La Red Social. Ni siquiera se planteó”, dice Desplat. “Siempre hablamos de explorar juntos un territorio completamente nuevo. Esta película está ambientada en su propia época, cuando Facebook ha alcanzado un poder enorme y las redes sociales son capaces de interferir en elecciones nacionales e influir profundamente en la realidad de la gente”.
El tempo y los momentos emocionales del texto de Sorkin inspiraron la música desde el primer momento, igual que la estructura no lineal de la película, con sus saltos en el tiempo. “El guion es un texto muy complejo, con muchísimas líneas temporales que van y vienen”, observa Desplat. “Jugar con el tiempo en el cine siempre es emocionante y todo un reto. Pero, además, el lenguaje de Aaron ya tiene mucha musicalidad. Tiene un ritmo que hay que respetar, pero que también da mucho juego”.
Desplat trabajó esos ritmos con delicadeza y un aire camerístico, pero con una precisión milimétrica. “Esta película es épica, pero estamos como dentro de una pecera, una pecera con una bomba de relojería debajo”, describe. “Desde el principio decidimos que la orquesta no debía ser demasiado grande y que mezclaríamos sonidos electrónicos con instrumentos más tradicionales. La música evoluciona a lo largo de la película a medida que se desvelan los secretos de Facebook y los personajes asumen las consecuencias”.
“En ninguna película en la que he trabajado ha sido tan importante el texto como en esta”, continúa Desplat. “Hay que tener en cuenta no solo el ritmo de los diálogos, sino también el volumen de las voces, la enorme variedad de tonos y la forma en que cada actor interpreta a su personaje. La música está ahí para realzar lo que hacen los actores, para que la emoción sea más intensa o más plena, o para ralentizar las cosas en algún momento. Mi mayor reto ha sido encontrar el momento justo para que entrara la música”.
Cuando las distintas líneas temporales de la historia confluyen en un montaje, la música alcanza un clímax operístico. “Es entonces cuando la orquesta es más grande, y al frente de ella está la voz pura e inconfundible de Renée Fleming, que canta un lamento que compuse para la película”, explica Desplat.
La célebre soprano ya había trabajado varias veces con Desplat, como en La Forma del Agua y El Origen de los Guardianes. “Renée es una gran cantante clásica, pero también está formada en jazz, y cuando se le propone algo para cantar, entiende enseguida cómo hacer que la melodía sea lo más desgarradora y poderosa posible”, dice Desplat.
La colaboración entre Desplat y Sorkin fue muy fluida. “Lo más importante para un compositor de cine es escuchar. Escuchar los 2000 años de historia de la música, por supuesto, pero también lo que pide la película y lo que pide el director, y hacer de esas dos voces una sola. Con Aaron, cuando le pongo algo, no duda. Va directo al grano”, cuenta.
Uno de los momentos favoritos de Desplat es el triunfo personal de Frances cuando encuentra la fuerza para declarar ante el Congreso. “Veo el valor de Frances como un ejemplo para los jóvenes. Mi generación tuvo al Espartaco de Kubrick, que luchó contra el poder de Roma, y ahora tenemos a esta joven lo suficientemente valiente como para enfrentarse a la red social más poderosa del mundo”, dice. “Esta película recoge un momento histórico muy importante, un momento en el que nos preguntamos: ¿qué es la verdad?, ¿qué es el periodismo frente a las redes sociales?, ¿cómo protegemos a las nuevas generaciones del extremismo y el odio?”.
Aunque el guion, las interpretaciones, el diseño y la música abordan estas cuestiones, la historia cobrará vida plenamente cuando el público entre en el debate. La película tiene claro que las redes sociales son una parte inseparable de nuestro día a día y que no van a desaparecer. Pero las alarmas sobre lo que el negocio de captar nuestra atención nos está haciendo, y sobre quién puede o debe responsabilizarse de su futuro, no harán sino sonar con más fuerza a medida que la sociedad se adentra a toda velocidad en la era de la inteligencia artificial.
“El peligro es que dejemos de preguntarnos de dónde sacamos la información, cómo afectan las redes sociales a la gente y qué responsabilidad tienen las empresas en todo esto. Hay pocas cosas en juego más importantes”, resume White.
GALERÍA DE FOTOS
https://www.cineymax.es/estrenos/fichas/104-e/194757-el-precio-de-la-red-2026#sigProIda1549c279d





























































