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CRITICA
Por: PACO CASADO
Habría que decir que para este viaje no se necesitan alforjas. Nos explicamos.
Tras el éxito conseguido por Randall Kleiser en 1980 con "El lago azul" y al cabo de poco más de una decena de años, Hollywood, o mejor, el propio Kleiser, se plantea continuar aquella historia, ahora que se llevan las secuelas de películas, que parecen constituir una inevitable moda.
Para ello se elige la novela escrita por Henry de Vere Stacpoole titulada "El jardín de Dios", que si no es igual que la primera es prima hermana, porque lo que aquí se nos cuenta, no sabemos si está en el original literario, porque lo desconocemos, es el final de la primera película, en la que los dos adolescentes naufragan en una pequeña embarcación con su hijo pequeño, que aquí es recogido por un barco, entregado a una mujer que ya tiene otra hija de la misma edad y abandonados éstos a su suerte por entrar una epidemia de cólera en el barco.
Y aquí comienza a repetirse la misma historia, la llegada a la isla, la muerte de la señora y la soledad de los dos adolescentes que vuelven a tener que defenderse solos ya a prender todo en lo que se refiere al amor y cuestión sexual.
Como se ven el relato se repite, con pequeñas o ligeras variantes, motivo por el cual decíamos lo apuntado al principio, que no hace más que repetirse la misma historia filmada diez años antes y que supuso, más o menos, el debut de Randall Kleiser como director y el prácticamente descubrimiento o lanzamiento de Brooke Shields como actriz.
Por su parte William A. Graham hace con esta su décima película y también se enfrenta al lanzamiento prácticamente de dos actores jóvenes que son casi debutantes.
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