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JOJO RABBIT
INFORMACIÓN
Titulo original: Jojo Rabbit
Año Producción: 2019
Nacionalidad: EE.UU., Alemania
Duración: 108 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 12 años
Género: Comedia, Drama, Bélico
Director: Taika Waititi
Guión: Taika Waititi. Basado en la novela escrita por Christine Leunens
Fotografía: Mihai Malaimare Jr.
Música: Michael Giacchino
FECHA DE ESTRENO
España: 17 Enero 2020
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
20Th Century Fox


SINOPSIS

Un niño solitario de origen alemán llamado Jojo cuya visión del mundo se da vuelta cuando descubre que su madre soltera está escondiendo a una joven judía en su ático. Ayudado solo por un amigo imaginario, Adolf Hitler, Jojo debe enfrentarse a su ciego nacionalismo...

INTÉRPRETES

SAM ROCKWELL, SCARLETT JOHANSSON, ROMAN GRIFFIN DAVIS, THOMASIN McKENZIE, TAIKA WAITITI, REBEL WILSON, ALFIE ALLEN, STEPHEN MERCHANT, VICTORIA HOGAN, JAMES McVAN, JOE WEINTRAUB, BETHANY ADAMS

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NOTAS DEL DIRECTOR...
   “Siempre me han llamado la atención las historias que muestran la vida a través de la mirada de los niños. En este caso, coincide que es un niño por el que normalmente no apostaríamos.
   Mi abuelo luchó contra los Nazis en la Segunda Guerra Mundial y siempre me ha fascinado ese tiempo y sus acontecimientos. Cuando mi madre me habló del libro El cielo enjaulado de Christine Leunen, me llamó la atención el hecho de que se contara a través de un niño alemán adoctrinado en el odio por los adultos de su entorno.
   Ahora que soy padre, soy aún más consciente de que los adultos hemos de guiar a los niños en la vida y a criarlos para que sean la mejor versión de sí mismos, sin embargo, en tiempos de guerra con frecuencia los adultos hacen lo contrario. De hecho, desde el punto de vista de un niño en épocas así los adultos parecen caóticos y absurdos cuando lo único que necesita el mundo es dirección y equilibrio.
   Yo he vivido algo de discriminación en mi infancia por ser judío maorí, y hacer Jojo Rabbit me recuerda en estos tiempos que corren, que hemos de educar a nuestros hijos en la tolerancia y que haríamos bien en recordar que no hay lugar en este mundo para el odio. Los niños no nacen odiando, son entrenados para odiar.
   Espero que el humor de Jojo Rabbit ayude a enganchar a nueva generación: Es importante encontrar nuevas y originales formas de contar la espantosa historia de la Segunda Guerra Mundial una y otra vez para las nuevas generaciones, para que nuestros niños y niñas puedan escuchar, aprender, y seguir adelante, unidos, hacia el futuro.

LA PRODUCCIÓN...
  La cinta sigue la línea de los héroes del cine para Waititi: Mel Brooks, Charlie Chaplin, Ernst Lubitsch y Stanley Kubrick, por mencionar algunos. Al igual que lo hicieron estos directores, Waititi buscaba una forma original de volver a visitar los temas más inquietantes desde la paradoja: la fuerza moral de la parodia total. Waititi se hace eco de Brooks en particular, al tratarse de un actor judío que perturbó la poderosa imagen de Hitler haciendo mofa del personaje con un retrato chiflado. Pero a pesar de esta valiente inspiración del pasado, Jojo Rabbit es una cinta de rabiosa actualidad, con personajes profundamente humanos cuyos defectos y puntos ciegos podrían ser entretenidos, pero, cuyos conflictos interiores son tan reales como letales, y de suma relevancia actual.
  Basada en la aclamada novela de Christine Leunen, El cielo enjaulado, publicada en 2004, la historia transcurre en la población ficticia de Falkenheim. En este pintoresco pueblo sometido al gobierno nazi, el fin de la guerra se aproxima súbitamente. Sin embargo, en la habitación de Jojo Betzler, de diez años, la expectación crece. Porque hoy, finalmente, ha llegado la oportunidad tan deseada durante diez años: unirse al Hitlerjugend, es decir, Las Juventudes Hitlerianas. Porque Jojo, crédulo e ingenuo, susceptible a la omnipresente propaganda de su entorno, siente que es su primera oportunidad de hacer algo grande e importante, de ayudar a proteger a su madre soltera a la que ama más que nada, y puede que también por aquello de pertenecer.
  Para calmar su inseguridad, Jojo se trae a un amigo imaginario extragrande: una aparición bufonesca y descabellada de Hitler, quien, con las emociones propias de un niño, le da consejos a Jojo, tal vez los que le habría pedido a su padre ausente. Con Adolf a su lado y en su cabeza, Jojo se siente invencible. Pero en realidad, los problemas de Jojo no han hecho más que empezar. Humillado (y casi decapitado) en el campamento de Las Juventudes Hitlerianas, su frustración aumenta.
  Y entonces Jojo hace un descubrimiento que, poco a poco, cambiará radicalmente su visión del mundo. Cuando persigue un supuesto fantasma en las paredes de su casa descubre que su madre ha dado cobijo a una niña judía, una situación que les expone a todos a un grave peligro. La conmoción por poco lo destroza, pues se trata del «peligro» del que le han advertido, en su propia casa, delante de sus narices, a escasos centímetros de donde le cuenta con frecuencia sus cosas a su amigo imaginario Hitler. Jojo seguirá de cerca los pasos de la misteriosa Elsa, y su temor y vigilancia se convertirán en algo que hasta el mismísimo Adolf es incapaz de imaginar. Porque cuanto más conoce a Elsa como persona, más se convierte en alguien a quien Jojo no querrá que nadie haga daño, incluyendo sus ídolos Nazis.
  Jojo Rabbit es una alegoría cómica sobre el precio de permitir que la intolerancia eche raíces, sea en el marco de una habitación o de una nación. Asimismo, Jojo hace un viaje muy real, dejando atrás la niñez hacia un pensamiento más maduro. Porque cuando encuentra el valor de abrir su mente, descubre el poder del amor capaz de cambiar tu camino.
  Waititi asegura que su esperanza para la cinta siempre fue pura, la ruptura más flagrante. Quería desafiar su propia comodidad, pero también toda idea de que las historias sobre la era Nazi se han agotado, en especial cuando las lecciones de aquellos tiempos son tan urgentes como lo son actualmente. En estos tiempos de auge de nacionalismos, antisemitismo y otras manifestaciones de intolerancia religiosa y racial, la necesidad de llamar la atención sobre estas cuestiones era apremiante.
   «Supe que no quería hacer un drama tajante sobre el odio y los prejuicios porque nos hemos acostumbrado a este estilo dramático», explica Waititi. «Cuando algo me resulta demasiado fácil o evidente, me gusta insertar algo de caos. Siempre he pensado que la comedia es la mejor forma de incomodar al público. En Jojo Rabbit, atraigo al espectador con la risa, y una vez baja la guardia, empiezo a suministrar pequeñas dosis de drama con peso y seriedad».
  Leunens, la novelista, considera que la lectura compactada y de humor cortante de Waititi representa un uso hermoso de la comedia al servicio de una historia de inmensa gravedad. «En el cine de Taika, las risas nunca son gratuitas», apunta Leunens. «Siempre cuelga de hilos. Al principio no los ves, pero los sentirás después. Tras echarte unas risas, comienzas a sentir los hilos, que mueven tu conciencia hacia aquellas cosas que no están bien, que no son del todo graciosas, hacia emociones más profundas y complejas, entre ellas, la toma de conciencia sobre lo absurda de la situación, la tragedia y el dolor».

CREAR JOJO RABBIT...
  Ya se parodiaron a los Nazis desde los años 1940 cuando todavía representaban una amenaza a escala mundial, y la clave siempre fue reírse del nazismo. Mel Brooks dijo en una ocasión: «Si puedes reducir a Hitler a algo que provoca la risa, tú ganas».
  La tradición abarca desde Chaplin (El gran dictador), Lubitsch (Ser o no ser) y Brooks (Los productores), pasando por John Boorman (Esperanza y gloria), o Roberto Benigni (La vida es bella), hasta Quentin Tarantino (Malditos Bastardos).
  Siempre fue polémico. Se dice que el padre del cómico Jack Benny cogió y se marchó del cine ante el shock que sufrió al ver a su hijo encarnando a un agente de la Gestapo en Ser o no ser. Pero la película también conmovió a generaciones, y hoy es considerada un ejemplo maestro de la plataforma que supone la sátira más irreverente para contar una historia humanista y con muchas facetas.
  Stephen Merchant, que hace de un siniestro capitán Nazi en Jojo Rabbit, dice: «Tanto durante como después de la guerra, Hitler fue ridiculizado con frecuencia porque era una forma en la que la gente podía lidiar con el horror que presenciaron. Taika sigue la misma tradición, pero con voz propia y moderna».
  La refrescante y original voz de Waititi se hizo visible por primera vez en una serie de comedias excéntricas y, sin embargo, enternecedoras con una cualidad personal y artesana en Eagle vs. Shark y Boy. Tras el aclamo del mocumental Lo que hacemos en las sombras y la comedia de aventuras Hunt for the Wilderpeople, a la caza de los ñumanos, Marvel lo fichó para aportar su loca creatividad a Thor: Ragnarok. (También interpretó a Korg en esta última cinta, un papel que volvió a interpretar en Vengadores: Endgame).
  Jojo Rabbit sería en cierto sentido una especie de culminación de su carrera, mezclando lo íntimo y emocional con lo excéntrico y lo divertido con temáticas emblemáticas que habían prendido una llama personal para él. Pero el génesis de la cinta comenzó en realidad con la madre de Waititi, natural de Nueva Zelanda. La familia judía rusa de su madre emigró a este país a principios del siglo XX. Fue ella quien leyó la novela de Christine Leunens El cielo enjaulado, y le contó a Waititi la historia de un niño cuya fe ciega en Hitler es cuestionada cuando descubre que su familia oculta a una chica judía tras una falsa pared en el desván.
  «Ella le habló del libro, pensando que podría ser para él», apunta el productor Carthew Neal. «Cuando Taika lo leyó, descubrió que era más serio de lo que se imaginó, pero tenía el corazón y la gravedad que exige esta clase de historia. Fue una especie de trampolín del que saltó a su universo cómico y tonal, aportándole su toque especial».
  Dice Waititi: «El libro es un drama, aunque tiene sus momentos cómicos. Pero pensé que, si iba a abordar este asunto, tendría que hacerlo con mi personalidad y estilo. Esto entrañaba más elementos fantásticos y evidentemente más humor, creando una especie de baile entre el drama y la sátira».
  Waititi sorprendió a Leunens creando algo como una improvisación de jazz en base a su libro, batiendo la estructura de su historia en una alegoría bufonesca sobre cómo la propagación del miedo puede echar raíces en mentes ingenuas, y cómo el amor puede surgir de la nada y derribar los muros que levantamos frente a otras personas. «Si el libro es un cuadro clásico la cinta de Taika es más como el Guernica de Picasso», dice Leunens. «Dio cabida a todas las secuencias más esenciales, aportando muchos toques personales».
  En efecto, Waititi tiró de sus propias experiencias con la intolerancia generalizada en la sociedad actual en la creación de Jojo Rabbit. «La discriminación que he experimentado ha sido sobre todo por el color de mi piel», explica el realizador. «Tradicionalmente, en Nueva Zelanda se ha discriminado al pueblo maorí. Yo lo he experimentado desde que era pequeño y aprendí a pasar de eso, no es que sea bueno ignorarlo, pero a veces no te queda más remedio. Y creo que al final he subvertido muchos de esos sentimientos en la comedia. Por eso me siento muy cómodo burlándome de aquellos que piensan que es inteligente odiar a una persona por ser quién es».
  Cuando empezó a escribir, lo que más le atrapó a Waititi fue la idea de que Elsa, la chica judía que aparece detrás de la pared, transforma a Jojo incluso cuando él no quiere cambiar. «El aspecto en el que me centré era en intentar crear una amistad entre dos personas que, según su pensamiento, eran enemigos acérrimos. Me gusta la dinámica en la que, a diferencia de lo que Jojo espera, Elsa es la que tiene la mejor carta y es la que decide la jugada», afirma el director. «Pero, además, están en un callejón sin salida que les une porque ambos tienen las de perder si se descubre su secreto».
  Para Waititi también era importante que, en la creación de los Nazis que aparecen en la cinta, se les pudiera ridiculizar y parodiar, pero que además fueran humanos, con los mismos defectos y peculiaridades que tenemos todos. Así, su participación en el régimen fascista sirve de escalofriante advertencia recordándonos lo fácil que puede propagarse a gran escala una ideología malintencionada. Y lo mismo le ocurre a Jojo, que en un primer momento admira lo que percibe como el poder de Hitler, hasta que ve en Elsa y en su madre, una fuerza basada en principios que es muy superior.
   «Era importante para mí que Jojo se manifestara claramente como un niño de diez años que realmente no sabe nada», explica Waititi. «Simplemente le gusta la idea de vestir uniforme y ser aceptado. Así adoctrinaban los Nazis a los niños, al hacerlos sentir parte de una pandilla que molaba mucho».
  Aunque Jojo va creciendo y haciéndose mayor en el libro de Leunens, Waititi eligió mantener el punto de vista del personaje a sus diez años para anclar la cita en esa ingenuidad. «Me interesaba la idea de ver la demencia de la guerra y del odio, algo que manifiestan claramente los adultos, a través de la mirada de un niño», dice el director. «Se supone que los adultos son los que enseñan a los niños, los crían, educándolos para ser mejores personas. Sin embargo, cuando los niños nos miran a los mayores en tiempos de guerra, nos verán como adultos ridículos que han perdido la razón. Así, abordé la historia como un niño que intenta entender su mundo en el momento más absurdo y caótico de la historia».
  Con todo y con eso, Waititi supo que tendría que darles a los espectadores una razón por la que seguir a Jojo a su mundo. «Tenía que buscar la forma de encariñarnos de Jojo», explica Waititi. «Una forma de conseguirlo es mostrar que, en verdad, se siente acorralado, insignificante, que tiene miedo, y grandes sueños, como todos los niños».
  Marcando otra diferencia con respecto al material original, Waititi introdujo un resiliente vínculo entre madre e hijo en el centro de la trama. Transformó a Rosie Betzler no solo en madre soltera, sino además en una mujer desafiante que luchará sin descanso y sin temor defendiendo la empatía y la tolerancia como máximos ideales. A diferencia de Jojo, ella identifica con claridad el mundo envenenado que Hitler está forjando, y su respuesta natural es «hacer lo que puede», que se traduce con pasión en cosas tangibles. Pero esto también entraña ocultarle un gran secreto a Jojo para no ponerle en peligro, mientras alimenta la esperanza de que su niño entrará en razón.
  «Hay muchas mujeres fuertes en mi vida y también he querido que esta fuera una historia de una madre soltera muy fuerte que lucha por salvar a su hijo y a otras personas de esta situación espantosa, a la vez que intenta mantener la inocencia de Jojo», dice Waititi. «Una gran referencia para mí es Alicia ya no vive aquí de Scorcese. Siempre me ha encantado la representación de Ellen Burstyn de una madre en esa película porque es payasa y divertida y me recuerda a mi madre, y es lo que he intentado hacer con Rosie».
  Mientras que la película invita anacronismos tales como melodías de los Beatles y Bowie, Waititi se sumergió en libros y documentales de la Segunda Guerra Mundial. «Leí mucho sobre la forma de pensar alemana antes de la guerra, y sobre la pregunta: ¿cómo es posible adoctrinar a un país entero? Cómo se alimentaron de la desesperación del pueblo tras la depresión», explica el realizador. «Vi algunos documentales, como La Segunda Guerra Mundial en color, Los hijos de Hitler, Las Juventudes Hitlerianas, para empaparme de cómo eran las cosas. He querido ser fiel, permitiéndome algunas licencias únicamente en el terreno musical, en el color y en el lenguaje».
  Cuanto más escribía Waititi, más se parecía el despertar de Jojo a la reacción de la sociedad tras la Segunda Guerra Mundial: aturdida por la pérdida de inocencia humana colectiva, se une para afirmar que las ideas basadas en el odio jamás volverían a arraigarse de esa manera. Y, sin embargo, los tiempos vuelven a cambiar.
   «Justo cuando se acercaba el inicio del rodaje, empezamos a ver que resurgía esta clase de pensamiento», recuerda Waititi, «y nos resultó más urgente contar la historia. Siento que estoy bien acompañado de comedias como El gran dictador donde hay burla, pero también una advertencia sobre la seriedad de la situación actual. También es un recordatorio de que Hitler ha sido muy reciente en la historia humana y que hemos de seguir hablando de ello porque la coyuntura que creó esa realidad no ha desaparecido».
  Waititi nunca se censuró a sí mismo en la redacción del guion, sabiendo que para decir lo que quería decir tendría que hacerlo sin titubeos ni rodeos. «Como artista siempre buscas nuevos retos, y si no, me preocupa que el proyecto podría ser un desastre, y en ese caso no valdría la pena», confiesa el cineasta. «Me gusta que mi trabajo tenga peligro, que pueda fracasar. Porque es entonces cuando me activo, e intento dar lo mejor de mí para hacerlo lo mejor posible, y es cuando aparecen la creatividad y el ingenio».
  Cuando empezó a circular el guion, fue precisamente esa cualidad ingeniosa la que llamó la atención. El uso libre del diálogo actual que emplea Waititi despertó el interés sobre todo de los actores. Les enganchó la idea de que tenía un pie en la tierra, en la realidad más vital, y el otro, en un terreno mucho más extraño.
  Sam Rockwell se enamoró del guion. Locamente. «Me pareció brillante, y no es un calificativo que emplee a la ligera. Por Dios, qué cabeza tiene Taika», afirma Rockwell. «Recuerdo la secuencia en la que Rosie le habla a su hijo sobre el poder del amor y Jojo le contesta: “Como sabrás, el metal es lo más fuerte del mundo”. Es desternillante y refrescante pero también es una escritura hermosa y conmovedora».
  Rockwell prosigue: «La sensibilidad de Taika tiene influencias como Mel Brooks, los hermanos Marx, y las mezcla con tramas de gran peso y relevancia. Es capaz de hacer equilibrios sobre esa cuerda floja».
  Para Scarlett Johansson, que hace de Rosie, la vivaz madre de Jojo, el atractivo del guion residía en los riesgos que asume: cómo Waititi entrelaza la parodia y el desastre, llevando la trama de la comedia negra a la locura caótica para acabar en una tierna sensación de asombro. «Lo que me pareció realmente hermoso de la historia es la esperanza que sientes al final, y que resulta tan inesperada», dice Johansson.

ENCONTRAR A JOJO...
  El primer paso para hacer realidad Jojo Rabbit era encontrar a un Jojo de carne y hueso. ¿Podría existir en realidad un niño capaz de encarnar la mezcla de entusiasmo ciego y emociones indómitas a la vez que llevar sobre sus pequeños hombros los profundos temas de la trama mientras su personaje sufre una gran transformación? Para responder a la pregunta, Waititi y su equipo de casting vieron más de 1.000 pruebas grabadas en vídeo. Emprendieron una búsqueda exhaustiva desde Nueva Zelanda y Australia, hasta el Reino Unido, los Estados Unidos, Canadá y Alemania. Finalmente, la búsqueda se detuvo de golpe cuando conocieron al nacional británico de once años Roman Griffin Davis.
  Davis pareció entender de forma intuitiva y sofisticada, más allá de su infancia, cómo el simple deseo de Jojo de ser aceptado, admirado, y amado, se retuerce al servicio de una agenda nefasta y mezquina.
  Neal recuerda: «Taika buscaba a alguien con luz en su mirada, así como la alegría de vivir que tiene Jojo. Roman nos gustó desde el primer minuto, pero también tenía que encajar emociones varias como la ira, la ansiedad, el descubrimiento, y otras emociones más sutiles en clave de humor. La concentración de Roman a su corta edad es impresionante, y fue capaz de aportar una intensidad poco habitual en escenas muy complicadas».
  Davis dice que su mayor inspiración es que identificó la oportunidad de recordar a los demás el horroroso pasado de la intolerancia y que esta no solo afecta a sociedades enteras, sino especialmente, a los niños.
  «Recuerdo que una vez le hice un comentario a un amigo acerca de una esvástica y no sabía lo que era. Le dije que el logo Nazi y ni siquiera sabía cómo era», explica Davis. «Así que espero que esta película le recuerde a la gente lo que ocurrió en la Alemania Nazi con una historia diferente que no has visto antes. Lo que más me gusta de la película es que, aunque trata cosas bastante duras, y cosas que son muy importantes, muchas de ellas se muestran en clave de humor y comedia».
  Al tratarse de su primer personaje en el cine, y a pesar de rodearse de mucho apoyo por parte de Waititi y de compañeros de reparto de amplia experiencia, Davis sabía que su tarea era monumental.
  «Jojo es un niño de emociones encontradas, y ese es un gran reto», reconoce Davis. «Cuando lo conocemos cree a pies juntillas toda la propaganda que lee. Pero también te das cuenta de que no es más que un niño tierno que no sabe de lo que está hablando. Busca encontrar en el Nazismo lo que le falta en su vida. Su padre se ha pirado, y su madre está ocupada en cuestiones de las que evita hablar, por lo que no tiene a nadie, salvo a su amigo imaginario, y se imagina que el único que puede ayudarlo es Hitler».
  Dice Waititi que su objetivo en el trabajo con Davis era captar y dejar brillar todas las reacciones naturales de Davis, así como su carisma innato. «Roman es muy tierno, un chico precioso, y cuando estás con él sientes la necesidad de protegerlo. Tiene un corazón lleno de amor, y la idea siempre fue que ese corazoncito se transmitiría al personaje. Hay mucho de Roman en el Jojo que ves ante la cámara».
  En el plató, Waititi le proporcionó a Davis toda la libertad necesaria para explorar, pero también contó con una coach, su colaboradora de toda la vida Rachel House, coach de interpretación para actores protagonistas como James Rolleston y Julian Dennison en las cintas previas del realizador, Boy y Hunt for the Wilderpeople, a la caza de los Ñumanos.
   Y, por si fuera poco, el dotado elenco aconsejó a Davis con sus secretos y trucos de veteranos. «En el transcurso de la película Roman se hizo actor, un gran actor, en parte por rodearse de grandes actores como Scarlett Johansson, Sam Rockwell, Rebel Wilson y Alfie Allen. Aprendió a hacer buenas preguntas», dice Waititi.
  Observa Rockwell: «A Taika se le daba muy bien ayudar a Roman a sumergirse de lleno en las experiencias de Jojo, asegurándose en todo momento que Roman se lo pasaba bien. Eso es un arte».
  Como parte de su preparación, Davis documentó Las Juventudes Hitlerianas, la organización creada en 1922 para adoctrinar a los niños y adolescentes en la ideología Nazi y entrenarlos para servir en última instancia de herramientas de guerra. Estas lecturas le hicieron comprender cuán oscuro era el entorno de Jojo, con independencia de que él en realidad únicamente desea vivir una aventura gloriosa, como cualquier niño de diez años.
  «Lo que los Nazis les hicieron a los niños es realmente espantoso», dice Davis. «Querían un ejército de fanáticos para ayudarlos a conquistar el mundo. Ahora sé que había chicos de dieciséis años en el frente, estaban aterrados, y con todo, estos chicos eran de los más valientes y a muchos los mataron».
  Completa el insular mundo de Jojo su adorable mejor amigo Yorki, interpretado por Archie Yates, quien acepta de buena gana la perspectiva particular de su personaje sobre el mundo que lo rodea. Según Waititi, Archie «es lo que te esperarías, un ser que alegra el set, querido por todos. Tiene una forma muy única y diferente de ver el mundo, es muy seguro. Muchas veces él y Jojo parecen los personajes más cuerdos de la cinta».
  Aunque a Davis le resultó extraño e inesperado interactuar con Hitler, las secuencias más exigentes para el actor son aquellas en las que Jojo cuestiona cómo actuar frente a Elsa, al pensar firmemente que ella tiene poderes diabólicos.
  «Al principio me resultó complicado porque Jojo piensa para sí: tu raza no es de fiar. Y era un sentimiento que me parecía muy equivocado», dice Davis. Elsa vive básicamente en una cueva, al borde de la desnutrición, sola, por lo que me resultaba difícil encontrar esas emociones profundas y soltarle mis charlas pro-Nazis».
  Sin embargo, ni siquiera Jojo puede alimentar sus sospechas de Elsa durante mucho tiempo. Aunque en un principio le guarda el secreto únicamente para evitar que arresten a su madre, cuanto más la conoce, menos se puede resistir a lo que percibe como una amistad auténtica, de esas que te abren los ojos y conmocionan tu mundo. En muchos sentidos, Elsa posee el valor y la dignidad con las que Jojo tan solo puede soñar. Cuando empieza a escribirle cartas falsificadas de su novio Nathan, Jojo no puede evitar llenarlas con su encaprichamiento, que va en aumento.
   «A pesar de todo lo que supuestamente tendría que pensar, a Jojo realmente le empieza a gustar», observa Davis. «Y le confunde bastante: ¿cómo puedo sentir este afecto hacia Elsa a pesar de sus firmes creencias? Ella lo empuja a cuestionarlo todo, incluso a Hitler».

RECREAR LA ALEMANIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL...
  Al igual que la historia, el diseño de Jojo Rabbit presenta el mundo a través de la mirada de un niño de diez años, una mirada limitada pero llena de vida, de colores vivos y belleza bucólica incluso en la opresión y destrucción de la Alemania Nazi. Desde el principio, Waititi supo que quería llevar al público más allá de una estética nostálgica de la guerra.
   «En muchas películas de la Segunda Guerra Mundial, la gente viste de marrón o gris y la sensación que transmite es de tristeza y es propio de otra época. Pero si te fijas en la moda de ese momento había mucho color y estilo. No queríamos llevarlo demasiado lejos, hacia algo surrealista, pero sí queríamos aportar el color y la energía que suelen pasar desapercibidas», explica Waititi.
  Para crear el mundo multicolor de Jojo, Waititi reunió a un equipo cercano y premiado encabezado por el director de fotografía Mihai Malaimare (The master, The hate u give), e incluyendo al director de producción nominado al Óscar Ra Vincent (El hobbit: Un viaje inesperado, Thor: Ragnarok) y a la diseñadora de vestuario Mayes Rubeo (Thor: Ragnarok, Avatar).
  Malaimare apunta que las imágenes que se reencontraron hace poco sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial cambió por completo su visión de una época que para muchos transcurre en blanco y negro. Ver ese mundo en color, al igual que lo habrían vivido Jojo, Rosie y Elsa, le aporta una dimensión nueva, y le da más vida.
  «Uno de los temas que hablamos Taika de cara a preparar el trabajo era que nuestra percepción de ese tiempo nos puede confundir», explica Malaimare. «Hemos visto tantas películas apagadas de la Segunda Guerra Mundial, ya sean en blanco o negro o tonos oscuros, que nos sorprendió ver la intensidad y la variedad del color de la época. Pero esa era la realidad y una vez decidimos reflejarla, fue una idea que circuló por el diseño de producción y vestuario y ayudó a crear el tono que Taika quería para la historia. Como público nos parecerá raro simplemente porque no estamos acostumbrados, pero creo que el color también hará que nos parezca más real».
  Añade Ra Vincent: «Todos sentimos que teníamos una oportunidad de crear una estética fresca para una película de la Segunda Guerra Mundial. Como el público lo ve todo desde la perspectiva de Jojo, nuestra paleta creativa no solo emplea el color, sino que lo aumenta, y así pudimos hacer de los entornos ambientes más alegres y abstractos. A la edad de Jojo las cosas se ven más color de rosa y el mundo parece más grande y asombroso. Por lo que nos propusimos recrear esa sensación, la sensación que todos tenemos en la infancia, pero en el marco de la Alemania de los años 1940.
  Malaimare también estudió imágenes auténticas de niños de esa época, en especial, la obra fotográfica del fundador de la agencia Magnum Photos Henri Cartier-Bresson. Cartier-Bresson inicia su trabajo fotográfico en Europa a principios de los años 30 cuando un gran cambio está a punto de producirse. Después, tras huir de un campamento alemán de prisioneros de guerra, documenta la población europea durante y después de la liberación de los Aliados. Sus fotografías de niños y niñas evocan en particular una sensación surrealista, contrastando su espontaneidad, alegría y ganas de jugar con los entornos más impropios, la guerra y la destrucción.
  Cuando llegó la hora de retratar al Hitler imaginario de Waititi, tanto Waititi como Malaimare decidieron emplear una técnica fotográfica prosaica que subraya lo normal que le parece a Jojo conversar con su amigo imaginario. «Taika y yo llegamos rápidamente a la conclusión de que había que fotografiar a este Hitler como un personaje real, porque cuanto más real es, más lo vemos a través de la mirada de Jojo», aclara Malaimare.
  Haciendo uso de la familia Arri Alexa SXT de cámaras digitales de 35mm, Malaimare optó por una forma distinta de utilizar el objetivo. En lugar de utilizar un objetivo estándar, anamórfico para factores de 2x, utilizó un objetivo Hawk V-light con mayor desanamorfización para factores de 1,3x que aportan una sensación más orgánica. «Encontramos una técnica de emplear factores de 1,3x que nos aportaba la saturación de color que nos gustaba. El color de la piel, por ejemplo, es aterciopelada, y el resultado es muy vivo sin llegar a ser exagerado», explica el director de fotografía. «Esto también contribuye al tono de la película. Y como estos objetivos Hawk se hacen en Alemania nos resultó útil la cercanía».
  Para hacer las veces del pueblo ficticio de Falkenheim donde reside Jojo la producción se dirigió a Žatec y Úštěk, dos localidades pequeñas de la República Checa. Se trata de una zona que en ocasiones formó parte de Alemania y fue ocupada en la Segunda Guerra Mundial. Aquí, en una localidad que nunca fue bombardeada, los edificios que datan de antes de la guerra han sido conservados, de ahí que tenga un encanto de libro de cuentos.
   «Elegimos estas ciudades porque tienen mucha personalidad, y son las ciudades más alemanas que visitamos en la República Checa. La arquitectura barroca obedece al estilo alemán», dice Vincent.
  Malaimare encontró en el República Checa la libertad creativa que ansía un director de fotografía. «Lo que suele pasar en las cintas de época es que tienes que hacer malabares con ángulos de cámara e iluminación para ocultar los signos de la vida actual, pero en este caso el entorno era tan bueno y auténtico y con tanto detalle en cada dirección que nos dio muchas opciones. Casi ni cuenta te dabas que estabas en el siglo XXI porque no hay cables ni aire acondicionado ni nada que te saque de la historia. Fue un lujo movernos libremente, grabar en 360 grados. Alucinante».
  Muchos de los sets interiores se construyeron en los estudios Barrandov de Praga, un lugar de peso en esta sátira de la Segunda Guerra Mundial porque durante la ocupación alemana ese mismo estudio produjo propaganda Nazi espeluznante. «Es de justicia poética, o al menos así se siente, hacer Jojo Rabbit en este marco», dice Vincent, «y además es como una especie de bendición del suelo y allana un nuevo camino en donde puedan florecer las creencias antirracistas y antifascistas».
  La mayor parte del trabajo de Vincent se centró en diseñar el hogar de los Betzler, donde tiene lugar mucha de la acción. «Queríamos que la casa de Jojo y Rosie tuviera una paleta muy distinta de otras películas de época», explica Vincent. «El edificio en sí es el típico Barroco, adosado, de piedra, pero decidimos que, en lo que el mobiliario y la decoración se refiere, los Betzler serían muy actuales. Aquella época entre 1930 y 1945 supuso una revolución de estilo en Europa, a pesar de la guerra. Y Rosie es una mujer con mucho estilo, por lo que su casa también tiene clase, con diseños modernos y Art Deco».
  «El interior de la casa fue increíble para nosotros. Los decorados de Ra eran tan ricos que podíamos grabar en todas las direcciones y era una auténtica gozada», dice Malaimare.
  Sin embargo, en las entrañas de una casa llena de luz, se esconde el espacio oscuro y estrecho detrás de la pared donde se esconde Elsa. Este espacio infunde la sensación contraria, la de la tensión insufrible bajo la que se ve obligada a vivir. También representó para Malaimare uno de los retos técnicos más serios. «Para iluminar este espacio utilizamos únicamente velas, lámparas de gas y un par de LEDS de 5 vatios. Pero también utilizamos objetivos T1 y cuando grabas a esa velocidad en la oscuridad las limitaciones son extremas, sobre todo en cuanto a los movimientos del actor. Fue un trabajo difícil, así que estuvimos encantados cuando logramos esos planos», dice.
  Según se van oscureciendo los acontecimientos, también lo hacen los colores. Explica Vincent: «Para los momentos más felices y alegres de la cinta empleamos una variedad de colores saturados. Cuando entra en acción el drama esos momentos se reducen. Gran parte de la historia transcurre en otoño y pudimos incorporar verdes brillantes con hermosos tonos rojizos, anaranjados y rosáceo en las calles del pueblo».

VESTIR LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL...
 
Para el vestuario, Mayes Rubeo, conocida por diseños que abarcan desde la civilización Maya de Apocalipto al mundo ficticio de Avatar al universo Marvel en Thor: Ragnarok, trabajó estrechamente con Vincent.

   Waititi había observado en su investigación que las personas se vestían de una forma mucho más formal que ahora, tal vez por una actitud fatalista, y quiso captar esa sensación de elegancia y belleza que persistía. «Sobre el final de la guerra, cuando la gente pensaba que ese podía ser su último día se vestían con sus mejores galas y se maquillaban», explica el realizador. Si iban a morir lo harían bien vestidos».
  Al igual que con Vincent, Waititi le explicó a Rubeo que quería una estética para la película inesperada e impregnada del espíritu de la niñez. «Taika siempre decía: quiero una película de la Segunda Guerra Mundial que no se parezca a ninguna, porque esta película muestra la perspectiva de un niño de diez años», recuerda Rubeo. «A esa edad creo que lo recuerdas todo con mucha luz. Como si fuera una mañana en primavera. Para mí, sentí que lo que Taika quería se parecía mucho a lo que hacían los neorrealistas italianos de los años 40, pero en color. La película tiene todas esas cualidades neorrealistas porque hay tanto momentos soleados y encantadores como momentos muy dramáticos, y el clima puede variar de la risa a la tragedia en un santiamén».
  El grueso del trabajo de Rubeo se focaliza en el centro del mundo de Jojo: la elegante y chic Rosie Betzler. Rubeo se paseó por las casas de vestuario italianas más mágicas buscando prendas vintage. Pero también confeccionó algunas de las blusas y vestidos de Rosie a mano para que reluciera aún más su personalidad.
  «Rosie es un personaje maravilloso, extrovertido, cuya vida en sí es una provocación porque es tenaz y no le gusta nada Hitler. Para mí ella es el ancla del que surgen todos los demás diseños», dice Rubeo. «Hablamos de su formación artística y eso se convirtió en mi punto de partida. Asimismo, hay la sensación de que antes de la guerra los Betzler vivían bien. Incluso si ahora solo tienen una patata para comer la sirve sobre un mantel elegante porque Rosie sigue creyendo en la buena vida».
  El estilo de Rosie tenía que ser inconfundible para que el público pudiera reconocerla en un instante en una escena que es un punto de inflexión y un momento emocionalmente devastador. «La mariposa expresa cómo es, y elegimos un par de zapatos muy característicos que llaman la atención para una señora en esa época. Creo que es más poderoso cuando ves los zapatos y lo relacionas con la mariposa en ese momento», dice Rubeo.
  Para Mihai Malaimare, no hubo necesidad de que la cámara se alejara en aquel momento. «Trabajamos con Mayes de principio a fin para preparar este momento», recuerda. «En nuestro caso, la cámara siempre tenía que recoger los pies de Rosie. Por ejemplo, te fijas mucho en ellos cuando está bailando junto al río en ese momento lleno de luz y después no hay necesidad de mostrarlos mucho».
  Evidentemente Jojo lleva su uniforme de Las Juventudes Hitlerianas. Rubeo lo basó en diseños históricos auténticos. «Encontramos algunos uniformes vintage en Berlín, pero necesitábamos muchos en distintos tamaños para todos los figurantes, por lo que los confeccionamos nosotros. Cuando ves a Jojo enfundando en su uniforme en casa es como un niño que hace del policía de su casa», describe la diseñadora.
  Para la absurda representación que hace Waititi de Hitler, Rubeo también cosió el infame uniforme básico del partido Nazi en marrón. Pero en esta versión de Adolf, lleva pantalones de equitación más amplios que enfatizan tanto su naturaleza imaginaria como sus turbias inseguridades.
Durante gran parte de la película, Rubeo se mantuvo fiel al estilo austero y entallado que preferían las fuerzas armadas alemanas. Pero pudo aportar un toque de sofisticación en el vestuario del Capitán Klenzendorf, quien imagina en secreto que es un diseñador de uniformes, y al final se deja ver en su atuendo de ensueño, un traje poco ortodoxo.
  «El Capitán Klenzendorf vive en su propio mundo», dice Rubeo entre risas. «Posee una creatividad extravagante que hemos querido expresar al final, cuando prorrumpe en escena. Taika aportó muchas ideas y yo supe que quería algo artesano, colorido y gracioso, pero también un poco heroico. Para mí lo principal era que tenía que dar la sensación de ser un uniforme hecho por una persona que desconoce las reglas del diseño. ¡Fue muy divertido»!
  Con tantos diseños que, como la película en gran medida, varían desde lo histórico a lo realmente único, Rubeo empleó horas y horas hablando con Waititi, algo que disfrutó en todo momento. «A Taika le encanta la comunicación constante y yo igual, porque cuando pasas tanto tiempo juntos eres capaz de crear algo que esté en consonancia con los demás elementos, lo cual era muy importante para Jojo».
  El supervisor de efectos visuales Jason Chen también trabajó para ampliar el mundo de Jojo. Tenía mucho trabajo por delante sobre todo en la culminante secuencia bélica de la película cuando el enfrentamiento armado a gran escala se escapa de su entorno abstracto y se hace tangible en la calle de Jojo. «Queríamos que la película estallara por el caos más absoluto: tanques por todas partes y muchos disparos y destrucción», describe Chen. «Durante el grueso de la película hemos estado inmersos en la imaginación de Jojo, con su visión alegre de la guerra, pero cuando esta estalla en su pueblo, sobreviene violentamente la realidad de la guerra. Queríamos que el ambiente aterrador y el ruido fueran reales».
  «Por una parte es muy visceral y real, pero también creamos algo que se convierte en cierto sentido en un momento muy mágico y surrealista de la película», apunta Malaimare sobre el clímax.
  Una de las secuencias preferidas de Chen es cuando Jojo y Elsa conversan en el desván y se van acercando, aunque no lo quieran, con la noche estrellada como telón de fondo. «Hay una pequeña ventana superior que refleja los destellos de las bombas que estallan en la distancia. Utilizamos una pintura mate que se asemejaba a las estrellas del firmamento para crear este momento tierno pero desgarrador», dice Chen.
  Al igual que el resto de sus compañeros, a Chen le encantó la oportunidad diaria de llevar su creatividad al límite. «Taika es un hombre que hace equipo como nadie», describe. «Recibe de buena gana la sugerencia de cualquier integrante del equipo. Realmente cree en decirle a todos: esta es mi idea, ayúdame a darle forma».

EL TOQUE FINAL: LA MÚSICA EN TIEMPOS DE GUERRA...
  Waititi y su montador, Tom Eagles (Lo que hacemos en las sombras, Hunt for the wilderpeople, a la caza de los ñumanos) colaboraron estrechamente con el compositor ganador del Óscar Michael Giacchino quien, mientras los primeros editaban la película, compuso una banda sonora que encaja perfectamente con el espíritu de la película, fluyendo por todas las distintas emociones de Jojo.
  «He sido fan del trabajo de Michael durante mucho, mucho tiempo, en especial de su increíble y conmovedora partitura para Up de Pixar», dice Waititi.
  Conocido por crear las partituras reconocibles al instante de siete de las aventuras animadas de Pixar, Giacchino también es uno de los compositores más solicitados de grandes producciones tales como Star Trek: Más allá, Spider-Man: Homecoming y La guerra del planeta de los simios. Pero asegura que puede que su partitura para Jojo Rabbit sea su preferida.
   «Me siento orgulloso de ser parte de una película que no tiene miedo de contar su verdad y hacer algo que pueda hacer arquear las cejas a más de uno, pero espero que resulte en buenas conversaciones y que se hablen de cosas importantes», dice el compositor. «Taika ha dado forma a una idea loca y lo ha hecho con gran belleza. Si quieres decir algo verdadero y necesario en este mundo hay que asumir grandes riesgos».
  Continua Waititi: «Su trabajo en Jojo Rabbit elevó la película a un nuevo nivel, aumentando la resonancia emocional y uniendo los temas, personajes y el mundo de la película. Trabajar con él ha sido un proceso en el que ha pesado mucho la colaboración y el instinto».
  Aunque Giacchino suele evitar leer los guiones cuando compone porque prefiere absorber las emociones de forma más directa mediante la fotografía, en este caso Waititi le pidió que le echara un ojo al guion para que pudieran comentarlo. Giacchino se alegra de haberlo leído. «Me gustó muchísimo», dice el músico, «y conociendo la filmografía de Taika sabía que le aportaría el toque justo. Realmente entiende cómo se entrelazan la comedia y la tragedia. La mejor comedia es la que ha surgido de las situaciones humanas más difíciles y la Alemania Nazi es una de las situaciones más duras de la historia».
  Una vez empapado del poder del guion, habló con Waititi sobre el tono. «Los dos coincidimos en que la música fuera directa, pura y verdadera», dice Giacchino. «Taika no necesitaba que la música fuera cómica porque la película ya era muy graciosa. La primera pregunta que siempre hago es: ¿con qué sentimiento quieres que salga el público del cine? Para mí, ese sentimiento era el de Jojo, que parte con una actitud cerrada y ciega hacia el mundo, sufre una transformación de su visión del mundo y empieza a verlo todo con otros ojos. Esa fue mi inspiración».
  A Giacchino le resultó evidente que, al igual que la fotografía emana de la inocencia, la intensidad y la ingenuidad de Jojo, también la música fluiría de su carácter emocionalmente cambiante. «Sentí que la música debería acompañarlo en todo momento, por eso, lo primero que hice fue componer una suite reflejando su evolución personal. Aunque hay momentos en los que Rosie o Elsa cambian la música, la partitura mana de las emociones de Jojo. La melodía principal se desarrolla de diferentes formas en el transcurso de la película. Comienza como un desfile, luego se convierte en un adagio durante la batalla cuando el nacionalismo de Jojo empieza a transformarse en otra cosa».
  Giacchino también estaba preparado para ser original. El proceso creativo incluyó desde componer canciones con la letrista Elyssa Samsel para una canción que cantan Jojo y sus compatriotas en el campamento de Las Juventudes Hitlerianas, hasta convencer a Paul McCartney a conceder el permiso para que Waititi utilizara la versión alemana del tema I Want To Hold Your Hand de los Beatles para una secuencia que trata la histeria de Hitler.
  Con todo y con eso, fue en las influencias clásicas donde erigió el fundamento de su composición. «Sabía que quería una partitura muy europea, algo que, si pasearas por la calle en Alemania en 1939 podrías escuchar sonando por la ventana de cualquier vecino. Chopin, Liszt y Satie fueran algunas de sus influencias. Pero sobre todo lo que más me inspiró fue la constante pregunta: ¿qué me pide la película? Es cuestión de hacer frente a esas emociones duras, difíciles, y sentirlas muy dentro de ti. Ese es el desafío que entraña una película así».
  Estas emociones llevaron a la elección de una banda reducida: una orquesta de 22 instrumentos con un cuarteto de cuerdas en el centro, además de un piano, un par de guitarras, algo de vientos y percusión. «Para mí es muy agradable este cambio: trabajar con un grupo reducido e íntimo con estas características», dice Giacchino. «Estoy acostumbrado a trabajar con orquestas de cien músicos, pero personalmente siento que cuanto más se reduce la orquesta, más emocional es su sonido».
  Mientras que la película irrumpe con himnos de los Beatles y luego con Bowie (con la versión alemana del tema Heroes, una canción que compuso Bowie sobre el muro de Berlín, que es, según David Buckley, académico experto en Bowie «quizás la declaración más definitiva del pop sobre el triunfo potencial del espíritu humano sobre nuestra adversidad»), la partitura contrasta con estos anacronismos.
  «Incluir dentro de una partitura más tradicional momentos Beatles y Bowie la hace más extraña y fuerte», observa Giacchino. «De alguna forma todo encaja y no sé cómo. Tal vez porque las emociones son las adecuadas para cada escena y porque cada sonido proviene de estas emociones. Sí que enfrentamos un gran problema al tener que convencer a estas personas de que nos dejaran usar sus canciones para una historia en torno a Hitler. He tenido la increíble oportunidad de trabajar con Paul McCartney, uno de mis héroes personales, y he sido uno de algunos pocos que le hemos abordado para explicarle que esta película no es lo que pudiera parecer y que es en realidad una contundente declaración en contra del odio. Al final, todo se solucionó y Taika consiguió las canciones que quería».
  De hecho, para que Jojo Rabbit tuviera éxito era necesario que suficientes personas creyeran en el proyecto, que se atrevieran. Al final, al igual que Jojo Rabbit pone de relieve las trágicas y absurdas realidades del autoritarismo y el fervor nacionalista, además del salario personal de los prejuicios y el odio, la cinta también nos recuerda nuestra conexión humana y la simple responsabilidad de hacer cada uno lo que esté en nuestra mano... que es tan sencillo como intentar ser amables.
  Waititi lo resume de esta manera: «Este me parece un momento adecuado para contar esta historia... porque en este caso no queremos llegar tarde, apremia contarlo ahora».

Thomasin McKenzie, ELSA
...
 
Para interpretar a Elsa, la chica oculta detrás de la pared que descubre un apabullado Jojo, Waititi emprendió la búsqueda de una adolescente con una fuerza de acero y compostura capaces de apaciguar la desconfianza de Jojo. Tenía que ser lo suficientemente misteriosa como para atraer a Jojo a querer conocer más, pero con la humanidad suficiente para quitarle la venda al personaje y enfrentarlo con el desconcertante hecho de que todo lo que le han hecho creer sobre los judíos es mentira.
  Sobre todo, Waititi quería que Elsa se gozara parcialmente en el poder que ejerce sobre Jojo. «La situación de Elsa es vulnerable de principio a fin, está atrapada en un pequeño espacio, sin embargo, Taika quería contrastar esa situación mostrando que Elsa es realmente más fuerte y tremenda que cualquiera», dice Neal.
  Waititi encontró esta seguridad y este hacerse valer así como la complejidad que buscaba en la Nueva Zelandesa Thomasin McKenzie, que se dio a conocer internacionalmente el año pasado con la interpretación extraordinaria de una niña indigente que vive en el bosque con su padre en Leave no trace de Debra Granik. «Conozco a Thomasin de Nueva Zelanda», apunta Waititi, «y sé que es una artista revelación que tiene algo muy, muy especial».
  Aunque el personaje de Elsa representa nada menos que la esperanza y la resiliencia del ser humano ante el odio y el mal más truculento, Waititi quería, asimismo, que se sintiera como una adolescente combativa y actual.
  Dice Waititi: «Todo lo que Jojo sabe sobre los judíos lo ha aprendido de la propaganda y la enseñanza escolar que dice que son diablos, monstruos. Quería que Elsa fuera una chica muy guapa, muy cool, dura, capaz de fascinar e intimidar a partes iguales a Jojo».
  Ante una historia «con una perspectiva que no he visto antes», McKenzie se tiró de cabeza en el proceso de documentación. Con eso, y con las conversaciones que mantuvo con Waititi, pudo sumergirse más profundamente en la forma de pensar de Elsa, lo cual la ayudó a crear un personaje que desafía a los estereotipos. «Me documenté bastante sobre cómo era la vida de una chica judía durante la Segunda Guerra Mundial», afirma McKenzie. «Pero tenía la idea de una Elsa victimista. Cuando me reuní con Taika, me dijo que me olvidara de eso y que pensara en ella como una chica que no es una víctima ni mucho menos, que no se considera a sí misma como tal. Me encanta el hecho de que sea una chica llena de vitalidad y con muchas capas».
  En ningún momento se muestra sumisa ni pasiva, lo que la caracteriza es su picardía, y esta será su gran aliada para evitar que Jojo la denuncie. «De hecho Taika me dijo que viera la película Escuela de jóvenes asesinos porque ese era el tipo de personaje que había imaginado para Elsa», dice McKenzie, haciendo referencia a la clásica comedia de culto de los 80 sobre un grupo de jóvenes precoces que harán todo lo posible por alcanzar la popularidad en el instituto.
  Explica Waititi, «Quería que Thomasin pensara en Elsa como una de las chicas guais del instituto antes de que pasara todo esto. Tenía que haber en ella algo como el resentimiento por haber vivido una vida muy divertida, cuando era conocida y popular, y ahora está escondida, y no tiene nada. También me gusta que le eche la culpa de su situación actual a Jojo y a las ideas de este».
  Para McKenzie lo que más define a Elsa es su ansía de libertad. «Lo que más me gusta de ella es que no quiere que la compadezcan, simplemente quiere hacer su vida sin toda esta mierda que la rodea», dice McKenzie. «Evidentemente nunca he tenido que ocultarme para salvar el pellejo, ni nada de eso, pero me identifiqué con ella como una chica adolescente normal que antes de que pasara todo esto, le gustaban los chicos, estar con sus amigas, hacía las cosas normales que hacen los chavales. Sigue siendo esa misma persona a pesar de tener que ocultarse».
  La inusual presentación de Elsa se convirtió en la escena preferida de McKenzie. «Al principio no sabemos si es un monstruo o un fantasma. No sabes quién es ni cuáles son sus intenciones. Según la perspectiva de Jojo, le tenemos miedo a Elsa. Pero entonces, al igual que le pasa a Jojo, la vas conociendo y comprendiendo. A medida que Elsa y Jojo empiezan a verse el uno al otro con más claridad, más allá de la propaganda que los rodea, desarrollan una relación casi de hermanos».
  El trabajo con Roman Griffin Davis aportó más en esa dirección. «Conocí a Roman en un ensayo», recuerda McKenzie. «Entró alegremente con mucha seguridad. Era muy gracioso y no le tenía miedo a nada. Nadie se esperaba de un niño de once años que fuera capaz de aportar esas emociones y esa intensidad. Realmente admiro la gran responsabilidad que ha demostrado contando la historia de Jojo».
  En sus pocas, pero memorables secuencias con Scarlett Johansson, McKenzie observa que hay algo que las une a las dos y que se expresa sin palabras. Las dos han sufrido grandes pérdidas. «No se ve el desarrollo de esta relación, pero Rosie es la persona que le ha salvado la vida, y que está arriesgando la suya al ocultar a Elsa en su casa. Elsa siente admiración y desea tener una madre con la que poder hablar».

Scarlett Johansson, ROSIE BETZLER...
  Scarlett Johansson ha hecho de extraterrestre, de la protagonista de un cuadro de Vermeer, y de La Viuda Negra de Marvel, entre muchos otros personajes, pero el papel de Rosie, la juguetona y desafiante madre de Jojo, era algo nuevo para la actriz.
  Johansson ya conocía a Waititi y cuando oyó hablar de Jojo Rabbit, se quedó intrigada.
Y entonces conoció a Rosie y no pudo olvidarse de ella.
  «Lo que me encanta de Rosie es que no tiene complejos, es poética, es una romántica, y a la vez es una persona que aporta seguridad a la vida de Jojo. Está luchando en la Resistencia y en realidad es una mujer muy moderna», describe Johansson. «Es una luz en un tiempo oscuro. Pocas veces me ocurre que leo un guion y siento que tengo que hacerlo, pero así me sentí cuando lo leí».
  Johansson y Waititi hablaron mucho sobre cómo es Rosie como madre, su intento de conciliar su necesidad de vivir con valentía y ser fiel a sí misma y a la vez proteger a Jojo de la pérdida que ha sufrido y del peligro.
  «Taika y yo hablamos sobre padres trabajadores cuya vida laboral les apasiona y que también son padres muy dedicados. Creo que eso forma parte de Rosie. Vive con intensidad, es misteriosa, y, aún más importante, no se ha rendido», observa Johansson. «Ser madre es una parte importante de su identidad, pero no es la única». También es apasionada, defiende sus ideas, y quería que tuviera todos esos matices que hace que la percibas como una persona plena».
  Según Waititi, Johansson aporta matices al papel que le han sorprendido. «Scarlett tiene una faceta muy payasa que siempre he deseado ver en el cine», dice el director. «Asimismo, ha hecho de Rosie un canto de amor a las madres solteras. Incluso en un momento demencial y peligroso, Rosie es capaz de salvaguardar la inocencia de Jojo y es uno de los personajes más fuertes de la película».
  Johansson forjó un vínculo estrecho y necesario con Roman Griffin Davis durante el rodaje. «Rosie y Jojo tienen una relación muy bonita, muy amorosa, y quería que esa ternura se notara al instante en cuanto los ves», dice Johansson. «Aunque Rosie es soñadora y un poco cómica, también es muy pragmática. Y ser padre o madre también pasa por ese equilibrio constante entre tu lado práctico, responsable y adulto y la faceta capaz de crear un mundo mágico para tus hijos».
  Para todas las personas que participaron en la producción, la conexión urgente entre Johansson y Davis era evidente. «Scarlett ha sido tan cariñosa con Roman y él se dejó querer por lo que se notaba un vínculo muy fuerte desde el primer día», dice Neal.
  En una de las secuencias más conmovedoras de la película, Rosie imita al padre de Jojo, que los abandonó, para intentar llegar a su hijo. Para ello se pinta barba y mantiene una conversación a dos vías consigo misma que abarca desde la explosión de emoción a la melancolía pasando por la ternura.
  Cómica, desgarradora y agridulce, Johansson dice que el mérito es de Waititi, pues su guion se encargó de evocar una interpretación con muchos colores.
  «La escritura de Taika es de una vez triste, conmovedora y encantadora», describe Johansson. «Su escritura es colorida, pero también complicada. Ese es el regalo que Taika hace a los actores».

Sam Rockwell, CAPITÁN KLENZENDORF...
  En el papel del Capitán Klenzendorf, el atrevido y arrogante entrenador de Las Juventudes Hitlerianas que en ocasiones es el ídolo de Jojo, su enemigo o su confidente, Sam Rockwell hace gala nuevamente de su amplio registro. Tras el reciente Óscar por su encarnación de un agente de la ley de un poblacho en «Tres anuncios en las afueras» y el aclamo de su representación del legendario Bob Fosse en «Fosse/Verdon», Rockwell derrocha barbaridad cómica y humanidad en el papel del guerrero Nazi tuerto que ha perdido la fe en la comandancia militar y en cambio esconde muchos secretos.
  Rockwell reconoce haberse sentido intrigado por el matrimonio entre la comedia y el drama, el cinismo exasperante y la rebelión callada. «Se trata de un tono tan inusual el que había ideado Taika para la cinta», dice Rockwell. «Al principio piensas: ¿En serio? ¿El protagonista es un niño simpatizante del Nazismo? Y luego descubres que la historia trata de la tolerancia, de la familia, de la humanidad. La considero una película muy hermosa y sofisticada».
  En lugar de fijarse en Nazis de la historia, Rockwell se inspiró en los cómicos clásicos. «Pensé en Bill Murray y Walter Matthau», dice entre risas. «Klezendorf es alemán, es tuerto y es gay, pero por lo demás se parece bastante a Matthau en Una pandilla de pelotas.
  Cierto es que el personaje es estúpido y superficial, pero a Rockwell le gusta de su personaje que es más profundo de lo que parece a simple vista. «Me encantan los papeles que encierran dicotomías y Klenzendorf encierra más de una sorpresa. Esconde secretos. Para empezar, es un Nazi gay, que, aunque ha sido una realidad no es algo que se haya tratado con frecuencia, y me pareció fascinante trabajar este contraste».
  A Rockwell también le inspiraron sus compañeros de reparto. «Stephen Merchant me mataba con sus improvisaciones. Cuando se juntaba con Taika los dos se daban cuerda mutuamente y el resultado es que todos nos descosíamos de la risa». ¿Y qué decir de Rebel Wilson? Es desternillante. Su comedia es graciosa, rara y muy, muy original».
  La mano derecha de Klezendorf, que es mucho más que eso, es Freddie Finkel, un hombre entregado al cien por cien a su país, pero aún más a Klezendorf por la relación tácita entre ellos. El actor elegido fue otro fichaje sorpresa del casting. Se trata de Alfie Allen, conocido por encarnar el maltratado Theon Greyjoy en «Juego de tronos».
  «Este papel es nuevo. No he hecho nada igual», apunta Allen. «Es una idea arriesgada, emocionante, y espero que haga lo que el arte ha de hacer, provocar emociones distintas en todas las personas».
  A Allen le encantó trabajar de cerca con Rockwell. «Las oportunidades que tuvimos día a día de improvisar fueron fantásticas. Lo pasamos bien», asegura el actor. «De haberme preguntado antes con quién me gustaría trabajar habría dicho Sam. Se ha cumplido un sueño. Nos llevamos muy bien y la dinámica en sí ha estado genial».
  Según Allen el clima familiar en el plató facilitó la labor de los actores, permitiéndoles arriesgar más. «Taika es tan apasionado que contagia a todos los demás», observa Allen. «Le gusta pasárselo bien, pero también trabajar duro y profundizar. Para él, la clave está en crear confianza y construir un clima en el que todos se sienten cómodos. Eso ha sacado lo mejor de cada uno de nosotros».

Taika Waititi, ADOLF HITLER...
  El mismísimo Waititi asume uno de los papeles centrales de la cinta: el del amigo imaginario y asesor de Jojo, Adolf.
«No me consideraba la primera opción para el papel», dice Waititi entre risas, «y desde luego no fue nada evidente. Al principio, abordamos a un par de actores diferentes y puede que sea algo que ponga nerviosa a la gente, y probablemente debería, pero el caso es que a muchos actores les incomodaba. Para mí era divertido porque no le basé en absoluto en el personaje histórico. Es fruto de la imaginación de Jojo y su conocimiento del mundo se limita a la comprensión de un niño de diez años. Básicamente, es el diablillo que le susurra al oído a Jojo. También es una especie de proyección de la combinación de todos los héroes de Jojo, incluyendo a su padre».
  Aunque Waititi incorpora su infame rutina de Hitler, con lenguaje embravecido y autocrático y gestos exagerados, también le infunde a su versión del dictador la alegría infantil de un chiquillo, hasta que se empieza a descoser por las costuras imaginarias. «Decidí interpretar al personaje como una versión más estúpida de mí mismo, si es que esto es posible, pero con el bigote Hitleriano», dice Waititi.
  La versión fantástica de Jojo apenas guarda relación con el personaje histórico. Es una versión payasa, desbordada, un revoltijo de los propios impulsos y deseos de Jojo, de cosas que ha leído o ha escuchado a alguien decir, junto con su anhelo de la figura paterna. «La versión de Jojo de Adolf puede a veces ser muy agradable, lo cual podría parecer extraño porque se trata de Hitler, pero en otras instancias da miedo, y con razón», describe Davis. «A Taika se le da muy bien representar eso, podía ser muy gracioso y de repente te clava la mirada con intensidad. Taika es una persona híper positiva y alegre, pero cuando hace de Hitler puede parecer más malo que Caín».
  La primera vez que Davis vio a Waititi en vestuario le dieron escalofríos. «Entré en la habitación de Taika para hacerle una pregunta, ¡y me encontré con Hitler! Me quedé boquiabierto porque jamás había visto a una representación de Hitler a escala real. Había visto fotografías en un iPad pequeño, pero verlo el doble de grande que yo me dio miedo», recuerda el actor.
  A medida que Jojo madura, Hitler va cambiando, reflejando la evolución de su pensamiento. «Al principio Hitler tiene una postura muy marcada, pero según avanza la trama se encogiendo y entristeciendo más y más, como si llevara un gran peso encima», explica Waititi. «Al principio se le ve muy ligero, como a Jojo, pero al final es un déspota triste, triste, triste».

Rebel Wilson, FRAULEIN RAHM...
  Proporciona el humor socarrón en Jojo Rabbit el personaje de Fraulein Rahm, interpretado por Rebel Wilson, la instructora de Las Juventudes Hitlerianas que enseña a las niñas a realizar sus «tareas femeninas» en tiempos de guerra, pero que sueña con estar en el frente de batalla. La estrella cómica australiana es conocida por su habilidad para dar vida a personajes con una ingenuidad desternillante. Fraulein Rahm sigue esta tradición, siempre dispuesta a creerse todos los absurdos mitos Nazis que lleguen a sus oídos.
  Cuando Waititi le enseñó el guion a Wilson y le pidió que aportara su toque personal al inusual personaje, la actriz se sintió feliz. «No todos los días te mandan un guion de comedia divertido y poderoso, y quise participar desde el primer momento», reconoce Wilson. «Lo que me gusta del estilo de Taika es que su sentido de la comedia es muy natural e inusual».
  Wilson también se lo pasó en grande con Rockwell. «Soy un gran fan de su trabajo y lo hace tan bien, pero además es majísimo. Además de rodearme de Nazis ha sido estupendo trabajar con él», bromea la actriz.
  A pesar de su satírico retrato de una mujer que no cuestiona absolutamente nada de lo que oye, Wilson apunta que Fraulein Rahm representa a muchas mujeres alemanas que asumieron puestos de liderazgo durante la guerra.
  «La película se ambienta en los años finales de la Guerra, cuando la población masculina había sido diezmada, por lo que las mujeres pudieron acceder a puestos de trabajo previamente ocupados por los hombres», explica Wilson. «Esto fue así. En 1945 era todos manos a la obra y las mujeres hacían lo que podían. Fraulein Rahm sirve en cada capacidad posible: enseña a las niñas sus tareas femeninas, le da fisioterapia a Jojo, y manipula la metralleta».
  La intrépida capacidad de improvisación de Wilson, así como su forma de equilibrar la absurda inconsciencia de su personaje con las consecuencias en la sociedad que tiene esta actitud, encajó a la perfección con la mezcla tonal de la película, según Neal. «Con frecuencia todo el equipo nos partíamos de risa con Rebel», recuerda. «Improvisaba, cada día creaba diálogos nuevos y así es como le encanta trabajar a Taika».

Stephen Merchant, CAPITÁN HERMAN DEERTZ...
  Quizás el personaje más hilarante, oscuro, y aterrador de Jojo Rabbit es el Capitán Herman Deertz de la Gestapo de Falkenheim, quien investiga a fondo las denuncias de judíos en la clandestinidad, así como a los sospechosos de participar en la resistencia. El difícil papel lo encarna el actor cómico y guionista inglés Stephen Merchant, conocido por ser el coescritor y codirector junto a Ricky Gervais de la enormemente influyente serie británica The office, por coescribir y protagonizar Extras con Gervais, por su serie cómica en HBO Hello Ladies y por dirigir su última película, Peleando en familia.
  Merchant pone en valor la aguja casi imposible que hiló Waititi en el guion. «Parte de algo que, a priori, es desolador, y encuentra la manera de inyectarle humor, emoción y corazón», dice el actor. «Vi en el guion un tono cargado, satírico, en la línea de, digamos, ¿Teléfono rojo? Volamos hacía Moscú y otras comedias negras que manejan temas serios con tratamientos divertidos».
  Aunque se trata de su primera colaboración, Merchant tenía la sensación de que estarían en la misma onda. «Supe que seguramente compartíamos una sensibilidad común, tanto con respecto a nuestros sentidos del humor como nuestro estilo de interpretación... y no defraudó. Taika fue un gran colaborador, muy complaciente, me permitió jugar con el personaje, improvisar».
  Parte del cometido de Merchant era mantener el punto amenazador del Capitán sin salirse del tono de farsa de la cinta. Espera que el personaje nos recuerde hasta dónde puede llegar el culto a la personalidad. «Hay algo que provoca la risa en la adoración de este pequeño hombre de bigote fino que parece un contable cabreado y esa es una de las cuestiones con las que Taika juega en la película», observa. «Se hace constar cómo la gente se deja enredar por, a falta de una palabra mejor, pamplinas. Es algo que sigue ocurriendo hoy en día. Seguimos viendo personas que se siguen dejando enredar por estas cosas, sobre todo cuando hay un uniforme de por medio y una identidad, por lo que, sí, merece la pena ridiculizarlo».
   «Claro que la película podrá levantar ampollas, pero espero que la gente comprenda que también es una historia hermosa y urgente sobre un niño que aprende por sí mismo a no aceptar ciegamente lo que le dicen sino a cuestionar lo que pasa a su alrededor», concluye.

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