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SINOPSIS
Tras la muerte de su padre, Jay Gardiner se sumerge en la costa central de California en busca de sus restos, pero es tragado por una ballena. Atrapado en su interior con solo una hora de oxígeno restante, Jay se da cuenta de que las lecciones que su padre le enseñó pueden ser la clave para escapar...
INTÉRPRETES
JOSH BROLIN, ELISABETH SHUE, EMILY RUDD, AUSTIN ABRAMS, JANE LEVY, JOHN ORTIZ, MARK MELORO JR., GRAYSON PAUL SOLOMINE, SAM SKOLNIK, SAM FRANICH, NICHOLAS GOULD, LAUREL LANE BOWEN
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INFORMACIÓN EXCLUSIVA
LA PRODUCCIÓN...
El director, coguionista y productor Brian Duffield acababa de terminar el rodaje de “Nadie te salvará”, su aclamada película de terror y ciencia ficción, que se estrenó en Hulu en septiembre de 2023, cuando conoció por primera vez el libro “Whalefall”. El autor ganador del Premio Pulitzer Daniel Kraus, que ya había escrito la novela de ciencia ficción y terror “Bent Heavens” y era coautor (junto con Guillermo del Toro) de una novela que ampliaba la historia de la película “La forma del agua”, todavía estaba escribiendo el libro cuando se pronunció en las redes sociales para hablar de su próximo proyecto.
“Él [Daniel] tuiteó que iba a publicar un libro sobre un buceador adolescente que, sin darse cuenta, es tragado por un cachalote y le queda una hora de aire para averiguar cómo salir”, continúa Duffield, “y cuando me puse en contacto con él, me dijo que podría leerlo cuando lo tuviera terminado”, afirma Duffield.
La inspiración original de Kraus para la historia provino de un vídeo viral en el que dos kayakistas estuvieron a punto de acabar en la boca de una ballena jorobada. El autor quedó inmediatamente fascinado con la idea y se preguntó si realmente sería posible. “Obviamente, lo hemos visto en relatos religiosos y lo hemos visto representado de forma abstracta en obras como “Pinocho”, pero no me interesaba ese tipo de enfoque porque ya se había hecho antes”, explica Kraus. “Soy un apasionado de la investigación y me obsesioné con la posibilidad de crear una historia de forma realista que fuera 100 % precisa desde el punto de vista científico”.
El autor pasó semanas investigando sobre los cachalotes. Consultó a varios científicos y expertos en vida marina, entre ellos Lara Horstmann, vicedecana de investigación y directora de Ciencias Marinas de la Universidad de Alaska, y la Dra. Joy Reidenberg, profesora de educación médica y anatomía comparada en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí, en Nueva York. Descubrió que, en términos generales, una persona no podía ser tragada por una ballena… a menos que se tratara de un cachalote. “La garganta de la mayoría de las ballenas no es tan grande, por lo que no se tragan nada enorme”, afirma Kraus.
“Pero los cachalotes se comen calamares gigantes a todas horas, así que tienen gargantas enormes”.
Fue durante una conversación que Kraus mantuvo con el Dr. Phil Clapham, del Centro de Ciencias Pesqueras de Alaska en Seattle —uno de los mayores expertos mundiales en comportamiento de las ballenas—, cuando Kraus se enteró de que, aunque nunca había ocurrido, podría suceder, Kraus lo confirmó rápidamente con otros dos expertos en ballenas y, en menos de 24 horas, ya estaba escribiendo el libro.
“Nunca antes había escrito una historia de supervivencia, pero siempre me ha fascinado mucho ese género… Admiro mucho historias como “127 horas” o “Marte”, sobre todo porque me encanta investigar”, afirma Kraus. “Cualquier película que tenga ese tipo de elemento en el que hay cuatro personas en una habitación y esa es toda la película siempre me ha impresionado mucho, y esta historia va un paso más allá en el sentido de que estamos en una habitación más pequeña que una habitación normal y la mayor parte de la acción va a tener lugar a unos pocos metros de ti”.
Kraus continúa: “Siempre me ha interesado esa conservación de elementos, cuando dispones de muy pocos materiales con los que trabajar, así que también hay una especie de toque a lo “MacGyver”… en el que tienes que sobrevivir con los materiales que llevas encima o que ya existen dentro de la ballena”.
“El escenario era tan inusual que quería que la gente pudiera aferrarse a algo sólido y reconocible”, continúa Kraus. “Y como el protagonista iba a ser joven, pensé que su relación más fuerte y problemática probablemente seguiría siendo con uno de sus padres, así que pensé: padre e hijo, ¿cómo podría ser esa relación? Quizá el padre le enseñó al hijo cosas sobre las ballenas y sobre el océano, pero él no le hizo caso. Y a partir de ahí, todo encajó muy rápido”.
Era otoño de 2023 cuando se terminó el libro y Kraus, tal y como había prometido, le pasó un ejemplar del manuscrito a Duffield. “Probablemente tuvo la misma reacción que tiene mucha gente cuando lo lee, es decir, que se adentran en la historia esperando una aventura trepidante y llena de suspense —que lo es—, pero no se esperan la otra mitad, que es esta historia extremadamente conmovedora sobre un padre y un hijo”, explica Kraus.
Y Duffield se mostró de acuerdo. “Acababa de tener un hijo, así que allí estaba yo, leyendo esta historia con mi bebé, y se convirtió en algo muy personal”, cuenta Duffield. “Y supe que quería que fuera mi próximo proyecto”.
Al mismo tiempo, el productor Allan Mandelbaum, copresidente de cine de Imagine Entertainment —la prolífica y galardonada productora fundada y dirigida por los cineastas Brian Grazer y Ron Howard—, se enteró de la historia. Y, por suerte, Mandelbaum había producido “Nadie te salvará”. “Por aquel entonces todavía era un manuscrito”, explica. “Una de nuestras cazatalentos me dijo que creía que sería ideal para Imagine, pero debo admitir que, cuando escuché el concepto, me pareció una locura, y no fue hasta que me senté a leerlo cuando me di cuenta de lo emotivo que era y me enamoré de él”.
Mandelbaum continúa: “La historia era a partes iguales una trepidante aventura de supervivencia con el reloj en contra y una desgarradora historia entre padre e hijo, y fueron esas dos mitades las que realmente me convencieron. La historia de supervivencia es una locura, pero sin la emoción y el corazón de la historia entre padre e hijo, no sé si funcionaría tan bien como lo hace».
El productor Brian Grazer, ganador de un Óscar® y un premio Emmy® (“Una mente maravillosa”, “8 Millas”), está de acuerdo. “Es una historia de supervivencia a vida o muerte, y eso me encanta. Para mí, “Apolo 13” (que produjo Grazer) es una historia de supervivencia a vida o muerte, al igual que “Una mente maravillosa”, la historia de John Nash, que trata sobre la discapacidad mental y la vida o la muerte, porque te preguntas: ¿morirá? ¿Sobrevivirá? Y si te involucras tanto con los personajes como lo haces en esta historia, se convierte en una experiencia emocional real y palpable”.
Como Mandelbaum ya conocía la obra de Duffield, sabía que era el único cineasta al que quería encargar el proyecto. “Brian tiene esa increíble capacidad de coger un concepto descabellado y convertirlo en una película”, afirma Mandelbaum. “Nuestra primera película [“Nadie te salvará”] fue un ejercicio de género de 90 minutos sin diálogos, pero al mismo tiempo estaba increíblemente centrada en los personajes y era conmovedora en la forma en que contaba la historia de una persona que se enfrentaba al trauma de su pasado y a los errores que había cometido, aunque, en el tiempo real de la película, se enfrentaba a una invasión alienígena. Y la forma en que fue capaz de transmitir emoción y carácter sin necesidad de palabras fue la prueba de que era el cineasta perfecto para llevar ‘Whalefall’ a la gran pantalla”.
Una vez publicado el libro en agosto de 2023, Imagine Entertainment adquirió los derechos, y Duffield y Kraus comenzaron a trabajar en el guion. Por aquel entonces, Duffield se encontraba en Los Ángeles y Kraus, en Chicago. “Me despertaba y encontraba cuatro o cinco páginas estupendas en mi bandeja de entrada; luego yo le enviaba otras cuatro o cinco, y todo fue muy fluido y rápido”, cuenta Duffield. “Era, y sigue siendo, un colaborador fantástico”.
“Trabajar con Daniel fue estupendo”, continúa Duffield. “El libro ya es de por sí muy cinematográfico, y la historia transcurre en tiempo real, así que gran parte de nuestro trabajo conjunto consistió simplemente en averiguar cómo convertirlo en una película, sobre todo en lo que respecta a eliminar el monólogo interior a lo largo de la historia y centrar la narración”. En el libro, Jay es un joven callado y angustiado, y siempre estás dentro de su cabeza, así que eliminar ese recurso narrativo y simplificar las cosas para reducir los 60 o 70 flashbacks del libro y optimizarlos para que realmente valgan la pena”.
“Sinceramente, la colaboración con Brian Duffield ha sido, con diferencia, la mejor que he tenido nunca, y punto”, afirma Kraus. “Estuvimos en sintonía desde el primer momento y, por lo que puedo decir, es una persona sin ego, o lo más cercano a una persona sin ego que he conocido jamás. Y eso es algo maravilloso cuando colaboras en algo, porque ambos tenéis la libertad de ser sinceros el uno con el otro sin problemas. Por ejemplo: “No creo que esa idea funcione” o “bonita escena, pero creo que podemos mejorarla así”. Fue una experiencia totalmente libre y un auténtico placer de principio a fin. Y sé que suena a cliché, pero de verdad que lo fue”.
¿QUÉ ES UN WHALEFALL?...
El título “Whalefall” no es solo el nombre de la película. Es un término científico real. La reconocida anatomista comparativa, la Dra. Joy Reidenberg, explica el proceso de este milagro oceánico. “Un “whale fall” se produce cuando una ballena muere y su cadáver cae hasta el fondo del océano. Lo que ocurre desde el punto de vista biológico es muy interesante, porque cuando una ballena muere, al principio es pesada y se hunde. Si se hunde a más de 200 pies de profundidad, permanecerá hundida porque la presión es tan grande que las bacterias no pueden generar todos los gases de fermentación necesarios para que el cadáver vuelva a subir a la superficie”.
Reidenberg continúa: “A medida que te adentras en las profundidades del océano, la vida que hay allí ya no depende de la luz solar. Empieza a depender de otros factores, ya que es muy escasa. Así pues, cuando cae el cadáver de una ballena, de repente se concentra una enorme cantidad de nutrientes en un solo lugar. Verás pulpos, todo tipo de rayas, peces interesantes, tiburones de aguas profundas y muchos otros animales que acuden a alimentarse del cadáver de la ballena durante mucho tiempo, hasta que ya no queda nada que comer”.
“Cuando una ballena muere y se hunde hasta el fondo del océano, a medida que se descompone, crea una especie de onda expansiva de vida”, afirma el autor y coguionista Daniel Kraus. “De su cuerpo en descomposición surgen generaciones y generaciones de formas de vida. Tomé eso como la metáfora central del libro y la película, en el sentido de que, cuando alguien muere, su muerte es solo el principio. Aunque mueran en el sentido físico, siguen difundiendo su vida hacia todos aquellos que los conocieron”.
“Una de las cosas más increíbles que hizo Daniel [Kraus] en el libro fue tomar el título de “Whalefall” y el concepto de la caída de una ballena e integrarlos temáticamente en la historia, que es esta idea de que cuando una ballena muere, se hunde hasta el fondo del océano y, en esencia, crea todo un ecosistema de nueva vida para toda una generación”, afirma el productor Allan Mandelbaum. “Y así, con su muerte, crea vida, lo cual es un tema importante en la relación entre Jay y Mitt. Y a través de esta dura prueba en la que tienen que averiguar cómo escapar y sobrevivir, vemos cómo Jay renace, en esencia, al final de la película y, en cierto modo, también acepta la difícil relación que creía tener con su padre, aunque ahora la ve desde una nueva perspectiva”.
QUIEN ES QUIÉN EN WHALEFALL...
Jay Gardiner, un joven que ha pasado la mayor parte de su vida buscando la aprobación de su padre, lucha contra la culpa y busca cerrar ese capítulo tras la muerte de este. El personaje central de este emotivo thriller de supervivencia está en pantalla durante la mayor parte de la película, por lo que los cineastas se dieron cuenta de lo importante que era encontrar al mejor actor para dar vida a Jay y se lanzaron rápidamente a una búsqueda exhaustiva.
“Prácticamente barajamos a todos los jóvenes actores de la ciudad de entre 18 y 27 años… Cualquiera que nos pareciera adecuado desde el punto de vista creativo vino a hacer una prueba, lo que supuso, literalmente, cientos de jóvenes”, afirma el productor Allan Mandelbaum. “Al final, hicimos pruebas a un pequeño número de ellos, y una vez que redujimos la lista a nuestros tres favoritos, quedó bastante claro que Austin Abrams era el indicado. Desde el punto de vista interpretativo, era realmente inigualable. Tenía una intensidad increíble desde el primer día”.
Abrams ha aparecido en varias series de televisión de éxito, entre ellas “The Walking Dead”, “This Is Us” y “Euphoria”, y posteriormente protagonizó la exitosa “Weapons”, dirigida por Zach Cregger, así como la siguiente película de Cregger, “Resident Evil”.
“Brian [Grazer] y yo pudimos pasar un rato con él antes de que fuera elegido oficialmente para el papel”, explica Mandelbaum, “y tuvimos la oportunidad de hablar con él de verdad; quedó claro de inmediato que sentía una conexión muy profunda con la historia y el personaje. Se mostró muy comprometido con el personaje durante todo el proceso de audición y tenía muchas ganas de entender todo lo relacionado con quién era Jay”.
“Nos encontramos con Jay aproximadamente un año después de la muerte de su padre, con quien tenía una relación muy tormentosa que terminó en malos términos”, explica Abrams. “Está enfadado y frustrado, y no se dirigía la palabra a su padre en los meses previos a su muerte, por lo que siente una enorme culpa en torno a esa relación, ya que cree que podría haber habido algo más. Es como si el amor fuera muy fuerte, pero hubiera algo más que podría existir. Es como si no hubieran conectado del todo, algo que él intentaba arreglar, pero al final simplemente se rindió. Su relación con su madre y sus hermanas es igual de frustrante, lo que le hace empezar a preguntarse si hay algo mal en él, así que ahora se ha embarcado en una búsqueda para intentar arreglarlo todo”.
El actor y el director, coguionista y productor Brian Duffield coincidieron en que esa relación tensa era el núcleo de la historia. “Ambos conectamos de inmediato con la profundidad de la historia, y él parecía comprender de verdad el dolor que puede provocar la desconexión entre padre e hijo”, afirma Abrams.
El padre de Jay es Mitt Gardiner. “De hecho, nuestra historia empieza con Mitt”, explica Mandelbaum.
“Él es el catalizador de la aventura de Jay”. Aunque exigente y emocionalmente abusivo, Mitt es un héroe y una leyenda local del buceo, miembro del Monterey Dive Club y un apasionado del mar (a quien le cuesta relacionarse con quienes no lo son). El nominado al Óscar® Josh Brolin fue elegido para el papel.
“Josh es la persona perfecta para dar vida a la esencia del personaje”, afirma Mandelbaum. “Josh es alguien que conduce motos; sale en barco. Tiene ese aire de hombre corriente que realmente lo convertía en la elección perfecta para Mitt”.
El actor, que saltó a la fama protagonizando “Los Goonies” y “Los jóvenes jinetes”, y que posteriormente apareció en éxitos cinematográficos como “No es país para viejos”, “Vengadores: Infinity War” y “Dune”, recuerda el día en que leyó el guion por primera vez y comenta: “Leí despacio porque no quería que se acabara. Cuando lo terminé, me lo llevé al pecho, me abracé a mí mismo y rompí a llorar. No solo lloré; rompí a llorar, porque me llegó muy hondo, y era poético, visceral y emotivo”.
“Mitt es un padre bastante duro”, afirma Brolin. “Me lo imagino como un personaje marinero, obsesionado con la náutica y con Steinbeck, y no sé si alguna vez he estado tan dispuesto y feliz de sumergirme en algo. Es un personaje fantástico, y lo que me encanta de él es que tiene presencia a lo largo de toda la película y es quien realmente impulsa la narrativa”.
Según el productor Brian Grazer: “Lo que hace que esta historia sea tan extraordinaria es que también es una historia de padre e hijo, y para mí, y para algunos otros que participamos en ella, ese padre era exactamente mi padre. El papel que interpreta Josh Brolin es el de un padre de otra generación. Y esa era, ya sabes, una generación en la que no se tocaba a los hijos, ni se les rodeaba con el brazo. No se hacía. No se decía: “Te quiero”. Así que me preguntaba: ¿cómo va a aceptar este chico a un padre así ahora, en esta situación de vida o muerte? Me encantó que eso estuviera en el libro y que fuera un elemento tan central de la historia”.
“Tuvimos mucha suerte y conseguimos a los dos mejores actores para los papeles”, dice Grazer. “Austin es un chico joven y con clase. Tiene clase, no por afectación, sino porque ha hecho un trabajo extraordinario con una dedicación tremenda a los papeles. Es mentalmente fuerte, y esa fortaleza mental, unida a su verdadera profundidad, es lo que realmente hace que esta historia funcione. Luego, a su padre, por supuesto, lo interpreta Josh Brolin, a quien adoro. Y qué gran voz… sencillamente tremenda. Trabajé con él por primera vez en “American Gangster” y me impresionó mucho que fuera capaz de plantar cara tanto a Russell Crowe como a Denzel Washington, dos actores poderosos y ganadores de un Óscar®”.
Grazer continúa: “Josh tiene una fuerza, una presencia y una enorme seguridad en sí mismo que le permiten lidiar con situaciones así y estar a la altura de las circunstancias, tal y como hace en esta película. No quiero desvelar demasiado de la historia, pero vemos a un hombre muy poderoso, en buena forma física y con gran fuerza, pero que no es cálido. Vemos su evolución y su deterioro, y Josh lo interpreta de maravilla. Incluso cuando vemos que su personaje empieza a deteriorarse, sigue siendo fuerte, y realmente no sientes lástima por él. No te da pena”.
Elisabeth Shue interpreta a Zara Gardiner, la madre de Jay. La veterana actriz cuenta en su filmografía con títulos como “Aventuras en la gran ciudad”, “The Karate Kid” y “Cocktail”, y aceptó el papel en cuanto terminó de leer el guion. “Era un libro que no podías dejar de leer”, dice Shue. “Estaba deseando saber cómo acababa. Me involucré mucho emocionalmente en la historia, que es prácticamente la única razón por la que quiero trabajar hoy en día: cuando tienes una conexión muy intensa, a veces personal o emocional, con una historia, eso es lo que me atrajo”.
Shue continúa: “Me encantó que no estuviera escrito en el formato tradicional de un guión. Se leía más bien como una novela, y tenía esos momentos de acción trepidante, ese estilo entrecortado con el que estaba expresado, que realmente ayudaba al espectador a mantenerse metido en la historia de una forma muy intensa. Me encantó cómo estaba escrito. Zara es, sin duda, el pilar de la familia en muchos sentidos, porque el personaje de Josh es muy complicado y su relación con sus hijos también lo es. Siento que ella es la fuerza que mantiene todo unido, aunque no sin complicaciones”.
Completan el reparto John Ortiz (“American Gangster”, “Kong: La isla calavera”) en el papel de Hewey, un buceador y pescador amigo de toda la vida de la familia Gardiner; Jane Levy (“No Respires”, “La extraordinaria Navidad de Zoey”) como Eva Gardiner, una de las hermanas mayores de Jay; y Emily Rudd (“One Piece”, “Hunters”) como Nan Gardiner, la otra hermana de Jay.
NADANDO CON BALLENAS...
Para Austin Abrams, una de las claves para dar vida a su personaje en “Whalefall” fue poder ver a los cachalotes en persona. Antes del inicio del rodaje, tuvo la oportunidad de visitar un santuario de cachalotes cerca de la isla de Dominica, en el Caribe, junto a Patrick Dykstra, un aclamado documentalista especializado en ballenas, donde pudieron bucear y observar a los cachalotes en su hábitat natural.
El galardonado documental de Dykstra para la PBS, “Patrick y las ballenas”, exploraba la extraordinaria inteligencia y la vida social de los cachalotes, por lo que el actor no podría haber pedido un mejor compañero y guía. “Austin se puso en contacto conmigo para que le presentara a los cachalotes en el mundo real y le enseñara a sumergirse para bucear con ellos”, explica Dykstra. “Me dijo: “Mira, voy a estar dentro del vientre de un cachalote, así que quiero hacerlo de la forma más auténtica posible”.
Ambos decidimos que la mejor manera de hacerlo era pasar un rato bajo el agua con cachalotes de verdad: para ver cómo reaccionan, sentir su energía y su vibración, y dejar que esa experiencia diera forma al personaje”.
Aunque Dominica alberga una población residente de cachalotes, encontrarlos no era nada seguro. “Era una apuesta arriesgada”, explica Dykstra. “La gente viene aquí para bucear con los cachalotes, pero son animales salvajes, así que no los encuentras todos los días”.
Afortunadamente, Abrams y Dykstra pudieron encontrarlos y tuvieron numerosos encuentros positivos.
Hubo un momento especialmente memorable. “Los cachalotes se sintieron atraídos por él desde el primer momento”, dice Dykstra. “Un día, tres hembras se le acercaron y se quedaron simplemente tumbadas en el agua con él. Austin pudo flotar en silencio mientras las ballenas se balanceaban frente a él. Se podía ver ese increíble intercambio de energía. A Austin le encantó, a la tripulación le encantó y todos lo pasamos genial. Creo que tuvo un profundo impacto en él y le ayudó a descubrir parte de su personalidad”.
Para Abrams, fue una experiencia única. “Me sorprendió todo el tiempo que pude pasar con ellas. No habían visto ningún cachalote en los nueve días anteriores, así que tuve suerte de que, los dos días que estuve allí, aparecieran y me dejaran observarlas. Fue casi como estar con un extraterrestre… muy surrealista”.
Dykstra cree que las ballenas respondieron a la curiosidad genuina de Abrams. “Cuando tienes a alguien como Austin, que no tiene mucha experiencia en esto, pero que lo afronta con un corazón puro y buenas intenciones, las ballenas aparecen, sienten curiosidad, se acercan y se quedan por allí”, dice Dykstra. “He recibido a gente que solo está ahí para hacerse una foto o grabar un vídeo y marcarlo como hecho en Instagram, y las ballenas casi lo perciben a veces. Con gente como Austin, que viene con un interés y una curiosidad genuinos, creo de verdad que las ballenas lo perciben”.
Para los cineastas, sin embargo, ver a su actor principal bucear en apnea con cachalotes salvajes antes del rodaje fue a la vez emocionante y un poco aterrador. “En cuanto Austin fue elegido para el papel, obtuvo la certificación avanzada de buceo”, explica el director, coguionista y productor Brian Duffield, “así que se comprometió plenamente con el personaje desde el primer momento”. Austin quería experiencias reales en las que inspirarse para el personaje. Siempre va más allá, incluso en momentos en los que nos ponemos un poco nerviosos por lo que está haciendo. Lo mejor de todo es que se lo toma muy en serio y se sumerge por completo en ello”.
Para Abrams, los preparativos para “Whalefall” significaron algo más que aprender a bucear. Para desarrollar la resistencia necesaria para las exigentes secuencias submarinas de la película, el actor incorporó su entrenamiento a la vida cotidiana: paseaba por las calles de su barrio con el equipo de buceo completo. El peso y la resistencia adicionales le ayudaron a prepararse para las largas y físicamente exigentes jornadas de buceo en el océano Pacífico.
Según el productor Allan Mandelbaum: “Austin quería de verdad que la interpretación fuera totalmente suya y que mantuviera un nivel constante. Fue, sin duda, nuestro mayor activo, porque nunca tuvimos que preocuparnos por él. Siempre estaba ahí y siempre dispuesto a hacer lo que necesitáramos. Y se dejó la piel en esta película. Lo sometimos a un auténtico calvario y nunca se quejó ni una sola vez, ni una sola vez se quejó de estar cansado o agotado, y siempre estaba ilusionado ante los nuevos retos. Cada vez que nos trasladábamos a un nuevo plató o a un nuevo entorno, se notaba su entusiasmo”.
“El compromiso y la dedicación de Austin fueron extraordinarios”, confirma el productor ejecutivo Doug Merrifield. “Desde el día en que fue elegido para el papel, lo dio todo al 110 % en todo lo que hacía, pero cuando nos enteramos de que se paseaba por su barrio con su chaleco de flotabilidad (BCD) y una botella de buceo llena solo para aclimatarse, todos supimos que habíamos tomado la decisión correcta”.
CONOCER AL CACHALOTE...
Antes de que “Whalefall” pudiera llevar al público al interior de un cachalote, los cineastas tuvieron que averiguar primero cómo sería exactamente ese mundo, tanto a la vista como en cuanto a sensaciones. El director, coguionista y productor Brian Duffield y el autor y coguionista Daniel Kraus querían que los momentos más extraordinarios de la película se basaran en la anatomía y el comportamiento reales de las ballenas, por lo que recurrieron a la reconocida anatomista comparativa, la Dra. Joy Reidenberg, PH.D.
Reidenberg, especializada en el aparato vocal y respiratorio de los mamíferos, en particular de las ballenas, los delfines y las marsopas, fue un recurso inestimable para la producción, ya que proporcionó orientación sobre la anatomía del cachalote. Ella ya había formado parte de la investigación de Kraus para la novela, proporcionándole, en esencia, una formación acelerada en anatomía y biología de las ballenas. “La Dra. Joy Reidenberg fue una de las expertas en ballenas con las que trabajé en el libro desde el principio para que me enseñara sobre las ballenas”, afirma Kraus. “Fue como asistir a una clase básica de introducción a las ballenas”.
Pero las lecciones pronto se volvieron mucho más avanzadas. Reidenberg guió a Kraus a través de la anatomía, el comportamiento y la vocalización de las ballenas, utilizando diagramas e incluso especímenes anatómicos conservados para ayudarle a comprender lo que ocurría bajo la superficie.
“Tuve que avanzar muy rápido en mi comprensión del tema”, recuerda Kraus. “Joy me guiaba a través de largas videollamadas por Zoom cuando las cosas se complicaban mucho más”.
Cuando la novela dio el salto a la pantalla, los conocimientos de Reidenberg cobraron aún más importancia. Los cineastas tenían que determinar qué especie podría respaldar de forma verosímil la extraordinaria premisa en el centro de la historia. “Debatimos bastante sobre qué ballena debía ser, porque al principio no sabíamos de qué tipo de ballena se trataba”, explica Reidenberg. “No había casos documentados de una ballena que se hubiera tragado a un ser humano”.
El cachalote resultó ser, en última instancia, la opción más lógica desde el punto de vista biológico debido a su dieta natural. “La única ballena que parecía razonable era el cachalote, ya que se alimenta de presas bastante grandes, como los calamares gigantes o los calamares colosales”, explica Reidenberg.
A partir de ahí, los cineastas exploraron todo, desde la anatomía de la ballena hasta las condiciones con las que Jay podría encontrarse en su interior —incluidas las múltiples cámaras del sistema digestivo de un cachalote, los efectos de los ácidos estomacales y si el equipo de buceo podría seguir funcionando—. “Si una persona estuviera dentro de una ballena, ¿qué pasaría? ¿Con qué se encontraría? ¿Cómo sobreviviría?”, continúa Reidenberg. “Analizamos todas las posibilidades”.
Su investigación ayudó a proporcionar a los cineastas una base científica para una historia que, a primera vista, parece completamente imposible. “Da la casualidad de que he diseccionado muchos cachalotes”, dice Reidenberg. “Sé cómo son por dentro. Puedo describir esa anatomía”.
Para “Whalefall”, eso significaba que los cineastas no se limitaban a imaginar lo que podría haber dentro de una ballena, sino que estaban construyendo su versión de ese mundo a partir de datos científicos reales. Según el productor Allan Mandelbaum: “Siempre fuimos muy estrictos en cuanto a que todo fuera lo más anatómicamente correcto posible, por lo que la mayoría —si no todas— las partes de la ballena que construimos se hicieron a escala”.
ENTRE BASTIDORES...
El rodaje principal de “Whalefall” tuvo lugar entre junio y septiembre de 2025, en localizaciones de California —entre ellas, Monterey, San Pedro y la isla Catalina— y en los platós de los CBS Radford Studios, en Studio City. El director, coguionista y productor Brian Duffield se comprometió a que la película fuera lo más realista y fiel posible al libro, lo que implicaba rodar en las mismas localizaciones que aparecen en la obra, siempre que fuera posible.
La ensenada C de Monastery Beach, situada justo al sur de Monterey y Carmel-by-the-Sea, se utilizó para rodar las escenas de la playa rocosa donde Jay se adentra por primera vez en el océano y es zarandeado por las olas rompientes. Monastery Beach debe su nombre al histórico Monasterio Carmelita de Nuestra Señora y Santa Teresa, construido en 1931 junto a la Carretera 1, con vistas a la espectacular costa cerca de Point Lobos. Aunque la playa forma parte oficialmente de la playa estatal de Carmel River, los lugareños, los buceadores y los visitantes la conocen desde hace tiempo como Monastery Beach debido a la imponente presencia del monasterio sobre la costa.
Si bien Monastery Beach es famosa por sus aguas cristalinas y su extraordinaria vida marina, también es uno de los lugares de buceo desde la costa más exigentes de California. La producción eligió este emblemático lugar de buceo por su acceso inmediato al espectacular Cañón Submarino de Carmel, uno de los cañones submarinos más profundos de la costa del Pacífico. Las potentes olas que rompen en la orilla, las fuertes corrientes de resaca y un pronunciado desnivel submarino le han valido el apodo local de «Mortuary Beach».
Para las secuencias en aguas abiertas y submarinas rodadas en el océano Pacífico, frente a la bahía de Monterey, San Pedro y la isla de Catalina, la producción utilizó hasta diez embarcaciones y numerosas grúas. Trabajar cada día a millas de la costa requirió una coordinación extraordinaria entre el reparto, el equipo técnico, los equipos de cámara, los equipos de buceo y el personal de seguridad. Fue una empresa logística de gran envergadura, en la que todos colaboraron para hacer realidad la visión de Duffield de la forma más auténtica posible.
“Tener esa armada de barcos en el mar en Monterey fue una locura”, recuerda Duffield. “Usar una grúa en medio del océano también fue una locura. Creo que es una de esas cosas que, en retrospectiva, a algunos nos hizo reír lo descabellados y ambiciosos que eran los planes que se nos ocurrieron. Una vez que conseguimos todas las tomas y tuvimos un poco de tiempo para asimilarlo, cuanto más los recordábamos, más descabellados nos parecían los planes”.
Duffield contó con la ayuda de un equipo tremendamente talentoso detrás de la cámara, entre los que se encontraban muchos jefes de departamento con los que ya había trabajado anteriormente, como el director de fotografía Aaron Morton, NZCS (“La Primera Profecía”, “Posesión infernal” de 2013 y “Nadie te salvará”), el diseñador de producción Ramsey Avery (“Nadie te salvará”), el montador Pietro Scalia, ACE, ganador de dos premios Óscar® (“La caída del Halcón Negro”, “JFK (caso abierto)”, la diseñadora de vestuario Natalie O’Brien (“Un Viernes De Locos”, “Nadie te salvará”), el supervisor de efectos visuales y dos veces ganador del Óscar® Guillaume Rocheron (“1917”, “La vida de Pi”) y el compositor Joseph Trapanese (“Mike y Nick y Nick y Alice”, “Nadie te salvará “).
Pero fueron Morton, Avery y Rocheron quienes estuvieron junto a Duffield en todo momento. “Esas eran tres de las piezas clave del rompecabezas que teníamos que encajar”, explica el productor Allan Mandelbaum. “Se convirtieron en una especie de grupo de expertos de la producción, con quienes manteníamos reuniones semanales y videollamadas por Zoom para discutir cómo íbamos a hacer la película”.
“Recuerdo que cuando leí el libro por primera vez, uno de mis primeros pensamientos fue: “Esto tiene que ser el sueño de cualquier diseñador de producción, porque te permite crear de verdad el interior de una ballena””, dice Duffield, “y desde el primer día, Ramsey realmente dio un paso al frente. Se convirtió en nuestro experto residente en ballenas”.
Morton se emocionó cuando Duffield le habló por primera vez del proyecto y se apresuró a leer el libro por su cuenta. En cuanto al tema, no era nada que hubiera podido imaginar jamás, pero tampoco le sorprendió. “Parte de lo que me encanta de la escritura de Brian es que a menudo toma a un personaje que está pasando por algo interesante o terrible y luego sitúa a ese personaje dentro de otra idea aún más interesante”, afirma. “Ya sea una joven que mata accidentalmente a su amiga y luego es condenada al ostracismo por su comunidad, o un joven que afronta su relación disfuncional con su padre y acaba siendo tragado por una ballena, eso es lo que me encanta de la escritura y la dirección de Brian”.
Wētā Workshop también se incorporó al proyecto desde el principio y enseguida se mostraron entusiasmados con las posibilidades y los retos que planteaba. Sus aportaciones, así como su investigación y desarrollo sobre qué materiales funcionarían para crear la anatomía de la ballena, fueron inestimables. “Cometimos muchos errores al principio, lo que nos ayudó a tomar decisiones más acertadas más adelante”, afirma Mandelbaum. “Cuando concretamos el material y el aspecto, ya solo quedaba construirla”.
Rocheron llegó al proyecto con experiencia de primera mano en la creación de criaturas gigantescas mediante el arte de los efectos visuales, ya que fue el responsable de la criatura alienígena voladora de “Nope”, de Jordan Peele, cuya biología basó en criaturas marinas de las profundidades. También fue fundamental en la creación del tigre del bote salvavidas en “La vida de Pi”.
“Queríamos crear la ballena de tal forma que pareciera viva y muy tangible, algo que era realmente importante para Brian”, explica Rocheron. “Para él era fundamental que situáramos a Austin en un entorno en el que pudiera interactuar de verdad con la ballena, ya que siempre hemos considerado a la ballena como un personaje en sí misma, por lo que era muy importante tratarla como tal”.
Rocheron añade: “Dedicamos unos meses a la investigación y el desarrollo (RCD) con Wētā Workshop, DNEG e ILM, durante los cuales trabajamos codo con codo con Ramsey, Aaron y el equipo de efectos especiales para averiguar cómo podíamos combinar elementos… cómo podíamos aunar todas nuestras habilidades para crear algo que, en primer lugar, no se hubiera hecho antes y, en segundo lugar, fuera totalmente único. Algo que sacara partido de los puntos fuertes de todas nuestras especialidades”.
“Durante ese tiempo, debatimos cómo era el estómago y cómo se movía, qué podíamos crear de verdad y qué sería digital, y cómo combinar esas dos cosas”, continúa Rocheron. “Y, desde el punto de vista artístico, teníamos total libertad, así que fue un experimento muy divertido no solo idear el aspecto, sino también trabajar juntos para dar con la fórmula que permitiera crear lo que se ve en la película”.
Lo que decidieron hacer fue construir decorados reales y que los efectos visuales añadieran todo el movimiento muscular, la translucidez y la textura gelatinosa al estómago de la ballena. “Creamos un entorno fotorrealista que pudiera moverse de forma realista, pero hay elementos en la naturaleza, como los órganos y los músculos, que son muy difíciles de recrear, así que aprendimos a hacerlos por ordenador”, explica Rocheron. “Y allí aprendimos a simular la translucidez de la piel y los materiales gelatinosos que son semitranslúcidos, y que serían imposibles de fabricar con materiales lo suficientemente resistentes para el rodaje”.
“Rodar la película de forma práctica era extremadamente importante para un concepto como este, porque es muy extremo”, afirma el productor Brian Grazer. “En “Apolo 13” creamos realmente la ingravidez rodando en el Boeing KC-135, cuando hasta entonces la ingravidez solo se había creado utilizando cables y eliminándolos digitalmente. Pensamos que combinar la ciencia y el cine ayudaría a mantener la autenticidad. El público siente lo intangible… experimenta lo intangible, y en una película que está pensada para ser emotiva, hay que asegurarse de que todo sea lo más natural y real posible, algo que creo que hemos conseguido en “Whalefall””.
CREACIÓN DE UN CACHALOTE EN PANTALLA...
Para plasmar de forma realista en pantalla al personaje de Jay, interpretado por Austin Abrams, dentro del estómago de un cachalote, los cineastas crearon varios decorados diferentes que permitieran filmar al actor desde múltiples ángulos. Estos decorados se construyeron en los platós de los CBS Radford Studios, en Studio City, e incluían: un decorado de extremo, un decorado de entrada lateral, un segundo decorado del estómago, un decorado lateral del estómago, un decorado del esófago y un decorado de la laringe.
Además, crearon un enorme decorado de tanque submarino, con capacidad para 175.000 galones de agua y una base de cemento de 6 pulgadas. El decorado medía entre 80 y 100 pies de longitud, pesaba más de 60 toneladas y se utilizó para rodar secuencias submarinas con el cachalote gigante, así como el saliente y el fondo del océano. Con 45 pies de diámetro y 16 pies de profundidad, el tanque fue construido desde cero por el supervisor de efectos especiales Mark Hawker (“Stranger Things”) y su equipo, quienes decidieron desde el principio construir ellos mismos la enorme estructura en lugar de recurrir a una empresa externa, y tardaron menos de un mes en construirlo.
El uso principal del tanque fue rodar la aterradora escena en la que Jay Gardiner, en busca de los restos de su padre, nada por la pared del enorme cañón submarino y se encuentra con el calamar gigante perseguido por el cachalote. Dado que el tanque de agua solo tenía 16 pies de profundidad (y en el océano real había demasiada oscuridad para rodar a tanta profundidad), Hawker tuvo que encontrar una forma de crear esa secuencia ante la cámara, y se le ocurrió lo que él denomina el «ascensor de rocas».
“El “ascensor de rocas” es una parte de una pared del tanque que se eleva unos cinco pies, donde filmábamos a Austin nadando hacia arriba (y hacia abajo) muy lentamente”, explica Hawker. “Llevaba incorporadas unas 50 bolsas de hormigón de 50 libras cada una, y una estructura maciza para mantenerlo en su sitio, y estaba montado sobre un raíl con un sistema hidráulico que podía empujarlo hacia arriba y hacia abajo”.
El director de fotografía, Aaron Morton, añade: “En la historia, Jay escala una pared rocosa de unos 23 pies de altura, así que, al hacer que nadara en un mismo punto pero bajando el decorado hacia la piscina, parecía que estaba subiendo. Este fue otro gran ejemplo de lo ingenioso y creativo que es nuestro equipo de rodaje, y de cómo, cuando se reúne a las personas adecuadas, se puede encontrar la mejor solución”.
El tanque también contaba con un cardán que movía constantemente el agua, y la clave para transmitir eficazmente el movimiento en el interior del cachalote fue el decorado de «barrel roll». Este decorado se utilizó para rodar varias escenas en las que Jay es zarandeado de un lado a otro, mientras el agua sigue entrando a raudales. A los cineastas les gustaba bromear diciendo que, en realidad, estaban rodando tres películas: una en exteriores, otra dentro de los estómagos y otra en el tanque de agua.
A la hora de crear los estómagos de la ballena, el supervisor de efectos visuales Guillaume Rocheron se puso en contacto con el estudio de efectos especiales de renombre mundial Wētā Workshop, que ha contribuido a transformar el cine moderno y ha ganado múltiples premios Óscar® por su arte y maestría pioneros.
Dado que gran parte de la película transcurre en el interior del estómago de la ballena después de que Jay sea tragado, el equipo de Wētā sabía que tenía que crear decorados prácticos que resultaran creíbles, envolventes y realistas. Ningún ser humano ha experimentado jamás el interior de un cachalote vivo y ha sobrevivido para describirlo, lo que dejó a los cineastas prácticamente sin referencias del mundo real. Tras meses de investigación, desarrollo y colaboración, Wētā Workshop y el equipo de producción dieron vida en la pantalla a uno de los entornos más misteriosos de la naturaleza.
“Los primeros preparativos en Wētā se centraron en construir los estómagos y comprender cómo podrían funcionar, así como qué tipo de acceso para las cámaras necesitaríamos”, explica Morton. “Vivo en Auckland, que está a solo un corto trayecto en avión, y fue una experiencia fantástica trabajar con otros neozelandeses; se mostraron muy serviciales en todo, desde la integración en el diseño general hasta indicarnos lo que necesitábamos de los decorados, ya fuera acceso para la cámara en determinadas secuencias o, literalmente, una pequeña puerta que se pudiera abrir y cerrar con cremallera para permitir el acceso de la grúa”.
Para Rocheron, otro reto fue averiguar cómo crear el interior del estómago de una ballena y hacerlo cinematográfico y atractivo, sin que resultara demasiado oscuro y repulsivo. Lo que siguió fueron meses de debates y experimentos, durante los cuales trabajó en estrecha colaboración con Morton y el diseñador de producción Ramsey Avery. “En definitiva, si vas a estar en el estómago de una ballena, va a ser asqueroso, pase lo que pase, así que uno de nuestros mayores temores desde el primer día era no sumergir al público en una grotesquería absoluta durante dos horas”, afirma Avery.
La investigación de Avery comenzó con numerosas referencias históricas sobre el aspecto y el tamaño de las diferentes ballenas. “Algunas tenían huecos muy bien definidos en la cara, otras eran más abombadas, otras presentaban muchas más cicatrices y, a medida que un cachalote envejece, se vuelve más ancho”, explica Avery. “Así que surgieron muchas preguntas a la hora de intentar averiguar qué representaba todo eso, al tiempo que creábamos algo que fuera más o menos sano, pero que mostrara un grado general de daño y signos del desgaste de la vida”.
“Empezamos con un modelo digital, pasamos a una maqueta de espuma y, a partir de ahí, volvimos a un modelo digital más preciso”, explica Avery. “Y luego, a partir de ese modelo digital más preciso, lo construimos de nuevo en espuma y volvimos a probarlo con un actor, con la cámara y con la iluminación para ver cómo interactuaba todo”. Ese fue el proceso completo de principio a fin: diseñar algo en un modelo digital, ejecutarlo a modo de maqueta, colocar a una persona en su interior, colocar una cámara en su interior y, a continuación, aplicar lo que hubiéramos aprendido de ello. Y cada vez que aprendíamos algo, hacíamos los ajustes necesarios para la siguiente iteración”.
El supervisor de WĒTĀ en el plató, Ben Milsom (“Blade Runner 209”, “Alien: Earth”), supervisó la fabricación y el rodaje de los estómagos de las ballenas y del calamar gigante. Su primera tarea consistió en crear un prototipo del estómago, ya que el equipo de rodaje necesitaba asegurarse de que el diseño funcionara para todas las partes implicadas. “Una vez que estuvimos seguros del desarrollo, empezamos a construirlos”, explica Milsom.
“La ballena es un personaje de la película”, afirma Milsom. “Tiene que moverse, tiene que tener personalidad, y dedicamos meses y meses a la investigación y el desarrollo tratando de averiguar cómo íbamos a moverla y cómo íbamos a reproducir las diferentes etapas.
Muy pronto nos dimos cuenta de que necesitábamos mucha gente para darle vida a esta criatura”.
El interior del estómago tiene una textura carnosa, similar a la piel, que se creó con una silicona a base de platino muy resistente y con un ligero matiz de color y textura. La cubierta del estómago se fabricó con espuma de colchón, a la que se le roció silicona mediante una pistola de palomitas, lo que le dio la textura adecuada. “A continuación, se recubrió el exterior de los estómagos con una capa de lona”, explica Milsom, “y luego colocamos anillas en D por todo el estómago para encajarlo en un bastidor de rieles rápidos, con cuerdas elásticas unidas a las anillas que podíamos tirar para estirar el estómago”.
Hay dos estómagos en la historia. “El estómago uno es aquel al que llega Jay primero cuando es tragado por la ballena”, explica Milsom. “Es bastante pequeño, y tiene el esfínter del esófago que entra en él y el esfínter del estómago dos que sale de él. Desde fuera, tiene un aspecto parecido al de un corazón”.
El productor ejecutivo Doug Merrifield desglosa todos los estómagos utilizados en la producción.
“Teníamos cuatro versiones del estómago uno sobre dos bases de movimiento hidráulicas diferentes, el estómago dos sobre otra base de movimiento, un estómago más pequeño montado en una base de movimiento con giro de 360 grados y un estómago insertable con forma de concha que coincidía con el estómago número uno, que era el más accesible para tomas adicionales, primeros planos y trabajo manual. Así que era un auténtico circo de tres pistas cada vez que había varios estómagos funcionando al mismo tiempo. Todos los viernes, se rotaban los estómagos para que pasaran al modo de recuperación y reparación durante el fin de semana”.
“Las cuatro versiones se construyeron en WĒTĀ, en Nueva Zelanda, y se enviaron a Los Ángeles para el rodaje principal”, continúa Milsom. “Había dos estómagos idénticos, que tenían extremos desmontables y un panel lateral desmontable, y eran básicamente nuestros caballos de batalla en cuanto a cobertura. Necesitábamos dos ejemplares porque se sometían a un uso muy intenso y se estropeaban mucho durante el rodaje, así que los íbamos alternando para que uno estuviera en reparación mientras el otro permanecía en el soporte de tres puntos con las dos bases de movimiento”.
“El estómago para la comida era anatómicamente igual, pero era lo que llamábamos el “ablandador”, y se utilizaba para los primeros planos”, explica Milsom. “Tenía un lateral completo que se abría de par en par, de modo que se podía filmar como si fuera una pared curva. La parte superior también se desmontaba, así que era más o menos un decorado multiuso para primeros planos y una buena configuración para la cámara B. Lo teníamos montado en un bastidor y una base, lo que nos permitía llenarlo de agua y que fuera estanco en la mitad inferior.”
La cuarta versión del estómago fue el «barrel roll», que era básicamente el mismo tipo de piel de estómago dentro de una estructura circular sobre un bastidor con ruedas, y podía girar 360 grados. “Hay varios momentos en la historia en los que la ballena da una voltereta completa de 360 grados, así que pudimos colocar a Jay dentro del estómago y girarlo 360 grados ante la cámara”.
El estómago dos, que es básicamente el segundo estómago por el que pasa Jay y que contiene todo el ácido estomacal de la ballena, era mucho más largo y grande. “Lo hicimos mucho más rojo y visualmente desagradable”, explica Milsom. “Tiene forma de intestino y cuenta con una entrada elevada, conectada al estómago uno. Lo construimos en dos mitades, pero, de nuevo, tuvimos que construir una gran cuna porque teníamos que llenar la mitad de la cuna con metimazol viscoso; no era solo agua, sino más bien una especie de sopa, y resultaba muy difícil rodar en ese entorno porque resbalaba muchísimo”.
Aunque los decorados del estómago de la ballena creaban un paisaje cinematográfico único en la pantalla, sus coprotagonistas entre bastidores eran las enormes plataformas, los cardanes y los sistemas de control de movimiento que complementaban la manipulación manual utilizada para dar vida a los estómagos.
El estómago número uno contaba con cuatro monturas diferentes: tres que lo movían realmente y una montura de cuatro puntos que se utilizaba principalmente para las secuencias de flashback. Además, teníamos nuestro gran cardán, que se empleaba para movimientos muy rápidos y extremos, de modo que, cuando la ballena se sumergía o volvía a la superficie, el agua se agitaba. Todas las monturas estaban controladas por movimiento, lo que nos permitió crear movimientos precisos en el interior del estómago.
Los decorados del estómago se montaron sobre diferentes plataformas diseñadas para recrear todo, desde el sutil movimiento de un cachalote nadando por el océano hasta las fuerzas extremas que Jay experimentaría mientras la ballena se sumergía, daba vueltas y se desplazaba por las profundidades.
En conjunto, estas plataformas se convirtieron en una parte esencial de la producción cinematográfica, permitiendo que los decorados prácticos del estómago se movieran, se contrajeran, se inclinaran y giraran alrededor de Austin Abrams. Combinadas con la manipulación manual de los estómagos, crearon la sensación física de que Jay estaba realmente atrapado dentro de una ballena viva y en movimiento.
A lo largo de todo el proceso, los cineastas se guiaron por un principio fundamental: que ninguno de los efectos, ya fueran prácticos o realizados en posproducción, pareciera propio de una película de ciencia ficción o fantasía. “Todo tenía que parecer siempre realista”, afirma Morton. “No es que nadie sepa realmente qué se siente al estar dentro del estómago de una ballena de 80 pies, pero Rasmey y su equipo se convirtieron en tales expertos en anatomía de las ballenas que pudimos centrarnos de verdad en lo que era científicamente preciso y real”.
RODAJE EN EL INTERIOR DE UN CACHALOTE...
Antes de que el director de fotografía Aaron Morton y su equipo de cámara pudieran siquiera empezar a pensar en las cámaras, tenían que encontrar una forma de iluminar el interior de los estómagos, sabiendo que las técnicas cinematográficas más tradicionales no funcionarían en esta película. Aunque la captura de movimiento y la robótica se utilizan constantemente en los largometrajes, lamentablemente no ofrecerían a los cineastas la flexibilidad necesaria en estos platós.
“Lo más destacable de este proyecto es que las referencias visuales eran limitadas”, afirma el diseñador de producción Ramsey Avery. “No es que la gente haya metido cámaras en la boca de un cachalote antes”.
A Morton también le preocupaba la iluminación, pero en cuanto leyó el libro, todo cobró sentido, ya que Jay es capaz de ver gracias a la luz bioluminiscente y a las medusas que hay en el estómago. “Algunos de los problemas de iluminación ya se habían abordado y resuelto, ya fuera en el libro, en el guion o en ambos”, afirma. “Dicho esto, fue todo un reto conseguir ese aspecto bioluminiscente dentro de los decorados, pero creo que se nos ocurrió un sistema bastante ingenioso trabajando en colaboración con Guillaume [Rocheron] y nuestros increíbles artistas de efectos visuales”.
El equipo ideó un plan que consistía en crear tubos de luces LED que se colocaran a lo largo de los laterales de los decorados del estómago. “Teníamos que asegurarnos de que el público nunca llegara a comprender del todo cómo se había construido la iluminación”, explica el supervisor de efectos visuales Guillaume Rocheron.
“Aaron y su equipo crearon estos tubos de luz que colocamos en los decorados del estómago, conectados a un ordenador que proyectaba patrones a través de ellos, lo que nos proporcionaba una luz orgánica en movimiento. Y luego lo sustituimos por bioluminiscencia. Así que retiramos el tubo de luz, pero mantuvimos la iluminación sobre Austin, así como la del agua y las paredes del estómago. Básicamente, estamos creando la ilusión de que la luz proviene de un material orgánico”.
Las tiras de iluminación, a las que en el plató se les llamaba «fideos», eran en realidad una cinta LED de doble cara dentro de un tubo impermeable. Los cineastas colocaron entre 20 y 30 de ellas en diversos recovecos del estómago de la ballena, lo que proporcionaba un flujo y reflujo constante de luz. “La clave está en la forma en que el equipo de ILM elimina las propias luces”, explica Morton, “así que nuestra filosofía pasó a ser: pongamos algo delante de la cámara y luego realcémoslo con efectos visuales”.
Mientras Abrams se encontraba solo en el interior de los estómagos de las ballenas en el plató, había varios miembros del equipo justo fuera de las maquetas de las ballenas. “El estómago estaba sobre una base móvil rodeada por un gran bastidor de rieles de desplazamiento con una estructura de vigas”, explica Milsom. “Normalmente teníamos dos cámaras: una en un sistema de suspensión elástica que bajaba a través del techo del estómago, controlada por un operador de cámara, y otra en una grúa que se introducía por el costado de la ballena. Además, contábamos con hasta 12 manipuladores situados alrededor del estómago, que se movían de forma concéntrica, alineándose con la fase en la que se encontrara el estómago, ya fuera un movimiento ambiental o un espasmo muscular, etc.”.
Milsom continúa: “Así que, entre todas las cámaras, los ayudantes de cámara y los manipuladores, había entre 14 y 16 personas en esa plataforma que se movía, todas trabajando juntas para que todo funcionara y pareciera lo más real posible ante la cámara. Afuera había un hervidero de actividad para hacer que esta cosa se moviera y respirara por dentro, con cables por todas partes”.
“Montamos nuestras cámaras infrarrojas en nuestras cámaras de cine y las sincronizamos con nuestra cámara principal en cada toma”, explica Rocheron, “de modo que cada plano del estómago se capturó en volumen en un espacio 3D, y simplemente lo procesamos en el ordenador con los algoritmos; el resultado es, básicamente, la reproducción completa del espacio en tres dimensiones”.
El equipo de Morton empleó una gran variedad de objetivos diferentes a lo largo de la producción. “Arri tiene unos conjuntos de objetivos increíbles a los que llaman “objetivos hero”, que tienen un perfil de inclinación, un aspecto y una distorsión bastante pronunciados”, explica. “Pudimos regular la intensidad de esos efectos en función de la toma que estuviéramos rodando; era algo relativamente sutil, pero le daba un toque casi subliminal a las imágenes a lo largo de ese tercer acto”.
“Pudimos utilizar brazos cortos de grúa a través de orificios en el estómago, y contábamos con un sistema de cuerdas elásticas para los primeros planos en el interior del estómago”, explica Morton.
“Pasábamos un bungee por un agujero en la parte superior del estómago, y contábamos con un cabezal giroscópicamente estabilizado y una versión muy pequeña con la que podíamos controlar y estabilizar el horizonte. Eso nos dio mucha libertad para seguir a Austin por el interior del plató manteniendo un horizonte nivelado y para poder colocar la cámara en lugares de difícil acceso”.
Todas las escenas que muestran a Jay atrapado en el estómago de la ballena —y su viaje para escapar—se rodaron en secuencia. Esta decisión benefició tanto a los cineastas como a Abrams, ya que les permitió seguir el recorrido físico y emocional de Jay a medida que se desplazaba por las diferentes partes de la ballena y se veía obligado a enfrentarse a sus propios sentimientos sobre su relación con su padre.
Rodar en secuencia le dio a Abrams la oportunidad de vivir el viaje de Jay a medida que se desarrollaba, lo que permitió que su interpretación y su estado emocional se desarrollaran de forma natural de una escena a otra. Mientras Jay lucha por sobrevivir dentro de la ballena, también se enfrenta a los sentimientos no resueltos que alberga hacia su padre, haciendo que el viaje físico a través de la ballena sea un reflejo de su propio viaje emocional. “Para mí fue de gran ayuda comprender en qué punto me encontraba emocionalmente día a día en la historia, porque, de lo contrario, sobre todo en ese entorno, habría sido extremadamente difícil y confuso rodar sin seguir el orden cronológico”, afirma Abrams.
Una vez que el resto del reparto terminó el rodaje principal, Abrams se convirtió en el único miembro del reparto durante las nueve semanas restantes del calendario de producción. El actor soportó 35 días consecutivos de rodaje en el interior de los confines claustrofóbicos y físicamente exigentes del estómago, la garganta, la laringe y el esófago de la ballena.
“Imagina el estómago como una tienda de campaña para dos personas hecha de carne que se te viene encima constantemente; eso es más o menos lo que se sentía”, explica Morton. “Era bastante asqueroso tener ese trozo de carne empujándote sin cesar, pero esa es una de las cosas que me encantan del cine”.
Una cosa que sorprendió al diseñador de producción Ramsey Avery fue que, cuando te metías dentro del estómago, resultaba sorprendentemente cómodo. «Había una especie de entorno de privación sensorial que era cálido y, la verdad, un lugar muy agradable en el que estar, lo que de hecho ayudó a Austin durante todas esas semanas de rodaje», afirma Avery.
Fue una prueba extraordinaria de resistencia tanto mental como física, una que Abrams superó con nota, para asombro de los cineastas y del equipo técnico. El reparto y el equipo quedaron continuamente impresionados por su dedicación, concentración y actitud serena, incluso mientras pasaba siete semanas seguidas actuando en un estado de miedo extremo.
Una de las rutinas de Abrams se convirtió en un momento de reflexión y gratitud. Cada vez que el actor salía del decorado del estómago de la ballena, se detenía un instante para asimilar la experiencia y expresar su gratitud. Se convirtió en un ritual inspirador que fue observado, apreciado y respetado por el equipo tan unido que le rodeaba cada día.
“Fue una experiencia totalmente colaborativa”, afirma Abrams. “Están las personas que manejan el estómago como si fuera un títere, que tienen que hacer ciertas cosas en momentos concretos, mientras yo intento averiguar hacia dónde moverme, y es un espacio realmente reducido. Y había gente que se aseguraba de que todas las luces estuvieran bien colocadas, porque la sincronización de mis movimientos entre los distintos estómagos debía estar correctamente iluminada. Así que lo que se ve es la culminación del esfuerzo de mucha gente que se une y da lo mejor de sí misma para crear la magia del cine”.
FABRICACIÓN DE LA CABEZA DE UN CACHALOTE...
Studio Art C Technology (SAT) y el fundador de la empresa, Louis Doty, recibieron el encargo de realizar un trabajo único: construir una gigantesca cabeza y boca de cachalote de 30 pies para utilizarla en la aterradora secuencia en la que persiguen a Jay y este acaba siendo tragado sin querer. La estructura resultante se fijó a un armazón mecánico interno de acero dentro del tanque de agua construido por el equipo de efectos especiales.
Dado que WĒTĀ Workshop estaba muy ocupado construyendo varios estómagos, SAT colaboró estrechamente con el supervisor de efectos especiales Mark Hawker y el diseñador de producción Ramsey Avery en esta tarea, que completaron milagrosamente en 12 semanas y que también incluía la fabricación del esófago, la laringe y la lengua de la ballena.
“Lo creamos para que Austin (en el papel de Jay) pudiera interactuar con él”, explica el supervisor de efectos visuales Guillaume Rocheron. “La cabeza de la ballena está montada sobre un eje de seis articulaciones que se mueve, y es un enorme elemento de decorado que se desplaza en un gran volumen de agua. Básicamente, se empieza con la cabeza de la ballena en el tanque y, a continuación, los efectos visuales crean todo el entorno submarino a su alrededor. Pero cada vez que Austin toca a la ballena, está tocando un elemento de decorado real que hemos creado”.
Empezaron construyendo el exterior de la enorme cabeza de cachalote con espuma (basándose en la versión digital creada por WĒTĀ). A continuación, le tocó a Hawker y a su equipo hacer que la cabeza de la ballena se moviera. Para lograrlo, crearon un cráneo que encajaba dentro de la cabeza fabricada, que incorporaba un sistema hidráulico para controlar los movimientos, y que SAT montó posteriormente en la cabeza de la ballena.
“Teníamos una gran estructura en forma de portería sobre la que se apoyaba la cabeza de la ballena”, explica Hawker, “y la cabeza de la ballena realizaba varios movimientos diferentes que creábamos ante la cámara, como panorámicas, inclinaciones y rotaciones. También podíamos abrir y cerrarle la boca”.
Hawker continúa: “Una de las cosas que aprendimos desde el principio fue la relación entre la cabeza de un cachalote y su boca. La boca es minúscula en comparación con la propia cabeza de la ballena, y sabíamos que era lo suficientemente grande como para tragarse a una persona, pero la mandíbula en sí era tan estrecha que no podíamos hacer que un ser humano cupiera en ella. Así que la cuestión pasó a ser cómo podíamos ampliar el tamaño total de la mandíbula sin que quedara rara. Eso es lo que Louis y su equipo probaron para nosotros con espuma, y los resultados nos demostraron que funcionaba, así que nos la construyeron”.
“Cuando unimos los dientes y la mandíbula, nos dimos cuenta de la inmensidad del conjunto, lo cual fue muy gratificante”, afirma Hawker. “Al final, teníamos la mitad de la cabeza de una ballena construida a escala”.>
UNA BANDA SONORA ESPECTACULAR...
El director, coguionista y productor Brian Duffield se puso en contacto con el compositor Joseph Trapanese, que ya había trabajado en su anterior película, “Nadie te salvará”, para que le ayudara a componer la banda sonora de la apasionante y emotiva historia de “Whalefall”.
“Tengo mucha suerte de poder considerar a Brian un amigo”, afirma Trapanese. “Siempre que tiene algo listo para que le eche un vistazo, me pone al corriente. De hecho, estábamos terminando “Nadie te salvará” cuando me pasó una copia anticipada del libro. Esto fue unos seis meses antes de que saliera a la venta, así que pude leerlo con mucha antelación y empezar a pensar en la historia, y menos mal que lo hice, porque esta ha sido la película más difícil en la que he tenido que trabajar”.
Trapanese continúa: “Brian es mi tipo favorito de colaborador. Nunca viene a decir: “Oh, deberían ser violas, sintetizadores y violonchelos”, sino que dice: “Esta es la historia que intento contar. Este es el recorrido, este es el personaje, aquí es donde se encuentran, esto es lo que están viviendo, este es su recorrido emocional”. Y ahí es donde empieza la conversación. Me encanta trabajar con cineastas para crear algo muy subjetivo, algo que cuente la historia de ese personaje en ese momento”.
“Y para esta película, tuvimos que descartar gran parte de eso porque es muy visceral”, continúa Trapanese. “Es tan espantoso lo que está pasando este personaje, y eso se transmite en gran medida a través de la imagen, la atmósfera y la interpretación. Si a eso le añades una música que sea igual de inquietante y aterradora, sería demasiado. Los flashbacks son donde realmente encontramos el corazón de la película”.
La banda sonora de “Whalefall” se grabó en Los Ángeles, en los Fox Studios, y contó con más de 100 músicos: 50 de cuerda, 21 de metal, cuatro percusionistas y un coro de 24 personas.
Según Trapanese: “Con una película como esta, algunos compositores podrían abordarla con una idea muy conceptual, del tipo: “Voy a dejar caer un micrófono al agua y grabar un instrumento bajo el agua”. Si yo hubiera intentado algo así, no habría funcionado, porque esta película es muy intensa y visceral. Descubrimos que la música tenía que surgir de un lugar con una emoción universal: instrumentos solistas, instrumentos acústicos y orquesta. El latido de la película era un instrumento solista que interpretaba algo increíblemente detallado y difícil, yuxtapuesto a una orquesta que envolvía al solista”.
Trapanese continúa: “Encontramos algunos instrumentos realmente geniales que representaban ciertas partes de la película. Trabajé con mi amigo Johnny Rogers, que toca instrumentos sin afinar. Eso aportó un matiz especial cuando también añadimos algunos vibráfonos y campanas. Se convirtió en una fuente de belleza realmente interesante para el océano y la naturaleza”.
TRABAJANDO CON EL VISIONARIO CINEASTA BRIAN DUFFIELD...
“Brian [Duffield] tiene ese entusiasmo infantil que resulta contagioso, pero también es el tipo de persona que disfruta del proceso de intentar averiguar cómo filmar las cosas, y hacerlo de una manera que, con suerte, resulte muy cautivadora y, en última instancia, entretenida”, afirma Austin Abrams. “No sé cómo lo hizo, pero encontró la manera de filmarlo todo, algo que sobre el papel parecía imposible, y de hacerlo de tal forma que no pareciera algo fijo, sino dinámico, y que se pudiera cambiar si a alguien se le ocurría una idea mejor”.
“Hay una inocencia en Brian que me recuerda a Jay”, dice Josh Brolin. “Brian es, obviamente, un tipo muy inteligente, pero esta película requería a alguien muy especial para poder llevarla a cabo. Tenía una sensibilidad con la que conecté de verdad, y la historia le conmovió muchísimo. Y me encanta que estuviera tan comprometido con la autenticidad, porque para mí, esta película tiene que parecer auténtica”.
“Es muy discreto, en el buen sentido”, afirma Elisabeth Shue. “Se muestra muy entusiasmado y alentador, y crea un ambiente en el que todos se sienten libres y apoyados. Me encantan los directores así, porque, como actriz, llegas al rodaje y todo el mundo está un poco nervioso, y si tu jefe se muestra alegre, amable y acogedor desde el primer día y consigue que el ambiente en el plató sea tranquilo, entonces te sientes libre”.
Shue continúa: “Y fue increíble porque él es a la vez director y guionista, lo cual es muy importante para esta película en particular, ya que ve qué momentos quiere plasmar en la pantalla para contar mejor la historia. Los está creando junto con su coguionista, por lo que está mucho más involucrado que alguien a quien simplemente le hubieran dado un guion y se limitara a dirigirlo”.
“Brian tiene una gran presencia en el plató”, afirma el productor Brian Grazer. “Es divertido, alegre y rebosa buena energía; además, siempre se muestra entusiasta y demuestra un compromiso y una energía inagotables por la película. Es uno de esos directores excepcionales que son brillantemente creativos y tienen la capacidad de inspirar a quienes les rodean y sacar lo mejor de cada jefe de departamento”.
“Personalmente, como aficionado al cine, lo que más me interesa es ver películas con historias originales”, afirma Abrams. “Por eso estoy muy agradecido de poder formar parte de algo tan atrevido y original, y que sea tan atemporal con esos elementos casi míticos. Soy consciente de que es arriesgarse a lo grande, pero para mí eso es una de las cosas más emocionantes del cine”.
GALERÍA DE FOTOS
https://www.cineymax.es/estrenos/fichas/122-w/193899-whalefall-2026#sigProId5e3e11e95a





























































