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NOTAS DEL DIRECTOR...
Es una película que comienza misteriosamente, revelando gradualmente su dolorosa trama, para luego desatar un conflicto vibrante y cómico, y terminar con una sensación de confianza. Una película sobre la muerte y la vida, sobre cómo incluso el dolor puede generar ternura y protección. Adriano parece buscar obstinadamente la soledad, que se ve interrumpida por la llegada de una comunidad de jóvenes. Entre ellos está Matilde, embarazada pero indiferente a la idea de que su hijo por nacer tenga padre. El tema de la paternidad —sea útil o no— anima el duelo entre Adriano y Matilde. Su mutua irritación se transforma en una alianza, una protección para ella, quizás un renacimiento para él. A su alrededor está la Naturaleza, que se asemeja a nosotros: un viñedo salvaje que, si se cuida, produce un vino que inspira euforia.
NOTAS DEL COMPOSITOR...
En cuanto al componente musical de la película, hay dos aspectos a considerar: la música de fondo y las canciones.
Incluso durante la fase de escritura, imaginamos que el ruidoso grupo de habitantes de la villa tendría su propio mundo musical, que traerían guitarras y otros instrumentos pequeños y tocarían y cantarían canciones de diversos géneros. Compuse algunas canciones específicamente, desde una cancioncilla coral desenfadada hasta una balada al estilo de los Beatles, con la intención de crear una especie de repertorio familiar para ellos. Trabajamos con el reparto para explorar su potencial, buscando a aquellos con al menos un conocimiento básico de un instrumento o habilidad para cantar. En pocos días, esas canciones se convirtieron en melodías pegadizas en el set, incluso entre el paciente equipo de producción. Una de estas canciones ("Vento") llegó a ser la protagonista de una secuencia completa.
Para la banda sonora, trabajé en ritmos profundos, casi cardíacos, a partir de los cuales extraje melodías que transmiten el profundo dolor del protagonista, pero también dulzura y anhelo.