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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Señores del desierto, viejos nómadas desfasados entre el dromedario y el jeep, hombres curtidos en la lucha, nómadas pastores que sacan ahora petróleo, los hombres del desierto son un ejemplo viviente del contradictorio impacto de la civilización y el mundo occidental en las comunidades de otras culturas.
Los caballeros de las estepas árabes tienen al caballo como eje supremo de su vida aventurera, como plasmación de la belleza, el rango o la honra.
Y lo que Kessel nos cuenta en su novela "Los caballeros" ahora llevada al cine por John Frankenheimer es una historia de uno de estos caballeros y su fiel animal.
En una narración sencilla y lineal, hasta monótona, que Frankenheimer no ha sabido enriquecer lo suficiente para darle el imprescindible interés que una cinta de corte aventurero debe tener.
Asi, la acción va transcurriendo por unos cauces demasiado parados, sin alicientes argumentales, sin climax, sin emoción.
Todo va sucediendo en un monótono desfile, con lentitud, sin garra. Parece como si ya se supiera el final y no interesara poner alicientes ante los espectadores, sino ir dejando pasar acontecimientos hasta llegar el fin.
Con un color correcto, pero con una iluminación a menudo endeble y de escasa inteligencia en los interiores, la cinta cuenta con una briosa música de Georges Delerue.
En el capítulo interpretativo cabe destacar a Jack Palance sobrio frente a un Omar Sharif más amigo de vedetismos y lucimientos.
En resumen, un largometraje de ambientes exóticos que parece haber hecho confiar a John Frankenheimer, e desigual director norteamericano, demasiado en dichos ambientes y exotismos, y que ha descuidado el poner otros alicientes indispensables para mantener el interés de su obra.
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