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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
El cine americano, al menos en su época más brillante y válida, ha tenido la fortuna de disponer no solo de una serie de grandes clásicos y maestros sino también de un gran número de excelentes profesionales que sabían llevar perfectamente a buen término un guion o una temática de cualquier tipo o perteneciente a cualquier género.
Uno de éstos directores sólidos podría ser Paul Wendkos, hombre que ha rodado esencialmente policiacos y dramas costumbristas, y que tiene la práctica suficiente para dar credibilidad y buen tono al guion que sea.
En este caso concreto Wendkos se encarga de rodar una historia de satanismo, una historia que sin parecerse argumentalmente, recuerda sin embargo de inmediato a críticos y espectadores aquella excelente "La semilla del diablo" que dirigiera Roman Polansky en el mejor momento de su carrera.
En "El vals de Mephisto", que es la traducción exacta del título original hace alusión a una composición e Franz Listz, tenemos la inquietante presencia de los demonios y sus súbditos en plena Norteamérica de los años setenta.
La lucha de una mujer en solitario contra ellos será inútil hasta que no adopte sus misas armas, en un excelente y parabólico final, acaso demasiado sutil dado el tono comercial que respira la cinta, final que nos tememos no sea comprendido argumentalmente por la mayoría de los espectadores.
Con algunos efectismos y sin un total rigor, el film de Paul Wendkos resulta interesante en su totalidad por la temática abordada, temática lógicamente reservada a nivel moral para públicos formados, y por el desarrollo que el realizador ha sabido darle.
En la interpretación, casi todo el peso se reduce a Jacqueline Bisset, muy segura, frente a un desigual y flojo Alan Alda, y unos eficaces secundarios.
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