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CRITICA
Por: PACO CASADO
Henri George Wells es uno de los escritores norteamericanos más destacados en el terreno de la ciencia-ficción, del que recordamos algunas novelas suyas que fueron transformadas en películas, ya lejanas en el tiempo como La guerra de los mundos (1953) o más cercanas como 'El alimento de los dioses' (1976).
En esta ocasión H.G. Wells sigue con su género preferido en el que ha creado un doctor Moreau que, aislado del mundo en una isla del Pacífico, aparentemente desierta, se dedica a sus extraños experimentos, que consisten en aislar cromosomas raciales específicos y transformar animales en humanoides a los que pone a su servicio.
Las experiencias acaban en tragedia.
Es justo destacar, en primer lugar, los nombres de Dan Striepeke y John Chamber, dos fabulosos maquilladores que reiteran el arte ya exhibido en 'El planeta de los simios' (1968).
Junto a los animales de Ralph Helfer se erigen en autores del espectáculo que ofrece este film, que es la tercera versión que se hace de la famosa novela de H.G. Wells.
Recordemos que la primera fue en 1930, con una soberbia interpretación de Charles Laughton en el personaje del Dr. Moreau, el demente ser que aplica su conocimiento de la ciencia en crear una nueva raza intermedia entre el hombre y los animales.
El tema está aquí más virado a lo espectacular que a dar una cierta verosimilitud científica a las experiencia del perverso doctor, que terminan mal.
Don Taylor, realizador de 'Huida del planeta de los simios' (1971) ha tomado un cierto gusto por los animales humanoides.
La cinta es un continuo desfile de seres fantásticos, que a veces convierten la escena en un tremendo carnaval.
En contraste con el carácter eminentemente espectacular de esta producción, el guion se empeña en acumular explicaciones para que el espectador crea que es posible lo que contempla, algo que abruma por inútil, lo mismo que las exageraciones de Michael York en su crisis de licantropía, mientras que Burt Lancaster está más discreto.
En la realización se han derrochados medios para poder cumplir con las reglas de la superproducción.
Interesa poco lo que sucede, pero los trucos, maquillaje y efectos especiales están bien conseguidos para lograr el rango como gran espectáculo.
Don Taylor, director de la película, ya tiene experiencia en el terreno de la ciencia-ficción tras haber dirigido una de la serie de 'El planeta de los simios' (1968), concretamente la segunda, 'Huida del planeta de los simios' (1971), tal vez por ello aquí también ha contado con el mismo equipo de maquilladores y efectos especiales para la transformación de los animales en humanoides, que está bien logrado.
En cuanto a la realización el guion está algo estirado en algunas escenas, pero no obstante sabe dosificar los momentos de interés que hacen que no decaiga la atención del espectador durante las aventuras que se van sucediendo, en las que no falta incluso un pequeño romance amoroso que da también un aliciente a los mayores.
Tiene un buen colorido la fotografía de Gerry Fisher y posee una adecuada música compuesta por Laurence Rosenthal.
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