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AGUAS OSCURAS
INFORMACIÓN
Titulo original: Dark Waters
Año Producción: 2019
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 126 Minutos
Calificación: No recomendada para menores de 7 años
Género: Drama, Biografía
Director: Todd Haynes
Guión: Mario Correa, Matthew Michael Carnahan. Basados en un artículo escrito por Nathaniel Rich
Fotografía: Edward Lachman
Música: Marcelo Zarvos
FECHA DE ESTRENO
España: 24 Enero 2020
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA
Entertainment One


SINOPSIS

Un tenaz abogado descubre el oscuro secreto que conecta un número creciente de muertes inexplicables con una de las corporaciones más grandes del mundo. En el proceso, arriesga todo: su futuro, su familia y su propia vida, para sacar a la luz la verdad...

INTÉRPRETES

ANNE HATHAWAY, MARK RUFFALO, BILL PULLMAN, WILLIAM JACKSON HARPER, TIM ROBBINS, VICTOR GARBER, MARE WINNINGHAM, BILL CAMP, LOUISA KRAUSE, CHANEY MORROW, DANIEL R. HILL, KEVIN CROWLEY, LISA DeROBERTS

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NOTA DEL DIRECTOR...
   No todos los días recibe uno un regalo de Mark Ruffalo, pero esa es la única forma de describir lo que acabaría convirtiéndose en la película AGUAS OSCURAS.
  Bajo su supervisión y la de Participant, ya era un proyecto que había adquirido gran velocidad cuando llegó inicialmente a mis manos, tan solo un año tras la aparición de la pionera historia de Nathaniel Rich en la revista del New York Times. La primera vez que la leí, me sentí, como la mayoría de la gente, atónito e indignado por la trama que Rob Bilott, el tenaz abogado defensor corporativo, descubre sin querer: la historia de DuPont y Teflon.
  Por complicada que pudiera resultar dramatizarla, contaba claramente una saga reciente y todavía en curso de abusos corporativos con una clarísima relevancia cultural y política, un proyecto para el que se te podían ocurrir múltiples directores de talento. Pero, por alguna inexplicable razón, Mark pensó en mí.
  Lo que Mark no se podía imaginar era que yo fuera en realidad un gran aficionado en secreto a ese género, el de las películas de informantes. No estoy precisamente solo en mi alta estima por Alan Pakula (y Gordon Willis) y su “trilogía de la paranoia” —Klute, El último testigo y Todos los hombres del presidente, de la década de 1970— o por los títulos que la seguirían en las décadas posteriores, como Silkwood, de Mike Nichol, o El dilema, de Michael Mann. Pero esas películas tenían algo que siempre me atrapaba, más allá de las historias de poder descontrolado (nadie se pone a ver Todos los hombres del presidente para descubrir lo corrupto que era Richard Nixon). No cabe duda de que saldrán a la luz abusos de poder, amenazas y encubrimientos, ya sean corporativos, industriales o gubernamentales. De hecho, es lo que se espera narrativamente de este tipo de cine, expectativa que se cierne a menudo fuera de la pantalla por delante de la historia. Pero en lo que verdaderamente se centran las películas de informantes es en esas personas corrientes, su proceso y el peligro —psíquico, emocional, cuando no mortal— que afrontan esos individuos que plantan cara a la verdad.
  En AGUAS OSCURAS, todo gira en torno al personaje de Rob Bilott, el insospechado héroe por excelencia, cuyas presunciones sobre las prácticas corporativas sufren un vuelco completo como consecuencia de todo lo que descubre sobre DuPont. Desconfiado, imparcial y constitucionalmente cauteloso por naturaleza, Rob Bilott, como la mayoría de los clásicos informantes, ya es una figura solitaria cuando empieza la historia. Y, como de costumbre, el desarrollo de los acontecimientos no hace sino aumentar dicho aislamiento. Que ese aislamiento, ese estigma, se refleje en el elemento desencadenante de la historia, Wilbur Tennant, y pueda verse propagándose por la red de implicados interdependientes, sorteando diferencias de clase, afectando a su paso a la vida pública, la vida familiar y la vida religiosa, demuestra lo especialmente insidioso de este contagio. Pese a esos vínculos, enfrentarse a esos poderosos intereses hará que tu mundo se reduzca y mermará tus facultades. Una película como AGUAS OSCURAS describe —con todo lujo de detalles— esa ruptura.
  Tras rodearme de un extraordinario equipo creativo, rodamos la película en exteriores de Cincinnati y Virginia Occidental, en su mayor parte a lo largo de un invierno glacial. Pudimos filmar en muchos de los lugares reales e incorporar a un maravilloso surtido de actores locales a nuestro magnífico reparto. Esa especificidad de tiempo y lugar se puede sentir en un lenguaje visual en el que un alucinante estilo observacional conecta esas localizaciones tan distintas en un intento de poner de relieve su interdependencia. El resultado es un paisaje estadounidense complejo, y a veces contradictorio, aunque uno en el que las diferencias de poder económico están claramente marcadas, incluso cuando se encuentran afrontando sus límites.
  Es a menudo como consecuencia de estas contradicciones, o improbabilidades, que el caso de Wilbur Tennant y la histórica demanda colectiva que lo siguió se podrían haber siquiera planteado. La improbabilidad de un abogado defensor corporativo empleado por la industria química que se cambie de bando para enfrentarse a un coloso corporativo como DuPont es precisamente lo que proporcionó a Rob la clase de tiempo y recursos necesarios para triunfar. Así que, sin la aprobación de Tom Terp y Taft Law, nunca podría haber sucedido. De igual modo, sin la obstinada perseverancia de un Wilbur Tennant, o un Joe Kiger, sin la resolución sobre vigilancia médica de Virginia Occidental, o la estrategia de dos estados que vincula la legislación de Ohio con Virginia Occidental, o el apoyo y la estabilidad que recibió de su mujer, Sarah, cuesta imaginar que se consiguiera ninguno de esos resultados, ni que el mundo llegara a descubrir alguna vez los peligros de los “productos químicos eternos” como el PFOA, que acechan a la vuelta de cada esquina en nuestras vidas.
  Aun así, estas películas rara vez tienen un final verdaderamente feliz (al fin y al cabo, casi siempre se basan en hechos reales) y AGUAS OSCURAS no constituye una excepción. En lugar de concluir con la recompensa de una victoria, muestra el acto de luchar como una situación duradera, una base para vivir de manera imperfecta entre el conocimiento y la desesperación. De ese modo, nos mantiene a todos dentro de la historia (una historia que se convierte en la nuestra).
   En AGUAS OSCURAS, lo que empieza como una contaminación regional y nacional del aire y de los sistemas de distribución de agua, da como resultado una contaminación global de los torrentes sanguíneos humanos, materializando, de hecho, nuestra interconectividad como residentes del planeta, e incluso como víctimas involuntarias de sistemas ideológicos y capitalistas. Pero, en la enormidad de esta catástrofe provocada por el hombre, estamos irremediablemente vinculados, y nuestro conocimiento y conciencia son lo que nos conecta unos a otros, como Rob a Wilbur, como Taft Law a Parkersburg, Virginia Occidental, en lo que es tanto una lucha interminable por la justicia como una pugna por la supervivencia.

LA BÚSQUEDA DE UN HOMBRE DE JUSTICIA MEDIOAMBIENTAL...
  En AGUAS OSCURAS, puede verse al alabado realizador Todd Haynes (Lejos del cielo) aventurarse en territorio inexplorado para contar una apasionante historia basada en el explosivo artículo que destapó una crisis urgente de salud pública y corrupción a los más altos niveles. Todo empezó el 6 de enero de 2016, cuando el suplemento dominical del New York Times publicó la fascinante crónica de Nathaniel Rich sobre la labor del abogado de Cincinnati Rob Bilott. Empleado por el despacho de abogados de Taft Stettinius & Hollister LLP, Bilott se convirtió en un insospechado defensor que sacó valientemente a la luz los peligros de un producto químico que llevaba años contaminando una comunidad rural, y castigó al gigante corporativo responsable de promocionar sus usos.
  La saga se desarrolla como una historia de terror: los Tennant, una familia que llevaba generaciones trabajando la misma vasta propiedad, empezaron a perder su ganado de manera alarmante. Los animales, otrora dóciles como mascotas, se volvieron feos y agresivos. Su piel se cubrió de lesiones, sus ojos tenían cercos rojos, les colgaba baba blanca por la boca, tenían los dientes ennegrecidos. Cuando murió un becerro negro, tenía el ojo de color azul eléctrico. Convencido de que la causa era la escorrentía del vertedero cercano de Dry Run, donde la fábrica de Washington Works, propiedad de DuPont, se deshacía de sus residuos, Wilbur Tennant pasó años buscando inútilmente respuestas.
  Desesperado, recurrió finalmente a Bilott, que había pasado tiempo de niño cerca de la granja de los Tennant en Parkersburg, Virginia Occidental. “Cuando nos abordaron inicialmente los Tennant para que intentáramos ayudarlos a averiguar qué era lo que estaba sucediendo en ese vertedero, el mundo con el que yo trataba era de materiales regulados y recogidos en listas, así que pensamos que podría tratarse de algo bastante sencillo”, recuerda Bilott. “Los ayudaremos a averiguar qué es lo que debería ir a ese vertedero y echaremos un vistazo a los permisos; descubriremos cuáles son los productos químicos que están llevando en realidad y qué podría estar excediendo los límites”.
  Después de casi un año, Bilott descubrió exactamente con qué estaban tratando: “un producto químico sin regular que no encajaba en ese mundo, lo que condujo a un proyecto muy diferente y mucho más grande”, comenta el abogado. La sustancia en cuestión es ácido perfluorooctanoico, o PFOA, que se remonta a 1951, casi dos décadas antes de que se fundara la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) en 1970.
  “Por desgracia, muchas de las leyes y normas federales que empezaron a publicarse en los 70 se centraban principalmente en productos químicos nuevos, sustancias que comenzaron a producirse y generarse a partir de ese momento”, prosigue Bilott. “No se puso tanto énfasis ni control sobre sustancias que ya existían, productos químicos como este que se utilizaban desde hacía décadas. Así que ahora afrontamos las consecuencias de eso —no haber retrocedido nunca para estudiar todo este gran grupo de productos químicos que llevaban décadas utilizándose sin básicamente ningún control”.
  Lo que el abogado descubrió era escandaloso. DuPont comprendía desde hacía tiempo que el PFOA podía causar todo tipo de secuelas, incluso letales. Aun así, según el artículo de Rich, para 1990, la compañía se había deshecho de 7100 toneladas de residuos de PFOA en el vertedero de Dry Run. La escorrentía de ese vertedero llegaba a los terrenos en los que pastaba el ganado de los Tennant. A partir de ese momento, Bilott se propuso como objetivo hacer justicia no solo con los Tennant, sino también con todos los demás que se hubieran visto expuestos al PFOA, o “productos químicos eternos”, como se denominan, dado que no se descomponen y permanecen para siempre en el organismo del sujeto.
  Para Mark Ruffalo, leer el artículo de Rich hizo que saltaran sus alarmas personales. Tanto como artista y como persona comprometida con el medio ambiente con una perspectiva global, Ruffalo sentía que una película sobre la lucha de Bilott podía representar una convergencia de su dedicación a su oficio y al medio ambiente. Ruffalo, que lleva luchando desde hace tiempo contra el cambio climático y por el aumento del uso de energías renovables, cofundó Water Defense en marzo de 2011 para concienciar al público sobre el impacto de la obtención de energía en el agua y en la salud pública; al año siguiente, ayudó a poner en marcha The Solutions Project, como parte de su misión de difundir ciencia, negocios y cultura que demuestren la viabilidad de las energías renovables.
  Después de un intercambio inicial de mensajes por correo electrónico, Ruffalo llamó a Bilott con una pregunta incisiva. “Le dije que me parecía que había una parte de la historia que no se explicaba por completo en el artículo”, recuerda Ruffalo. “Lo que quería saber de Rob era, ¿fue más difícil para él intentar hacer eso dentro de un bufete de abogados defensores corporativos que solo representa a empresas químicas? Rob me respondió: ‘Escucha, te lo contaré todo’. Eso era lo que realmente necesitaba para seguir adelante”.
  “Me parece que, para ser un héroe, vas a tener que hacer frente a una fuerte oposición, y procedente a veces de todas partes”, prosigue Ruffalo. “Ese es un verdadero viaje del héroe. Además, es una estupenda forma de contar historias. Cuanto más poco a poco puedas incorporar esas complejidades, mejor será la historia, y mayor será el logro cuando nuestro héroe consiga hacer lo que se proponía. Al principio, Rob cree sinceramente que las corporaciones son personas y en el concepto de su autogobierno. Está convencido de que debe tratarse de un simple descuido. Lo que acaba pasando es que descubre esa contaminación y encubrimiento, perpetrados por DuPont, que abarcan 40 años”.
  Para Bilott, una película suponía otra forma más de dar a conocer la importancia de la amenaza para la salud y la seguridad. “Es una oportunidad tremenda para hacer que la gente entienda la naturaleza y el alcance de esta amenaza para la salud pública”, opina. “Pero no solo eso, sino también, ¿cómo puede suceder algo así en los Estados Unidos? En el que deberíamos ver como el país más sofisticado del mundo, ¿cómo podría un problema de enorme contaminación mundial como este no solo producirse, sino originarse aquí, en los Estados Unidos? Esta película puede transmitir a la gente de una forma fácil de entender que no solo está sucediendo, sino cómo está sucediendo”.
  Poco después, Participant, de Jeff Skoll, también se embarcó en el proyecto. Conocida por películas con conciencia social, como el drama ganador del Óscar Spotlight —que recogía la investigación ganadora del premio Pulitzer del Boston Globe sobre los abusos sexuales sistémicos a niños de la Iglesia Católica, que contaba con Ruffalo en un papel de reparto nominado al Óscar como el periodista Michael Rezendes—, la productora encajaba a la perfección con una película que tenía un mensaje importante sobre justicia medioambiental. Ficharon al guionista Matthew Michael Carnahan, que ya había escrito anteriormente el apasionante drama basado en hechos reales Marea negra para Participant, para que adaptara la historia de Bilott para la gran pantalla. Una vez terminado un borrador preliminar, Ruffalo envió el guion al realizador Haynes a finales de 2017 a fin de hacerse una idea de su interés por dirigir el proyecto.
  Aunque Ruffalo y Haynes no habían trabajado nunca juntos, ambos eran admiradores del trabajo del otro. Haynes era tal vez especialmente adecuado para contar la historia, al haber hecho ya películas de hermosa factura que contaban temas de marginación en Carol y Lejos del cielo y de contaminación del medio ambiente en Safe y Veneno (Poison), que contribuyeron al diálogo social.
  Efectivamente, el guionista y director nominado al Óscar asegura que se sintió enganchado desde el primer instante a la historia de Bilott y entusiasmado ante la perspectiva de explorar un nuevo género. “AGUAS OSCURAS no encaja exactamente con el tipo de películas con las que se me suele identificar, pero resulta que es una película de un género, el cine de informantes, a falta de una definición mejor, que siempre me ha encantado”, comenta Haynes, que cita películas tan emblemáticas como Todos los hombres del presidente y El dilema como algunas de sus favoritas.
  Por aquel entonces, Haynes estaba centrado en terminar la posproducción de su conmovedora película Wonderstruck. El museo de las maravillas, pero, en cuanto estuvo listo para buscar su siguiente proyecto, sabía exactamente cuál sería. Se puso en contacto con sus socias en la producción desde años en Killer Films, Christine Vachon y Pamela Koffler, que se apuntaron encantadas. “Esta es una historia que hace falta contar”, afirma Vachon. “Para mí, lo que hace que este filme funcione es que es una fantástica película de informantes. Lo que me atrajo fue ver lo que hace que alguien esté dispuesto a hacer eso, porque tiende a poner tu vida patas arriba de maneras que no suelen ser precisamente buenas. La mayor parte de la gente que se ve metida en una situación así se da cuenta de eso y sabe que va en contra de muchas de las cosas que les proporcionan estabilidad. La psicología, el drama de eso, me resulta realmente fascinante”.
  Koffler agrega: “Lo que más me llamó la atención era lo bien que el guion asimilaba una enorme cantidad de información técnica, desde los puntos de vista químico, legal y medioambiental, cómo un caso avanza por el sistema jurídico a nivel estatal y federal, hasta las repercusiones para la salud que conlleva... la historia tiene muchas partes. Condensar todo eso para obtener algo digerible, de la duración de una película y con momentos dramáticos, suponía todo un reto... pero lo hicieron muy bien, he de admitirlo”.
  Para asegurarse de que hasta el último detalle en que se apoyaba el drama del guion fuera lo más preciso posible, Ruffalo y Haynes, junto con el guionista Mario Correa, al que ficharon para que se encargara de las revisiones del guion, viajaron a Cincinnati en mayo de 2018 para hablar con ciertas figuras de la vida profesional de Bilott, como Thomas Terp, socio del bufete y supervisor de Bilott, así como el propio Bilott.
  “Fue un verdadero privilegio conocer a Mark Ruffalo y pasar tiempo con él, es realmente una de las personas más encantadoras, sencillas y auténticas que he conocido en mi vida”, afirma Bilott. “Estaba comprometido a sentarse y tratar de entender qué sucedió a lo largo de esos 20 años, no solo en el aspecto legal, para lograr que el caso avanzara por el sistema jurídico, sino también lo que pasaba en el terreno personal. Se centró en el impacto personal, no solo para mí, sino también para mi mujer, mi familia y mis socios del bufete”.
  Haynes y Correa también se desplazaron a Parkersburg, Virginia Occidental, para reunirse con otras figuras importantes de la saga, acompañados por Bilott en dicho viaje, que ejerció de guía turístico, y vieron de primera mano la propiedad de Washington Works, una enorme instalación 35 veces más grande que el Pentágono. “Era una gigantesca planta que arrojaba humo y emisiones”, recuerda Haynes. “Sientes que te atraviesa la piel, esa niebla y bruma en la que te metes. Tu vista parece como filtrada y contaminada. No te libras realmente de esa sensación hasta un buen rato después de marcharte”.
  Aunque Haynes había hecho numerosas películas con personajes inspirados en gente real, el nivel de autenticidad requerido por AGUAS OSCURAS era algo nuevo para el realizador, y no se lo tomó a la ligera. “Ese fue el mayor reto desde el principio: cómo mantenernos fieles a los hechos, respetar la particularidad y singularidad de estos personajes y sus experiencias, pero hacerlo accesible para los espectadores, hacer algo que los espectadores puedan seguir y con lo que puedan sentirse abstraídos”, explica Haynes.

EL ASPECTO DE AGUAS OSCURAS...
  El rodaje de AGUAS OSCURAS empezó en exteriores de Cincinnati, Ohio, el 14 de enero de 2019, pero, mucho antes de que las cámaras empezaran a grabar, Haynes y los productores reunieron a un equipo extraordinario para ayudar a contar la historia de la lucha de Rob Bilott lo más verazmente posible. A tal fin, Rob y su mujer, Sarah Barlage Bilott, pasaron tiempo en el set de rodaje durante la filmación.
  “Todd se ha inspirado y basado mucho en las contribuciones reales, en lo que verdaderamente sucedió, y ha utilizado eso como punto de partida sobre el que construir la película, toma ese principio de verdad y le infunde su visión como cineasta”, explica la productora Pamela Koffler. “No dejaba de hacerle a Rob preguntas del tipo: ‘¿Cómo tomabas nota? ¿Cómo embalabas las cajas? ¿Cómo sistematizabas montones de información?’. Toda clase de cosas, desde sus hábitos, al temblor de su mano, a lo que su familia tomaba para cenar, todos esos pequeños detalles sobre la cultura del lugar de trabajo, la cultura de la familia, de los que surge la narración. Así, los distintos departamentos pueden luego plasmar todo eso en la pantalla para contar la historia, partiendo de lo que sucedió realmente”.
  La productora Christine Vachon agrega: “Llevo más de 30 años trabajando con Todd. Pone muchísimo cuidado en todos los detalles que aparecen en pantalla, y todo contribuye a la historia que está contando, un elemento de atrezo, un movimiento de cámara, el vestuario, la peluquería... cada detalle está pensado cuidadosamente. Y lo que resulta increíblemente emocionante es que verdaderamente no ha hecho nunca nada como esto. Verle pasar a un género que adora pero que no había tenido realmente ocasión de explorar antes es maravilloso... y lo está haciendo de una forma muy visual y con mucha fuerza”.
  Para filmar AGUAS OSCURAS, Haynes decidió continuar una colaboración que se remonta a 2002, con su director de fotografía de Lejos del cielo, Edward Lachman, que fue nominado al Óscar tanto por esa película como por el drama de 2015 de Haynes, Carol. “Ed es un perfeccionista”, opina Haynes. “Ed es un artista. Se entrega como nadie al trabajo y a los detalles”.
  También figura entre los artesanos de talento tras las cámaras a los que recurrió Haynes para colaborar en este proyecto la diseñadora de producción Hannah Beachler, que se convirtió el año pasado en la primera afroamericana en ganar el Óscar al diseño de producción por su innovador trabajo en el gran éxito de taquilla de Marvel Black Panther. Aunque era la primera vez que colaboraba con Haynes, Beachler aportó, además de su galardonado currículo, una historia familiar relacionada directamente con el tema. Se crió en Centerville, Ohio, y estudió en universidades de Cincinnati y Dayton.
  “Me crie en cierto modo en la vida rural de los pueblos pequeños”, aporta Beachler. “Mi padre era arquitecto, y crecimos en mitad de una zona de bosques. Mis vecinos eran granjeros; los hijos de mi hermana son granjeros. Comprendo ese tipo de vida. Rob es un hombre que tiene dificultades para encontrar su lugar en estas construcciones sociales; eso me fascinaba”.
  Al principio del proyecto, Beachler se echó a la carretera para visitar los distintos lugares y personas que llegan a verse en AGUAS OSCURAS, como parte de su misión de contribuir a la verosimilitud del filme. “Fuimos primero a la granja de los Tennant en Parkersburg y conocimos a Jim Tennant, nos llevó en su tractor y hablamos de su tierra”, recuerda Beachler, “Te interesa pasar el mayor tiempo posible con la gente y los lugares reales para captar las texturas y pequeños matices de sus vidas. No pretendemos crear copias, sino captar su esencia para una película narrativa. Se trataba de una obra muy importante. Y se trataba de ver cómo cada una de esas familias había creado su hogar: los Tennant, los Bilott, los Kiger. Lo que era importante para ellos quedaba reflejado en los distintos entornos”.
  Pese a ser una historia ambientada en el pasado reciente, fue necesario realizar cierta labor de documentación: “Se trata de finales de los 90, principios de los 2000”, comenta Beachler. “Es una época muy ambigua, que todos más o menos recordamos, pero hemos olvidado al mismo tiempo. ¿Quién tenía qué tecnología? Como, ¿qué teléfonos móviles había? ¿Televisiones? ¿Qué habría en los escritorios de los despachos de los abogados? También es interesante porque Taft, como otros grandes bufetes, estaba empezando a promocionarse como marca, publicitando sus servicios legales. Así que incluso ellos estaban cambiando sus tradiciones. La labor de documentación tuvo un impacto enorme en el aspecto final de la película”.
  La producción aprovechó muchas de las localizaciones reales, rodó en las oficinas de Taft Stettinius & Hollister, LLP, así como en el Salón de los Espejos del Hilton Netherland Hotel, donde el bufete celebraba sus cenas de socios (Rob y Sarah Barlage Bilott aparecen como invitados en la escena de la Cena Anual de la Alianza Química de Ohio de 1999 ambientada en el hotel). Pero esa fue solo una de las ventajas de rodar en Cincinnati, según Vachon. “Ha sido estupendo mostrar la ciudad, en vez de tratar de hacerla pasar por otro sitio”, comenta la productora, cuya Killer Films ha hecho ya cinco películas en la ciudad de Ohio. “Hay numerosas razones por las que nos encanta rodar aquí, la gran variedad de localizaciones, los entregados y apasionados equipos técnicos y los estupendos actores locales”.
  Después de haber filmado Carol en Cincinnati, Haynes estaba encantado de volver una vez más a la ciudad; de hecho, era esencial para contar adecuadamente la historia de Bilott. “Cincinnati es una ciudad que me gustó mucho”, comenta el cineasta. “Este es el primer proyecto que conozco que está ambientado realmente en Cincinnati y es específico de ese lugar y en un momento bastante reciente de la historia. Eso nos permitió aprovechar el lugar y lo que tiene realmente de especial, sin tener que disfrazarlo y ocultar dónde estamos. Es un lugar singular que ofrece una gran variedad visual”.
  Beachler se quedó especialmente prendada de las oficinas de Taft, situadas en pleno distrito empresarial del centro de Cincinnati. “Rodar en el lugar en que sucedieron realmente los hechos resulta inspirador, pero es que además es un sitio con un aspecto estupendo”, asegura. “La distribución de la estructura, esos pasillos con esos ángulos y recodos, ofrece muchas maneras de rodar. Encaja perfectamente con la forma de Todd de contar la historia”. Los lugares de trabajo que se utilizaron dentro de Taft fueron el despacho de Tom Terp, una sala de conferencias, la recepción, una sala de descanso y esos sinuosos pasillos.
  Se eligió una granja operativa en el municipio de Colerain, no muy lejos de la ciudad, para que hiciera las veces de la granja de Wilbur Tennant, mientras que la comunidad cercana de Hamilton hizo de la calle mayor de Parkersburg, Virginia Occidental, así como sus casas e iglesias. Por su parte, el hogar de los Bilott se recreó en una casa de Hamilton County de la época y se decoró para que pareciera de finales de los 90. Para el equipo responsable del proyecto, había una profunda conexión entre los hogares de ambas familias. “Queríamos que las dos casas se parecieran”, explica Beachler. “La visión de Todd era que no estábamos separando a estas familias. Vemos a la sociedad a través de una lente, que señala las diferencias de clase social entre las personas, pero queríamos centrarnos en la humanidad que posee todo el mundo”.
  Ese mismo espíritu se aplicó también al vestuario diseñado por Christopher Peterson, que ya había colaborado anteriormente con Haynes como diseñador adjunto de vestuario en el drama de 2015 Carol. “Somos siempre conscientes de los mundos tan diferentes en los que se ambienta esta historia”, comenta Peterson. “Al principio, vemos a Wilbur y Jim Tennant con su ropa de faena, esperando en el vestíbulo de un bufete de abogados corporativo de Cincinnati. Taft es un mundo muy corporativo. Es plano, más oscuro, más frío, simple. Tal vez haya una corbata que destaque, pero los trajes sirven para igualar a todos. Después está Rob, con su abrigo y su traje, saliendo de su coche en Parkersburg. Es un estudio de contrastes, con Parkersburg como un entorno con muchas más texturas. Cuadros escoceses y telas vaqueras, ropa de trabajo, gente que no le da muchas vueltas a qué ponerse”.
  “La directriz de Todd era diferenciar esos mundos, esos peces fuera del agua”, prosigue Peterson. “Más tarde, te das cuenta de la faceta heroica de estos hombres, porque se aventuraron más allá de sus propios mundos”.
  En una reunión inicial con Mark Ruffalo, Peterson recibió lo que se convertiría en un elemento clave de sus diseños para los Bilott: unas cuantas fotos de Rob, Sarah y sus hijos. Eso llevó al descubrimiento de años de álbumes de fotos familiares meticulosamente organizados por Rob, con el mismo detallismo que emplearía al revisar décadas de documentos internos de DuPont.
  “De pronto me encontré delante de mí cada año que cubrimos en la película, desde 1998 a 2013”, recuerda Peterson. “Mes a mes, durante años, tuve acceso a ellos”. Peterson también pasó una velada con los Bilott en su casa, hojeando fotos, haciendo preguntas concretas. En cierto momento, Sarah mencionó que muchas de las prendas de ropa que aparecían en las fotos seguían arriba, en sus armarios. “Empecé a ver su ropa y Sarah me preguntó: ‘¿Quieres llevártela?’”, prosigue Peterson. “Miré la talla... y también era la talla de Anne”.
  Además de la verosimilitud, la sutileza también era importante. “La ropa está al servicio del mensaje”, opina Peterson. “Una floritura podría distraer de la seriedad de lo que se está contando”.
  Es cierto, el extraordinario talento de los cineastas está enteramente puesto al servicio de algo más grande, un importante examen de conducta ilícita corporativa y de un hombre que lo arriesgó todo para sacar a la luz esas fechorías. “Esta película tiene muchas facetas, y naturalmente queremos que la gente salga de ella sintiendo que han visto algo extraordinario en cuanto a interpretaciones, fotografía, diseño y realización”, concluye Vachon. “Pero también queremos que salgan con un nuevo punto de vista sobre cómo ha afectado esto de manera insidiosa a nuestras vidas y cuál ha sido nuestra respuesta como país”.

LA LUCHA CONTINÚA...
  Puede que AGUAS OSCURAS esté terminada, pero su oportuna historia de un medio ambiente en peligro dista mucho de haberse acabado. “La película tiene una relevancia crucial para lo que está sucediendo ahora mismo en nuestro panorama político, en nuestro panorama medioambiental, en nuestro panorama legislativo”, opina el director Todd Haynes. “Hemos estado viendo cómo desmantelaban sistemáticamente las regulaciones medioambientales relativas al agua, el aire, las especies en peligro y, por supuesto, el cambio climático, así que ahora mismo todo está en juego. Es urgente que esta película llegue al mercado y que la gente pueda empezar a hablar del tema, descubra la historia y lo vea a través de la experiencia de los propios individuos que hicieron que todo esto sucediera”.
  Para ayudar a difundir el mensaje central de la película sobre el poder de una persona corriente que utiliza su voz para cambiar el mundo, Participant organizará una campaña para luchar contra los productos químicos eternos, con la idea de dar a conocer estas sustancias tan poco conocidas y exigir protecciones más estrictas de los líderes que están en el poder. Además, la campaña apelará a los consumidores para que dejen de comprar productos hechos con sustancias químicas eternas y animará a líderes empresariales a unirse al creciente movimiento para eliminar las sustancias químicas eternas de sus productos y estanterías. Toda la actividad se alojará en www.fightforeverchemicals.com, donde la gente podrá actuar para protegerse a sí mismos y a su comunidad.
  “Soy un optimista tremendo, en el sentido de que creo en el poder del individuo”, aporta Tim Robbins. “Una persona puede detener a una multitud. Una voz racional puede cambiar la opinión pública. No tiene por qué haber un enorme movimiento para que se convierta en una causa justa. ¿Quién va a hacer responsable a aquellos que ostentan el poder? Creo que es el individuo. Son los Robert Bilott de este mundo los que me dan esperanza para el futuro”.
  Anne Hathaway prosigue: “Rob Bilott no está en esto por la gloria. No le interesa la satisfacción inmediata. Ha recorrido un largo, larguísimo camino, y él mismo sería el primero en decir que no lo ha hecho solo. Esa es una de las cosas que creo que la película hace muy bien: mostrar que esta persona extraordinaria, dentro de un entorno no exento de problemas, recibió en última instancia mucho apoyo. Juntos, fueron capaces de hacer algo. Y ese no es el fin de la historia. Una de las cosas que más me gusta de la película es lo que sucede a continuación. Lo que sucede a continuación... somos nosotros. Tenemos que aparecer. Tenemos que dar la cara por nuestro planeta, los unos por los otros y por nosotros mismos”.
  La estrella y productor de AGUAS OSCURAS, Mark Ruffalo, concuerda con la actriz: “De lo que estamos hablando aquí es del poder del individuo para lograr un cambio enorme, con la ayuda de una comunidad”, explica Ruffalo. “Creo que el mensaje primordial es que nos necesitamos unos a otros. Nadie más va a hacerlo por nosotros. Nadie más va a hacer del mundo un lugar mejor. Solo nosotros, juntos. Y esta historia sobre el agua trasciende todas las divisiones políticas, ideologías, sexo, raza, religión. Todos sabemos intrínsecamente lo importante que es para nosotros tener agua limpia, y es a base de mostrar estos enormes problemas de formas como esta que creo que veremos un verdadero cambio positivo en el mundo”.
  El abogado de Ohio, el hombre que dio la cara para defender lo correcto, Rob Bilott, dice que su mayor esperanza con respecto a los espectadores que acudan a ver AGUAS OSCURAS no es que conozcan su nombre ni su historia concreta, sino que se den cuenta de que todos y cada uno de nosotros podemos marcar la diferencia en el mundo.
  “Una de las cosas con las que espero que se quede la gente cuando vea esta película es que entienda el poder tan increíble que puede tener una persona”, señala Bilott. “Estamos en los Estados Unidos. Tenemos un sistema jurídico que puede tener problemas, pero sigue siendo probablemente el mejor sistema jurídico del mundo, en el que un individuo puede enfrentarse realmente a una enorme corporación multinacional u otras entidades poderosas, puede acudir a un tribunal y encontrarse en igualdad de condiciones... y conseguir justicia. Un individuo que persiste tiene poder, si defiendes aquello en lo que crees y no te rindes, puedes obrar cambios reales. Una sola persona, un granjero, una comunidad, pueden enfrentarse a lo que puedan parecer como fuerzas insuperables y lograr cambios drásticos y, con un poco de suerte, hacer del mundo un lugar mejor para todos”.

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