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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
El hecho de que cierta revista madrileña titulara su comentario conjunto a "El prestamista" y a "La ofensa" bajo el título de "Insufrible Sídney Lumet" nos da cuenta de qué forma el prestigio del cineasta norteamericano, autor de los dos films citados, ha decaído en los últimos tiempos, y la gloria de su primera obra "Doce hombres sin piedad" hace tiempo que ha pasado a la historia.
Desde luego los últimos films de Lumet nos presentan a un director confuso y pedante que no sabe muy bien lo que nos quiere decir, pero procura hacerla en forma enrevesada y falsamente "moderna" para poder así engañar a más de uno y otorgarle a sus cintas un marchamo de supuesta calidad.
Esta se daba en gran manera en la citada y reciente "La ofensa" y se repite en dosis menor en esta antigua "El prestamista" que ahora nos llega con demasiados años de retraso.
Porque nos encontramos ante una historia en sí misma valiosa, como es la de este judío marcado por los recuerdos y el presente, a caballo entre una toma de conciencia y un escapismo cotidiano hasta desembocar en un dramático desenlace.
Pero Lumet ha rehusado la narrativa sencilla y directa, prefiriendo contarnos la historia en forma entrecortada y argumentalmente confusa, resultando mejor la primera parte de la película, cuando en éste solo vemos la vida y los problemas cotidianos del protagonista.
Exponente clásico del cine "de calidad", con diálogos trascendentes, mucho dramatismo y hondura, pero carente de verdadera vida o sinceridad, en "El prestamista" se echa de ver una buena labor directiva que hubiese potenciado el material inicial y seguido por el camino de la primera parte, sin duda la más valiosa y correcta de la cinta.
Una labor desigual de Rod Steiger, junto con una gran fotografía y una música típica de Quincy Jones, completan el film.
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