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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Como todo personaje histórico, como todo hombre público, la vida del dictador alemán Adolf Hitler no fue un hecho aislado, un suceso individual, sino un fresco general, una situación colectiva en la que participaron unas circunstancias históricas, el carácter del pueblo germano y demás hechos que generaron la presencia del dictador nazi en la Historia reciente de Eurpa y del mundo.
Por ello, el primer defecto que podría imputársele a este largometraje de Ennio de Concini que nos narra el final del Furher, es el de habaerlo estudiado como una especie de ente aislado, con solo mínimas connotaciones a su entorno y a su circunstancia histórica.
Vemos aquí la vida de los últimos diez días de Hitler en su búnker de Berlín, rodeado de su camarilla y en pleno delirio egolátrico, vemos con detalle y exactitud los hechos de esta decena terrible, las reacciones y comentarios de las personas que le acompañaban, sus excesos, sus familiaridades, sus gestos, todo ello siguiendo al pie de la lietra la narración de un testigo también estos días con el Furher y sus altos mandos.
No queriendo pecar de traicionero, no queriendo saltar ni un punto ni una coma, Ennio de Concini y los guionistas caen precisamente en un exceso de detallismo, de respeto a la letra más que al espíritu, resultando su film un honesto pero fallido intento de lograr reconstruir en una pantalla un momento histórico importante.
Alec Guinness es Adolf Hitler, y el actor inglés logra una estimable recreación, si bien a veces se pasa de rosca y siempre procura estar más atento a la similitud física con Hitler que a "meterse" en el espíritu y el estilo del personaje encarnado.
Buen trabajo de los demás y buena dirección de De Concini en planificación, rigor con los intérpretes y ritmo del film, logrando en conjunto una cinta estimable y visible.
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