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NIEGALO SIEMPRE
INFORMACIÓN
Titulo original: N’avoue Jamais
Año Producción: 2024
Nacionalidad: Francia
Duración: 80 Minutos
Calificación: No recomendad para menores de años
Género: Drama
Director: Ivan Calbérac
Guión: Ivan Calbérac
Fotografía:
Música: Laurent Aknin
FECHA DE ESTRENO
España: 9 Agosto 2024
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Karma Films


SINOPSIS

Después de 50 años de matrimonio, François Marsault, un general retirado, sigue perdidamente enamorado de su mujer Annie. Pero cuando un día descubre que ella le engañó hace 40 años con otro hombre, le hierve la sangre. Para limpiar su honor, François cree que sólo hay una solución: divorciarse y encontrar a Boris, el ex amante de Annie, para romperle la cara. Pero a sus 73 años, el asunto no es tan sencillo...

INTÉRPRETES

THIERRY LHERMITTE, ANDRÉ DUSSOLLIER, SABINE AZÉMA, SÉBASTIEN CHASSAGNE, JOSÉPHINE DE MEAUX, MICHEL BOUJENAH, GAËL GIRAUDEAU, CÉLINE ESPERIN

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ENTREVISTA AL DIRECTOR...
¿De dónde surgió la idea de esta película? Parece casi una historia real…
Es verdad, el origen es una historia real. Todo empezó con un artículo de prensa... Hace unos años, en Italia, un siciliano de 92 años descubrió, en su ático, cartas de amor dirigidas a su esposa, con más de 70 años de antigüedad, pero en una época en la que este hombre ya estaba casado con ella. No logró perdonarla y pidió y obtuvo el divorcio, lo que lo convirtió en el divorciado más viejo de Italia y despertó el interés de la prensa nacional. Esta historia me resultó graciosa y conmovedora. Representar a un personaje de 90 años me parecía difícil, así que empecé por rejuvenecer al personaje principal.

¿Por qué hiciste de tu héroe un militar?...
Es una idea que me vino intuitivamente, hace creíble la postura radical que el protagonista va a tener tras el adulterio de su esposa, y justifica su rigidez mental. El universo militar, que no transige ni con la falta de respeto a la tradición ni con el incumplimiento a palabra dada, me pareció completamente adecuado. Este tipo de perfil, para un guionista de comedias, puede ser muy inspirador, especialmente si, al igual que François (el personaje principal) al comienzo de la película, no son totalmente conscientes de sus defectos y obsesiones. Además, permite una comprensión rápida por parte del espectador, se captan los códigos de inmediato. Luego, es trabajo del director matizar, componer un personaje particular, único.

¿Es por su poder para desencadenar cataclismos que los personajes “frágiles” abundan en tus comedias?...
En efecto, y precisamente por la razón que sugieres. Es interesante notar que François parece “fuerte” al comienzo del relato, pero como dice Annie en la película, es mucho más frágil de lo que parece. Pero me gustan los personajes que tienen obsesiones, rigideces, como Henri (interpretado por Claude Brasseur) en “El señor Henri comparte piso”, o el padre en “Venecia no está en Italia” (interpretado por Benoit Poelvoorde). En la vida, tengo una debilidad por los perdidos y los inadaptados. Las personas fuera de lugar me tocan mucho.

Volvamos a François. Hiciste de este inflexible militar un hombre muy enamorado de su esposa, Annie...
Quise escribir sobre todo una historia de amor. El adulterio de su esposa no constituye solo una afrenta para François, sino, sobre todo, un verdadero trauma amoroso, una herida en el corazón. Lo que, a pesar de su rigidez, lo hace conmovedor e interesante. Todo el mundo ha vivido una herida de amor en algún momento. Todo el mundo ha sentido celos. Lo que es notable en él, es su manera extrema de vivir estos celos, como una lupa reveladora de los nuestros, como si se permitiera lo que la mayoría de nosotros no hemos atrevido a hacer: vengarnos a toda costa. Detrás de la comedia, “NIÉGALO SIEMPRE” subyace además una pregunta: ¿tiene el tiempo el poder de cicatrizar las heridas y cambiar la percepción de una situación? Para la justicia, que ha marcado los plazos de prescripción, la respuesta parece ser “sí”. Para Annie, que no deja de repetirle a su esposo que una aventura de hace 40 años ni siquiera merece ser mencionada, también es “sí”. Pero para François, es un gran “NO”. Para él, el tiempo no cambia nada. La prescripción es una noción que no le dice nada en absoluto. Una falta sigue siendo una falta. No hay ni ablandamiento ni olvido y, por lo tanto, no hay perdón posible a priori. La ironía de la historia es que cuanto más intenta vengarse, más se empantana y vive pesadilla tras pesadilla. Su obstinación, lo llevará exactamente a lo contrario que pretendía… devolver a su esposa a los brazos de su antiguo amante.

La comicidad también surge del hecho de que juegas mucho con las oposiciones y los contrarios. El ejemplo más divertido es el de la pareja François/Annie…
Es conocido el poder cómico de los dúos con perfiles opuestos. François es un ser serio, riguroso y apegado a sus principios, así que le imaginé una esposa moderna, tolerante, fantasiosa y romántica. Annie sueña despierta leyendo “Madame Bovary” y toca el piano para expresar su temperamento artístico. Eso no les impide formar una pareja unida y feliz. Porque François también puede ser sensible, reescribe las palabras de “La Marsellesa” para el cumpleaños de su esposa y le declara su amor en esa celebración. La intención es conmovedora, el resultado, necesariamente torpe. En cuanto a Boris, el antiguo pretendiente de Annie por quien se desatará el drama, también prové con el juego de los contrarios… en oposición a François, mantiene una postura desenfadada, seductora y a la búsqueda del placer inmediato.

Has creado para Annie y François tres hijos, ninguno de los cuales se parece al resto. ¿Porqué?...
La historia original solo contaba la relación de una pareja, pero yo quise ampliarlo al marco de una familia. Soy un apasionado de la psicogenealogía, de la transmisión, de lo que heredamos de nuestros mayores, de la historia familiar, de los patrones de vida que se repiten, son temas que me interesan profundamente. ¿Hasta qué punto, a veces sin ser conscientes, reproducimos un modelo parental o familiar? ¿Hasta qué punto es posible liberarse de su influencia? Son preguntas abiertas, sin respuesta definitiva, que a veces rigen nuestras existencias. Entre los hermanos, el mayor, al ingresar en el ejército, siguió los pasos de su padre, y los dos menores se distanciaron de ese modelo, cuestionándolo. François quiere a los tres, pero no los conoce lo suficiente, porque se ha dedicado a su carrera y no ha profundizado en la relación con ellos. Esta historia lo obligará a abrir los ojos y ver lo que no quería ver.

También roza, por momentos, el thriller…
En efecto, cuando François decide declarar la guerra a su antiguo rival, Boris, recupera sus reflejos de militar. Desenvaina sus binoculares para localizarlo y busca una pala enorme para intentar dejarlo KO. Para estas secuencias de investigaciones a la antigua, tan desfasadas como las de Agatha Christie, tuve que revisar los códigos del thriller, evidentemente para divertirme.

Hablemos del elenco... ¿Por qué le pediste a André Dussollier que interpretara a tu François Marsault?...
No veía mejor elección. André es la elegancia, el talento, la malicia, un encanto irresistible, uno de los más grandes actores franceses. Hacía mucho tiempo que quería trabajar con él. Pensé que interpretar a un militar retirado desesperadamente aferrado a sus principios lo divertiría, y así fue. Su curiosidad se mantiene intacta y su sentido del humor no ha envejecido. Trabaja muchísimo sus roles: no trata de apoyarse en su experiencia. En el set, es insaciable. Siempre quiere rehacer una toma, intentar mejorar su actuación. Con él, el rodaje fue una convivencia inolvidable.

¿Pensaste de inmediato en darle a Sabine Azéma el papel de su esposa?...
Ella también es una gran actriz, y sabíamos que soñaban con volver a trabajar juntos. Fue muy emotivo reunir a estos dos actores que han tenido una carrera tan larga y se conocen desde hace tanto tiempo. Era la ocasión de un reencuentro magnífico. André me confesó que hacía ensayar sus escenas a Sabine en una buhardilla, cuando ella se preparaba para entrar el Conservatorio de Arte Dramático. Ella tenía 18 años y él apenas 21... No sabían aún que habría un Resnais, Chatilliez, Jaoui, Bacri y muchos otros... Como se conocen a la perfección, su complicidad en el set fue inmediata. Hay muchas “escenas de matrimonio” en la película. Verlos actuar juntos fue un privilegio, una felicidad indescriptible.

¿Por qué le propusiste a Thierry Lhermitte el papel de Boris?...
Buscaba un rival peligroso, y para eso, debía ser interpretado por un hombre con un encanto innato, un tipo al que los años no le han hecho perder su esplendor... Ni su seducción ni su fuerza física, ya que lo convertí en un nadador y en un profesor de kárate. Thierry Lhermitte, con su pequeño aire de Popeye (su personaje en “Les Bronzés font du ski”) me pareció una opción perfecta. Y asistí a un verdadero encuentro, el de un actor con un personaje. Hacía tiempo que no veía a Thierry tan conmovedor sin perder su increíble sentido de la comedia.

Todo tu elenco merece cinco estrellas...
Tuve la suerte, de tener a los actores que soñaba para cada papel disponibles en las fechas de rodaje y seducidos por el proyecto. Joséphine de Meaux, en particular, que para mí es una de las actrices francesas más talentosas en comedia, capaz de proyectar dulzura, humanidad, sin perder su energía y su formidable capacidad de hacer reír cuando “explota”. Ella aceptó de inmediato interpretar a Capucine, la hija de Annie y François. Sébastien Chassagne, cuya flema, poesía, sentido del humor y del tempo adoro, me parecía ideal para el hermano menor. Para interpretar a Amaury, el mayor, que está del lado de su padre y se desespera por satisfacerlo, contraté, después de una audición, a Gaël Giraudeau, el hermano mayor de Sara. Es un actor poderoso, pero que sabe mostrar su vulnerabilidad.

Tus personajes secundarios también son divertidos…
Aunque no llevan el peso de la trama y solo intervienen de vez en cuando, son fundamentales, especialmente en una comedia. Son como en una receta de cocina, el condimento del plato principal, indispensables para el éxito del conjunto. Me divertí proponiendo el papel del amigo abogado de André a Michel Boujenah. Michel es un actor prodigioso. Puede interpretar cualquier cosa. Su trayectoria es increíble. André estaba encantado de que aceptara el papel. Ambos se conocieron en “Tres hombres y un biberón”, la comedia de culto de Coline Serreau. Aunque se hicieron muy amigos, nunca habían tenido la oportunidad de volver a actuar juntos. No hace falta decir lo bonito que fue su reencuentro en el set, 40 años después. Las escenas de Michel y André son de mis favoritas en la película: están llenas de pura emoción. También quisiera mencionar a Eva Rami, quien interpreta a Mika, la novia de Joséphine, una joven actriz que descubrí en el teatro con sus maravillosos monólogos, y que seguramente dará mucho de qué hablar.

“NIÉGALO SIEMPRE” es tu séptimo largometraje, pero a diferencia de tus tres últimas películas, no es una adaptación de otra de tus obras (obra de teatro o novela). ¿Qué cambios implica para ti?...
Cuando adapto mis obras para el cine la tentación de intentar recrear los efectos que funcionaron en el teatro es grande. Es un ejercicio que adoro, aunque a veces es arriesgado, pues son dos universos bastante diferentes. Aquí, tuve que construir mi historia desde páginas en blanco. Sin esa ayuda que tengo cuando adapto mis obras, con el recuerdo de la voz de los actores y el impacto de las réplicas. Pero me gustó ser libre. Mi recompensa llegó cuando, en el set, escuché mis diálogos por primera vez, con un oído virgen.

Los diálogos precisamente es uno de tus puntos fuertes. Una vez más, los has clavado. En la pantalla, el placer de los actores al interpretarlos es casi palpable…
Quizás porque en Francia tenemos una larga tradición de dialoguistas: antes, Jeanson, Prévert, Audiard, Boudard, Dabadie, Bacri... y hoy, Jaoui, Salvadori, Klapisch... Adoro los diálogos como autor pero también como espectador. Me proporcionan un placer inmediato. Son una de mis pasiones. Intento escribirlos con las palabras más justas y contundentes y también intento declinarlos en tonalidades variadas, el humor, el burlesco, la ternura, la asfixia... A veces una palabra tiene gracia, y un sinónimo no la tiene. Es como la música. Se trata de medio tono y medio tiempo.

Los diálogos parecen siempre tan adaptados a los actores que los interpretan, que uno pensaría que los has escrito a medida...
Desafortunadamente, no siempre es posible. Escribí el primer borrador de “NIÉGALO SIEMPRE” sin pensar en el reparto. Pero una vez reunidos los actores propuestos, lo re-adapté todo para cada uno de ellos. Nos vimos para leerlos juntos y pulirlos, y a veces, los reescribía en el set.

¿Estás de acuerdo si te dicen que la calidad de los diálogos confieren intemporalidad a las películas?...
Sin duda, y si se refiere a los míos, estaría muy feliz. Espero que también les aporten poesía y elegancia. Me esfuerzo por no caer ni en la vulgaridad ni en el efectismo. Si a veces trabajo en frases recurrentes, no es para usarlas como muletillas desubicadas. Cada vez que los personajes las pronuncian, deben pensarlas, sentirlas plenamente. En “NIÉGALO SIEMPRE”, una frase de este tipo es: “tú te metes en problemas, Annie”. Se repite varias veces, pero cada vez que André Dussolier la pronuncia con la seriedad de su personaje, aporta una emoción o una risa diferente. Incluso consideramos en un momento utilizarla como el título de la película.

Filmaste en el Mediterráneo. ¿Es porque te gusta la luminosidad de esta región?...
Cuando se rueda en otoño, como fue el caso, una película donde los exteriores son importantes, es mejor instalarse en regiones donde el clima generalmente es favorable. Pero para esta película, esa no era la razón principal. Quería hacer una película soleada, una comedia que respirara despreocupación y alegría y en la que uno quisiera vivir. Quería ofrecer a los espectadores una hora y media de evasión, ligereza y picardía. Y también quería ser fiel a la Italia mediterránea donde ocurrió el hecho original del guion. Niza se convirtió en un personaje de la película. Con sus fachadas multicolores, la ciudad tiene un aire casi irreal... Y la comedia es una deformación asumida de la realidad.

La música siempre ha tenido mucha importancia en tus películas. En esta, especialmente...
La música da el tono, el color de la película, un mensaje emocional inmediato, más allá de las palabras. La música, a la vez animada y romántica al comienzo de “NIÉGALO SIEMPRE” es la apertura ideal: anuncia la tonalidad de mi historia y describe el universo del protagonista... Clásico, pero a punto de tambalearse... En cuanto a la canción de Brigitte Bardot, “Ciel de lit” con sus ingenuas letras... “Tengo un amante para el día y un marido para la noche... Tengo un amante para el amor y un marido para la vida...”, es un resumen tan perfecto de la trama que era impensable que no estuviera. La hago escuchar a todo volumen por Sabine Azéma en la radio del coche conducido por su marido... con una expresión abatida. También está la magnífica canción de Bécaud, “Je reviens te chercher” a la que la historia da un doble sentido... ¿Quién vuelve a buscar a quién?

Aunque hayas incluido romance, emoción y profundidad, “NIÉGALO SIEMPRE” es una comedia traviesa y ligera que refleja el placer que tuviste al rodarla. ¿Quisiste enviar un mensaje?...
No, mi película no pretende enviar mensajes. Quiere ser un momento de puro placer, de risa, también de emoción. Es la historia, espero divertida y conmovedora, de un hombre que se va humanizando, flexibilizando, dejando de idealizar la violencia que él mismo ha sufrido. Vivimos en un mundo tan desesperante que uno de los roles de los artistas puede ser producir obras que devuelvan la esperanza y reconcilien un poco con la naturaleza humana, a veces tan sombría y compleja. Quiero contribuir a esa idea. Si creé “NIÉGALO SIEMPRE” con formato de comedia, es porque pensé que, además del placer que los espectadores tendrán al verla, la historia podría tener en ellos un suave efecto catártico, y susurrarles el deseo, al igual que su protagonista, de explorar en ellos mismos y abrirse un poco a los demás.


ENTREVISTA A ANDRÉ DUSSOLLIER...
Cuando Ivan Calbérac, con quien nunca habías trabajado, te propuso este proyecto, ¿cuál fue tu reacción?...
Nunca había trabajado con Ivan, pero ya nos conocíamos y nos llevábamos bien. Cuando me llamó para un papel en “NIÉGALO SIEMPRE”, lo acepté con mucho gusto. Su guion me pareció muy moderno en el retrato que hace de una familia actual, unida, pero llena de disonancias, diferencias. Además trata de los celos, un sentimiento que prácticamente ha desaparecido de las pantallas y, en parte, de la sociedad, debido a los avances en la libertad individual que han hecho que hoy en día, nadie pertenezca a nadie. La idea brillante de Ivan fue poner este sentimiento en el centro de una comedia. En el fondo, “NIÉGALO SIEMPRE” es la historia de un hombre que tiene los tics de otra época y al que los celos le harán chocar con el mundo actual.

Ese hombre es François, tu personaje...
Sí, un militar retirado, maniático, seguro en su relación de pareja, que en un primer momento, se desmorona al enterarse de que su esposa lo engañó hace 40 años, que en un segundo momento, se lanza al asalto de su antiguo rival y en un tercero, perdona. Este François primero me hizo reír, y luego me interesó y conmovió, porque Ivan lo hace evolucionar y humanizarse.

La esposa de tu personaje está interpretada por Sabine Azéma, que no es una desconocida para ti…
A Sabine y a mi nos han casado en la pantalla al menos diez veces... Siempre habíamos interpretado parejas enamoradas, pero aquí, teníamos que enfrentarnos. ¡Por primera vez!. En el cartel de la película, ambos estamos sentados en sillones, con gafas de sol y de mal humor. En el set, nos divertimos mucho discutiendo. Por mucho que nos conozcamos el placer de sorprendernos mutuamente no disminuye. Creo que no dejamos de descubrirnos.

Tuviste otro bonito reencuentro en esta película, con Michel Boujenah…
Puede parecer increíble, pero desde “Tres hombres y un biberón”, filmado en 1985, nadie había tenido la idea de hacernos actuar juntos de nuevo. Es una pena. Conozco bien a Michel. Al principio de nuestras carreras, en los años 70, vivíamos en el mismo edificio. Aunque veníamos de dos mundos diferentes, él del Mediterráneo y yo de la montaña, nos hicimos amigos. Es sobre todo el humor lo que nos unió. Como ahora vive en el sur de Francia, nos vemos menos. Pero la amistad que nos tenemos ha permanecido intacta. Reencontrarnos ha sido fantástico. En el set, cada uno en nuestro papel, nos divertimos haciéndonos bromas.

Con Thierry Lhermitte, que interpreta a tu rival, también ha sido un reencuentro…
Conocía menos a Thierry. Pero siempre he sido un gran admirador de su trabajo, elegante y distante, y también de su manera de mantenerse imperturbable en todas las situaciones. Trabajar con Thierry es muy placentero. Cuando actúa, tiene el ojo chispeante y el humor a flor de piel.

¿Cómo es ser dirigido por Ivan Calbérac?...
Es a la vez un director de actores muy preciso y un “jugador”: le gusta que probemos distintas interpretaciones, ya sea iniciativa nuestra o que él nos las sugiera. Para mí, que me gusta proponer y volver a empezar para intentar otras cosas, eso me venía muy bien. Ser dirigido por él es muy divertido. Sus diálogos parecen siempre hechos a medida para cada uno de los intérpretes. También tiene mucho talento para los repartos.

Cuando te vemos en la pantalla o en un escenario de teatro, parece que tu entusiasmo por la actuación sigue intacto…
Lo que me dices me gusta, porque es cierto, he conservado un gusto enorme por la actuación. Pero como muchos otros actores, como Sabine, Thierry y Michel. Es lo que nos permite seguir sorprendiéndonos, aunque nos conocemos bien. Siempre volvemos a la metáfora de los niños que, en un arenero, nunca se cansan de construir y reconstruir castillos.

¿Qué te decide a elegir un proyecto en lugar de otro?...
Es un todo. La calidad y originalidad del guion, el personaje que me proponen y, por supuesto, el director. “NIÉGALO SIEMPRE”, era además una comedia. No había rodado una en mucho tiempo.

¿Cómo recibiste la película?...
Cuando ves una película por primera vez, siempre es difícil tener un juicio objetivo. Tienes tendencia a concentrarte en lo que has hecho y criticarte. Pero en una proyección reciente, me alegró escuchar reír al público y sentirlo emocionado, como yo lo había estado al leer el guion de Ivan. Espero que esta película haga felices a las los espectadores por su forma divertida e ingeniosa de mostrar que incluso el hombre más rígido puede encontrar la serenidad.


ENTREVISTA A SABINE AZÉMA...
¿Qué te sedujo de este proyecto?...
Para mí siempre es una agradable sorpresa cuando un director me llama para decirme que me ha elegido para un papel. No conocía personalmente a Ivan Calbérac, pero las películas que había visto de él me gustaron mucho. Su guion me pareció moderno, actual y lleno de sorpresas. Me hizo pensar en la frase de Feydeau: “El amante es el artista del amor, el marido no es más que un burócrata”. También me atrajo la posibilidad de trabajar de nuevo con André Dussollier. Me emocionaba.

Coméntanos sobre la longevidad de tu amistad con André…
Fue Alain Resnais quien nos reunió por primera vez en “La vida es un romance”. Luego vinieron muchas otras películas. Estoy feliz de haber compartido con él un viaje tan largo. Ambos hemos vivido momentos apasionantes frente a la cámara, y hemos hecho juntos el gran salto entre la tragedia, la comedia dramática y la comedia.

En tu opinión, ¿qué funciona tan bien entre ustedes?...
La alquimia entre dos actores tiene mucho de misterio. Nuestros ritmos de actuación se complementan bien. Lo que puedo decir es que con André, tan pronto como escuchamos la palabra “motor”, pasa algo emocionante entre nosotros.

¿Te sorprendió que Ivan Calbérac eligiera a André para interpretar a un militar superrígido?...
No. Creo que André puede interpretar cualquier cosa. Me recordó a un general que conocí en Verdún durante un rodaje de Bertrand Tavernier, y que me contó que desde niño, entrar en el ejército había sido su única obsesión. Sus padres eran granjeros, pero ya de niño le pidió a su madre que le cosiera galones en sus jerséis y luego pasaba su tiempo tratando de hacer marchar a sus ovejas al paso. André estaba tan metido en su papel que me recordó a ese hombre.

¿Qué tipo de director es Ivan Calbérac?...
Es un director concentrado, rápido y entusiasta. Es como un director de orquesta y los actores seríamos los músicos.

¿Y Thierry Lhermitte?...
Me gustaría trabajar más con él. Es un hombre exquisito, curioso, libre y culto.

¿Qué esperas de las personas que vayan a ver la película?...
Es una comedia. Espero que salgan felices.

¿Cuáles son tus proyectos?...
Estoy a punto de ir a Italia para rodar una película de Paulo Franchi. Voy a tener como compañero a Léo Dussollier, el hijo de André.


ENTREVISTA A THIERRY LHERMITTE...
Nunca habías trabajado con Ivan Calbérac. Pero, ¿lo conocías?...
No lo conocía personalmente, pero aprecio mucho su trabajo. Ivan siempre dota de mucha humanidad a sus personajes y eso es formidable porque “nutre” a los actores. He visto muchas de sus cosas, incluida su última creación, “Les humains”, una obra (de culto en Broadway) del dramaturgo estadounidense Stephen Karam que adaptó para la escena francesa, con Isabelle Gélinas y Bernard Campan en los papeles principales. Una vez más, admiré la finura, la sutileza y la inteligencia de su escritura. Así que cuando me propuso el papel de Boris, acepté de inmediato.

Dice que lo escribió pensando en ti…
No me pareció evidente al principio. La primera vez que leí el guion, pensé que podría haber interpretado tanto a Boris como a François Marsault. Pero cuando empecé a trabajar en Boris, me di cuenta de que no era casualidad que me quedara como un guante. Era a medida. Me divertí mucho interpretándolo.

Es un personaje divertido este Boris…
¡Es lo que me gustó! (risas). A primera vista, es el seductor lo que se impone en él. Pero rápidamente te das cuenta de que también es un poco astuto: se acerca a Annie de manera ciertamente encantadora y respetuosa, pero también un poco... interesada. La realidad es que Boris es un hombre ordinario lleno de defectos y debilidades. Como no tiene ninguna ambición, todas las pequeñas cosas que ha intentado para hacer su vida más interesante no lo han llevado a ninguna parte. Finalmente, es un tipo que está en el límite de todo. Es un poco cobarde, un poco indeciso, un poco encantador, un poco disfrutón, un poco perezoso, un poco perdido, un poco... y aún un poco más... Me gustó que fuera así, complejo e indefinido, todo menos un “cliché”...

¿Le encontraste, como Ivan, una especie de parentesco con tu Popeye de “Los bronceados hacen ski”?...
Bajo su pequeño barniz de fanfarrón, Popeye es un tipo bastante insignificante. Tiene su momento de gloria en el contexto de un club de vacaciones, pero se sospecha que una vez que regrese a casa, volverá a su nivel de tipo ordinario. Boris comparte con él el pertenecer a esta categoría de individuos “comunes”.

“Comunes”, pero deportivos… Boris, como Popeye, practica kárate. ¿Te costó volver a practicarlo?...
No mucho (Risas). Lo practiqué durante diez años, antes de esa película y después también. Como Ivan no pedía que Boris tuviera un nivel de rendimiento extraordinario debido a su edad, al retomarlo, rápidamente alcancé el nivel necesario, sin esfuerzos excesivos… Paradójicamente, las escenas en bicicleta fueron las que más me costaron. Nunca monto en bicicleta, estaba muerto de cansancio.

Eres un actor intrépido, de los que se atreven con personajes muy diferentes, pero también eres un hombre muy pudoroso. ¿La escena del baño te planteó dificultades?...
Ninguna, porque es muy fugaz. Y encontré muy divertido que además de la reputación de conquistador tenga esta costumbre de imponer a todos los que quieren bañarse en su piscina que se desnuden. Me pareció más divertido que indecente y provocador.

¿Qué tipo de director es Ivan Calbérac?...
Es muy preciso. Hace muchas tomas, con muchos matices, un poco más así, un poco menos así, y luego se las arregla en la edición. Es muy agradable ser dirigido por él porque respeta profundamente a los actores. Cuando tengo delante de mí a un director como él, abierto a lo que propongo, soy un actor feliz.

Tienes un trayectoria ecléctica, pero parece que nunca puedes estar mucho tiempo sin hacer comedia… Tu presencia en esta película lo prueba una vez más…
Confieso tener una debilidad por la comedia. Me gusta porque su objetivo principal es entretener, e incluso hacer reír. Si además instruye o hace reflexionar, mejor, pero no es obligatorio. Algunas comedias, que no tienen otro propósito que el de divertir, son formidables. Todo lo contrario de las películas dramáticas que, sin fondo ni trasfondo, son inevitablemente aburridas.

¿Qué te aporta para tu trabajo en el cine, el hecho de seguir haciendo teatro?...
Como lo que busco, en uno y otro, es la verdad de mi personaje, no me aporta mucho. Ya sean para teatro o cine, preparo mis papeles de la misma manera: empiezo por aprenderlos de memoria, leyéndolos cada día durante un mes y medio antes del comienzo del rodaje, o de los ensayos. Eso me permite no desconcentrarme si los directores deciden no trabajar las escenas en orden cronológico.

“NIÉGALO SIEMPRE” es pura comedia. Pero más allá de que te haya divertido, ¿te conmovió?...
A menos que tengas un corazón de piedra, me parece difícil permanecer impasible ante sus personajes: todos tienen debilidades. Bajo su actitud caprichosa y burlona, Annie es una gran angustiada. Detrás de la inflexible rigidez que muestra fastidiando a toda su familia, François no logra ocultar que es un gran sentimental. En cuanto a Boris, rápidamente te das cuenta de que su desenfado es el único escudo que ha encontrado para ocultar una insoportable soledad. La benevolencia de la mirada de Ivan sobre esta micro-sociedad embarcada en una aventura loca tiene, para mí, algo conmovedor. Una ola de humanismo impregna su historia.

Si, mañana, Ivan Calbérac te llama para trabajar con él, ¿qué le dices?...
Le digo que sí con los ojos cerrados y sin ninguna duda.

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