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CRITICA
Por: PACO CASADO
Dentro de la gran producción que lleva a cabo Carlo Ponti se incluye no solo la película de grandes ambiciones sino también incluso este policiaco de tipo B, realizado por un director italiano como Antonio Margheritti que se enmascara de cara al exterior como Anthony M. Dawson y que cuenta como gancho principal en la cabecera de cartel con un avejentado Lee Van Cleef.
Un antiguo ladrón de cajas de caudales, retirado ya, se ve metido de nuevo en un asunto de seis millones de dólares en diamantes por echar una mano al hijo de un viejo amigo suyo, aunque después las cosas resultan muy distintas de como se había planteado el asunto en un principio, con sorpresa final incluida.
La película está planteada como un simple producto comercial de consumo, que simplemente pretende hacer pasar un rato entretenido.
Esta es su mejor virtud, puesto que aunque sea jugando con las cartas que son convencionales en estos casos, logra su propósito.
Lo que parece simple en un principio va complicándose poco a poco, los personajes van dando la vuelta y presentando la otra cara que ocultaban, y mientras tanto van transcurriendo las aventuras sin que notemos el paso del tiempo, lo que ya en sí es una virtud.
No le pidamos peras al olmo. Esta es la cera que arde y en este caso Anthony M. Dawson, con su oficio, sabe sacarle el partido debido al material que se le ha puesto en sus manos, haciendo un producto correcto, que logra su propósito.
Lee Van Cleef siente el paso del tiempo, pero aún posee poder de convocatoria para los aficionados que le siguieron en su día.
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