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DECLARACIONES DEL DIRECTOR...
"El irlandés" es un western. El salvaje oeste, en este caso, el oeste de Irlanda, donde una ciudad fronteriza aislada tiene por representante de la ley a un individuo excéntrico con una madre que se está muriendo, que tiene cierta afición a las prostitutas, y un gran sentido de lo absurdo.
Garda Gerry Boyle no se toma en serio nada ni a nadie, pero cuando un compañero del cuerpo desaparece y la pequeña ciudad que Boyle patrulla deviene un lugar importante en el gran esquema de las cosas, se ve obligado por lo menos a fingir interés cuando se las ha de ver con un agente del FBI asignado al caso carente del mínimo sentido del humor.
Así que, ¿qué es lo que tenemos aquí? Tenemos a un protagonista muy peculiar que ve las cosas desde una perspectiva negra y melancólica. Tenemos a tres villanos imprevisibles. Tenemos a un colega desconcertado que no tiene la menor idea de qué demonios está ocurriendo. Tenemos acción. Y tenemos un lugar extraño, inusual: Connemara, cuyos paisajes proporcionan en si mismos cierto tipo de grandeza épica.
En resumidas cuentas, disponemos de los ingredientes para una película de gran pantalla, poética, y visualmente estilizada, de resonancias míticas y un sentido del humor negro, en la tradición clásica de John Ford y Preston Sturges.
Las películas originales y emocionantes que el cine norteamericano produjo en la década de los setenta devinieron un patrón que marcó tendencia; eran películas, con independencia de que se tratara de dramas, comedias o thrillers, imbuidas de cierta esencia melancólica, de una cualidad evanescente que busqué atrapar plenamente. Junto al tipo de comedia negra que resulta decididamente dependiente de lo idiosincrásico y lo inesperado, y con una producción estilizada y diseño de vestuario desafiantes, "The guard" se evidencia muy inusual con respecto al habitual cine británico o irlandés, y se sitúa a años luz de las recientes tendencias de tono deprimente y menor.