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CRITICA
Por: PACO CASADO
Robin Williams parece que le ha dado por pasarse a un género más dramático en lugar de la comedia, ya que en poco tiempo le hemos visto en 'Retratos de una obsesión' (2002), 'Insomnio' (2002) y ahora en 'Smoochy' (2002), encarnando en cada una de ellas el papel de un asesino o alguien con instintos criminales.
Así ocurre en esta comedia en la que Raimbow Randolph, que tiene un programa de televisión infantil, se descubre que es alcohólico y se deja sobornar por padres que quieren que sus hijos aparezcan en su programa y rápidamente es despedido y sustituido por otro artista que se disfraza de rinoceronte.
Pronto se hace muy popular y no sólo le ha quitado el puesto sino también la novia, por lo que no desea otra cosa que fraguar un plan para matarlo.
Una comedia ácida, que critica el mundo de la televisión y las rivalidades de los artistas que los hacen, así como los manejos interiores de la audiencia y otras cuestiones televisivas que DeVito no se atreve a llevar hasta sus últimas consecuencias, claudicando con un tramo final acomodaticio y bastante blandito.
El guion tiene un punto de partida interesante, pero no acaba de tener la mordacidad necesaria.
Los números musicales utilizados son flojos y la interpretación es como para salir del paso, a pesar de tener un trío de actores de cabecera de categoría.
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