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Titulo original: Les Bonnes Intentions
Año Producción: 2018
Nacionalidad: Francia
Duración: 100 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de años
Género: Drama, Comedia
Director: Gilles Legrand
Guión: Léonore Confino, Gilles Legrand
Fotografía: Pierre Cottereau
Música: Armand Amar
FECHAS DE ESTRENO
España: 13 Diciembre 2019
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Avalon distribución


SINOPSIS

Una mujer con cincuenta años y que realiza trabajos humanitarios se echa a la carretera junto a los alumnos a los que da clases de alfabetización...

INTÉRPRETES

LÉONORE CONFINO, ALBAN IVANOV, AGNÉS JAOUI, MICHÉLE MORETTI, NUNO ROQUE, CLAIRE SERMONNE, TIM SEYFI, PHILIPPE TORRETON

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ENTREVISTA AL DIRECTOR...
¿Cómo surgió esta obra?...
En plena búsqueda de inspiración, Frédéric Brillion, mi socio y productor de la película, y yo fuimos a ver una obra de Léonore Confino, Le Poisson belge, ya que somos muy fanáticos de la dramaturgia tan destacada que tiene esta autora. Queríamos proponerle que escribiera un guion sobre el compromiso social y humanitario, pero en el que, a veces, se ven involucradas personas con muy buena voluntad, pero sin formación o con muy poca, con no demasiados medios para solucionar muchos de los problemas tan graves de nuestra sociedad. Dicho así, ¡había mucho material para hacer una película!
Le presentamos a una amiga que daba clases de alfabetización, también le expliqué lo que me “apasiona” escuchar el francés totalmente pisoteado que hablan algunos extranjeros... y también le enseñé una comedia abandonada sobre una autoescuela. Dejamos todas esas ideas en manos de Léonore y construyó un guion, alimentado también con su propia experiencia, ya que su madre, si no me equivoco, también trabaja en ese ámbito de lo social. Total, que fue como una macedonia compuesta de experiencias muy diversas lo que nos llevó al retrato de Isabelle. Cuando leímos el primer guion de Léonore, me entraron ganas de hacer la película enseguida. Luego hubo varios puntos en los que nos tuvimos que poner de acuerdo, pero la trama inicial corresponde a Léonore.

La obra se balancea constantemente entre el drama
y la comedia...
Me encanta la idea de balancearme en esa cuerda y que podamos ir moviéndonos de un tono al otro. De eso trata también lo social. Es una obligación intentar ayudar a los demás, pero eso mismo puede ser muy divertido. Tenía ganas de una comedia agridulce y creo que teníamos el guion perfecto para ello.

¿Tuvo que hacer malabares para no caer en determinados
clichés?...
No quería hacer un drama social. Quería que nos riéramos de esas situaciones, teníamos que jugar con esos clichés y conjugar a los actores con sus personajes.
Si hubiera contratado actores más reconocidos para interpretar a esta pandilla de analfabetos, sí que habría caído en clichés vacíos. Pero seleccioné a actores menos conocidos o a personas con poca experiencia en la interpretación. Por ejemplo, Roméo Hustiac, que interpreta a Radu, es rumano y no sabe leer ni escribir de verdad, y vivía bajo de un puente en Marsella con su familia.
No quería burlarme ni cachondearme de su personaje, pero sí que quería intentar crear comedia. Así que sí, estábamos sobre un hilo muy fino. La película no perdona a nadie, ni a los que dan ni a los que reciben.
Ni a Isabelle, su familia pasiva ni a los “estudiantes”, como se dice en el sector humanitario.

Con Elke, la profesora alemana que viene de una
familia de nazis, habéis jugado muy fuerte...
Tal cual, pero ¿por qué no? La alemana es doña perfecta.
Es joven, guapa, estable, pero tiene un agujero en su familia. Es uno de los temas de la película: ¿por qué somos solidarios? ¿Elke tiene que redimirse de algo? La psicogenealogía puede revelar situaciones pasadas que se convierten en motivaciones solidarias en el presente. Le hemos querido cargar con esa profundidad imposible de soportar ni de redimir.

¿Isabelle es una heroína para usted?...

Sí, porque va contra viento y marea hasta el fin de sus convicciones. Es una heroína con sus virtudes y sus defectos. Puede ser insoportable, torpe y molesta, pero es humana y compleja. Y nunca duda. Y cuando tropieza, se levanta y pelea por sus objetivos. Eso la convierte en una heroína para mí.

¿Pensó en esta película como en un espejo para el espectador?...

No cambiaremos el mundo si ninguno de nosotros cambia a nivel personal ni se compromete en función de sus medios y sus capacidades. Creo que no hay que esperar que todo venga de la política o de nuestros dirigentes. Espero que los espectadores puedan identificarse con Isabelle, porque tiene facetas muy transversales.

La película cuestiona el altruismo puro e incondicional, ¿existe de verdad?...

La película cuestiona las necesidades o las motivaciones de ese altruismo: ¿Cuál es el motor de tu compromiso?
Yo no creo que exista el altruismo puro, creo que todos tenemos cierto sentimiento de culpa, carencias afectivas o razones más complejas que nos llevan a ser solidarios. Isabelle, al final, lo que necesita, es amor.

Eso es el denominador común con sus anteriores
películas. En Tu seras mon fils, el hijo busca la aprobación de su padre. En L’odeur de la mandarine, el esposo sufre la falta de deseo de su mujer. En esta película, a Isabelle le persigue la falta de cariño de su madre...
Me gusta hacer películas que sean diferentes entre sí, pero desde luego, hay cosas en las que caigo sin ser consciente. Yo trabajo mucho con mi instinto, no sé explicar lo que dices, pero lo que sí que es cierto es que Isabelle sufre desde siempre la falta de cariño de su madre. Es, sin duda, uno de sus motores.

Ha rodado cuatro generaciones de mujeres cuyas
relaciones siempre son un poco tóxicas. La película cuestiona un poco la transmisión...
Hay una frase en la película, que la dice Isabelle, que resuena fuerte para mí: “Una madre es alguien que da ejemplo”. Al final de la película, Zoé, la hija de Isabelle, comprende a su madre y le ayuda a madurar. Isabelle juega con esa fuerza: quiere inculcar sus valores a sus hijos y creo que lo consigue.

¿La elección de Agnès Jaoui para el papel de Isabelle
es totalmente suya?...
Agnès es la actriz ideal para ese papel. Tiene la imagen de mujer generosa, comprometida, progresista, con la capacidad de reírse un poco de sí misma. Es muy alegre. A veces tuvo problemas con diálogos más ácidos, pero tiene audacia y tablas. Además, acepta muy bien las críticas. Aprecio muchísimo lo que hizo en la película.

¿Cómo fue trabajar juntos?...

La película estaba más que escrita. No había mucho espacio para la improvisación, pero siempre me parece muy sano que los actores propongan su propia lectura del texto. A partir de ahí, se trata de afinarlo todo. Yo soy muy mío con las tonalidades, tenía algo de miedo, al principio, que el personaje fuera demasiado antipático. Estuvimos muy encima de Agnès y también durante el montaje para evitarlo, pero no fuem el caso. La película hace un retrato de una mujer, por lo que era necesario abarcar todo su abanico buscando el equilibrio exacto para que Isabelle cayera bien.

Isabelle está en movimiento constante. Su cámara,
de hecho, se mueve mucho con ella...
Sin marear mucho al espectador, quería seguirla de cerca todo el tiempo. Quería sentir su movilidad, estar cerca de su rostro. Ese fue el punto de partida, creo que nunca pusimos la cámara fija. Eso otorgó una energía a la película y al personaje de Isabelle, que no para de moverse.

Los alumnos de Isabelle forman una buena piña alrededor
de ella. ¿Cómo encontró a estos actores?...
Todos vienen de horizontes muy variados. Chantal Yam, que hace de Chuang Mu, tiene padres chinos que regentan un estanco en París. Nunca había interpretado en su vida. Pero con los ensayos adecuados, aportó un realismo mucho más certero que el de muchas actrices chinas haciendo ese papel. Y para evitar hacer una caricatura, era mejor contar con ella. GiedRé viene del mundo de la música. Ha pisado muchos escenarios, pero en la primera vez que actúa. Saliha Bala, que interpreta a Souad, pertenece a la compañía de los Fraingleses. Viene de Argelia, no ha interpretado mucho para cine y lleva poco tiempo en el mundo de la enseñanza. Esta película ha sido una experiencia nueva para ella. Nuno Roque, que hace de Tiago, es actor de espectáculo en solitario. En todo ese grupo, solo hay dos actores profesionales: Martine Schambacher, que hace de Francine Grapinot y Bass Dhem.
Incluso Claire Sermonne, que interpreta a Elke y es actriz, no es muy conocida entre el público general.
Para dar credibilidad a todos estos personajes, me parecía importante que los espectadores no pudieran identificarlos.

¿Por qué puso a una mujer francesa entre los alumnos
analfabetos?...
Porque hay muchos analfabetos en Francia, esa es la realidad. Y hay un mensaje que pasa discretamente con ella, porque ese personaje tiene muchos prejuicios políticos... Desde su ignorancia nace su comportamiento.
Y me encanta la idea de que, con el contacto con los demás, también evoluciona. La película muestra que el mestizaje hace la riqueza.
Michèle Moretti parece deleitarse en el papel de madre fría y arisca... Cuando buscábamos una actriz de 75 años para interpretar ese papel, pensamos en ella inmediatamente, porque es formidable en ese tipo de papel. Y soy incapaz de decir si es una mera interpretación.

Alban Ivanov deja entrever, una vez más, su gran
potencial humorístico...
Creo que este actor llegará lejos. Recuerda a un Jacques Villeret moderno. Su potencial artístico y humorístico es enorme, pero sobre todo su humanidad es lo mejor que tiene. Puede ser muy conmovedor. Además, es un hombre muy honesto, amable y generoso.
Alguien con quien es muy fácil trabajar.

¿Quién es Tim Seyfi, el marido de Isabelle?...

Es un actor turco que vive en Alemania, en Munich.
Ha estudiado interpretación y habla muchos idiomas, entre ellos el francés. Me costó encontrar un actor “del este” con chispa para poder interpretar el papel del marido de Isabelle. Era necesario que fuera más joven que él, como marcaba el guion, porque hay que recordar que Isabelle lo conoció cuando él era joven y ella estaba de voluntaria en Bosnia. Tim tiene mucho encanto. Su faceta a lo Sean Penn me encantó.

¿Cómo fue diseñar el apartamento de Isabelle, tan lleno de color?...
La fantasía de Isabelle se puede leer en las paredes de su piso. Tiene un lado bobo que se extiende. Es un piso muy cargado de objetos de cualquier parte del mundo. Podemos detectar su generosidad. También me encanta el contraste que hay entre el interior y el contraste clínico de la psicología de la pareja. Grabar todos esos contrastes fue lo que más me gustó de la puesta en escena.

Tiene una banda sonora que es una maravilla con la guitarra...

Le pedí a Armand Amar que compusiera una banda sonora exclusivamente con la guitarra. Tiene guitarras de cualquier tipo, acústicas, eléctricas, un laúd, una balalaika... Eso me ofrecía un sinfín de melodías contrastadas y me aportaba un aire de modernidad a la película.

¿Usted cree en el poder del cine para cambiar la mente de la gente?...

Yo creo que sí. Cuando era niño y salía de una película, los héroes se me quedaban muy marcados. Creo que funciona exactamente igual cuando uno es adulto, cuando llegamos a empatizar con personajes tan humanos.
Espero que Las buenas intenciones consiga llegar a la mente de la gente y que traiga esperanzas en el hecho de que podemos ser todos un poquito mejor. Igual que nuestra Isabelle, que, con todos sus defectos, consigue cambiar las cosas en su mundo, espero que sepa inspirarnos para que las cambiemos en el nuestro.


ENTREVISTA A AGNÉS JAOUI...
¿Qué es lo que más le inspiró de la dramaturgia de Léonore Confino y de su guion en particular?...

El personaje de Isabelle me sedujo inmediatamente, así como el tema de la película. Me gusta mucho la forma de escribir de Léonore Confino, de la que ya había interpretado teatro en Les uns sur les autres. La he seguido en sus diferentes proyectos. Hay algo que me encanta de su manera de abordar y de presentar las situaciones. Me parece que es muy honesta en su dramaturgia, no intenta gustar ni cede a las modas ni a una forma de pensar. Me recuerda un poco a la familia de Raphaële Moussafir, que escribió Du vent dans mes mollets, de Carine Tardieu en el que yo participé.
Allí ya encontramos, por ejemplo, la relación entre madre e hija, un discurso muy delicado sobre lo Femenino. Tienen en común una manera muy pura de preguntarse las cosas y de trasladarlas a los espectadores.
Léonore es muy singular, la adoro.

Algunas situaciones de Las buenas intenciones se hacen eco de Llenos de vida, su última película...

Las buenas intenciones podría ser un spin-off del personaje de Hélène de Llenos de vida. Hay mucho en común entre las dos películas. De hecho, le di el guion de Llenos de vida (cuando solo quedaban unas semanas de rodaje) a Gilles y a Léonore para no perder el foco.

El cine le captura muy bien: una conciencia política
y un sentido de compromiso, sobre todo. ¿No le asusta encasillarse en ese papel?...
En Las buenas intenciones, admito reconocer a muchos personajes que he interpretado en los últimos Años, como si buscara el mismo personaje a través de diferentes películas y era consciente de aceptar un papel que era una especie de quintaesencia. De “la burguesa comprometida”. ¿Es eso encasillarme?

¿Conocía el cine de Gilles Legrand?...

Solo he visto L’odeur de la mandarine, y me encantó.
Pero Las buenas intenciones no tiene nada que ver con su película anterior. A Gilles le encanta pasar de un universo a otro.

Las buenas intenciones se mueve entre dos fronteras
muy finas. ¿Cómo ha encontrado el equilibrio entre drama y comedia?...
Sé que a Gilles le preocupaba que Isabelle no cayera bien. Intenté ser siempre lo más sincera posible, sobre todo en su torpeza, sus nervios, sus celos. Para conseguir ese equilibrio, pensaba a menudo en toda esa gente que conozco y que tiene unas convicciones tan fuertes como las de Isabelle. Sus convicciones la moldean todo el tiempo.

Lo primero que vemos cuando conocemos a Isabelle
es a ella dejando bolsas de ropa y de medicamentos en una asociación solidaria. Mucho de lo que la caracteriza se puede vislumbrar en ese gesto: ella dona y se deshace a la vez...
Esa es la complejidad del personaje: ¿Por quién lo hace? Por eso mismo la película nos habla también de todos nosotros, porque todos vemos a menudo la pobreza, ya sea bajo de casa o en la televisión. ¿Qué se puede hacer frente a eso? ¿Cómo tener la conciencia tranquila? ¿Qué acciones podemos llevar a cabo para poder vivir en un mundo en el que se sabe a ciencia cierta toda la pobreza que existe, en una época en la que la tolerancia está en peligro? Isabelle decide agachar la cabeza mientras se compromete. Gilles, sobre esto mismo, me dijo: “Es una mujer un poco molesta que, al final del todo, tiene razón”. Y es tal cual. También hay gente como ella que evoluciona y que tampoco son tan inhumanos.

La película lanza la siguiente pregunta: ¿podemos dar sin esperar nada a cambio?...

Isabelle no es el dalai lama. Ella sí que espera algo.
Busca el amor de su madre. Ella no está en paz en una especie de estado mental de altruismo puro. Dicho esto, tampoco tengo ninguna duda de que sí que es muy altruista. Se entrega sin pensar en las consecuencias y sin calcular. Se hace eco de una de mis premisas: “Todo lo que no se da, se pierde”. Eso es lo que le salva, porque también tiene otros aspectos insoportables.

A ella se le reprocha, por ejemplo, que culpabiliza
mucho a los demás...
Entre otras cosas. Se le reprocha también que no se preocupa por su familia. Tiene más en mente preocuparse por los demás que por su gente cercana. Pero creo que en el caso de Isabelle eso es injusto. Le impacta cuando recibe esa crítica. La escena la interpreté así: no es justo, Isabelle es una madre ejemplar.

En la película, interpreta tanto a una madre, una hija y una nieta. Es una relación de lo más caótica...
Como suele ocurrir en el universo de Léonor Confino.
A Isabelle le encantaría que ese legado se mantuviera.
Está muy hundida en esa tarea de reparación. Hay una fisura muy importante con su madre y no cesa de repararla. Su abuela es muy materna con su propia nieta, pero sabe que debió ser muy dura con su madre, interpretada por Michèle Moretti. Todo este asunto de reproches que se reproducen continuamente entre generaciones es muy interesante.

¿Tenía en mente alguna mujer que le inspirara?...

Sí, la madre de un amigo y una amiga mía. Tenía en mente su certeza de estar en lo justo, de saber quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos y cómo posicionarse con respecto a eso.

¿Se documentó para las clases de alfabetización?...

Asistí a cursos de FLE (francés como lengua extranjera) para observar a los profesores y a sus alumnos.
También vi un espectáculo en la Maison des Métallos, Glottodrame (Scop Langues Plurielles) representado por alumnos. Los profesores les hicieron trabajar todas las expresiones del francés coloquial. Fue muy bonito y emocionante verlos en un escenario, con los profesores junto a ellos. Es gente que me parece admirable. También tengo muchas amigas que dan clase de FLE y otras que acogen inmigrantes en sus casas.
Me dejan sin palabras.

¿Qué opina de la apariencia y vestimenta de su personaje,
siempre bien vestida y con zapatos caros?...
La elección de la ropa es muy importante. Tanto la diseñadora de vestuario como yo no veíamos a Isabelle en zapatillas. Sus botas le pesan mientras camina.
También es importante destacar que hemos grabado a -15 grados. Hacía un frío que pelaba durante las escenas de exterior y yo soy de lo más friolera, así que tenía que estar bien tapada en la película.

¿La cuestión de la feminidad de Isabelle surgió en algún momento?...

Hay una escena un poco tierna en la cama en la película, pero se detiene casi tan rápido como empieza.
Aparte de esta secuencia, Isabelle no se muestra pasionalen ningún momento, eso no significa que no tenga feminidad... Bueno, creo.

¿Cómo dirige Gilles Legrand?...

Gilles necesita que le propongamos cosas para elegir luego un camino. Así que escuchaba mucho todo lo que le proponía. Se aseguró de que no pareciera una lunática y que no fuera demasiado insoportable. Esa era una de sus premisas.

Bajo su rostro se pueden ver muchísimas emociones.
Isabelle es un libro abierto...
Así es como yo la entiendo. Una mujer sin filtro alguno y de una ingenuidad sin límites.

Los diálogos de la película tiran mucho de clichés y
su personaje tiene que decir algunas burradas. ¿Ha sido fácil para usted?...
Para nada. Creo que hay territorio muy peligroso en la película, pero está escrito para buscar una reacción y a mí me encantan las películas que buscan polémica y que suscitan el debate.

¿Cómo se relacionó con todo el grupo de actores tan
diversos que le rodeó?...
Hemos tenido que aprender a conocernos. Muchos actores tenían poca o directamente no tenían casi experiencia teatral. El actor rumano, por ejemplo, nunca había actuado y era casi analfabeto. Los cursos que doy en la película, en su caso, eran reales.
Nos conocimos todos de antemano y tuvimos que ayudarnos, que apoyarnos. Todo eso propició una relación muy alegre.

Es la primera vez que actúa junto a Alban Ivanov...

Jean-Pierre Bacri ya actuó con él en La fiesta de la vida y me avisó de que era un compañero maravilloso en un rodaje. Además, es un actor muy bueno. Fue un lujo trabajar con él. Además, compartíamos la misma visión de la película.

¿Qué recuerdo guarda de la escena de la cena de Navidad?...

Hacía muchísimo frío. La escena de Navidad me parece de una crudeza increíble, porque todas las buenas intenciones se transforman en un juego de tirarnos los trastos a la cabeza. Fue una escena chulísima de grabar. Michèle Moretti está de lujo y muy divertida en la escena. Ya trabajé con ella en Comme une image y me encantó coincidir con ella de nuevo.

Es un debate muy largo, pero, en su opinión, ¿el
cine puede despertar conciencias?...
Alain Resnais siempre citaba a Sacha Guitry, que decía: “Yo no sé si la espectadora que sale de ver El avaro se vuelve más simpático con la mujer del guardarropa”.
Yo sí que creo que el cine puede remover conciencias, aunque sea un poco. Hay películas que me cambian continuamente. Como 120 pulsaciones por minuto, por ejemplo, que cambió mi forma de ver el activismo en general y el de Act Up en particular.

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