INFORMACIÓN EXCLUSIVA
ENTREVISTA AL DIRECTOR...
¿Qué revela Narciso sobre tu relación con Paraguay?...
Viajo con bastante frecuencia y cada regreso a Paraguay se siente como un cruce temporal: hacia un presente desfasado y hacia un pasado que sigue respirando. Esta película entabla un diálogo con un país moldeado por la quietud, reticente a imaginar su propio futuro. Es una conversación que comenzó con Las Herederas, una conversación que a veces puede parecer imposible y que, precisamente por eso, termina convirtiéndose en una obsesión.
En el corazón de la película late una contradicción silenciosa: Estados Unidos, cuya influencia política y económica sostuvo a los regímenes autoritarios de Sudamérica, fue al mismo tiempo la cuna del rock and roll, una cultura juvenil que socavó su propia autoridad moral. Esa tensión —entre el poder y la rebeldía— atraviesa toda la película.
Esa tensión —entre el poder y la rebeldía— atraviesa la historia y moldea la vida de quienes quedan atrapados en su órbita. Durante la larga dictadura paraguaya, la radio encarnó esa misma ambigüedad: fue un instrumento de control, pero también un refugio nocturno, un conjunto de voces que se abrían paso en la oscuridad, abriendo breves fisuras en el silencio. Aquí, el miedo nunca es un acontecimiento, sino una atmósfera.
No se trata de un relato histórico sobre acontecimientos políticos, ni de una historia definida por la identidad sexual en los años cincuenta. Esos elementos están presentes, pero la película está profundamente arraigada en la experiencia de un presente que permanece abierto, sin resolverse.
Así como el Narciso de la película existe principalmente a través de la mirada de los otros —por la forma en que su presencia transforma y desconcierta la vida de quienes lo rodean—, la película misma nació de un proceso similar. Se convirtió en un espejo de nuestra experiencia como colectivo: un recorrido en el que la ciudad terminó envolviendo a todos y la película fue tomando forma lentamente a partir de aquello que cada uno pudo aportar.
Esas semanas, vividas bajo el hechizo nocturno de Asunción, estuvieron guiadas por unas pocas certezas y sostenidas por todo aquello que permanecía sin resolverse. Narciso es una invitación a emprender ese viaje.
El personaje de Narciso está basado en Bernardo Aranda, cuyo asesinato en 1959 fue investigado por Guido Rodríguez Alcalá. ¿Cómo descubriste esta historia tan inquietante y de qué manera influyó la novela de Guido en tu guion? ¿La película toma como referencia alguna otra obra literaria o visual?...
El caso de Bernardo Aranda tiene un profundo peso simbólico en Paraguay, pero no es una historia ampliamente conocida. Marcó un cambio decisivo en la historia del país. Bajo el pretexto de la moralidad, el gobierno encontró una excusa perfecta para imponer una agenda de línea dura y legitimar prácticas autoritarias que causarían un profundo daño al tejido social.
Lo que vino después no fue un acto aislado de represión, sino la consolidación de nuevas normas y mecanismos que allanaron el camino hacia una dictadura militar que se prolongaría durante casi treinta y cinco años.
Lo que me atrajo del libro de Guido Rodríguez Alcalá fue precisamente su rechazo a una postura política explícita. En lugar de ofrecer una mirada polémica o acusatoria, Guido presenta un análisis lúcido, casi clínico, de una sociedad que ya estaba preparada para que algo así ocurriera. Esa perspectiva fue fundamental para mí.
Aunque la película es una adaptación libre y no sigue la trama de la novela, está profundamente marcada por la atmósfera, los miedos y las dinámicas sociales que Guido identifica esos elementos. Ellos conforman el núcleo emocional y político de Narciso.
La película contrapone el rock and roll con el folcloreparaguayo, poniendo de relieve las tensiones entre lamodernidad y la tradición, pero también entre la música yla política. ¿Creciste escuchando ambos géneros? ¿Quésignifica para ti mostrar este patrimonio musical?...
La música aquí es una fuerza que organiza el poder y el deseo. Losmedios de comunicación de masas, y la radio en particular, funcionancomo un espacio de disputa mucho antes de la llegada de latelevisión a Paraguay. Las canciones folclóricas están profundamentearraigadas en un sentido colectivo de identidad. No se presentancomo un pasado que deba superarse, sino como un archivo vivo de lamemoria emocional. Para mí, era fundamental vincular esta músicacon la alegría y con un sentido de pertenencia.
El rock and roll irrumpe en este paisaje como algo más que unsímbolo de modernidad. Se asocia con lo extranjero, con aquello quellega de fuera y, por lo tanto, con la sospecha. En Paraguay, latradición ha funcionado a menudo como una estructura deprotección, pero también como un mecanismo de exclusión.
Las Herederas se centraba en mujeres mayores, mientras que Narcisoaborda la masculinidad en su núcleo: el deseo masculino y su represión,motivada por el miedo a la emasculación. En ambos casos, trabajas congrupos minoritarios y poco representados en el cine, especialmente enel cine paraguayo. ¿Sientes la necesidad de contar estas historias porese motivo?...
Las mujeres mayores en Las Herederas y las masculinidades frágiles enNarciso son abordadas como territorios humanos complejos, donde el miedoy el deseo se negocian constantemente. La decisión de habitar estospersonajes no nace de una agenda política vinculada a la subrepresentación,ni del deseo de llenar un vacío. Surge de la cercanía. Los personajes deambas películas habitan mundos que conozco mejor que otros, y escribirdesde esa proximidad me permite acercarme a sus incertidumbres y a suscontradicciones. Están moldeados por aquello que no pueden expresarplenamente.