Ante esta película se repite una vez más la impresión que casi siempre causa la visión de los hermanos Marx, la absoluta modernidad de su cine, su humor, el sentido corrosivo de su comicidad y el lastre que suponía el aspecto musical de sus obras, lógico por otra parte en esos años del comienzo del sonoro, en los que había que exhibir la nueva técnica para atraer al público.
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