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CRITICA
Por: PACO CASADO
El director Anthony Mann murió cuando terminaba de rodar los exteriores en Berlín de esta película que acabó como director Laurence Harvey.
Esta obra póstuma no es la más completa de su filmografía. Es una lástima.
Tal vez por haberla dejado inconclusa y en manos tan inexpertas como las de Harvey.
Él hubiera subsanado errores como la poca claridad en la exposición de un film con un tema tan complicado, embarullado por un montaje poco eficaz.
Los servicio de inteligencia ingleses y soviéticos, tratan de superarse los unos a los otros usando a un doble agente nostálgico, Krasnevin, alias Alexander Eberlin, como un peón en un complejo juego de espionaje que tiene como escenario la ciudad de Berlín.
Tan sólo su revelador final pone algo en claro las imágenes que anteceden, aunque éste no justifica la presencia de algunos personajes, como el de Mia Farrow, a no ser para poner un poco de picante.
Cinta de espionaje convencional en la que se nota la mano de un maestro como era Anthony Mann, un especialista en producciones del Oeste que fueron inolvidables, aunque en los títulos finales de su filmografía también fue capaz de hacer grandes películas como La caída del imperio romano con una gran dignidad.
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