El gran director americano, Orson Welles, hace una obra inferior en ambiciones a otras suyas, pero de altura. No todas han de ser obras cumbres. Con Welles presentando sus juegos y ceremonias, con una estructura abierta, con un tono que pasa con habilidad de lo frívolo a lo serio, el film nos presenta una meditación sobre el arte y sus falsificaciones, sobre los artistas y su autenticidad.
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