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CRITICA
Por: PACO CASADO
Esta historia desarrolla su trama en torno a dos especialistas en extracción y rescate que tienen que plantear previamente una ruta de escape para después de llevar a cabo una negociación de alto riesgo sobre armas automáticas, consigan salvar al objeto que hay que rescatar, Rachel Wild, de las manos del mafioso déspota multimillonario Manny Salazar que ha robado una fortuna de mil millones de dólares, que ella pretende recuperar.
Un equipo, con dos especialistas al frente, es enviado para recuperarla cuando está en peligro, lo que supone una misión suicida.
El guionista y director británico Guy Ritchie es el encargado de poner en imágenes su propio algo desordenado guion en ciertos momentos.
Han sido muchos los títulos, entre cinematográficos y series televisivas, los que lleva realizados Guy Ritchie, lo que le ha dado la experiencia que ostenta este director británico.
No obstante aquí no le ha servido de mucho para conseguir un mejor resultado en este relato de altos logros en el que se juega con los millones como si fueran calderilla, siendo el coprotagonista dueño de una isla y de la policía que la gobierna.
Encarnan el protagonismo la atractiva Eiza González en el personaje de Rachel, que lucha contra Manny Salazar encarnado por Carlos Bardem, contando ella con la ayuda de Sid y Bronco, que no son otros que Henry Cavil y Jake Gyllenhaal, respectivamente.
El montaje en corto nos muestra este esbozo de golpe que nos ofrece el corto guion estirado para conseguir obtener un metraje normal.
Ello se logra con un comienzo en el que todo se convierte en diálogos, algo confusos y faltos de emoción, sobre negocios millonarios de las mafiosas empresas, con débitos, pagos, juicios, etc. sin que se origine ninguna sorpresa, hasta que la trama consigue tomar el ritmo y la agilidad necesarias cuando la chica que media entre ellas está en peligro.
Para ello llega una segunda parte en la que el equipo plantea la estrategia del desarrollo del dinámico recate de la isla que posee el villano de turno.
Y finalmente en una tercera parte, que ocupa la media hora final, es donde se incluye toda la mayor parte de la acción, con un montaje en corto, lo que hace que el espectador despierte en esos momentos del grueso lío que tiene en su cabeza con tantas negociaciones, que no es el mejor film de este director inglés.
En definitiva un trepidante thriller de acción que no pasa de ser una película entretenido para pasar el rato, sin que nada especial quede en el recuerdo.
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