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CRITICA
Por: PACO CASADO
La comedia de los años cincuenta de carácter cómico tenía todas las características que aparecen reflejadas en este largometraje.
Un endeble guion, un tanto desigual en el fondo, una dirección de puro oficio y un cómico más o menos de moda, con la inclusión de algunas canciones y números de baile como reminiscencia del musical de los años precedentes.
En este género se hicieron directores de oficio como los dos que dirigen esta cinta, que durante algunos años colaboraron juntos tanto en la producción como en el guion y dirección de sus películas.
No hicieron obras notables, todos quedaron en meros productos comerciales, como el presente que comentamos.
Con una trama de carácter policiaco en el que se ve metido por casualidad un joven ventrílocuo, la película discurre desde el comienzo con algunos gags y situaciones graciosos pero en general con cierta sosería.
Tan solo en los metros finales, que constituyen lo mejor del film, la cinta cobra un aire distinto a raíz de la persecución del protagonista con el fenomenal lío de crímenes y el barullo que organiza en el escenario de un teatro.
Esto es lo que mejor recordamos de la cinta, de la primera vez que la vimos hace años ya y lo que realmente queda porque tiene fuerza y calidad, gracias al ingenio de Michael Kidd, uno de los mejores coreógrafos de Hollywood, pero por ello no se salva una película, quedando esta desigual en líneas generales.
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