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CRITICA
Por: PACO CASADO
Como suele ocurrir cada año la Academia de Hollywood nos sorprendió con el Oscar a la mejor película extranjera a una holandesa que desconocíamos, pero que hay que agradecer, porque nos ha descubierto un magnífico film. Si por algo preferimos, a veces, el cine europeo es porque nos cuenta historias distintas a las que cada día nos ofrece la televisión, que son asíduas del cine americano, que es el que más vemos.
Antonia, el día de su muerte, rememora sus últimos cincuenta años de vida, cuando tras acabar la II Guerra Mundial regresa a su pequeño pueblo en compañía de su hija de veinte años, los mismos de ausencia. Es una mujer libre e independiente, abierta y honesta, que vuelve con la misma idea que se fue, la de vivir su vida sin importarle los demás sin que las lenguas chismosas se metan en su forma de ver las cosas. No necesita a los hombres más que para tener hijos, lo que le da cierta independencia, como igual le va a ocurrir a su hija, a su nieta y a su biznieta.
La cinta es un retrato de Antonia y de todas las mujeres que le suceden, que viene a demostrar cómo influyen en el mundo y soportan sus embates. Pero es también la crónica del pueblo, de la minisociedad que la circunda, con sus tipos pintorescos, sus problemas y su punto de vista, optimista, a veces nostálgico, otras evocador y sin que falte un poco de poesía.
No se oculta que ha sido escrita y dirigida por una mujer, por que el aspecto femenino resalta en estas cuatro generaciones de mujeres (Antonia, Danielle, Teresa y Sara) que no tratan de aleccionarnos sobre moral o política, sino que toca los problemas propios de una colectividad donde se dan nacimientos, muertes, amores, odios y donde las mujeres lo dominan todo.
No cabe duda de que se trata de un cuento, que expone una forma de ver el mundo, o como desearía que fuera, lo cual no está muy lejos de la fantasía. ¿Una utopía?. Tal vez, pero una deliciosa película, llevada con un pulso y un ritmo fenomenal por una directora que sabe lo que hace, expuesto con gran delicadeza y emoción, con momentos cómicos, y un irrefrenable optimismo ante la vida. Con una formidable intérprete, Willeke Van Ammelrooy, como centro y eje del relato.
Una crónica familiar sobre la independencia de las mujeres con una visión feminista de la vida y una forma muy singular de contar este bonito cuento, envuelto en una bellísima fotografía y excelente música. No se la pierdan.
Premio del público en Toronto; Mejor directora en Nueva York; Mejor guion en Chicago; Mejor directora y actriz por la Academia Holandesa.
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