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CRITICA
Por: PACO CASADO
El personaje del detective Vivancos nació hace diez años para una serie cómica de la televisión autonómica catalana TV3 y ahora aprovechando el éxito de Torrente, el guionista y director catalán Albert Saguer ha reunido los mejores gags y los ha enjaretado en una trama casi inexistente en torno a dos policías asesinados, una red de corrupción policial y un malvado que quiere dejar calva a toda la población de Barcelona.
Cuando hemos dicho los mejores casi los descartaríamos todos porque apenas tiene gracia ninguno.
A veces son más divertidos las acciones cómicas que se ven de fondo que las de primer plano y lo único que hacen es distraer la atención.
Vivancos es un policía solitario, de moral recta y métodos poco ortodoxos, émulo de Harry Callahan, que incluso habla con diálogos extraídos de sus películas y le imita llevando un Magnum 44, pero en la versión más cutre que se pueda imaginar.
Albert Saguer proviene del mundo de la publicidad y debutó hace nueve años en la dirección con 'Culpable de qué?' (1994) y con 'Vivancos 3' (2002) hace su segundo film, que es una comedia policiaca parodia de todos los tópicos del cine de acción, con un humor absurdo, escatológico y esperpéntico.
En el inexistente guion los gags son de sal gorda e imitan a los de la serie de 'Aterriza como puedas' (1980) y secuelas similares.
El más divertido de los chistes es la frase publicitaria que dice "si gusta haremos las dos primeras", esperemos que no sea así por el bien del cine y de los espectadores inteligentes.
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