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CRITICA
Por: PACO CASADO
El director Harold Becker nos plantea una película pacifista de forma original, organizando una guerra muy particular que pone en solfa el sentido del deber.
La acción se desarrolla en la venerable Academia Militar de Bunker Hill, un instituto con 141 años de antigüedad va a ser demolida y sustituirla por un bloque de apartamento pone a los cadetes en guardia.
Cuando al final de curso salta la noticia de que el edificio ha sido vendido para hacer una urbanización, los jóvenes cadetes dirigidos por su pesado comandante se apoderan del campus.
Los cadetes militares toman medidas extremas para asegurar el futuro de su querida academia cuando su existencia se ve amenazada por los promotores de bloques de apartamentos para construir en su lugar.
El general Bache, militar veterano algo desquiciado, da a los jóvenes la idea de hacerse fuertes y defender el edificio.
El mayor Moreland, de 17 años, se lo toma al pie de la letra y al mando de sus compañeros trata de evitarlo, lo que trae consecuencias ciertamente trágicas.
El film nos da un lúcido análisis de la sociedad norteamericana y de esta parcela del ejército en tiempos de paz.
La historia se lleva demasiado lejos, haciendo los jóvenes suya la frase de un célebre general norteamericano de que "el hombre ha sido hecho para la guerra".
Harold Becker dirige la cinta con pulcritud hasta en sus más leves detalles, lo que alarga el relato y decae el ritmo en su segunda mitad.
Los jóvenes actores se comportan bien, capitaneados por Timothy Hutton, que ganó el Oscar por su actuación en la película 'Gente corriente' (1980), con una breve intervención del veterano George C. Scott..
En su reparto se descubren las caras de Sean Penn o Tom Cruise en interpretaciones en sus comienzos de carrera en el cine.
Timothy Hutton fue nominado a los Globos de oro.
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