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CRITICA
Por: PACO CASADO
Esta es la historia de Bob Merrick, un joven multimillonario, egoísta y engreído, que un día sufre un grave accidente, cuando conduce una lancha a motor.
Tras ser hospitalizado, los médicos que le atienden le aplican, provisionalente, el pulmón artificial de un médico, el doctor Wayne Phillips.
Desgraciadamente éste sufre un repentino ataque al corazón n esos momentos y al no tener el pulmón a mano, fallece.
Su viuda, Helen Phillips, acaba descubriendo que, tras la muerte de esposo, un médico famoso, está completamente en la ruina.
El doctor Phillips, que cobraba unas altas minutas por los tratamientos aplicados a sus pacientes, sin embargo, después repartía ese dinero de forma anónima y altruista a personas pobres que lo necesitaban más que él, acción caritativa que hacía sin que su esposa lo supiera.
De esta forma ejercía una caridad perfecta para con los demás.
La muerte del doctor, coincide con el accidente que sufre Merrick, el joven millonario, cuya forma de vida y actitud para con los demás, se puede situar, precisamente, en las antípodas.
Debido a estas circunstancias Bob intenta acercarse a Helen, su viuda, y su acoso produce otro accidente en el que Helen pierde la vista.
La nueva tragedia produce un cambio en el carácter y la actitud de Bob, que decide reparar, en a medida de lo posible, el mal que ha causado
De esta forma, Merrick y Helen van a quedar unido por una serie de extrañas circunstancias.
A lo largo de la trama se tocan temas como la bondad, la culpa, la hipocresía social y la redención.
Esta historia es una nueva versión de la novela de Lloyd C. Douglas, convertida en guion por Robert Bless, llevada a cabo en este caso por el maestro del melodramas Douglas Sirk puesta en escena con elegancia y credibilidad.
Sobre este mismo argumento existe una primera versión que lo trataba con anterioridad, dirigida por otro distinguido realizador de este género como era John M. Stall, 'Sublime obsesión' (1935), con Irene Dunne y Robert Taylor.
Aunque no es frecuente, pero se dan las circunstancias en las que esta nueva versión o remake, resulta que supera en su calidad cinematográfica a la original, con una buena fotografía en tonos pastel de Russell Mettyy, con una melodiosa y emotiva partitura musical de Frank Skinner y sobre todo un trabajo espléndido de Jane Wyman y de Rock Hudson, que supuso, para este último, el lanzamiento profesional que necesitaba para su consagración, cuando aún estaba casi al inicio de su carrera.
Jane Wyman fue nominada al Oscar por este trabajo.
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