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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Realmente, para que el público acepte e incluso disfrute con una cinta del calibre de éste último subproducto de Pedro Lazaga, hace falta una previa y larga degradación en sus gustos y predilecciones.
Solo así, con muchas cintas similares vistas anteriormente, se comprende que pueda tener viabilidad un film como "Cinco almohadas para una noche", ejemplo modélico del cine que no debiera hacerse en España y que por desgracia es de lo más abundante.
El film pertenece a lo que se podría denominar "género Sara Montiel", basado en el estrellado de esta actriz que lleva quince años haciendo el mismo tipo de películas y que conserva su tono de "star" gracias a un divismo absorbente en sus películas, a poner siempre los mismos planos de su rostro, usar el maquillaje como máscara y abusar del destape injustificado una escena sí y la otra también.
Con un esquema argumental manido y visto en cientos de películas anteriormente, presenciamos aquí la búsqueda de un padre entre cinco señores por parte de una hija de una famosa cupletista.
Los recuerdos del diario de la estrella nos llevan al film propiamente dicho, ambientado en la España de 1936 para mayor escarnio y desprecio de la realidad.
Así, entre canciones y números coreográficos que bordean el ridículo, todos ellos a la mayor gloria de la eterna y marchita Sara Montiel, va transcurriendo el largometraje en el que Pedro Lazaga llega a uno de los estrenos más bajos de su no muy brillante carrera.
Con su humor gordo y sus alusiones verdes, sus colorines ampliados a 70 milímetros y la presencia rutinaria de cinco oscuros galanes alrededor de doña Sara, se termina de abrigar este nuevo producto del cine español en la peor línea del comercialismo, de la ramplonería y del servilismo a un público una y otra vez degradado por cintas como ésta.
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