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SINOPSIS
Gelsomina lleva una vida apacible en compañía de sus padres y hermanas, viviendo en una granja donde se dedican a la producción de miel. El padre eligió la vida en plena naturaleza, al creer que el fin del mundo está cerca. Dentro del programa de rehabilitación de presidiarios, hasta el lugar, es enviado un joven delincuente que amenaza con alterar la apacible vida de éstos y acabar con las estrictas normas impuestas por el cabeza de familia.
INTÉRPRETES
MONICA BELLUCCI, ALBA ROHRWACHER, MARGARETE TIESEL, ANDRÉ HENNICKE, SABINE TIMOTEO, SAM LOUWYCK
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NOTAS DE LA DIRECTORA...
El rodaje duró ocho semanas, después de varios meses de pre-producción para explorar las localizaciones apropiadas y elegir el reparto que diera vida a todo. Trabajamos con mucho entusiasmo y alegría y puedo decir de corazón que esta película existe gracias a un grupo increíble de personas que abandonaron sus propias ciudades y se mudaron a mi zona aislada. Emprendimos el mismo camino que la familia: encontramos una casa; la pusimos en orden; labramos una huerta y trajimos a los animales. Naturalmente,
tardamos meses en conseguir todo esto. Creo que se puede ver y apreciar en la película la relación tan especial que surgió entre los actores y el equipo con el lugar. En mi opinión, la experiencia tiene su importancia. A mí me gusta trabajar con una historia de ficción, una historia fabricada con personajes que no existen, pero que al mismo tiempo ofrezcan relaciones y sentimientos reales. Creo que a pesar de que se trata de algo invisible, puede llegar a penetrar en las imágenes como una especie
de polvo mágico, y esto de alguna forma se aprecia en la película.
"El país de las maravillas" es un film sobre el campo, sobre el amor, algo extraño, entre un padre y sus hijas, sobre la falta de herederos varones, sobre animales y sobre las pequeñas personas que viven en la televisión. Es una película rodada en el dialecto hablado en la región de Viterbo, pero cuando los personajes se enfadan, a veces responden en francés o alemán. "El país de las maravillas" también
es una fábula, es autobiográfica. La película se desarrolla en mi pueblo y entre mis paisanos: mi pueblo se encuentra en el campo (entre las regiones centrales de Umbria-Lazio y la Toscana) y las abejas son las criaturas que mejor conozco. También sé mucho acerca de las familias multiculturales, no solo porque mi propia familia es italo-alemana, sino porque hay muchas otras en esta región. Salvo estos elementos, ni la historia ni los personajes son autobiográficos, aunque definitivamente me son familiares. Quería hablar sobre lo que significa ser la hija
primogénita. De hecho, mi propia hermana Alba me sirvió de inspiración, dada la percepción que tenía de ella durante nuestra infancia. Al mismo tiempo, creo que me aburriría si trabajara en algo totalmente autobiográfico, ya que hay muchas cosas que deseo descubrir sobre la naturaleza humana más allá de mi propio ser. Cuando escribes un guión, necesitas crear personajes que son capaces de vivir y cautivar tu imaginación durante años. Es mejor que estos personajes sean desconocidos para mí, ya que de esta
forma nunca me cansaría de ir conociéndoles. Siempre llega el momento cuando alguien te pregunta de dónde eres. A mí me encantaría poder responder con una palabra, como Roma o Milán, pero en lugar de eso, me veo obligada a explicar que soy del campo, de una zona fronteriza entre Umbria-Lazio y la Toscana donde todas las identidades regionales se han perdido. Quizás hablo con alguien que conoce el lugar. “Pero claro, claro”, me
dice, “Estuve en Civita el domingo y me pareció que estaba viviendo en la Edad Media por un día”. Este fue el primer impulso que me motivó a trabajar en "El país de las maravillas": las dificultades que uno piensa que se va a encontrar cuando habla del campo, o de los pueblos pequeños que lo componen, como lugares “puros”, ajenos al tiempo y, por lo tanto, utilizables porque nunca podrán cambiar. Pero vistos desde dentro (o quizás desde la barrera), estos lugares no son en realidad así, y la pureza es solo una prisión en la que se han confinado ellos mismos a cambio de una comida caliente cada
día. Conozco bien a las abejas y durante una temporada trabajé en la producción de miel. Adoro a las abejas, y sin embargo, no resultó nada fácil convencer a las compañías aseguradoras de que nada malo iba a ocurrir durante el rodaje. Insistí en utilizar solamente abejas reales en la película, sin recurrir a efectos visuales. Quería capturar la sensación de la materia y que los actores trabajaran con colmenas y enjambres reales. La única forma de
conseguir esto era haciendo muchas pruebas. Recuerdo que los padres de María Alexandra Lungu (Gelsomina en la película) quedaron muy contentos; comentaron que si al final la película no se materializaba, por lo menos su hija habría aprendido una habilidad especial y ¡podría convertirse en apicultora! Para encontrar una imagen pura, necesitábamos un punto de vista que fuera híbrido. Y de una casa, claro. Y de la familia que la
habitaría. La casa que escogimos para la película siempre estuvo allí. Es una casa que tiene una mezcla de partes viejas y partes más recientes, aunque nunca fue reformada en un estilo uniforme. Hasta hace poco, lo normal era vivir así. Tú entrabas en una casa y llegabas a formar parte de la historia de esa casa, de la historia que te había precedido y que tú no podías controlar. Se solían tapar los huecos donde entraban corrientes de aire con goma espuma; se reemplazaban los azulejos que faltaban pero adaptando la casa al mundo que ahora existía.
Solo las nuevas generaciones han querido dar un estilo unificado a sus viviendas, ya fuera de estilo antiguo o moderno. No resultó fácil encontrar una casa para el rodaje. Todos los sitios que vimos estaban deteriorados por el paso del tiempo o estaban demasiado reformados. Durante estas excursiones de búsqueda siempre nos acompañaba el bellísimo libro de Roberto Innocenti, “La Casa”, que en cierta forma nos sirvió como guía.
La familia en "El país de las maravillas" está compuesta por el padre, Wolfgang, que es de algún país del Norte, quizás Bélgica o Alemania, y la madre italiana, Angélica. Tienen cuatro hijas: Gelsomina, la mayor, Marinella, Caterina y Luna. Tienen una huerta de verduras, un huésped permanente, Cocó, y ovejas y abejas. ¿Qué hacen allí? La respuesta es casi embarazosa, aunque real: quieren proteger a sus niñas. Ellos han visto que el deterioro, la destrucción y la corrupción están en todas partes, y piensan que el campo es su única salvación, si permanecen unidos. Sus intenciones son sinceras, a pesar de que a veces se expresen
con ira. Pero, ¿cómo pueden explicarle esto a la hija mayor, Gelsomina? Es la princesa heredera de la corona, la favorita de papá. Ella quiere una vida más sencilla, más serena, una familia menos idealista y con más sentido común, como las de sus amigas. Wolfgang siente que la hija en quien ha apostado todo, la hija que es mejor que él con las abejas, que es responsable y sensata, se le está escapando. Pero, ¿qué pasa si las hijas quieren marcharse a Milán o a Florida?¿Qué sentido tiene todo este esfuerzo?
La familia de nuestra historia no siempre estuvo allí, ni siquiera son oriundos de esta región, ni sabían al principio que fueran una familia. Son gente de la ciudad que tomó una decisión política de marcharse al campo porque no había empleo en las ciudades. Las protestas que hubo durante años habían sido sofocadas por la violencia y la desilusión. Leyeron libros; aprendieron con manuales a labrar sus huertas; trabajaron duro y lucharon solos frente a las estaciones. Todos ellos fueron antes otra cosa, con diferentes idiomas, distantes pasados, pero unidos por ideales comunes. He conocido muchas familias de este tipo en Italia pero también en Francia y en Grecia. Son comunidades pequeñas sin conexiones con las demás, con sus reglas autónomas y vidas paralelas a
aquellas que conocemos por el periódico. Pero la vida no es sencilla: tienes que trabajar duro y es difícil sobrevivir sin el confort que ofrece formar parte de un movimiento. No eres un verdadero agricultor porque no eres de la tierra. Tampoco se te puede definir como persona urbana porque has roto tus lazos con la ciudad. No eres un hippie porque trabajas hasta la extenuación desde el amanecer hasta la puesta del sol, ni puedes ser considerado como un empresario de la agricultura porque rechazas el uso de una tecnología más eficiente a cambio de una vida más sana. Al no pertenecer a ningún movimiento, a algo que se pueda definir desde fuera, solo te queda una palabra: familia. Precisamente es la palabra que querían destruir en las protestas de 1968 y ahora ese concepto se ha convertido en su Arca de Noé. Son una familia.
Trabajar con Sabine fue una gran experiencia porque es una actriz que se expresa con lenguaje corporal y moviéndose en poco espacio puede crear un personaje muy real, cómico o terriblemente dramático. No conocemos la historia de la misteriosa Cocò. Ella es una reliquia del pasado de la familia, pero su presencia es importante porque abre una llaga en su historia. Ha buscado refugio allí y quizás no pensaba quedarse, pero ha llegado a formar parte de la familia sin proponérselo, como a veces ocurre con un alambre atado a un árbol, que poco a poco acaba incorporándose al tronco. Como vemos que es imposible sacarlo, podemos volver a la historia, al gesto de la persona que lo ató al árbol. Esa es Cocò , una especie de cicatriz familiar. Con delicadeza, Sabine Timoteo ha dado vida a este personaje que, aunque a veces actúa de forma dudosa, no la juzgamos. Una maravilla es algo que te deja sin habla, te resulta imposible articular palabra. Es aquello que se encuentra a mitad de camino entre el mundo terrenal y lo fantástico. Igual que ha ocurrido con la palabra “tradición”, “maravilla” también se ha convertido últimamente en una palabra que la gente utiliza a la ligera, frecuentemente asociada a promesas de grandes emociones, maravillosas emociones. En "El país de las maravillas" hay pequeñas maravillas hechas de luz, sombras, animales, y secretos de la infancia. También hay grandes maravillas, aquellas relacionadas con la aparición de Milly Catena, la presentadora del concurso de televisión que promete reavivar el pasado.
"El país de las maravillas" nos lleva por un PAÍSaje cambiante, un concurso de televisión, y una familia sin lugar propio. Quizás sea una película sobre el fracaso. Las personas no cambian, no mejoran. Si no tienen un lugar propio al principio, no lo van a encontrar al final. No existe gente buena y gente mala. Hay personas que son más visibles y hay otras personas que cavan madrigueras. A menudo las personas visibles fracasan. Sin embargo, el hecho de sentir ternura hacia sí mismos y hacia su propio fracaso, les lleva hacia la felicidad. Hoy en día en Italia se habla del campo solamente para describir la destrucción y la eminente ruina, o para utilizarlo como un romántico e inofensivo escenario. Sin embargo, lo que ocurre en el PAÍSaje italiano es un cambio mucho más profundo y doloroso. La larga lucha por la tierra, aquel escenario milenario de los conflictos entre los terratenientes y los campesinos, se han quedado en la distancia; se han ido difuminando. Los campos de batalla han quedado vacíos y han llegado los mercenarios. Primero incendiaron todo lo que se encontraron a su paso. Después, se apoderaron de las pocas zonas que permanecían más menos intactas y las transformaron en asombrosos parques de atracciones para garantizarnos el ocio en nuestros días de descanso. Una especie de museo al aire libre.
Vivir en la Edad Media por un día: esto define la política territorial sistemáticamente ctualizada durante los últimos veinte años. Primero, intentaron destruir todo que representaba cultura—las plazas, los setos, las bibliotecas, los pequeños cines, los teatros provinciales, y las asociaciones y todos los sitios de reunión—para después transformar todo lo que quedaba en una cultura inocua como comida (con la boca llena, hablas menos) y pasado remoto (¿qué peligro puede representar un teatro etrusco?). De repente todo el mundo empezó a acordarse de que tenía una tradición y comenzaron a ser muy leales a ella. Pero no se puede extrapolar la tradición. Ésta se produce por capas y a menudo es la última manifestación de un proceso de cambio. No es plana; es profunda como un pozo. No se puede salvar y proteger solamente una capa de ella. Por eso, empecé a viajar por mi región, encontrándome con granjeros, empresarios agrícolas, y campesinos. Me preguntaba a mí misma: si vinieran unos extraterrestres, ¿qué es lo que entenderían de este lugar? ¿Sería posible que el festival campestre fuera lo único que quedara en una campiña casi totalmente agrícola? ¿Qué significa vivir en este PAÍSaje y formar parte de él? ¿Contener la explotación comercial por un lado y las dificultades ambientales por otro? ¿Existe una imagen que pueda sintetizar todo esto?











