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INFORMACIÓN
Titulo original: Stan And Ollie
Año Producción: 2018
Nacionalidad: EE.UU., Inglaterra, Canadá
Duración: 97 Minutos
Calificación: Autorizada para todos los públicos
Género: Comedia, Drama, Biografía
Director: John S. Baird
Guión: Jeff Pope
Fotografía: Laurie Rose
Música: Rolfe Kent
FECHAS DE ESTRENO
España: 15 Marzo 2019
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Entertainment One


SINOPSIS

Cuenta la gira de despedida que hicieron Laurel y Hardy en Inglaterra e Irlanda, con toda una triunfal carrera tras sus espaldas...

INTÉRPRETES

STEVE COOGAN, JOHN C. RILEY, STEPHANIE HYAM, SHIRLEY HENDERSON, DANNY HUSTON, NINNA ARIANDA, SUSY KANE, RUFUS JONES, ELLA KENION, JOSEPH BALDERRAMA, BENTLEY KALU, REBECCA YEO, LUCY APPLETON, JULIE EAGLETON

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EL GUION DE EL GORDO Y EL FLACO...
   Stan Laurel y Oliver Hardy están ampliamente considerados como la mejor pareja cómica de la historia del cine. Entre 1927 y 1950, realizaron más de 107 apariciones cinematográficas (32 cortometrajes mudos, 40 cortos sonoros, 23 largometrajes, 12 cameos), que definieron el concepto del dúo cómico con una química contagiosa y números desternillantes que parecían fáciles, pero estaban pulidos hasta el más mínimo detalle. La pareja formó parte de las escasas estrellas del cine mudo que logró sobrevivir y prosperar en la era sonora, incorporando los juegos de palabras a su repertorio humorístico.
  Su influencia va mucho más allá de lo que las frías estadísticas y los análisis de los cinéfilos puedan sugerir, al haber acumulado una enorme comunidad de entusiastas seguidores en todo el mundo, tener tres museos dedicados a ellos y un club internacional de admiradores, Sons of the Desert. Queridos en todo el mundo —en Alemania son conocidos como ‘Dick und Doof’, en Polonia como ‘Flip i Flap’ y en Brasil como ‘O Gordo e o Magro’— sirven como vía de acceso a la comedia cinematográfica, un pasaporte a un mundo de payasadas sublimes y amistad eterna. Tanto si los conoces por sus reposiciones en televisión, sus adaptaciones a dibujos animados o un GIF de Twitter, solo oír su característica sintonía, “La canción del cuco”, no solo basta para que te aflore una sonrisa, sino que es como una máquina del tiempo a una época más inocente. La gente admira a Chaplin, se maravilla con Buster Keaton, pero adora a Laurel y Hardy. Difícilmente se puede encontrar un cómico vivo que no se haya visto influenciado por Laurel y Hardy, han calado muy hondo.
  Y es un afecto que también siente el guionista de EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE), Jeff Pope. A Pope, que se crió viendo los sábados por la mañana en la BBC reposiciones de los legendarios cortometrajes de la pareja, le regalaron hace 15 años una recopilación en DVD de Laurel y Hardy, vio “Laurel y Hardy en el Oeste” y empezó a investigar la historia que había tras los iconos. Su investigación le permitió descubrir un momento poco conocido de la historia de Laurel y Hardy: la gira teatral que realizó la pareja por el Reino Unido a principios de los 50, tal como se recoge en el libro de AJ Marriot “Laurel & Hardy: The British Tours”.
  “Te encuentras con un retrato maravilloso de estos dos tipos, que han sido auténticos gigantes, alojándose en pequeñas pensiones, actuando en teatros minúsculos, sin darse cuenta de que lo hacían porque se adoraban el uno al otro”, aporta Pope. “Eso fue lo que me inspiró a escribir la película. Es una historia de amor entre dos hombres”.
  La productora Faye Ward se muestra de acuerdo con Pope: “EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE) trata en esencia sobre dos amigos íntimos. Y lo que significa ser dos grandes amigos en el ocaso de sus vidas, sin ser conscientes de estar viviendo el final de las mismas. Pero también trata sobre dos fuerzas creativas y cómo se produce la magia”.
  Steve Coogan, que interpreta a Laurel y colaboró con Pope en el guion nominado al Óscar de “Philomena”, se sintió atraído desde el primer momento por el enfoque de Pope de analizar sus 35 años de relación a través del prisma de la gira.
  “Es muy inteligente por parte de Jeff hacer eso, porque a menudo se comete el error de tratar de hacer una biografía en la que cuentas de forma cronológica la historia de la vida de alguien”, opina. “Es mejor arrojar luz sobre un aspecto concreto de sus vidas y a partir de ahí descubrir todo lo demás. Se puede descubrir la humanidad en un momento determinado”.
  El equipo responsable del proyecto decidió titular la película STAN & OLLIE, y no LAUREL & HARDY, porque el filme se dedicaba a descubrir a los hombres tras las leyendas y el guion de Pope desvelaba la verdad que había tras su imagen cinematográfica. Mientras que Hardy tomaba a menudo las riendas en la pantalla, Laurel era el cerebro creativo que supervisaba hasta el último detalle de la producción; una vez acabado el rodaje, Hardy a menudo se marchaba a jugar al golf. La película también sugiere que, aunque en la pantalla la pareja era inseparable, fuera de ella mantenían una relación de amistad, pero eran más bien simples compañeros de trabajo. Tal como explica Pope: ‘Nunca intimaron mucho hasta que emprendieron estas arduas giras, que los obligaron a convivir semana tras semana. La premisa de la película es cómo eso les sirvió para hacerse tan buenos amigos en la vida real como lo eran en la ficción”.
  La productora Faye Ward explica: “Creo que la idea de recuperar la esencia de Laurel y Hardy y rendirles homenaje era muy importante, y la razón por la que no queríamos hacer un biopic convencional. Queríamos crear algo que pudieran disfrutar los espectadores tanto nuevos como antiguos. Laurel y Hardy cuentan con grandes aficionados en todo el mundo, así como con enormes admiradores entre los cómicos profesionales, como Ricky Gervais y Paul Merton, John C Reilly y Steve Coogan, y millones más, miles de personas que comentan lo mucho que aún se sienten inspiradas por ellos. Creo que hay una facilidad inmediata, incluso si no estás muy familiarizado con ellos, se puede sentir la inspiración de lo que esa pareja de cómicos hizo por la comedia tal como la conocemos en la actualidad”.
  El guion de Pope está salpicado de detalles reveladores y conmovedores sobre la relación central —como el hecho de que Laurel siguiera escribiendo sketches para la pareja siete años después de haberse retirado— pero Coogan era en todo momento consciente de que EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE) también necesitaba otros tonos. “Sabía que la película iba a resultar conmovedora, triste y emotiva, mi miedo era: ¿sería lo bastante divertida?”, recuerda. “Tienes que ganarte el derecho a ser conmovedor a base de cautivar a la gente. Y a la gente puedes cautivarla con humor”.
  Aunque buena parte del humor procede de la meticulosa recreación de algunas de las actuaciones de Laurel y Hardy, el guion de Pope también incorpora algunos de sus números más famosos en su vida diaria. Y así, sus intentos de subir el baúl por las escaleras de una estación de tren son muy similares a la memorable secuencia del piano y las escaleras de la ganadora del Óscar “Haciendo de las suyas”. “A medida que evolucionaba el guion, me di cuenta de que había ciertos momentos en los que podía rendir homenaje a su glorioso pasado”, comenta Pope. Pero para Coogan, incorporar sus sketches a situaciones cotidianas también es indicativo de la naturaleza de los cómicos.
  “Como con muchos cómicos, no hay una gran distinción entre el personaje humorístico que interpreta un actor y quiénes son en realidad, sobre todo si están íntimamente involucrados en el proceso creativo”, observa. “Se solapan, e intentamos que los espectadores lo vean, la verdad es que, si eres admirador de Laurel y Hardy, creo que honramos su recuerdo para aquellas personas para las que es importante que no generalicemos y que seamos específicos, y somos fieles a quienes fueron. Y para aquellas que no lo sean, sigue siendo divertido, porque cuando recreamos algunos de sus momentos más emblemáticos, creo que lo hacemos de tal modo que resulta gracioso y sigue haciendo reír a la gente en la actualidad”.

HACER REALIDAD EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE)...
  Jeff Pope envió el guion a Jon S. Baird, que estaba dirigiendo la serie de televisión de Danny Boyle “Babylon”. Baird, que recuerda ver a Laurel y Hardy de pequeño en Escocia, tenía experiencia recreando a las leyendas de la comedia. “Todavía tengo fotos de un amigo y yo vestidos de Laurel y Hardy en un baile de disfraces del colegio”, recuerda riendo. “Yo era Stan, él era Ollie. Llevaba mucho relleno, como una especie de traje de gordo rústico”.
  El trayecto de la película a la gran pantalla empezó realmente a cobrar impulso cuando se incorporó al equipo la productora de Fable Pictures Faye Ward (“Sufragistas”). Ward conoció a Baird en la iniciativa de la industria del cine Inside Pictures y reconoció de inmediato que la historia tenía la posibilidad de atraer a un público amplio que fuera más allá de los más cinéfilos.
  “Aunque la película no tratara sobre Laurel y Hardy, trata sobre dos grandes amigos que han pasado por mucho juntos”, comenta Ward. “Han pasado por mujeres, trabajo, quiebras y toda clase de altibajos. Están llegando a un punto en el que se dan cuenta de que se han hecho viejos y pueden estar llegando al final de sus vidas. Ver esa reflexión resultaría fascinante incluso si no fueran Laurel y Hardy. Me quedó increíblemente claro la primera vez que leí el guion de Jeff y escuché la visión de Jon, pude ver el potencial de lo especial que podía ser la película”.
  Con familia cerca de Ulverston, la localidad natal de Stan Laurel, Ward pasó muchas vacaciones de verano en el museo de Laurel y Hardy. Como ferviente admiradora, aportó al proyecto un enorme interés por evitar que EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE) pudiera caer en los tópicos simplones de las adaptaciones de historias reales.
  El director tenía una idea muy clara para abordar la interesante cuestión dramática planteada por la decisión de Ollie de hacer una película, “Zenobia”, sin contar con Stan.
  “Es como un matrimonio entre dos personas que se quieren, pero en el que una de ellas ha cometido una infidelidad en el pasado”, comenta. “Entonces la otra tiene la oportunidad de hacer lo mismo: ¿la aprovechará?”.
  Justo antes de empezar el rodaje, Baird sufrió un ataque de apendicitis y tuvo que ser operado de urgencia, pero tuvo una recuperación casi milagrosa y se incorporó al trabajo en menos de una semana. A medida que avanzaba el rodaje, la claridad y la confianza que Baird aportó al proyecto impresionó a todos. “Jon estuvo fantástico en el set, muy concreto y claro con sus indicaciones”, opina Coogan. “Nada de rodeos, que es algo que sucede a veces con los directores”.
  John C. Reilly, que interpreta a Oliver Hardy, quedó igualmente entusiasmado con la pasión de Baird. “Jon es la persona que se sentó conmigo y me hizo sentir que podía hacerlo. Tenía verdadera fe, es un tipo sumamente imperturbable y optimista. Si este proyecto tiene éxito, será gracias a la dedicación de Jon y a su fe en nosotros”.
  Ward comenta sobre trabajar con Jon: “Es increíble, tiene una visión muy clara y me pareció que consiguió meterse realmente bajo la piel de Laurel y Hardy y de Stan y Ollie”.
  El dinamismo cinematográfico de Baird está presente desde el primer momento. La película arranca con un travelling de seis minutos que sigue a Stan y Ollie desde su camerino, por un plató de Hollywood, hasta el set de rodaje y una discusión con el jefe del estudio Hal Roach.
  “Me pareció que, para conseguir ese aire de Hollywood, era el recurso adecuado”, señala Baird. “Tienes que verlo desarrollarse hasta el final. Me pareció que era lo que pedía el guion. Además, quería ponerme un reto”.
  La osadía de Baird exigía mucho no solo a su equipo, sino también a sus actores, que tenían que pronunciar un montón de líneas de diálogo de un tirón.
  “Un plano así supone mucha presión”, admite Coogan. “Casi tiene que no importarte. Si estábamos sobre ascuas intentando no pifiarla, la naturalidad resultaría demasiado falsa. Así que te olvidas de toda la coreografía y piensas que no somos más que dos tipos manteniendo una conversación. Creo que eso es algo que se consigue con experiencia, darte cuenta de que lo mejor que puedes hacer es relajarte y dejar de preocuparte tanto por todo”.
  El plano lleva inmediatamente a otro momento emblemático y lleno de presión para los actores: el icónico baile de Stan y Ollie al ritmo de ‘At The Ball, That’s All’, con una cantina como telón de fondo en el clásico “Laurel y Hardy en el Oeste”. Coogan y Reilly colaboraron con el director de movimiento y coreografía Toby Sedgwick para conseguir hacer la escena a la perfección. El baile aparece varias veces a lo largo de la película, dado que Laurel y Hardy lo interpretan durante su gira, aunque cada vez va resultando más decrépito. Para la versión en el set, Sedgwick preparó a los actores para que incorporaran incluso los errores que Laurel y Hardy cometieron durante el rodaje.
  “Coreografiamos ese baile tantas veces que podríamos hacerlo hasta dormidos”, confirma Coogan. “Lo bueno de verlos bailar es que parecen estar haciéndolo sin más, como si no se estuvieran esforzando mucho, pero hace falta mucho trabajo para hacer que algo parezca así de sencillo”.
Ward explica sobre la extraordinaria dedicación que demostraron Coogan y Reilly: “El esfuerzo que realizaron John y Steve fue asombroso. Lo reprodujeron con tanto detalle que incluso cuando los verdaderos Laurel y Hardy se equivocaban en la secuencia grabada, recrearon también los errores; lo hicieron a la perfección y resulta mágico verlo”.
  Además del baile, Sedgwick, un experto en payasadas, también trabajó con los actores para crear los sketches que Laurel y Hardy interpretan sobre los escenarios. Sedgwick, Coogan y Reilly recrearon hasta el más mínimo detalle números conocidos, pero también inventaron cosas nuevas expresamente para la película. Para los actores, eso sirvió para dotar al rodaje de una dimensión extra.
  “Tuvimos que forjar un vínculo en esos momentos, porque no era simplemente una película”, recuerda Reilly. “Dada la naturaleza teatral de la gira, filmábamos actuaciones delante de un público. No solo teníamos la presión de hacer una película, sino también la presión de toda esa gente ahí sentada, mirándonos. También tenemos que actuar para ellos. Casi nos convierte en compañeros de armas. Siempre adoraré a Steve por lo que pasamos juntos”.

EL REPARTO DE EL GORDO Y EL FLACO...
  Una de las claves del éxito de EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE) era encontrar a actores que pudieran no solo encarnar sino también iluminar la vida interior de la pareja central, arrojar luz sobre quiénes eran realmente estos dos hombres, qué los impulsaba.
  Steve Coogan fue la primera y última persona con la que Jon Baird habló para interpretar a Stan Laurel. Coogan conoció a Laurel y Hardy gracias a la televisión, viendo sus desventuras en bata durante las vacaciones de verano del colegio. “Era muy accesible para un niño”, recuerda. “Una especie de comedia pura que tiene que ver con los personajes, no con la situación. No hay consecuencias reales. Es un mundo feliz”. En conversaciones a través de Skype con Baird y Ward, Coogan adoptaba sin esfuerzo las maneras de Laurel, pero su interpretación también reproduce la decencia y el instinto del hombre. En palabras de Ward: “Creo que es genial ver a Steve hacer algo que no le habías visto hacer antes”.
  Baird explica: “Un día que me reuní con Steve para comer, estábamos hablando sobre Stan Laurel y, sin previo aviso, se metió en la piel de Stan, se puso a hacer de Stan. Dejó caer la servilleta, se agachó a recogerla y, al levantarse, se golpeó la cabeza con la mesa. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y pensé: ‘Vaya’. Y ese pequeño detalle fue todo para mí. Supe que era un tipo muy listo y supe que haría sin ninguna duda todo lo fuera necesario para trasladar a Stan a la pantalla, con el nivel de detalle que pone en su voz y en su interpretación, era algo que resultaba evidente después de unos cinco minutos de hablar con Steve del tema. Todos quedaron entusiasmados de contar con Steve, por motivos obvios”.
  “Steve fue un gran compañero”, afirma John C. Reilly. “Nos dimos cuenta desde el principio de que sería imposible hacer esto a menos que aprendiéramos a querernos. Éramos básicamente desconocidos, pero nos hicimos verdaderos amigos. Es una de las personas más graciosas que he conocido. Me sentía muy solo durante el rodaje siempre que Steve no estaba allí conmigo, sentía como si me faltara una parte de mí”.
  Faye Ward recuerda cómo se sintió cuando supo que contaba con Coogan y Reilly: “Fue emocionante conseguir a John y Steve, la verdad es que no hay muchos actores en el mundo que pudieran meterse realmente en la piel de Laurel y Hardy, son cómicos increíblemente sintonizados, con un sentido perfecto de la cadencia para la comedia física. Fue maravilloso verlos a los dos hacer de Laurel y Hardy, sentías como si estuvieras viendo a dos iconos interpretando a dos iconos”.
  Aunque Coogan ha hecho carrera principalmente como intérprete en solitario, Reilly ha trabajado habitualmente en colaboración con otros cómicos, como es el caso de Will Ferrell. Aun así, el actor se sentía intimidado ante la perspectiva de interpretar a una leyenda de la comedia.
  “En cierto modo, intenté convencerles para que no contaran conmigo, porque me resultaba abrumador y me intimidaba interpretar a esos dos”, admite Reilly. “Me da la sensación de que vivimos en la era de Google y Wikipedia, y todo lo que cualquier persona quiera saber sobre la vida de alguien puede encontrarlo al instante. Pero lo bonito de esta historia es que ahondas en la relación que hay entre ellos y eso te permite vislumbrar cómo podría haber sido trabajar juntos”.
  Desde comedias (“Hermanos por pelotas”) a musicales (“Chicago”) o dramas (“Langosta”), el amplio registro de Reilly era fundamental para obtener el equilibrio entre risas y emoción que contenía el guion.
  “Es un actor fantástico”, opina Coogan. “También es capaz de ser maduro, conmovedor y sincero y, al mismo tiempo, comprender la técnica de la comedia. Se trata de habilidades completamente distintas. La comedia exige a menudo una habilidad técnica, mientras que para ser emocionalmente sincero y franco hay que estar en contacto con tus sentimientos. No hay muchos actores que puedan hacer ambas cosas. Él es uno de ellos”.
  La elección de Reilly también fue fundamental para conseguir a Coogan. “Pregunté en quién estaban pensando para Oliver Hardy”, recuerda Coogan sobre sus discusiones iniciales para el papel. “Me dijeron que estaban pensando en John C. Reilly y les respondí: ‘Si lo convencéis a él, contad conmigo’”.
  Baird recuerda su reunión con Reilly: “Lo que John dijo fue: ‘Interpretar a este personaje es una responsabilidad enorme, es mi héroe’, que es lo mismo que había dicho Steve. Pero John dijo: ‘No puedo permitir que nadie más interprete este papel, resulta aterrador abordarlo, pero no puedo dejar que lo haga nadie más’. Y pensé: ‘Bueno, si esa es la clase de tipo que eres, esa es la clase de tipo con la que quiero trabajar, porque demuestra responsabilidad, demuestra valor’”.
  Una vez que ambos actores había mostrado interés, el equipo responsable del proyecto tenía que comprobar que hubiera entre ellos la química imprescindible para dar vida a esa relación.
  “Jon y Jeff volaron a Nueva York para juntarlos y comprobar que se llevaran bien”, recuerda Ward. “Fue verdaderamente estresante. Los dejaron juntos en un restaurante y, de pronto, desde la distancia, vieron a Laurel y Hardy sentados juntos cenando. En ese momento pensaron: ‘Estos son los que buscamos’”.
  Y esa combinación mágica se pudo sentir a lo largo de todo el rodaje, sostiene Ward: “La primera vez que hicieron la representación teatral de ‘Double Doors’, fue en nuestra primera semana de rodaje y delante de todo el equipo técnico. Los equipos de rodaje pueden ser algo cínicos, porque ven a cientos de estrellas de cine hacer infinidad de cosas; pero todo el lugar se quedó completamente en silencio, asombrados, y luego empezaron a partirse de risa. De hecho, a Harriet, que es nuestra segunda ayudante del director, se le saltaban las lágrimas, era algo asombroso”.
  Una de las escenas más difíciles que los actores tenían que perfeccionar era la del baile de “Laurel y Hardy en el Oeste”. Steve Coogan recuerda: “Tuvimos que estudiar lo que Laurel y Hardy habían hecho en la película y luego ensayarlo y coreografiarlo, pero lo peculiar era que no solo teníamos que aprender los pasos de baile, sino que la forma en que los interpretaron era ligeramente descuidada y posee casi deliberadamente una especie de encanto de aficionados, con errores en su forma de bailar, así que tuvimos que aprender el baile, con sus errores y todo. Tuvimos que imitar cada tropiezo que cometieron y hasta el más mínimo gesto, lo que fue muy difícil, ya que tuvimos que aprender a imitar lo que aparecía en la película original y luego tuvimos que repetir el mismo baile sobre el escenario, pero sin los errores. Así que te tienes que aprender el baile de dos formas distintas: una de ellas con ligeros errores sueltos y otra más pulida. Resultó un tanto confuso, pero lo repetimos tantas veces que al final nos lo sabíamos de memoria, ¡probablemente podría hacerlo ahora mismo!”.

LAS MUJERES DE EL GORDO Y EL FLACO...
  En el mundo ficticio de Laurel y Hardy, las mujeres de la pareja se muestran a veces dominando a sus desgraciados maridos y controlándolos por completo, lo que suele acabar dando como resultado algún plan disparatado. El concepto que tiene EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE) de Lucille Hardy e Ida Laurel juega con esa idea de las mujeres que regañan a sus maridos, a la vez que ofrece un retrato mucho más completo y equilibrado de dos mujeres muy diferentes que fueron un apoyo fundamental para sus maridos entre todos los altibajos del mundo del espectáculo. Estas mujeres fueron fuertes, inteligentes y francas, y al final no nos queda duda alguna de que estos emblemáticos hombres necesitaban desesperadamente a las mujeres que tenían a su lado.
  Como dice Ward: “Las mujeres los acompañan y también son un dúo. Lo que Jeff consigue en el guion de forma sumamente inteligente con Ida y Lucille es que no sabes gran cosa sobre su historia junto a los dos hombres, ni sobre sus carreras, pero te muestra lo suficiente para que entiendas que han realizado un largo viaje con estos dos hombres, durante mucho tiempo, y tienen sus propias peculiaridades y energía juntas, es como si formaran su propia pareja”.
  Tanto Coogan como Reilly pudieron dar su opinión para decidir quién interpretaría a sus cónyuges. Aunque Shirley Henderson ya había colaborado antes con Baird en dos ocasiones, fue Reilly quien, tras trabajar con ella en “El cuento de los cuentos”, la sugirió para interpretar a Lucille, la supervisora de guion de “Laurel y Hardy en el Oeste”, que se convertiría en la tercera esposa de Hardy. Dado que Lucille era texana y Henderson es escocesa, Reilly y Baird tuvieron que convencer al equipo de producción de que era la persona adecuada para el papel, pero, para Reilly, el esfuerzo mereció completamente la pena. “Como actor, al interpretar a alguien más grande, viejo y con las rodillas machacadas, tenía que creer que la persona que interpretaba a mi mujer no solo me quería, sino que se sentía atraída por mí”, comenta. “Shirley y yo nos hemos tomado verdadero afecto”.
  Pese a haber trabajado antes con el actor y el director, Henderson recuerda: “No fue un trabajo fácil de conseguir. Tuve que realizar tres audiciones”. Henderson guarda agradables recuerdos de ver a Laurel y Hardy en la mañana de Navidad, y reaccionó al dilema del amor de Lucille por Hardy durante la agotadora gira.
  “Le preocupa que se esté esforzando demasiado, pero reconoce que lo necesita para su espíritu. Lo quiere mucho y a eso es a lo que me aferré. Pasara lo que pasara, lo importante era él, su salud y su bienestar”.
  Si Lucille era tranquila y poco expresiva, Ida, la mujer de Laurel, interpretada por Nina Arianda, es un torbellino con tendencia a lo dramático. Arianda llamó la atención de Baird con su papel en “Florence Foster Jenkins” y el director se reunió con la actriz en un restaurante de Nueva York.
“Debimos tomarnos tres o cuatro botellas de vino”, recuerda riendo. “Yo no me tenía en pie y ella seguía ahí, sin inmutarse. Pensé: 'Esta es mi chica'. Creo que es una de las mejores actrices con las que he trabajado jamás. Tenía una mezcla completa de todo lo que buscábamos: alguien que fuera extravagante, pero diera esa sensación de amor duro que parece propio de la Europa del Este. Era perfecta”.
  A Arianda, una actriz ganadora del premio Tony, le atrajo el análisis que realizaba la historia de “lo público frente a lo privado”. Ida, una bailarina de Hollywood, entendía las ambiciones creativas de Stan y su necesidad de estar siempre en marcha. Pero, bajo su histrionismo, había una empatía y una vulnerabilidad que Arianda encontró interesante.
  “Me pareció que era maravillosa, tanto por su fuerza como por su afecto”, opina. “Me encantó que adorara tanto a ese hombre. Lo que me sorprendió al documentarme era que lo primero que le atrajo de él fue su soledad. Pensé que hacía falta un tipo muy concreto de mujer para sentirse atraída por la soledad de un hombre. Me pareció fascinante”.
  Ward recuerda: “Shirley y Nina pasaron ambas mucho tiempo documentándose sobre las mujeres reales. Fue increíble trabajar con Nina y Shirley, son ambas unos verdaderos pesos pesados y tuvimos mucha suerte de contar con ellas para esos papeles”.
  La llegada de las dos mujeres a Londres es cuando, según Baird, “la cosa empieza a caldearse. Surgen ciertos temas del pasado. Son el catalizador de la discusión que lleva a la ruptura”.

CONVERTIRSE EN EL GORDO Y EL FLACO...
   La transformación física de Coogan y Reilly fue supervisada por el responsable de maquillaje Jeremy Woodhead y por Mark Coulier, el diseñador de protéticos de gran talento que ganó sendos Óscar por “El Gran Hotel Budapest” y “La dama de hierro”.
  “Mark Coulier es un verdadero genio”, afirma la productora Faye Ward. “La cantidad de trabajo que hizo falta para perfeccionar el aspecto de los dos protagonistas fue increíble y contar con un talento como el de Mark, colaborando con Jeremy, lleva todo el proceso a un nuevo nivel”.
  Después de mucha experimentación, el equipo tomó la decisión de reducir la cantidad de maquillaje y optar por un enfoque de “menos es más”.
“Tienes que tener mucho cuidado para que el espectador no se dedique a pensar: ‘¡Qué maquillaje más increíble!’”, explica Coogan. “Tienen que perderse en la interpretación, en la historia, así que no queríamos nada que pudiera distraer demasiado”.
  “No es una figura de cera”, comenta Woodhead sobre el prostético. “Tienes que diseñarlo de modo que se puedan mover, hablar, interpretar y hacer todas esas cosas. No es una copia perfecta, pero es lo máximo que nos podemos aproximar, a la vez que permitimos a los actores hacer su trabajo”.
  Al final, Coogan optó por una dentadura y barbilla postizas, y puntas hechas a medida para hacer que sus orejas sobresalieran más. Curiosamente, Coogan tiene ojos marrones y necesitaba que fueran azules, mientras que Reilly tiene ojos azules y los necesitaba marrones, por lo que ambos actores tuvieron que llevar lentillas de colores. Para el pelo de Stan, erizado de una forma bastante extravagante en pantalla, Woodhead se mantuvo firme en su filosofía de vuelta a lo básico.
  “Steve utiliza su propio pelo, pero está teñido para que coincida con el de Stan Laurel”, comenta. “Stan era en realidad pelirrojo. Nos planteamos teñirlo de rojo, pero distrae demasiado, se convierte en una sorpresa que su pelo sea de ese color. En el ocaso de su vida, se estaba tiñendo el pelo de todos modos”.
  Para convertirse en Ollie, Reilly tuvo que aguantar cuatro horas en la silla de maquillaje. En la década de los 50, Hardy pesaba ya cerca de 180 kg, pero el equipo tomó la decisión de no llegar a ese peso. Coulier y Woodhead probaron cuatro trajes de gordo diferentes, hechos de espuma reticulada. Para conseguir el aspecto adecuado, el equipo se inspiró en la propia vida de Hardy.
  Ward explica: “Trabajamos mucho tiempo con John C Reilly para conseguir el aspecto adecuado, llegó e hicimos cientos de sesiones diferentes y creamos su traje de muchas formas distintas. Y naturalmente hay una gran cantidad de aspectos prácticos en lo referente a los prostéticos, porque no solo tienes que parecerte al personaje, sino que tienes que ser capaz de actuar con todo ello encima, se tiene que poder sentir la magia de John C Reilly a través del traje, pero que se perciba como si fuera Hardy”.
  “El apodo de Oliver Hardy era ‘bebé’, porque tenía la forma y las proporciones de un bebé enorme”, aporta Reilly. “Empecé a enviar fotos de bebés a Guy y a Mark y todo empezó a encajar”.
  Reilly tenía distintos trajes para las diferentes etapas de la vida de Hardy, de los que el de 1937 era más firme y controlado. Aunque la espuma reticulada es muy ligera, seguía conservando el calor, así que conectaban a Reilly a una máquina de hielo entre una toma y otra. Todo el proceso ayudó a Reilly a aumentar su confianza para interpretar al personaje.
  “Solo quedaban expuestas mi cara y las palmas de mis manos”, cuenta. “El resto estaba cubierto de prostéticos o el traje de gordo. Así que en cierto modo era como llevar una máscara en todo el cuerpo. La máscara resultaba tan convincente que me hizo creer exteriormente que podía interpretar al personaje”.
  Shirley Henderson recuerda la primera vez que vio a Coogan y a Reilly con todo el vestuario y el maquillaje: “Fue sencillamente alucinante. Los vi por primera vez en la canción de ‘Blue Ridge Mountains’, ya sabes, cuando le golpea en la cabeza con un martillo y todo eso. Nina y yo estábamos al fondo del auditorio, se suponía que nuestros personajes debían estar sentados, y luego se supone que debemos estar observando furtivamente lo que hacen. Pero nos pasamos el día ahí sentadas, viéndolos actuar, y fue... fue como si fueran Laurel y Hardy, fue fenomenal que pudieran hacer eso así. Hay evidentemente ciertos rastros en sus rostros, pero los prostéticos, la voz y el baile, era todo impecable, increíble de ver”.
  Jon Baird recuerda la primera vez que los vio: “Se hizo un silencio absoluto”, aporta. “Pensé que algo iba mal. Pero no. La gente estaba simplemente pasmada de cómo habían quedado”. Nina Arianda pudo echarle un primer vistazo a la pareja cuando filmaban una escena en la que Ida los ve actuar. “Por un momento, se me olvidó dónde estaba”, se maravilla. “Me sentí como si estuviera viendo a Laurel y Hardy. En esa habitación, no podría decirte lo mágico que resultó. Ese día, se me olvidó por completo lo que estaba haciendo”.

EL DISEÑO DE EL GORDO Y EL FLACO...
  La historia de EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE) no solo cubre dos épocas distintas, sino también dos mundos completamente diferentes: el glamour del Hollywood de los años 30 y el pesimismo algo sombrío de la Gran Bretaña de los años 50. Para el diseñador de producción ganador del premio BAFTA JP Kelly fue un reto emocionante dar vida a estos dos entornos tan contrapuestos visualmente.
  “Hay toda una gama de colores de la grandeza del Hollywood de los años 30 a la oscura humedad y el frío de un día de lluvia en Newcastle, o a Londres en todo su esplendor de la recuperación de la posguerra. Luego está la simplicidad de llegar a Irlanda, que es como un abrazo en grupo para la película al final. Cada uno de esos entornos necesita tener una cualidad distinta, esas eran realmente las instrucciones de diseño que teníamos sobre cómo mantener un equilibrio entre todos esos ambientes distintos y cómo mostrar el avance en su viaje, y contrastarlo por supuesto con los años 30 y el estilo de vida hollywoodiense que llevaban, que era brillante y soleado, todo lo contrario de un día de lluvia en Scunthorpe”.
  Para crear los exteriores de los estudios de Hal Roach en todo su apogeo, el equipo responsable del proyecto sabía que no había más que un lugar en Gran Bretaña que pudiera encajar: los estudios Pinewood. El equipo se documentó sobre las películas que se estaban haciendo en esa época en los estudios Roach —la franquicia infantil de La Pandilla— y les incorporó centuriones romanos y faraones egipcios, para ir añadiendo vaqueros y chicas de salón del Oeste a medida que Laurel y Hardy se acercan al plató de “Laurel y Hardy en el Oeste”.
  La responsable supervisora de localizaciones Camilla Stephenson sabía que encontrar un hueco en Pinewood para montar esa compleja escena con un bullicioso estudio de cine no sería nada fácil.
  “Tuvimos que venir un domingo, porque teníamos literalmente tropas de asalto de Star Wars yendo de un lado para otro”, recuerda riendo. “Aun así, todavía tuvimos que cambiar muchas cosas para que Pinewood nos sirviera. Muchos otros rodajes nos ayudaron escondiendo su material. Les pedimos a ‘Jurassic World’ si no les importaba mover un contenedor y nos dijeron: ‘No es un contenedor, ¡es una jaula de velociraptor!’”.
  Kelly continúa explicando sobre los retos que conllevaba la secuencia: “Queríamos crear un mundo que mostrara el éxito de Laurel y Hardy, pero también el entusiasmo y el contraste con el mundo en el que acabamos la mayor parte de la película, que es Inglaterra. Los estudios Pinewood tienen muy poco que ver con Hollywood, pero se construyeron alrededor de la misma época, así que arquitectónicamente muchos de los edificios pueden pasar más o menos por estudios de Hollywood. Luego creamos ampliaciones del set al final de las calles para que se pudieran ver a lo lejos las colinas de Hollywood y cosas así. Y entonces los personajes llegan al plató de ‘Laurel y Hardy en el Oeste’, que se encontraba en Twickenham, donde recreamos minuciosamente la escena de ‘Laurel y Hardy en el Oeste’ en la que llegan al salón del Oeste y hacen su famoso baile. Fue un set muy divertido de crear. Había dos aspectos a tener en cuenta, la verdad: un bar en el que tendremos a los hermanos Avalon sentados fuera cantando y luego, sorprendentemente para la época, de lo que la mayor parte de la gente no se habrá dado cuenta cuando ven la película, es que la escena de ‘Laurel y Hardy en el Oeste’ en la que están bailando se filmó con una retroproyección. Y si te fijas detenidamente, puede verse sin duda una línea entre el contorno de los dos y la proyección que tienen detrás”.
  Lo emocionante de ese fondo era que el equipo logró localizar exactamente el mismo que se utilizó en el rodaje original. El investigador James Hunt localizó el archivo original en el que se guardaba material de Laurel y Hardy y lo pusieron en contacto con Jeff Goodman, que trabaja en la Biblioteca de Productores. Jeff nos ayudó mucho, y resultó que había sido el archivista que se había encargado de guardar el material tantos años antes. Sabía exactamente qué estábamos buscando y nos envió dos piezas del fondo original para asegurarnos de que nos sirviera.
  Para los interiores del estudio, una sala de personal del grandioso Eltham Palace de Greenwich hizo las veces del camerino de Stan y Ollie, mientras que el set de “Laurel y Hardy en el Oeste” se recreó minuciosamente en los estudios Twickenham, incluida hasta la mula. “Fue difícil, porque queríamos que fuera preciso al milímetro”, explica Baird. “Si te alejas lo suficiente y las reproduces las dos a la vez, te costaría saber cuál es cuál, que es precisamente lo que buscábamos”. También en Twickenham, el equipo creó un set para una secuencia fantástica que mostraba la comedia de Robin Hood que Stan y Ollie no llegaron a hacer nunca, “Rob ‘Em Good”.
  “Recreamos a propósito un bosque de Sherwood de aspecto extraño, en consonancia con el de Laurel y Hardy”, comenta riendo Kelly. “Lo atravesaba un río y tenía mucha vegetación, todo completamente inapropiado para un bosque de las Midlands. En cuanto pones a actores con vestuario de Robin Hood en medio de todo eso, parece que te encuentres en mitad de una epopeya en Technicolor. Tuvo gracia. Construimos un montón de sets maravillosos y minuciosos, pero ese fue el que más entusiasmó a todo el mundo. Sirvió para despertar en la gente el gusanillo de Laurel y Hardy”.
  Cuando la acción pasa a Gran Bretaña, EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE) se convierte en una película de carretera con las leyendas estadounidenses viajando a lo largo y ancho del país. De igual modo, Kelly y Stephenson recorrieron Gran Bretaña en busca de teatros adecuados para la época en la que se ambienta la película y que encajaran con las necesidades de la historia. Entre los teatros utilizados figuran el Old Rep de Birmingham, el Fortune Theatre de Londres, el edificio del Hackney Empire, que hizo las veces del Liceo, escenario de la triunfal actuación de Laurel y Hardy en Londres. A medida que la pareja avanzaba por el país, se encontró con una pauta similar.
  “Llegábamos a un teatro y decían: ‘Laurel y Hardy actuaron aquí, incluso tenemos un cartel’”, comenta Stephenson. “Y efectivamente los tenían por todos esos teatros”.
  La Gran Bretaña por la que salen de gira Laurel y Hardy es un ambiente de pensiones venidas a menos y piscinas baratas pero alegres. Kelly quería resaltar el contraste entre las dos leyendas de Hollywood en medio de la austeridad de la posguerra, sobre todo en el Norte de Inglaterra. Pero el equipo se cuidó mucho de no meterse demasiado en el terreno tradicional del cine británico.
  “Hay ciertas expectativas en el cine británico, que tiene que verse mugriento, que el ritmo sea algo más lento y que tenga que resultar real”, comenta Baird. “Tenía que ser fiel a los años 50, pero el tono tenía que encajar con todo el resto de la película. No nos hemos excedido diseñando nada. Las cosas están un poco desgastadas, pero sin que parezca algo sacado del realismo social. Queríamos que pareciera Gran Bretaña, pero que a la vez no se alejara demasiado del tono del resto de la película”.
  Cuando la historia llega a Londres, buena parte de la trama se desarrolla en el hotel Savoy. El equipo de rodaje utilizó los exteriores del hotel, pero recreó el vestíbulo y el restaurante en Park Lane y las habitaciones en los estudios West London. Aunque no fuera del todo históricamente preciso, Kelly trasladó los diseños art déco de Park Lane a los interiores, para darles un toque de opulencia que transmitiera la idea de que Laurel y Hardy estaban en auge.
  “Lo que en los 50 resultaba espléndido hoy día ya no lo es tanto”, asegura Kelly. “En realidad, las habitaciones del Savoy eran modestas comparadas con las actuales. Hay que mantener un equilibrio entre la precisión histórica y las expectativas de los espectadores modernos sobre el aspecto y el ambiente que debe tener un gran hotel. En última instancia, nos dedicamos a contar historias y esa tiene que ser la consideración más importante”.
  Faye Ward recuerda: “Uno de los días más memorables fue cuando recreamos Cobh Harbor, en Irlanda. No podíamos ir al auténtico Cobh Harbor, así que hicimos trampas y lo recreamos en el puerto de Bristol, lo que fue fantástico. Era un día soleado y contamos con un increíble barco antiguo y unos 350 extras, todos vestidos con texturas irlandesas, junto con reproducciones de pancartas reales, y recreamos esa maravillosa llegada. La iglesia irlandesa de Cobh Harbor tocó el vals del cuco a base de campanadas por su llegada, lo que fue verdaderamente estupendo. Y era su viaje de Inglaterra a Irlanda, en el último momento de su gira. Fue un día muy especial, y JP y Guy hicieron un trabajo ejemplar, fue un día verdaderamente único y seguro que eso se podrá apreciar en la película”.
  Al diseñador irlandés Kelly también le caló ese momento en el que Laurel y Hardy reciben una bienvenida tan cálida en Irlanda: “Mi tío los había visto en Dublín en los años 50. Siempre he conocido esa historia. Ahora tiene más de 90 años y está encantado con eso”.
  ‘Encantado’ es un adjetivo que sale mucho a colación al hablar de EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE). Para Jeff Pope, es la esencia de “Laurel y Hardy en el Oeste”, la sencilla escena de dos hombres bailando por pura alegría, lo que inspiró el proyecto. “Te quedas ahí sentado y te ríes con lo mucho que les gusta estar juntos y cómo pueden disfrutar de cosas tan sencillas. Creo que por eso los siguen adorando tanto. Podemos verlos y pensar: ‘¿Sabes qué? No hace falta tanto para ser feliz’. Ahora complicamos demasiado las cosas. Si te fijas en ellos, son felices fácilmente”.

  Esa brillante inocencia es con lo que conecta Faye Ward. Para ella, es una de las razones por las que EL GORDO Y EL FLACO (STAN & OLLIE), un filme sobre leyendas de la edad dorada de Hollywood, es una película para la actualidad. “Nos encontramos en un momento y lugar en el que a la gente le asusta mucho la vida”, señala. “Ver sus números resulta reconfortante. Hay una pura alegría, una inocencia a lo que aportan que creo que es estupenda y divertida para los espectadores actuales. La mitad de los espectadores lloran y luego se ríen, porque es increíblemente inteligente y al mismo tiempo sencillo. Resulta encantador y la verdad es que creo que ahora mismo nos hace mucha falta un poco de eso”.

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