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NOTAS DEL DIRECTOR...
Se me ocurrió la idea de 'El último concierto' cuando estaba promocionando Watermarks, la película que acababa de terminar. Quería que mi siguiente película fuese un drama sobre relaciones que explorase los complejos lazos icónicos que se crean entre padres e hijos, entre hermanos y entre las parejas que llevan casadas mucho tiempo. Como gran entusiasta de la música de cámara que soy, pensé que la estrecha dinámica que se establece entre los miembros de cuarteto de cuerda podía ser el escenario ideal para tal viaje. Convertirse en un cuarteto de cuerda estable implica años de actuaciones y ensayos íntimos e intensos, salpimentados con discusiones frecuentes sobre cada nota y cada opinión. Cada individuo puede ocupar el papel estelar de solista, pero su éxito depende de la habilidad que tengan para pasar por encima de sus egos y complementarse a pesar de las diferencias individuales.
Arnold Steinhardt, el primer violín del legendario cuarteto de cuerda Guarneri, describe un cuarteto de cuerda como “cuatro personas que dejan brillar su personalidad individual a la vez que encuentran una voz unificada... interminables cavilaciones, discusiones, críticas que... terminan en una interpretación”. En El último concierto quería explorar el delicado equilibrio necesario para conseguir una dinámica de relaciones gratificante, una que libere al individuo para que ascienda a su más alto potencial a la vez que contribuye de forma significativa al equipo, salvando la tensión entre el individuo y el grupo, entre el “yo” y el “nosotros”.
Para anclar la película musicalmente elegí como plato fuerte la pieza innovadora de Beethoven, una de las más conocidas, el Opus 131 en Do sostenido menor. Un elemento sorprendente de la composición es que Beethoven indicó que debía interpretarse attacca, sin pausa entre los siete movimientos. Cuando se toca una pieza de casi 40 minutos sin interrupciones los instrumentos terminan desafinándose, cada uno de una forma totalmente distinta. ¿Qué deberían hacer los músicos? ¿Pararse a la mitad y afinar o esforzarse por adaptar su tono, individualmente y como grupo, hasta el final? Creo que es una metáfora perfecta de las relaciones estables, que inevitablemente tienen dificultades y exigen un ajuste constante y una afinación muy cuidadosa debido a las mil formas en que las personas cambian y evolucionan a lo largo de su vida.
Desde el punto de vista musical, el Opus 131 nos lleva en una montaña rusa de emociones que van de las más hondas profundidades de la contemplación interior a alturas catárticas de energía explosiva. Para fundamentar todavía más el guión en el mundo de los cuartetos musicales, gravé durante varios meses al cuarteto de cuerda Attacca, de Juilliard School mientras aprendían el Opus 131. Los instruían algunos de los músicos de cámara más famosos del mundo. Para profundizar en la investigación, filmé al cuarteto de cuerda Brentano, uno de los cuartetos de cuerda líderes que hay actualmente en activo (y que luego grabaron la música para la banda sonora) tocando el Opus 131 delante de cuatro cámaras. Fue una experiencia valiosísima que contribuyó a definir el estilo cinematográfico de la película y preparar a los actores para su papel como músicos.