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Producida por la tenista y ganadora de cuatro Grand Slams, Naomi Osaka, junto a Florian Zeller (“El padre”), la película explora las relaciones de poder entre jóvenes atletas y sus mentores.
En un momento en que el tenis vuelve a captar la atención del público en el cine gracias al éxito de “Rivales”, “El silencio de Julie” surgió en un contexto especialmente propicio: el propio Leonardo Van Dijl ha explicado que, tras el fenómeno de la película de Guadagnino, encontró a muchos tenistas interesados en participar en su proyecto. Sin embargo, “El silencio de Julie” se diferencia porque nos recuerda que, en el mundo real, las relaciones de poder en el tenis, o en cualquier otro ámbito, suelen ser muy diferentes.
Según explica el propio director, el propósito de la película era reflexionar sobre la protección de los jóvenes atletas, una preocupación que le valió el apoyo de la comunidad deportiva y llevó a la tenista Naomi Osaka a incorporarse como productora ejecutiva. De ese mismo entorno nació también la elección de la protagonista, la tenista Tessa Van den Broek, a quien el director describe como poseedora de “un don para la interpretación”. En tan solo seis meses de preparación, Van den Broek logró ofrecer una actuación contenida y magnética que sostiene la película de principio a fin.
Si algo define la interpretación de Tessa Van den Broek es precisamente su silencio: “Quienes han jugado al tenis saben que este deporte conlleva una soledad innegable”, explica Van Dijl. “El silencio de Julie” es una de las pocas películas centradas en el tenis que logra captar ese aislamiento, mostrando cómo el silencio puede expresar mucho más de lo que las palabras alcanzan a decir. Una obra que, en última instancia, plantea una dicotomía casi shakesperiana: ser o no ser, hablar o guardar silencio.