Todos los toreros tenían su película y Sebastián Palomo Linares no iba a ser menos. Pedro Lazaga se enfrentó aquí al difícil género de la biografía taurina y tuvo que dar unas verónicas muy apretadas, sacándole buen partido a este estado complicado de torear sin caer en el melodrama, con un guion que no daba para mucho, portándose como un valiente a la hora del montaje.
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